Balance positivo en Andalucía

Primer aniversario del cambio político: del abrazo a Vox al 'annus horribilis' del PSOE-A

El 2 de diciembre, los andaluces fueron a las urnas y la suma de PP, Cs y Vox abrió la puerta a la alternancia 36 años después. Los tres partidos aseguran que repetirían estrategia

Foto: El líder del PP-A, Juanma Moreno. (EFE)
El líder del PP-A, Juanma Moreno. (EFE)

Hace un año, las urnas doblaron el pulso a las encuestas, que hablaban de un gobierno en precario de PSOE con Podemos como única forma posible, y abrieron la puerta a la alternancia política en Andalucía 36 años más tarde. La suma de las tres derechas, PP, Cs y Vox, superaba a las izquierdas y desde la misma noche electoral, aunque en el PSOE hubo quien se resistió a verlo, se supo que el deseo de cambio era un pegamento lo suficientemente potente como para que el pacto a tres saliera adelante con éxito.


Costó casi un mes de negociación. Vox se estrenaba en un parlamento español, debutaba con 12 diputados y la llave del gobierno, y desde el primer minuto dejó claro que su apoyo no iba a ser gratis. Pidió, de sopetón, expulsar a 52.000 inmigrantes o desmontar un Estado de las Autonomías en el que no cree. Aun así, Andalucía se convirtió en un laboratorio político donde experimentar el pacto de las tres derechas, con un gobierno de PP y Cs apoyado desde el Parlamento andaluz por Vox, que meses después acabaría exportado a otras comunidades y ayuntamientos de España.

"Normalizar" a la ultraderecha

El balance desde dentro del Gobierno de este acuerdo político es positivo. Cuando referentes de la derecha europea como Ángela Merkel ponen puertas a la ultraderecha y en las mismas filas del PP se abre el debate sobre si hay que aislar a Vox en el Congreso, en el equipo de Juan Manuel Moreno se reafirman en su estrategia. Están convencidos de que la única manera de desinflar el suflé de la extrema derecha en España es “normalizarlos”, “integrarlos”, lo que llaman “el abrazo a Vox”.

En el equipo de Juan Manuel Moreno creen que la única manera de desinflar el suflé de la extrema derecha es “normalizar” e “integrar” a Vox”

Sin embargo, desde que Génova puso en marcha esa estrategia en Andalucía, hace ahora un año, Vox ha crecido en las urnas hasta los 52 diputados de las últimas elecciones generales. Concretamente en Andalucía ha ganado unos 500.000 votos. En las filas del PP en el gobierno andaluz niegan que eso tenga que ver con que su pacto con Vox haya permitido su blanqueamiento. Aseguran que hay factores como Cataluña o la exhumación de Franco que dispararon sus opciones electorales.

Para los actores del pacto andaluz el experimento político se salda un año después con éxito. PP y Cs tienen un matrimonio idílico en San Telmo, en el que los populares llevan la voz cantante. Ocurría antes del hundimiento electoral de Cs, incluso cuando el partido naranja, en las generales de abril dio el ‘sorpasso’ a su socio en Andalucía. El consejero de la presidencia, Elías Bendodo (PP), y el vicepresidente Juan Marín (Cs) son los protagonistas de una coalición que no ha dado sobresaltos. “Los compadres” insisten en que si alguien acudiera a una reunión del Consejo de Gobierno no sabría distinguir qué consejeros son del PP y cuáles son de Cs. Es, explican, uno de los secretos de la estabilidad del actual Gobierno andaluz. La estrategia del PP andaluz pasa claramente por evitar la confrontación con sus adversarios electorales, con los partidos que compiten por el mismo espacio, para acabar integrando sus restos en sus siglas. Otra cosa es que eso tenga éxito.

Concesiones a los de Abascal

Con Vox hubo un choque importante en la elaboración del primer presupuesto, reconducido con concesiones al partido más a la derecha, que permitieron además pactar unas segundas cuentas. Los roces están en la lucha contra la violencia de género o en el discurso migratorio, que Vox insiste en ligar con delincuencia y criminalidad. Al PP no se le ve especialmente incómodo en Andalucía. Cs tampoco ha plantado cara nunca como por ejemplo hizo días atrás en Madrid la vicealcaldesa Begoña Villacís. Cuando Vox se pone farruco en Andalucía, sus socios hacen como que oyen llover y miran hacia otro lado.

Mientras, la ultraderecha ha arrancado concesiones como un teléfono de violencia intrafamiliar, cambiar la ley de memoria histórica por una de conciliación y partidas para reforzar la seguridad en los centros de menores inmigrantes. Es cierto que son conquistas más en el terreno de los simbólico que en el presupuestario pero ahí están, dando cancha a un discurso que en otros lugares de Europa se optó por aislar.

El Gobierno andaluz camina sobre la herencia recibida como principal impulso, hasta ahora, de su gestión política. Y lo hace con éxito. Ha editado el manual de incumplimientos y desmanes del anterior Ejecutivo socialista y sobre eso basa gran parte de su discurso del cambio. Desde andaluces ocultos en las listas de espera a facturas impagadas, condenas judiciales millonarias por mala gestión o presuntos casos de corrupción. La sentencia de los ERE, en la recta final de este primer año política de cambio en Andalucía, abona el relato del Gobierno contra el PSOE, con un discurso que en ocasiones sigue sonando más a oposición que a cambio.

Dimisiones y listeriosis

Desde el Ejecutivo insisten en que un año es poco tiempo para que los andaluces puedan percibir el cambio político, el nuevo ciclo. Defienden las reformas fiscales como el principal motor, las bajadas de impuestos como lo más fácil de percibir por los ciudadanos. La inexperiencia del Gobierno, sobre todo en la parte de Cs, ha provocado una cadena de dimisiones en el organigrama de la Junta de Andalucía. La crisis de la listeriosis fue la prueba de fuego y consideran dentro de la Junta que, pese a fallos de descoordinación en los primeros días, después la salvaron con éxito.

El líder de Vox en Andalucía, Francisco Serrano, felicita a Juanma Moreno tras la investidura. (EFE)
El líder de Vox en Andalucía, Francisco Serrano, felicita a Juanma Moreno tras la investidura. (EFE)

Las grandes reformas prometidas en materia de regeneración, contra el enchufismo, con actuaciones urgentes para desmontar la llamada administración paralela de la Junta, de momento han quedado en grandes titulares y poca cosa práctica. El principal problema, aumentado, sigue siendo en el de la sanidad pública. Fue uno de los detonantes definitivos para el cambio político pero el PP no está cumpliendo sus promesas. Una cosa es predicar y otra dar trigo, dice el refrán, y los populares han comprobado en primera persona. La reciente destitución del gerente del Servicio Andaluz de Salud es la última medida adoptada de urgencia para frenar el caos sanitario que se ha apoderado de Andalucía. En el Gobierno defienden que “nunca se ha invertido más que ahora” y hablan de “fallos de comunicación”.

Oposición débil

Si el experimento político andaluz es duradero, si las derechas pueden aspirar a seguir gobernando en Andalucía es difícil de pronosticar. En las filas del Gobierno, claro, creen que sí. En las de el PSOE se muestran convencidos de que, como dice Susana Díaz, volverán “más pronto que tarde” a la presidencia de la Junta de Andalucía. La gran suerte que tiene este gobierno es que enfrente hay una oposición débil, con dificultades.

El PSOE andaluz atraviesa uno de sus peores momentos en la historia. El liderazgo de Susana Díaz está en el aire aunque ella insista en que quieren que se vaya porque siguen ganando elecciones. Los socialistas tienen una dura tarea por delante para recuperar su prestigio, su marca política y no va a ser fácil. Entre otras cosas porque aún no han comenzado ni se sabe quién y cómo va a reivindicar la gestión de 36 años de gobiernos socialistas y si quien haga eso puede aspirar a seguir adelante con su carrera política. Está por ver.

El PSOE andaluz atraviesa uno de sus peores momentos.Tienen la dura tarea de recuperar su prestigio, su marca política y no va a ser fácil

Y mientras que el pacto de PP, Cs y Vox se fortalece, a la izquierda el diálogo es cero. La fuerza más a la izquierda, Adelante Andalucía, está inmersa en su propia hoja de ruta hacia su independencia política del partido de Pablo Iglesias. Teresa Rodríguez insiste en alejarse del PSOE de Susana Díaz y carga contra las coaliciones con los socialistas. “El problema de Susana Díaz es que no se entera. Ya no basta con ganar elecciones. Hay que sumar. Y en el panorama actual al PSOE le queda aún mucho tiempo para volver a gobernar en Andalucía”, señala alguien del Gobierno andaluz. Veremos cómo están las cosas dentro de otro año.

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