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Sánchez pierde el control de una coalición convertida en "tripartito" por el pulso en UP
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FALTA DE COORDINACIÓN Y DESESTABILIZACIÓN

Sánchez pierde el control de una coalición convertida en "tripartito" por el pulso en UP

La parte socialista se resigna a tener que negociar con dos interlocutores por la división en UP. Las diferencias son más estratégicas que políticas e impiden a la Moncloa coordinar mensajes y manejar tiempos

Foto: El presidente del Gobierno, Pedro Sánchez, y la vicepresidenta segunda, Yolanda Díaz, durante un pleno del Congreso. (EFE/Javier Lizón)
El presidente del Gobierno, Pedro Sánchez, y la vicepresidenta segunda, Yolanda Díaz, durante un pleno del Congreso. (EFE/Javier Lizón)
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Moncloa ha dejado de tener un solo interlocutor dentro de Unidas Podemos. En las últimas semanas, el PSOE se está viendo obligado a negociar las diferentes leyes que van al Consejo de Ministros por partida doble. Lo mismo le ocurre a la dirección socialista en el Congreso. En el mejor de los casos, según reconocen fuentes del grupo, tienen que intentar coordinarse con las dos patas de sus socios, con estrategias cada vez más alejadas. En ocasiones, incluso, acaban haciéndolo con hasta tres comparecientes diferentes, apuntan con cierta resignación. Una situación derivada de la ruptura de facto entre Podemos y Yolanda Díaz. La vicepresidenta segunda es oficialmente la líder del espacio y la respaldan IU y comunes, pero los morados comenzaron por cuestionar varios de los acuerdos que se encargó de cerrar con el primer partido del Gobierno hasta erigirse como un tercer sector.

La coalición se ha convertido en un "tripartito de facto", según deja caer un cargo de Unidas Podemos en el Ejecutivo, que ha seguido de cerca las últimas negociaciones. Ya no solo por el número de interlocutores, sino por los diferentes intereses de cada parte. Estos, tanto políticos como estratégicos, han acabado por enterrar la máxima de "un Gobierno, dos partidos". Una situación que, según un ministro que se encargó de negociar los presupuestos con el socio minoritario, "se veía venir". Este fue el punto de inflexión, pues, según fuentes cercanas a Hacienda, "en los presupuestos se vio claro" el cambio de rumbo cuando la parte morada "puso en cuestión el acuerdo cerrado con Yolanda Díaz". Sin embargo, los socialistas optaron en principio por mantener las mismas dinámicas en su relación con Unidas Podemos al tratarse de un problema interno de sus socios.

Foto: La ministra de Igualdad, Irene Montero. (EFE/Chema Moya)

En las últimas semanas, se ha demostrado que era inviable mantener esta inercia. Acordar con Díaz no garantizaba el apoyo de Podemos, como quedó patente en la negociación fallida para la renovación del Consejo General del Poder Judicial. No siempre por una cuestión netamente política y de contenidos, en los que sí suelen coincidir, como ocurre con las últimas polémicas respecto a las leyes contra la trata, familias o trans, sino más relacionada con las formas. En la Moncloa se da casi tanta importancia a las formas como al fondo. Esto es, a cómo se comunican los acuerdos y también los desacuerdos en caso de haberlos, así como al manejo de los tiempos a la hora de trasladar qué tipo de mensaje y cuándo.

De ahí que se haya comenzado a asumir desde la Moncloa que la coalición funciona con nuevas reglas. Aunque se entiende que se trata de un problema que les corresponde solucionar a sus socios, asociándolo a un pulso preelectoral por decidir el papel de cada fuerza en la candidatura del espacio a su izquierda, se intenta cuidar a ambas partes. El respaldo de Pedro Sánchez a la ministra de Igualdad, Irene Montero, que está fundamentando su liderazgo frente a Díaz bajo la bandera del feminismo, incluso ha generado un fuerte malestar en las filas socialistas.

Las posiciones de máximos en Podemos, según leen los afines a Díaz, responden a una estrategia para apretar filas internamente

Sánchez precisa mantener la estabilidad de la coalición y alejar cualquier amenaza de ruptura para reeditarse al frente de la Moncloa, pero es un objetivo que está teniendo que compaginar con la presión interna, por ejemplo, para reformar la ley del solo sí es sí. Este cierre de filas con Montero ordenado por Sánchez, para trasladar que la coalición ofrece "síntomas de unidad", según subrayaron fuentes de la Moncloa tras las voces en el PSOE reclamando corregir la ley del solo sí es sí, se rompía en la última sesión de control al Gobierno. La acusación de Montero al PP por "promover la cultura de la violación" generó un fuerte rechazo entre los socialistas.

Desde el sector más afín a Díaz, que conforman IU, comunes y diputados que se han ido alejando del aparato de Podemos, advierten de que esta situación está embarrando negociaciones y alejando acuerdos. Cuestiones en las que consideran que podría haber margen de negociación con sus socios, como la ley trans o de vivienda, se están bloqueando. Unas posiciones de máximos que, según su lectura, responden a una estrategia por parte de Podemos para apretar filas internamente en la disputa con la vicepresidenta segunda.

Foto: Irene Montero, en una imagen de archivo. (EFE/Borja Sánchez Trillo)

Este "atrincheramiento" abanderado por Irene Montero, según estas mismas fuentes, está yendo en contra de los intereses del espacio en su conjunto para anteponer intereses propios de partido. Si se abandona la política de pactos, apuntan, el PSOE acabaría por imponer sus criterios debido a su peso parlamentario o, en cualquier caso, se seguirán bloqueando iniciativas. Aunque el clima no es de optimismo, se concluye que la única salida pasa por una desescalada del conflicto para recuperar la capacidad de negociación con sus socios del PSOE. "Quedan un montón de leyes que podemos aprobar antes de las elecciones si queremos, en lugar de pegarnos contra un muro", añaden.

La coalición arrancó con unas fuertes desconfianzas mutuas. La ausencia de cultura de coalición obligó a los sherpas de Pedro Sánchez y el por entonces vicepresidente segundo, Pablo Iglesias, a emplearse a fondo para coordinar agendas comunicativas y mensajes. Se acordaron unas férreas reglas de convivencia que se reforzaron con mecanismos informales para prevenir posibles conflictos. Principalmente, con la reunión de maitines de los lunes, acotadas hasta ese momento al círculo de confianza de Sánchez. Se decidió dar entrada a Iglesias y su equipo para engrasar la relación y definir la estrategia. Cuando Díaz asumió el liderazgo de Unidas Podemos en el Gobierno, quedó al margen de este órgano informal.

Foto: El presidente del Gobierno, Pedro Sánchez, junto a la vicepresidenta segunda, Yolanda Díaz. (EFE/Kiko Huesca)

Si bien Díaz despacha directamente con Sánchez los asuntos más sensibles, tampoco se reeditó tras su llegada al Ejecutivo la línea de comunicación permanente que trabaron en el arranque de la legislatura el exjefe del gabinete del presidente Iván Redondo y el exdirector de Estrategia y Comunicación de Iglesias Juanma del Olmo. Un diseño que respondía al hecho de entrar en el territorio inexplorado de las coaliciones en el Gobierno del Estado, pero también a cómo había sido su conflictivo prólogo, tras el fracaso de las negociaciones para formar Gobierno tras las elecciones de abril de 2019.

Sánchez cuenta con dos sensibilidades diferentes a su izquierda e intereses contrapuestos

De la máxima coordinación se pasó a una relación más laxa y, finalmente, a unos enfrentamientos públicos, con los morados forzando una mayor diferenciación. La llegada de Díaz supuso que los enfrentamientos bajasen varios decibelios, apostando por alejar el ruido y conjurándose con Sánchez para compartir la misma hoja de ruta: llegar al final de legislatura con estabilidad. Su menor autoridad dentro del espacio —en el Gobierno y con respecto al grupo parlamentario—, al no tener carné de partido, y el choque con Podemos tras desentenderse de la bicefalia con la dirección del partido, para asumir su propio proyecto, acabaron por derivar en la situación actual. Una coalición con tres patas y sin coordinación estratégica.

La protección de Moncloa a Igualdad en la polémica de la ley del solo sí es sí, a falta de resolver el choque en leyes estrella de este departamento con la de transexualidad, no está por el momento dando sus frutos. Sánchez cuenta con dos sensibilidades diferentes a su izquierda e intereses cada vez más contrapuestos. Moncloa ha perdido así el control de la coordinación con el socio minoritario. Al menos hasta que los actores de este espacio redefinan su relación. Si deciden confluir en una candidatura conjunta, el tripartito de facto se corregirá. Si finalmente rompen amarras y se presentan a las elecciones en dos candidaturas diferentes, la coalición quedará en jaque en el último año de legislatura.

Moncloa ha dejado de tener un solo interlocutor dentro de Unidas Podemos. En las últimas semanas, el PSOE se está viendo obligado a negociar las diferentes leyes que van al Consejo de Ministros por partida doble. Lo mismo le ocurre a la dirección socialista en el Congreso. En el mejor de los casos, según reconocen fuentes del grupo, tienen que intentar coordinarse con las dos patas de sus socios, con estrategias cada vez más alejadas. En ocasiones, incluso, acaban haciéndolo con hasta tres comparecientes diferentes, apuntan con cierta resignación. Una situación derivada de la ruptura de facto entre Podemos y Yolanda Díaz. La vicepresidenta segunda es oficialmente la líder del espacio y la respaldan IU y comunes, pero los morados comenzaron por cuestionar varios de los acuerdos que se encargó de cerrar con el primer partido del Gobierno hasta erigirse como un tercer sector.

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