EL PESO DE LAS MUJERES BAJA DEL 64,7% AL 50%

Sánchez cierra su Gobierno con perfiles más políticos y sin guiños expresos al separatismo

El presidente remata su Ejecutivo con dos ministros cuota PSOE y con un tercero, Campo, híbrido de juez y político pero sin una sensibilidad especial hacia Cataluña. El PSC se queda solo con Sanidad

Foto: Pedro Sánchez es aplaudido por la bancada del PSOE y la de UP tras ser investido por el Congreso, el pasado 7 de enero. (EFE)
Pedro Sánchez es aplaudido por la bancada del PSOE y la de UP tras ser investido por el Congreso, el pasado 7 de enero. (EFE)

Desandar parte del camino recorrido en las últimas semanas. Una vez conseguida la investidura, Pedro Sánchez ha querido reconducir la nave con la composición de su Gobierno. De su parte del Gobierno. Ha contrarrestado la fuerza del peso político de la entrada de ministros de Unidas Podemos con un refuerzo del área económica y con un aluvión de perfiles técnicos de amplia trayectoria, ha lanzado mensajes de moderación para tranquilizar a los inversores y a su electorado más templado, ha rematado su alineación con miembros pata negra de PSOE y ha puesto la guinda con un titular de Justicia, Juan Carlos Campo, híbrido de magistrado y político, pensado para desinflamar una cartera 'caliente' y sin una sensibilidad especial hacia Cataluña. El presidente no ha buscado trasladar a su amplia parcela del Consejo de Ministros guiños al independentismo. Su mirada más directa a Cataluña, que será forzosa porque la estabilidad de su Ejecutivo y la duración de su legislatura dependen de ERC, se limita al fichaje de Salvador Illa. Es la única cuota del PSC. Un hombre conciliador pero prudente y destinado a una cartera de carácter social y mutilada de competencias, Sanidad.

Sánchez cerró este sábado su nuevo Gobierno, el que este domingo comunica formalmente al Rey. Un Gabinete muy amplio, de 22 ministros más el presidente, que se convirtió enseguida, por esa razón, por ese "despilfarro" asociado a su engrosamiento, en centro de ataque de la oposición. Será, como se preveía, el segundo Ejecutivo más grande con que se arranca una legislatura en la reciente historia democrática, solo por detrás del que comenzó su andadura en abril de 1979, de 23 miembros más su jefe, Adolfo Suárez. Sánchez sentará a igual número de hombres y de mujeres: 11 ministras (nueve del PSOE y dos de Unidas Podemos) y 11 ministros. 50% de cada sexo. Paridad que no alcanza el umbral histórico que el mismo líder socialista marcó en junio de 2018, cuando compuso un Gabinete de 11 mujeres (el 64,70%) y seis hombres, lo que colocó a España en el primer puesto del mundo, reconocido por la ONU. Y si se cuenta al líder, habrá 12 hombres y 11 mujeres. En la Moncloa estiman, sin embargo, que no se resiente el compromiso feminista de Sánchez, puesto que por primera vez tres de las cuatro vicepresidencias (el 75%) están ocupadas por ellas.

El líder socialista fue destapando su Gabinete por entregas, meticulosamente pensadas. Primero, esas vicepresidencias, tres de ellas en manos de mujeres del PSOE (Carmen Calvo, Nadia Calviño y Teresa Ribera), para diluir la cuota de poder de Pablo Iglesias en ese primer escalón del poder. Después, el ascenso de María Jesús Montero a Hacienda y una lluvia de confirmaciones y de salidas (Luisa Carcedo, José Guirao, Magdalena Valerio y Dolores Delgado), más tarde las tres primeras entradas (Arancha González Laya, José Luis Escrivá y Salvador Illa) y el broche de los tres últimos fichajes, los de este sábado: la consejera canaria Carolina Darias (Las Palmas, 1965) en Política Territorial y Función Pública, el exdelegado del Gobierno en Madrid José Manuel Rodríguez Uribes (Valencia, 1968) en Cultura y el diputado por Cádiz y exvocal del Poder Judicial Juan Carlos Campo (Sevilla, Osuna, 1961) en Justicia.

Asigna Política Territorial, Cultura y Justicia a ministros ligados al partido. Sentará en su Gabinete a 11 hombres y 11 mujeres, más él mismo


La Moncloa había alimentado la expectación, pero no ocultaba nombres de campanillas. De hecho, sorprendieron por lo contrario. Darias y Uribes no figuraban en las quinielas. Sí Campo, que había emergido en las últimas semanas como un posible sustituto de Dolores Delgado. Los tres tienen en común que refuerzan el peso político de los ministros nombrados por Sánchez, aunque su trayectoria haya discurrido más en segunda línea y, en buena medida, en sus comunidades.

La dificultad de tejer consensos

Darias, funcionaria de carrera, ha recorrido todos los escalones institucionales desde que se convirtió en concejala en el Ayuntamiento de Las Palmas en 1999: portavoz en el cabildo insular, presidenta en el Parlamento autonómico, consejera de Economía (su cargo actual), subdelegada y delegada del Gobierno. Miembro de la ejecutiva de Alfredo Pérez Rubalcaba, combatiente en primarias orgánicas, apoyo de Susana Díaz en la lucha fratricida de 2017. Uribes, discípulo del padre de la Constitución Gregorio Peces-Barba, se ocupó de las víctimas del terrorismo desde el alto comisionado creado por José Luis Rodríguez Zapatero en 2004 y desde la dirección general que dependía de Rubalcaba, luego en 2012 retornó a la Universidad —es profesor titular de Filosofía del Derecho y Filosofía Política—, y después Sánchez lo integró en su ejecutiva como secretario de Laicidad. En 2018, el presidente lo nombró delegado del Gobierno en Madrid, cargo que ejerció hasta que se integró en las listas autonómicas, en abril de 2019, como número tres de la candidatura que encabezó Ángel Gabilondo.

Darias "sabe de política" y "lleva muchos años" a su espalda, pero no ha tenido contacto directo con el "conflicto" catalán, a diferencia de Batet

Campo es magistrado de carrera, aunque lleva lustros vinculado al PSOE. Primero en la Junta de Andalucía, luego postulado por el partido como vocal en el Poder Judicial (2001-2008), elegido en 2009 como secretario de Estado de Justicia y diputado por Cádiz y portavoz socialista de Justicia en las tres últimas legislaturas (2016-2019). Es un hombre con un perfil mucho más político que el de su predecesora, fiscal de la Audiencia Nacional. "Conoce perfectamente el mundo de la Justicia", elogian en la Moncloa. Desde esa doble faceta, en los tribunales y en la moqueta. Por eso, estima una ministra, tendrá un mejor encaje en un sector complicado y en pie de guerra. "El mundo de la Justicia lo ha recibido muy bien y él lo hará muy bien", apunta, convencida de que la elección del presidente ha sido óptima. Entre los retos del nuevo titular de la cartera, promover la renovación del Poder Judicial, atascada desde hace más de un año —y difícil de desbloquear por la negativa del PP a tejer grandes consensos con Sánchez—, pero también gestionar la carpeta de Cataluña.

Todos los caminos de esta legislatura confluyen en ese punto, en Cataluña. Pero Sánchez, que firmó una alianza con una ERC que ya ha advertido de que lo someterá a un estrecho marcaje, ha decidido no lanzar guiños al independentismo a la hora de cuadrar su Ejecutivo, tal y como confirman en su equipo de confianza. Darias "sabe hacer política", "lleva años" a sus espaldas de recorrido orgánico e institucional, "es trabajadora y leal", destacan tanto en la Moncloa como en la federación canaria, pero no ha tocado de cerca el "conflicto" catalán, ni lo ha sentido en su piel, como ocurría con Meritxell Batet, su antecesora en el cargo y presidenta del Congreso desde mayo. Sánchez ha decidido no adjudicar Política Territorial al PSC, también para que no se entienda que esa cartera es solo Cataluña. "Esto es España", recuerdan en el núcleo duro del presidente.

Vigilancia de ERC

El ascenso de Darias hace pensar que la dirección de las conversaciones con el Govern, que forzosamente se abrirán en unos 15 días –"sin mesa de negociación no hay legislatura", repitió el portavoz de ERC, Gabriel Rufián, en el pleno de investidura—, no descansará exclusivamente en ella. Tampoco ocurrió la legislatura anterior. Batet fue relegada, en los momentos más delicados del diálogo con el Ejecutivo de Quim Torra, por la vicepresidenta, Carmen Calvo. Ella misma y Sánchez irán marcando la pauta también en esta ocasión.

Campo ha sido escogido por su conocimiento profundo de la Justicia, desde los tribunales y la moqueta, y su talante conciliador

Sus compañeros en Canarias subrayan que ella jamás se sale de la línea oficial, del mandato que le llega de arriba. No es verso libre (un riesgo que el líder socialista hubiera corrido si, por ejemplo, hubiera nombrado a un dirigente de más peso, como Miquel Iceta, jefe del PSC), sino una "alumna aventajada", disciplinada. En la Moncloa piden no subestimarla, y advierten de que tampoco María Jesús Montero, que aterrizó en el Gobierno como consejera autonómica, igual que Darias, se percibía como un valor emergente, como luego ha sido. Ella misma se estrenó como ministra in péctore asegurando a los medios que afrontaba su nueva ocupación con ánimo de "entendimiento, acuerdo, diálogo y consenso".

Tampoco el jefe del Ejecutivo ha asignado Justicia a la letrada Maria Eugènia Gay, decana del Colegio de la Abogacía de Barcelona (ICAB) desde 2017. Ha optado por un hombre de la casa, que considera fiable y que traslada un mensaje de continuidad, de ortodoxia socialista. Campo es magistrado andaluz, bregado en la batalla parlamentaria, conocedor de la Justicia y no ajeno al mundo orgánico —en las primarias de 2017 apoyó a Díaz frente a Sánchez, como todos los diputados de su federación—.

Sánchez cierra su Gobierno con perfiles más políticos y sin guiños expresos al separatismo

Cerco ideológico a UP

"El presidente ha escogido gente solvente que conoce bien lo que tenemos que hacer", resume una máxima colaboradora del jefe del Ejecutivo. Sin preocuparse de lanzar mensajes de mayor flexibilidad al separatismo. Llegarán probablemente a través de la acción de gobierno, porque los votos de ERC son fundamentales, pero Sánchez tiene a su favor que, una vez investido, no podrá ser derribado por una moción de censura, porque la oposición no puede construir una alternativa. No obstante, sí ha sentado en su Gabinete al número dos del PSC, Salvador Illa, que formó parte del equipo negociador con ERC, aunque su gestión se centrará en Sanidad, departamento al que el presidente quiere sacar brillo dado que los ministerios de mayor impronta social están en manos de Unidas Podemos.

"El presidente ha escogido gente solvente que conoce bien lo que tenemos que hacer", resumen en su equipo. Se busca que no todo sea Cataluña

Al tiempo, Sánchez ha diseñado un Ejecutivo que busca controlar y neutralizar ideológicamente a sus socios. En primer lugar, porque el núcleo del área económica queda en posesión del PSOE, y porque ese enfoque se extiende a departamentos incluso por tradición más políticos, caso de Exteriores. Y en segundo término porque ha buscado expertos de larga carrera que conectan con la línea ortodoxa de la vicepresidenta tercera, Nadia Calviño, como ocurre con José Luis Escrivá en Seguridad Social o Arancha González Laya en Exteriores.

Sánchez cierra su Gobierno con perfiles más políticos y sin guiños expresos al separatismo

El propósito es claro: procurar que la agenda política no esté colonizada por Cataluña, aprovechar todos los resortes del poder para inundar a la opinión pública con medidas sociales y económicas. Que la acción del Ejecutivo, en definitiva, abra el abanico y no se concentre en una cuestión de alto voltaje y difícil gestión, como la crisis territorial, de encauzamiento muy complicado.

Fin al 'Gobierno bonito'

Además, Sánchez ha buscado un equipo lo más inatacable posible. El nombramiento de González Laya fue saludado por los exministros de Exteriores del PP Josep Piqué y José Manuel García Margallo, y Escrivá fue fichado para la AIReF por el titular de Hacienda de Mariano Rajoy, Cristóbal Montoro. El presidente ha presentado no un 'Gobierno bonito' como aquel que construyó en 2018, con el que buscó epatar a los ciudadanos, consciente de que las elecciones llegarían muy pronto y tenía que rentabilizar ese primer fogonazo. Este Ejecutivo está armado para resistir los embates de la derecha. Sánchez ha estado repasando los currículos de todos para evitar sustos. Haber fichado una estrella mediática —una figura de la farándula para Cultura, por ejemplo— habría vestido su Gabinete, pero quizá le podría haber ocasionado algún contratiempo.

Sánchez quiere jugar sobre seguro, rodeándose de pesos pesados, técnicos, ministros a los que reconoce buena gestión y perfiles más políticos

Sánchez, pues, ha optado por jugar sobre seguro, rodeándose de pesos pesados de su partido (Carmen Calvo, José Luis Ábalos, María Jesús Montero, Teresa Ribera), independientes y técnicos (Arancha González Laya, Margarita Robles, Fernando Grande-Marlaska, José Luis Escrivá, Pedro Duque), hombres y mujeres a los que reconoce su gestión (Nadia Calviño, Reyes Maroto, Luis Planas, Isabel Celaá) y ministros de perfil más político (Salvador Illa, Carolina Darias, José Manuel Rodríguez Uribes, Juan Carlos Campo) para emprender esta nueva singladura y aguantar. Para soportar las críticas y para 'competir' internamente con un Podemos que buscará destacar y explotar su presencia, por vez primera, en el Ejecutivo de la nación.

Sánchez cierra su Gobierno con perfiles más políticos y sin guiños expresos al separatismo

Es es su receta. Los mensajes que desprenden sus nombramientos. Pero este domingo él explicará los objetivos de su Ejecutivo en su primera comparecencia pública desde la investidura. Lo hará a las dos de la tarde, después de haber comunicado formalmente al Rey la fisonomía de su Gobierno. Conocida ya su lista de ministros, no se pueden descartar sorpresas. Anuncios. Golpes con los que intentará no perder una iniciativa que había sido debilitada tras meses de parálisis.

Los números de un nuevo Ejecutivo en el que UP tiene el 22,7% de las carteras ministeriales

Pedro Sánchez ha intentado buscar máximo equilibrio en la composición final de su Gabinete. Entre hombres y mujeres, entre ministros nuevos y repetidores. 

-22 ministros más el presidente. O sea, 22 + 1, 23 en total, uno por debajo del Gobierno de Adolfo Suárez de abril de 1979 (23 + 1). Son cinco ministros más que el Ejecutivo de 2018 (eran 17 + 1). 

-11 ministras (nueve del PSOE y dos de Unidas Podemos) y 11 ministros (ocho del PSOE y tres de UP). O lo que es lo mismo, 12 hombres (contando al presidente) y 11 mujeres. 

-11 ministros repiten: Carmen Calvo, Nadia Calviño, Teresa Ribera, María Jesús Montero, Margarita Robles, Fernando Grande-Marlaska, José Luis Ábalos, Reyes Maroto, Luis Planas, Isabel Celaá y Pedro Duque. 

-11 son nuevos (seis del PSOE y los cinco de UP): Arancha González Laya, José Luis Escrivá, Salvador Illa, Carolina Darias, Juan Carlos Campo, José Manuel Rodríguez Uribes, Pablo Iglesias, Yolanda Díaz, Irene Montero, Alberto Garzón y Manuel Castells.  

-Salen cuatro ministros: Dolores Delgado (Justicia), Luisa Carcedo (Sanidad), Magdalena Valerio (Trabajo) y José Guirao (Cultura). 

-17 ministros son del PSOE (más el presidente) y cinco, de Unidas Podemos (el 22,7%). Menos de la cuarta parte del nuevo Consejo, por tanto, quedará controlado por los morados.

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