TRES AÑOS DESPUÉS DE LA DEFENESTRACIÓN

Sánchez amarra las filas en el PSOE y deja los ataques a UP para centrarse en las derechas

El presidente arranca en el comité federal la segunda fase de la precampaña, más propositiva y de combate con PP y Cs. El partido exhibe unidad interna y no muestra inquietud por Errejón

Foto: El comité federal del PSOE aplaude a Pedro Sánchez tras su intervención, este 28 de septiembre en Ferraz. (Inma Mesa | PSOE)
El comité federal del PSOE aplaude a Pedro Sánchez tras su intervención, este 28 de septiembre en Ferraz. (Inma Mesa | PSOE)

"El PSOE implosiona. Se parte en dos. La fractura ya es imparable. No es catastrofismo, es la dura realidad que cayó a plomo no solo en Ferraz, sino en todas y cada una de las agrupaciones de un partido centenario y que atraviesa el momento más difícil de su historia reciente. Una explosión. Ya no hay máscaras ni cartón piedra, ni juegos florales. Es una guerra fratricida y sangrienta entre dos bandos que están en una ratonera"

Aquello era el relato de lo que sucedió el 28 de septiembre de 2016. Hace solo tres años. Tres. Exactos.

Aquello era la noche más larga y dolorosa para el PSOE. Nada que ver, nada, con lo que vive hoy. Sigue siendo un partido ciclotímico, diverso, a veces temeroso, en constante revisión de sí mismo, pero ahora, en 2019, no está fracturado, ni es un nido de conspiraciones. La unidad, con más o menos costuras, con todos los matices que se quieran, es perceptible, y la reconocen dirigentes oficialistas y alejados del brazo de Ferraz. Y, a diferencia de lo que ocurría en otras ocasiones, en que se imponía un cierre de filas por la proximidad de unas elecciones que convivía con un mar de críticas subterráneas y un cuestionamiento constante al líder —en definitiva, una unidad impostada y cogida con pinzas—, la cohesión interna sí es esta vez algo más robusta. Incluso con Susana Díaz, la rival de antaño ya desactivada y auxiliada con respiración asistida desde Ferraz. Esa calma, es verdad, puede saltar por los aires si las urnas del 10-N sorprenden con un inopinado revés al PSOE. Entonces el ruido y la furia podrían regresar pero ese escenario es concebido, al menos por el momento, como improbable para una dirigencia socialista que, aunque con incertidumbre, afronta sin alarma la prueba de estas segundas generales en un año.

En 2016 el líder era Pedro Sánchez. Un secretario general en declive y acorralado y al borde de una defenestración finalmente consumada apenas unos días más tarde, en aquel funesto comité federal del 1 de octubre. El de hoy es también Pedro Sánchez. Un Pedro Sánchez mucho menos vulnerable, rehabilitado por la militancia en 2017, presidente del Gobierno gracias a una fugaz moción de censura en 2018 y reforzado por las urnas en 2019. El mismo que ahora se somete al escrutinio ciudadano y que aspira a una mayoría más "rotunda" y amplia en apenas mes y medio y que este sábado disfrutó de un comité federal plácido. Sin críticas internas, sin cuestionamiento de su estrategia de negociación. Sin apenas menciones, más que las indirectas del secretario general, a un Íñigo Errejón que por ahora no remueve los cimientos de la casa socialista. El presidente en funciones y el partido en su conjunto, no obstante, se embarcó sutilmente en una segunda fase de la precampaña, después del calentamiento de motores de los últimos días: dejó atrás los reproches a Unidas Podemos para centrarse en el combate a las derechas, preservando el perfil institucional del candidato.

El PSOE sigue siendo un partido ciclotímico, pero ahora no está fracturado. Su cohesión es más robusta, aunque puede quebrarse con un mal 10-N


Ese el giro esperado. El capítulo del reparto de culpas no daría más de sí, anticipaban los estrategas de la Moncloa. Era necesario hacer avanzar la acción. Impulso que el secretario general introdujo en su intervención inicial ante el comité federal y al que empujaron los barones y miembros del máximo órgano de dirección del PSOE tanto en privado como en declaraciones públicas. La consigna es mirar hacia delante, y no hacia el pasado inmediato.

"La caja de resonancia de todos ellos"

Explicar, pues, el "proyecto para cuatro años", y no solo de investidura, que tienen los socialistas. "Sin perder ni un minuto en reproches. A los que busquen bronca o mal rollo se lo dejamos todo y a los que busquen confrontación o destrucción, se la regalamos". Porque el PSOE ofrecerá a los ciudadanos un proyecto "en positivo, con los pies en el suelo". El de una "izquierda cabal, de gobierno", que "sueña", pero que no promete "nada imposible", la que es capaz de liderar una "alternativa a la parálisis", al "bloqueo" y garantizar, dijo Sánchez a sus compañeros, "certidumbre y estabilidad". "No debemos mirar ni hacia atrás ni a los lados", ni "fingir" lo que no es, añadió el líder. Así, el PSOE ha de comparecer en los comicios como "lo que es", la "izquierda transformadora" que "tiende la mano" pero que defidende con "firmeza" el orden constitucional y que ha de volcarse en ofrecer "respuestas a los ciudadanos".

Sánchez proclama al PSOE como la "izquierda cabal", "de Gobierno". "No debemos mirar ni hacia atrás ni a los lados", no entrar en "reproches", dice

Sánchez abandonaba las palabras gruesas contra Unidas Podemos. No rescataba afirmaciones tan severas como que "no dormiría" si hubiera aceptado las "imposiciones" de Pablo Iglesias. No lo mencionó ni a él ni a su formación. Nada, aunque no se privaba de señalar que ha sido el "bloqueo" a la fuerza ganadora en las generales del 28 de abril lo que ha desembocado en el 10-N.

Sánchez amarra las filas en el PSOE y deja los ataques a UP para centrarse en las derechas

Tampoco hubo una referencia explícita en su discurso hacia Errejón, más allá de constatar con sorna la "abundancia de ofertas" que los electores tendrán sobre la mesa en los comicios. En su turno final, oídos a sus compañeros y ya a puerta cerrada, sí fue algo más directo: se quejó de aquellos que vaticinan que Más País robará votos al PSOE, igual que antes lo dijeron de Podemos y Ciudadanos. "Y, sin embargo, somos la caja de resonancia de todos esos partidos", aseguró, según reconstruían algunos de los presentes. Quería decir que todas las fuerzas al final se miden en función del PSOE.

El secretario general sí singularizó sus ataques en PP y Ciudadanos. A ambos los situó como sus adversarios directos, los que no pueden dar lecciones ni darse golpe de pecho con la bandera de España, apuntó, cuando los dos son "residuales en buena parte del territorio". En Cataluña y Euskadi, recordó, dos comunidades en las que el PSOE sí tiene fuerza. Sánchez no deja de repetir aquello que muchas veces afirmó otro presidente, José Luis Rodríguez Zapatero, que el PSOE es el partido que "más se parece a España" y que mayor penetración tiene, el que ha gobernado en todas y cada una de las comunidades.

Efusivo respaldo de Andalucía

La reorientación de la estrategia socialista se corresponde también con las reflexiones de barones y dirigentes del partido, que demandar "pasar página" de la división de la izquierda y centrar el tiro en PP, Ciudadanos y Vox. Porque Unidas Podemos compite en un espacio compartido con el PSOE, pero "el adversario son las derechas", indicaba un jefe de Ejecutivo autonómico a la salida del comité, en el que tomaron la palabra una veintena de miembros, encabezados por presidentes y líderes territoriales. "De las intervenciones me ha parecido claramente que el objetivo es hablar de nosotros frente a la derecha", glosaba un diputado. Dicho de otro modo, el PSOE ha de centrarse en "ganar", "recuperar terreno", afianzarse. Explicar su proyecto. La disyuntiva vuelve a ser, especificó Sánchez, retrotrayéndose al 28-A, "avance o retroceso".

"El adversario son las derechas", recuerda un presidente autonómico. Esa reflexión quedó en el ambiente, así como la necesaria movilización

Claro que para eso es necesario un paso previo. Movilización. A ella llamó Sánchez. A una activación máxima del partido, de todas las estructuras. Varios cuadros asistentes a la reunión en Ferraz este sábado aseguraban que todo el PSOE se volcará en el 10-N, "a tope". Afirmación a la que hay que añadir una coda: el PSOE es en campaña "un motor diésel", que se va calentando lentamente hasta que rinde al 100% en el último tramo. La ventaja es que el camino a las urnas será más corto: ya quedan poco más de 40 días.

Sánchez amarra las filas en el PSOE y deja los ataques a UP para centrarse en las derechas

En esa movilización total se incluye Andalucía, que en las generales del 28-A no arropó a los candidatos y ministros que concurrían por las directrices emanadas de la cúpula de Díaz. Pero ella está más debilitada y se ha visto impelida a firmar un paz (aquí sí, más fingida) con Sánchez para procurarse su propia supervivencia, así que pondrá toda la carne en el asador en estas generales y ofrecerá toda la poderosa maquinaria del PSOE andaluz al líder. De hecho, a muchos integrantes del comité federal les sorprendió la larga intervención de efusivo respaldo a Sánchez interpretada no por ella, que no viajó a Madrid por un "compromiso familiar", sino por su número dos, Juan Cornejo. Él mismo resaltó a los periodistas que su federación encara las elecciones "con ganas, fuerza, ilusión y unidos".

"Unidad vigilante"

Ximo Puig, el 'president' valenciano, señalaba a su llegada, a las puertas de Ferraz, que el partido no tiene que dar una imagen de unidad porque "esa unidad ya existe". Los dirigentes más veteranos, aquellos que acumulan trienios en el comité federal, coinciden en que esa cohesión interna "es real, no impostada", obligada por las circunstancias (elecciones) y por "todo lo que ha pasado". Y es que de las heridas de aquellas traumáticas primarias quedan cicatrices. Pero Sánchez, indudablemente, disfruta de un hiperliderazgo antes no conocido en el PSOE, ni siquiera en los tiempos gloriosos de Felipe González. Un dominio incontestable fruto de una victoria considerada épica frente a los aparatos en 2017. Y fruto, también, de un rápido aterrizaje en la Moncloa y un triunfo inapelable en las urnas tras dos fracasos anteriores. El poder de Sánchez, responde, pues, a su propia trayectoria y, sobre todo, a su condición de presidente avalado por las urnas, como reconocía un miembro de su círculo más cercano. El resultado: unidad. "Hubo muy buen ambiente. Así es esta organización, se crece ante las dificultades", valoraba una responsable del núcleo duro.

Los veteranos hablan de una unidad "real, no impostada". Sánchez disfruta de un hiperliderazgo apuntalado en las primarias y en las urnas

Sin embargo, este sábado se emitieron señales algo inquietantes, según la lectura de algunos mandos. "Yo hablaría más de una unidad vigilante", apreciaba un barón, que veía llamativas las ausencias de los presidentes de Extremadura y Castilla-La Mancha, Guillermo Fernández Vara y Emiliano García-Page —el primero faltó por razones de agenda y el segundo por encontrarse enfermo—, pesos pesados en el partido, y de los jefes de los Ejecutivos de Asturias y Baleares, Adrián Barbón y Francina Armengol (ambos sanchistas indiscutidos), por sus compromisos institucionales. También destacaba el silencio del aragonés Javier Lambán, muy lejano a Ferraz, quien solo hizo unas declaraciones a los medios: no teme la fragmentación, dijo, pero ha dificultado de manera "insuperable" la gobernabilidad. Lambán, según fuentes de su entorno, prefiere mantener un perfil bajo porque no comparte el optimismo ni la estrategia de Sánchez.

El secretario general del PSOE y presidente del Gobierno en funciones, Pedro Sánchez, durante su intervención ante el comité federal del PSOE, este 28 de septiembre en Ferraz. (Inma Mesa | PSOE)
El secretario general del PSOE y presidente del Gobierno en funciones, Pedro Sánchez, durante su intervención ante el comité federal del PSOE, este 28 de septiembre en Ferraz. (Inma Mesa | PSOE)

No hay, no obstante, ni un frente crítico ni nada parecido. Fernández Vara está completamente alineado con Ferraz y Page, aunque más distanciado, ha reiterado los gestos de apoyo al líder. Los antaño barones críticos están satisfechos están satisfechos con la línea del presidente, porque a fin de cuentas está haciendo aquello que ellos le pidieron en 2015: no a gobernar a cualquier precio y no a los independentistas. De hecho, Sánchez repetirá en campaña que no eligió el camino fácil: continuar en la Moncloa a costa de liderar un Ejecutivo "inestable" y "compartimentado", "dividido", en coalición con Podemos, como rechazó un Gabinete que dependiera de los separatistas. Ferraz considerará un éxito todo resultado el 10-N que haga que los secesionistas sean irrelevantes e innecesarios tanto para la investidura como para la investidura, cosa que tras el 28-A no ocurría.

"Ley y diálogo"

Sánchez subrayó durante su intervención que España necesita un Gobierno "progresista, estable y coherente" que haga frente a los principales retos que tiene por delante: un hipotético Brexit duro, el enfriamiento de la economía y la sentencia del 'procés'. Entonces hizo un aparte. De nuevo, exigió a Quim Torra y a los líderes independentistas que condenen "cualquier tipo de violencia" de cualquier "grupúsculo" separatista. "Están a tiempo de evitar mayores errores", advirtió el presidente, para quien la crisis de convivencia en Cataluña puede empeorar en las próximas semanas, aunque se mostró confiado en que se superará. Sí reiteró que defenderá "sin vacilaciones" la Constitución y se seguirá guiando por su máxima de "ley y diálogo, por este orden". Los soberanistas, añadió, han de darse cuenta de que su movimiento ha "naufragado" por completo, reconocer que han "engañado" a la ciudadanía y volver a la legalidad.

El PSOE no rehuirá la cuestión catalana. Sánchez vuelve a exigir la condena de las acciones violentas y remarca que defenderá "sin vacilaciones" la ley

Los socialistas quieren disputar el terreno de Cataluña a la derecha. Según afirman fuentes de la dirección y también del PSC —el partido hermano que está en coordinación constante con Madrid—, la exhibición de mano dura por parte del Gobierno no tiene por qué agrietar las expectativas de voto de los socialistas catalanes el 10-N, "menos aún después de lo ocurrido", con un Govern que no ha condenado a los miembros de los CDR detenidos por presunto terrorismo y con una calle espoleada a las puertas del segundo aniversario del referéndum ilegal del 1 de octubre. Miquel Iceta, jefe del PSC, manifestó fuera y dentro del comité su respaldo a Sánchez y convino que el futuro Gobierno no puede depender de los soberanistas ni puede alojar en su sano a quienes se abstienen con una resolución que pide la salida de la Guardia Civil de Cataluña (en referencia a los comunes). "Hemos de ganar bien, ganar de largo para no necesitar ni intermediarios ni complementos", analizó a puerta cerrada el primer secretario, que compartirá con el presidente su primer mitin de precampaña. Será en Gavà, Barcelona, este domingo 29.

Sánchez amarra las filas en el PSOE y deja los ataques a UP para centrarse en las derechas

La lectura complementaria en la ejecutiva es que seguirá sin resultarle rentable a las derechas Cataluña. "No tiene rédito electoral más allá del discurso simplón, el ciudadano normal no tiene en la cabeza eso, como tampoco tiene Navarra", indicaba un integrante de la dirección, que recordaba que los españoles ya avalaron con su voto la estrategia del Gobierno con los independentistas. Y respecto a la ralentización económica, Sánchez remarcará que es posible embridar las cuentas con "justicia social".

Entusiasmo por el triunfo de Franco

En las preguntas de los periodistas ante los micrófonos y en los corrillos posteriores el comentario recurrente tenía nombre propio: Íñigo Errejón. "No es relevante", sintetizó el secretario general castellanoleonés, Luis Tudanca. Por sorprendente que pueda parecer, por ahora no preocupa su emergencia. "Es más ruido que nueces", "es una escisión de Podemos, no necesariamente nos quita votos a nosotros", "en todo caso pescará en todos los caladeros, pero en Andalucía es muy débil", eran las reflexiones vertidas en privado por distintos mandos, interrogados por los informadores.

"Somos los únicos que podemos hacer más país", dice el líder del PSOE riojano, Paco Ocón. Fue de las pocas referencias al partido de Errejón

Sin embargo, no salió apenas Errejón en la conversación dentro del comité federal. Casi de refilón. Además del líder, lo mentó el secretario general de La Rioja y consejero de Gobernanza Pública del nuevo Ejecutivo regional, Paco Ocón. "Somos los únicos que podemos hacer más país", dijo, jugando con la marca de la formación de Errejón, Más País. La frase creó fortuna y era citada por varios dirigentes a la salida. Sánchez, en su último turno, mandó un recado a sus compañeros: el PSOE "no es el centro, sino la centralidad". Quiere ocupar ese espacio, más transversal, para ensancharse por los lados. Amarrar al votante progresista y seducir al más templado con la promesa de un Gobierno "estable". El PSOE se aparta de las derechas y de su hasta ahora socio preferente, Podemos, a quien esta semana, en una entrevista en CNN Internacional, hasta cinco veces definió como "extrema izquierda".

Sánchez amarra las filas en el PSOE y deja los ataques a UP para centrarse en las derechas

En la tribuna, el presidente arrancó su discurso evocando el fallo del Tribunal Supremo de esta semana que avaló por completo los planes del Gobierno para exhumar a Francisco Franco y reinhumarlo en Mingorrubio-El Pardo. Uno tras otro, varios miembros del comité hicieron referencia a la sentencia y a casos de familiares represaliados duramente por la dictadura. Es indudable que la decisión de los magistrados ha animado a las huestes socialistas, efecto que se prolongará cuando se haga efectiva la salida de Franco del Valle de los Caídos. Será quizá cerca del arranque de una campaña complicada para el PSOE y llena de incertidumbres. Pero el partido, al menos por ahora, no está alarmado. No siente el aliento en la nuca, consciente de que parte en la carrera con ventaja. Pero 40 días en política son una eternidad.

Chivite remarca ante sus compañeros que no tiene pacto alguno con Bildu

Entre la veintena de palabras que acogió el comité federal de este sábado, hubo una, la de la presidenta de Navarra, María Chivite, que se salió del 'mainstream'. Por razones obvias. La dirigente aseguró que, "pese a las mentiras y la manipulación de las derechas foral y española, con el paso del tiempo y de los hechos, ha quedado acreditado que el PSN-PSOE tiene su propia hoja de ruta en la que no cabe acuerdo de gobierno con EH Bildu". El Ejecutivo que lidera está "comprometido con la Constitución y la lealtad a las instituciones". 

Chivite puso en valor la capacidad del PSOE para el diálogo y el entendimiento. Un valor que, para la presidenta navarra, que "la derecha no solo tiene, sino que demoniza". En los últimos meses, siguió, "la derecha está demostrando que solo legitima aquellos gobiernos que ellos construyen". La dirigente está en la diana de PP, Ciudadanos y UPN, las formaciones que en la comunidad foral se unieron bajo la marca Navarra Suma. Y es que Chivite fue investida con los votos de Geroa Bai, Podemos (con las que gobierna), Izquierda-Ezkerra y la abstención de Bildu. Una operación autorizada por Ferraz y que cuenta con el plácet de los barones socialistas

La presidenta foral agradeció el apoyo de Pedro Sánchez, del secretario de Coordinación Territorial, el navarro Santos Cerdán, y de los dirigentes territoriales. También les agradeció la "fuerza" recibida para afrontar meses de tormenta.  

Además de Chivite, tomaron la palabra varios barones: los presidentes de Valencia (Ximo Puig) y Canarias (Ángel Víctor Torres), y los secretarios generales de Madrid (José Manuel Franco), Galicia (Gonzalo Caballero), Castilla y León (Luis Tudanca), Murcia (Diego Conesa), Cantabria (Pablo Zuloaga), Cataluña (Miquel Iceta) y Euskadi, Idoia Mendia, ratificada como candidata a las próximas autonómicas vascas.

Elecciones Generales

El redactor recomienda

Escribe un comentario... Respondiendo al comentario #1
12 comentarios
Por FechaMejor Valorados
Mostrar más comentarios