El coronavirus amenaza la economía global

La Fed saca el arsenal para evitar otra gran crisis mientras la UE enfila la recesión

La Reserva Federal riega el mundo de dólares para evitar el colapso de los mercados financieros. La eurozona sigue sin una respuesta contundente mientras su economía entra en parálisis

Foto: El presidente de la Reserva Federal, Jerome Powell. (Reuters)
El presidente de la Reserva Federal, Jerome Powell. (Reuters)
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Seis de los principales bancos centrales mundiales se coordinaron el domingo para regar de dólares el mundo y evitar así el colapso de los mercados financieros en la apertura del lunes. O al menos, intentarlo. Liderados por la Reserva Federal, el Banco Central Europeo, el Banco de Inglaterra, el Banco de Canadá, el Banco de Japón y el Banco de Suecia anunciaron la puesta en marcha de líneas de liquidez en dólares, a través de 'swaps', para que ningún país pierda el acceso a la moneda más importante del mundo en este momento en que los inversores huyen hacia la gran potencia. La última vez que el mundo vivió una acción coordinada de los mayores bancos centrales fue en 2008, tras la quiebra de Lehman Brothers, cuando los mercados financieros globales se iban por el sumidero.

Además, la Reserva Federal anunció una rebaja de los tipos de interés hasta el 0%, nivel que antes solo se había alcanzado durante la crisis de 2008, y amplió su programa de compra de activos a 700.000 millones de dólares para adquirir bonos del tesoro y activos hipotecarios, esto es, más de la mitad del PIB español. Además, la entidad volvió a habilitar la ventana de descuento de liquidez para garantizar a los bancos todo el flujo de dólares que precisen. Por último, redujo el coeficiente de reserva de depósitos al 0%, lo que significa que los bancos pueden utilizar todo su pasivo para conceder créditos durante este periodo. Con esta batería de medidas, la Reserva Federal espera ser capaz de establecer un cortafuegos ante el hundimiento de los mercados financieros ahora que el coronavirus empieza a golpear de lleno las economías de Europa y Estados Unidos.

Las lecciones del expresidente de la Reserva Federal, Ben Bernanke, están bien interiorizadas dentro de la institución estadounidense: una acción temprana y contundente puede contener la caída y facilitar la recuperación. Eso fue lo que hicieron Bernanke y Barack Obama en 2008 y es lo que quiere emular Jerome Powell, actual presidente de la Fed. Porque el mercado difícilmente podrá soportar otra caída del 30% sin provocar una herida de muerte a la economía. "Varios mercados financieros mostraron señales de estrés la semana pasada", reconoció Powell durante su comparecencia de urgencia, lo que supone un riesgo para el flujo de crédito.

Por el contrario, la eurozona sigue inmersa en desacuerdos internos que imposibilitan una respuesta política coordinada. Además, el Banco Central Europeo (BCE) protagonizó la semana pasada uno de los fracasos más sonados de los últimos años, que ha dejado la moneda única en una situación de vulnerabilidad. La presidenta del BCE, Christine Lagarde, se desentendió la semana pasada de las primas de riesgo de los países periféricos y esto, en una zona monetaria en la que no existen instrumentos para compensar los 'shocks' asimétricos, significa activar la bomba de relojería.

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La acción de la Reserva Federal es como la de los peores momentos de la crisis de 2008. En apenas 12 días, ha bajado los tipos de interés del 1,5% al 0%, un recorte de 150 puntos básicos. A pesar de todos sus esfuerzos, el verdadero problema sigue latente, y es que el coronavirus todavía no ha comenzado a provocar la parálisis económica que ya están viviendo otros países. ¿Qué ocurrirá cuando se decreten en EEUU medidas de aislamiento como las que ya se han aprobado en China, Italia o España? La incertidumbre es tan elevada que Powell anunció que la Fed no revisará este mes sus previsiones de crecimiento porque es imposible construir un escenario económico creíble en este momento. Cualquier opción es posible a día de hoy.

Europa va a la recesión

A medida que se expande la epidemia del coronavirus por Europa, las probabilidades de recesión van en aumento. El cierre masivo de centros de producción y de venta, así como el confinamiento de las familias en sus casas, está provocando un 'shock' de oferta y demanda que se une a la crisis de los mercados. Este triple impacto llevará a la mayoría de los países del continente, si no a todos, a la recesión durante los próximos meses.

La Comisión Europea ha sido el primer organismo internacional en anticipar la recesión. Y eso que hace solo un mes actualizó su escenario macroeconómico con una previsión de crecimiento para la eurozona del 1,2%. El viernes, reconoció que la magnitud de la parálisis podría llevar a una caída del PIB próxima al 1% en el conjunto del año. La recesión en la eurozona podría comenzar ya en el segundo trimestre del año si los datos de actividad de marzo se hunden, y sus efectos probablemente llegarán hasta el verano.

“Nuestro escenario base es una recesión técnica en Italia y Alemania”, explica el equipo de análisis de Bank of America en una nota remitida la semana pasada a sus clientes, en la que vuelven a recortar las previsiones de crecimiento. En lo que va de año, han recortado su estimación para la eurozona del 1% al 0,2%, y bajando. En los próximos días, tendrán que volver a revisarlas, ya que la activación del estado de alarma en España supone la parálisis casi total de la actividad económica al menos durante lo que resta de marzo.

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La magnitud de la recesión dependerá de la expansión del virus y de la intensidad de las medidas requeridas para frenar su contagio. Por el momento, la mayoría de los economistas considera que es preferible un golpe duro y corto sobre la actividad que uno más leve pero duradero en el tiempo. O lo que es lo mismo, serían preferibles medidas de contención duras que provoquen un hundimiento de la actividad durante unos meses, de modo que la economía pueda recuperarse a partir del verano. Para Europa y especialmente para España, salvar la temporada de verano es una de las grandes esperanzas económicas.

Una crisis duradera sería fatal para los países más débiles de Europa, esto es, los periféricos. Ni los gobiernos cuentan con margen fiscal, ni sus bancos están bien capitalizados ni su tejido productivo tiene dimensión para soportar varios meses de caída de la producción o de la demanda. La abundancia de pymes y, sobre todo, de microempresas aumenta los riesgos de una crisis duradera. Por si fuera poco, son además los países más dependientes del turismo, uno de los sectores más afectados por la enfermedad.

“Europa probablemente entrará en recesión en el primer semestre de 2020 y España es posible que lo haga en el segundo semestre”, escriben Toni Roldán, Antonio García Pascual y Pedro Rey para el Centro de Políticas Económicas de Esade. “Sin embargo, la duración y profundidad de la recesión son, de momento, una incógnita”, explican. Algunos datos económicos de alta frecuencia empiezan a mostrar el cambio de tendencia en la economía española, aunque todavía está en una fase muy temprana.

El consumo de energía eléctrica está cayendo en los últimos días a tasas interanuales próximas al 5%, según los datos diarios de REE, lo que muestra una indudable ralentización de la actividad productiva. “La caída de la demanda eléctrica y de las reservas hoteleras muestra la intensidad y velocidad del impacto del Covid-19 sobre la economía”, escribe el equipo de Bankia Estudios en su 'Boletín económico financiero' semanal.

La actividad en España ya se ralentizó de forma significativa la semana pasada, pero lo peor empieza a partir de este lunes, ya con todo el país en estado de alarma. “En estos días, se están multiplicando los despidos y los expedientes de regulación temporal de empleo (ERTE), normalmente de suspensión de la actividad”, alertan los sindicatos CCOO y UGT, “miles de trabajadores y trabajadoras se están quedando sin actividad y en muchos casos están perdiendo el empleo”.

Los sindicatos son, junto a la Seguridad Social, las organizaciones que conocen la realidad del mercado laboral al minuto, y sus palabras no son esperanzadoras. La caída de la producción y de la demanda provoca que muchas empresas no puedan asumir el coste salarial de sus plantillas y estén optando ya por ajustes.

La confianza de las empresas se empezó a deteriorar rápidamente hace ya dos semanas, esto es, antes de que las autoridades decretaran el cierre de centros de escuelas, universidades, geriátricos, centros de producción, etc. Esto es, ya veían lo que se venía encima en la semana previa al 8-M.

Así lo evidencia la última encuesta de confianza empresarial realizada por KPMG, que muestra cómo “las expectativas de facturación y contratación disminuyen notablemente, mientras que se moderan los planes de inversión e internacionalización”. Según esta encuesta, el 70% de los empresarios y directivos ya anticipaba que la economía iría peor en 2020, y eso a pesar del dinamismo de la actividad en las primeras semanas del año.

Pero esto no es lo más preocupante. Según esta encuesta, menos de la mitad de las empresas cuenta con un plan de contingencia ante la crisis del coronavirus. Esto significa que la crisis sanitaria y económica puede barrer una buena parte del tejido productivo de España. Y eso sí son malas noticias.

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Ese es el motivo por el cual es prioritario que la crisis sea corta. Si la cuarentena sirve para frenar los contagios, entonces será positiva para la economía, porque permitirá recuperar el tono normal de la actividad lo antes posible. “La clave de un país son sus empresas, y cuando seamos capaces de vencer esta epidemia, debemos ser capaces también de volver a la normalidad como país, recuperando lo antes posible la actividad económica”, señala la CEOE.

Sin un colchón para superar la crisis, las empresas españolas necesitan con urgencia que la evolución del PIB sea en forma de 'V'. Una recesión duradera empezará a poner a prueba la situación económica del país. Y con una deuda pública superior al 95% del PIB y una deuda externa superior al 170% del PIB, España no está en una situación óptima para jugar con una nueva crisis.

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