tras el anuncio del estado de alerta

Multas a ciclistas, runners, turistas y perros: así estrena España el estado de alarma

Madrid, San Sebastián, Valencia, Sevilla... el país amanece con una mezcla entre un escenario apocalíptico y transeuntes desafiantes a la Policía

Foto: Calles desiertas en Barcelona. (EFE)
Calles desiertas en Barcelona. (EFE)

“Las miradas matan en la calle esta mañana”. España ha amanecido con sus calles desiertas bajo el estado de alarma para intentar frenar el avance de la epidemia de coronavirus. Sin embargo, siempre hay quien no es consciente de lo que está en juego: algunos ciclistas, corredores, paseantes en la playa o dueños de mascotas desafían el sentido común y obligan a la Policía Nacional, local o autonómica a amenazar con sanciones que van desde los 601 euros hasta los 30.000 o la prisión de tres meses a un año si la resistencia a la autoridad es grave.

San Sebastián: hacerse el loco

Una patrulla de policía pasa por delante de un ‘runner’ en San Sebastiány prosigue su ruta como si nada. El corredor sigue con sus zancadas, aunque admite que es consciente de que salir a correr no entra dentro de las excepciones a la reclusión impuesta por el Gobierno. Piensa “hacerse el loco”.

Él –se niega a facilitar su nombre– es uno de los muchos corredores que este domingo se han saltado en San Sebastián el ‘toque de queda’. Ha salido solo a “tomar aire” –que paradoja utilizar esta expresión en estos momentos con el Covid-19 convertido en pandemia–. Otros, en cambio, lo hacen en pareja o en grupo. Como si la cosa no fuera con ellos.

La Guardia Municipal de San Sebastián ha clausurado este domingo las tres playas de la ciudad. (EFE)
La Guardia Municipal de San Sebastián ha clausurado este domingo las tres playas de la ciudad. (EFE)

En todo caso, las zancadas de los runners son de los pocos movimientos que se ven con los primeros rayos de luz en la capital guipuzcoana, donde la fotografía general son calles vacías en las primeras horas de reclusión. “He ido a comprar el pan y no había nadie”, afirma Juan barra en mano. El pan hoy no se come por la calle, se exhibe. Es como si la gente tratara de justificar ante los ojos ajenos que tienen ‘permiso’ para salir a la calle. Otra vez las miradas…

“Se nota que ya hay mucha presión en la calle”, dice un hombre que ha salido “un momento al supermercado”. La mayoría de las pocas personas andan con los ojos puestos en sus pies. Da la extraña sensación generalizada de que poca gente quiere ver ni ser vista. El silencio se impone entre el escaso movimiento de vehículos privados o de transporte público. Sí se ven coches patrullas de la Ertzaintza y agentes de la Policía Local en moto. “No incumplid la normas de seguridad si no es imprescindible”, suena el altavoz de un vehículo de la Policía autonómica ante el tránsito de varias personas por la calle.

Se ve a algún padre con los hijos por la calle, también personas paseando en grupo… “Primero que prediquen ellos con el ejemplo. Ayer Pablo Iglesias se saltó la cuarentena y acudió al Consejo de Ministros”, protesta un jubilado que admite que ha salido a dar un paseo porque “me da la gana”.

Valencia: “Desalojen las playas”

Valencia amaneció este domingo como si fuera un escenario de relato apocalítico. Travesías y calles habitualmente tumultuosas y repletas de viandantes estaban yermas, con apenas algún paseante rompiendo un paisaje sin presencia humana. La calle Colón, las inmediaciones de la Estación del Norte o la plaza del Ayuntamiento presentaban un aspecto desconocido.

Muchos estaban recluidos en sus pisos, pero, como ocurrió en Madrid tras el cierre de colegios y la sospecha de toque de queda, miles de valencianos huyeron el viernes a los chalés, las casas del pueblo y los apartamentos, arrasando los supermercados para hacer acopio.

Un coche de la Policía Local de Valencia patrulla el paseo marítimo, conminando las personas a que regresen a casa. (EFE)
Un coche de la Policía Local de Valencia patrulla el paseo marítimo, conminando las personas a que regresen a casa. (EFE)

Pese a la obligación de permanecer confinados en el hogar y salir solamente por razones de primera necesidad, en algunos lugares la gente se ha vencido a la tentación de arrojarse a la calle a airearse. Ciclistas, padres con hijos en el jardín del Turia en Valencia, corredores o senderistas saliendo de las urbanizaciones en pueblos de montaña y costa se han encontrado con policías locales y guardias civiles, que han comenzado a apercibir y amenazar con sanciones. “He bajado al río (Turia) y había dos personas por la calle y una familia con pelota de fútbol dispuesta a bajarse con dos niños. Al llegar al cauce un paseante le ha dicho a la familia que estaba la policía por arriba y no han hecho caso”. Otros sí han percibido la presión de las fuerzas de seguridad y han cumplido con el decreto de estado de alarma. Pero la obligación de quedarse en casa es algo que muchos no llevan bien.

“Por favor, les rogamos que no circulen por espacios públicos sin una causa justificada. Regresen a sus domicilios. Nos encontramos en una situación de alarma sanitaria grave”, arengaba por un megáfono un Policía Local a las puertas de una urbanización en Náquera, en la Sierra Calderona, a 30 kilómetros de Valencia.

En muchas playas de España, la Policía local ha tenido que recorrer los paseos para obligar a los paseantes a salir de la arena. Las playas están cerradas para evitar aglomeraciones, pero pese a ello, muchos turistas se han quedado en bañador y se han lanzado a la arena. Con los altavoces y desde los vehículos policiales se les ha advertido: “Caballero, vístase y abandone la playa. Estamos en estado de alarma, no de vacaciones…”.

Sevilla: escenario fantasmagórico

En Sevilla la Policía Nacional patrulla algunas calles de una ciudad desierta con un mensaje de megafonía en el que recuerda la obligación de quedarse en casa. Los agentes también se han desplazado a algunos municipios del área metropolitana. Es lo único que rompe un silencio llamativo, sepulcral, fruto de que no hay tráfico apenas ni viandantes. Zonas habitualmente llenas como la Alameda o el casco histórico de la ciudad, muy turístico, ofrecen una imagen fantasmagórica.

Al medio día, las calles estaban vacías salvo algunos turistas extranjeros que hacen uso de mascarillas y que caminan con un mapa en la mano. Las iglesias están cerradas y la suspensión de las misas evita algunas imágenes tradicionales de la mañana de los domingos en la ciudad. Tampoco hay bares abiertos y los veladores están recogidos en las aceras. Los transportes públicos circulan con menos frecuencia, casi vacíos y sorprende la imagen del tranvía sin pasajeros, abriéndose paso en una de las avenidas principales de la ciudad donde no hay transeúntes.

Centro de Sevilla prácticamente vacío este domingo. (EFE)
Centro de Sevilla prácticamente vacío este domingo. (EFE)

Sí permanecen abiertos los supermercados y tiendas que venden comida. A primera hora había ciudadanos comprando productos básicos como pan o leche y también están abiertos los kioscos de prensa. Todos dicen ser conscientes de que ahora más que nunca toca guardar las distancias de seguridad con los clientes. En la cola para comprar el pan esta mañana a primera hora en un establecimiento de la zona de Nervión eran los propios ciudadanos quienes aguardaban a las puertas guardando la distancia entre ellos. Un par de farmacias de la misma zona aseguran que la jornada está siendo muy tranquila.

Sí que se observa a algunos ciudadanos caminando a la orilla del río o haciendo uso del carril bici de la ciudad para correr o hacer deporte (una actividad que está prohibida en el estado de alarma). El día es soleado aunque las temperaturas son más bajas que en días anteriores. Sevilla ha vivido esta semana jornadas de 30 grados que empiezan a remitir.

Granada: cuatro fiestas denunciadas

El Ayuntamiento de Granada denunció la pasada madrugada a cuatro personas por cuatro fiestas juveniles diferentes organizadas en pisos de estudiantes de la ciudad. En total han sido 50 personas. Los estudiantes, según informa la Policía Local de Granada, seguían ajenos al decreto de alarma. “Nosotros vamos a continuar normal”, explicaron a El Confidencial fuentes policiales.

En Málaga una mujer de 37 años, embarazada de cuatro meses, salió esta mañana con su marido por el Paseo Marítimo Pablo Ruiz Picasso de la ciudad andaluza y fue apercibida de una multa de entre 30.000 y 60.000 euros. Fueron dos policías locales quienes advirtieron a M.M. (no quiere decir su nombre y apellidos) de que era una “irresponsabilidad” salir a la calle.

“Estaba a 200 metros de mi casa y le pregunté si nos iban a sancionar. ‘Deberíamos hacerlo’, me contestaron. Nosotros íbamos a comprar paracetamol en una farmacia y a ver a mis padres… y es verdad que no tendríamos que haberlo hecho”, reconoce M.M. a este diario. Y remata: “Es normal lo que han hecho. Ojalá sirva mi experiencia para concienciar al personal de que no tenemos que salir fuera. Poco después hemos visto a un señor que estaba corriendo por la calle”.

Barcelona: “Es que busco un bar…”

Algunas personas han intentado seguir haciendo su vida normal en Barcelona. Es el caso de un hombre sentado en la Plaça Pirineus de L’Hospitalet de Llobregat. Son las ocho de la mañana. El barrendero que barre cantando, con guantes de latex pero sin mascarilla se dirige hacia él:

–Usted tiene que irse a casa. Lo ha ordenado el Gobierno.

–Pero es que busco un bar.

–No encontrará bares abiertos.

–¿Y tabaco?

–Pruebe en Collblanc, a ver si hay un estanco abierto.

Un joven camina por una calle de Barcelona, este domingo. (EFE)
Un joven camina por una calle de Barcelona, este domingo. (EFE)

En la misma plaza cuatro horas después hay tres grupos de personas alrededor de los bancos. Llega un coche de los Mossos. El agente los echa a gritos explicándoles la situación.

–Y mañana puede que no encuentren un policía tan simpático.

Mossos dan el alto a un ciclista en Barcelona.
Mossos dan el alto a un ciclista en Barcelona.

Ayer Mossos tuvieron que cerrar centros de ocio nocturno este pasado sábado. Por Instagram grupos de jóvenes de buena familia montaban fiestas privadas en sus casas aprovechando que a sus padres les había pillado el confinamiento en la Cerdanya, según explica una joven a la que invitaron y no acudió por la recomendación de aislamiento.

Esta mañana patrullas de los Mossos se apostaban en los accesos de Collserola para reconvenir a los que intentaban ir a correr o a pasear en bicicleta y decirles que volvieran a casa. Sin embargo, la mayoría de la población está cumpliendo con la nueva situación provocada por la alerta sanitaria, cosa que no pasó durante todo el sábado. En el horno Rovira, una cadena de panaderías muy conocida en L’Hospitalet, cola de cuatro personas, todas guardando la distancia de seguridad. La dependienta atiende con guantes pero sin mascarilla. Pocos coches, casi ninguno. Y muy pocas personas por la calle. Cuando la gente se cruza con alguien incluso hay personas que se cambian de acera. Por una vez, nadie se lo toma a mal.

Madrid, el centro desierto

En Madrid, la tónica son las calles desiertas en el centro. La Policía Nacional en el barrio de Retiro advierte a los viandantes de que deben circular solos, no en pareja o con más personas a su lado. Los agentes advierten además de las sanciones previstas. Desde la Comunidad creen que mañana será la prueba de fuego porque serán muchas las personas que estén en las calles.

El centro ha amanecido relativamente vacío prolongando una noche donde, una vez publicado el decreto al filo de la medianoche, ya era prácticamente imposible encontrar a nadie en la calle. A partir de las diez y media de la mañana, algunas personas han comenzado a animarse. Salvo contadas excepciones, de una a una. El Parque Casino de la Reina, en la calle de Embajadores, está cerrado desde ayer, por lo que los dueños de perros dan vueltas alrededor intentando esquivar la presencia humana, saludándose desde lejos. La estampa más preocupante, tres mujeres comentando la jugada mientras sus perros juguetean entre sí. No parece que haya un metro de distancia entre ellas. Y otra un poco más surrealista: dos hombres charlan mientras sus perros se revuelcan por el suelo, manteniendo toda la distancia posible entre sí que la correa permite.

Unos policías informan a un viandante en el Paseo del Prado, en Madrid de que debe volver a casa. (EFE)
Unos policías informan a un viandante en el Paseo del Prado, en Madrid de que debe volver a casa. (EFE)

En Villanueva del Pardillo, localidad residencial de la periferia del norte de Madrid, las familias permanecen encerradas en casa la mayor parte del tiempo pero salen a pasear por el campo, manteniendo una distancia prudente unos de otros y con mucho cuidado de no tocar nada al entrar y salir de casa. Abundan los niños y las mascotas. Los vecinos se sonríen y saludan a dos metros sin pararse a charlar. En los chalets adosados, algunos grupos socializan a distancia: cada uno desde su patio, separados por un muro o una verja. Con los parques cerrados, la policía local lleva ya dos días dando vueltas por el pueblo, vigilando que no haya aglomeraciones ni se formen grupos. A partir del mediodía, las patrullas han empezado a exigir que los vecinos no salgan si no es por una emergencia e invitan a todos los vecinos a permanecer en sus casas. El tráfico ha desaparecido por completo de las avenidas del pueblo y pasan horas sin ver pasar un coche.

Los perros, foco de sanciones

Los dueños de los perros son, precisamente y según la Policía Municipal de Madrid, uno de los principales problemas en la capital sobre todo a medida que nos alejamos del centro. En Barajas, con el Parque Juan Carlos I cerrado por el estado de alarma, han amanecido los bulevares y jardines con cintas de la Policía Municipal advirtiendo que no se puede pasar.

Algunos dueños se saltan la normativa y sueltan a los perros.
Algunos dueños se saltan la normativa y sueltan a los perros.

Sin embargo, son muchos los dueños de mascotas que hacen caso omiso, levantan la cinta y pasean con sus perros sueltos ajenos a la posible sanción. Quitar vallas o levantar las cintas acarrea una sanción de entre 100 y 600 euros. Si la desobediencia es leve o no se quieren identificar, de 601 euros a 30.000. Una patrulla de la Policía Municipal se para junto al propietario de un perro que pasea tranquilamente por una zona prohibida. “¿No ha visto la cinta?", inquiere el agente. El hombre agacha la cabeza, ata al perro y se marcha. “Mañana no tendrá tanta suerte”, le avisa el policía. Parece que muchos son más sensibles al bolsillo que a la salud.

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