Diez años de La crisis financiera

¿Qué ocurrió para que Lehman quebrara? Una serie de catastróficas decisiones

La desregulación del sistema financiero, la codicia, la ambición y el exceso de confianza llevaron a Fuld, Paulson y Bernanke a protagonizar la mayor quiebra de la historia en EEUU

Foto: Imagen de archivo del toro de Wall Street en Nueva York. (Reuters)
Imagen de archivo del toro de Wall Street en Nueva York. (Reuters)

El lunes 15 de septiembre de 2008, antes de la apertura de los mercados asiáticos, Lehman Brothers solicitó acogerse al Capítulo 11 de la Ley de Quiebras de EEUU y protagonizó la mayor caída de una empresa en toda la historia. Muchos fueron los errores que terminaron por provocar el colapso del cuarto banco de inversión de Estados Unidos y que hicieron temblar los cimientos de la economía mundial.

[Diez años de L. Brothers: el día en que el capitalismo se fue al infierno]

La crisis de las hipotecas 'subprime' había puesto contra las cuerdas al sistema financiero estadounidense. Estos préstamos hicieron 'de oro' a bancos y banqueros y cuantos más se concedían, más crecía el pastel. Daba igual que los hipotecados pudieran pagar o no, lo importante era que firmaran para seguir haciendo caja. Los bancos empaquetaban y vendían estos productos financieros en el mercado para tener liquidez y así poder conceder más préstamos. La desregulación del sector y la mala supervisión llevaron a esta burbuja al extremo de poner en riesgo el sistema financiero global.

En el año 2007 comenzaron las turbulencias. En agosto de 2007, el banco francés BNP Paribas suspendió los pagos de tres de sus fondos ante el parón del mercado inmobiliario y el 14 de septiembre el banco británico Northern Rock solicitó un apoyo de liquidez al Banco de Inglaterra por su alta exposición a las hipotecas 'subprime' (fue finalmente nacionalizado en febrero de 2008).

En los primeros meses de 2008, los grandes bancos de Wall Street estaban ultimando el maquillaje de sus cuentas trimestrales, ya que iban a presentar los peores números de toda su historia. Todos intuían que se avecinaba la mayor crisis financiera en casi un siglo. Todos menos Richard 'Dick' Fuld, consejero delegado de Lehman Brothers desde 1993. Fuld tenía la ambición de convertir a Lehman Brothers en el primer banco de inversión de EEUU en 2012 y con esa premisa dirigía un barco que hacía aguas por todas partes.

"Nadie en el equipo de Fuld supo ver que a principios de 2008 el mundo había cambiado... para Lehman y para todos los demás", escribió Andrew Gowers, director de comunicación de Lehman Brothers desde julio de 2006 hasta su colapso. En esos meses Fuld se dedicó a atacar a la prensa y a los inversores críticos en lugar de intentar sanear el balance de la entidad. "Dick dirigía el banco como si estuviera en guerra, sin mirar los indicios de la crisis", escribía Gowers.

Nadie en el equipo de Fuld supo ver que a principios de 2008 el mundo había cambiado... para Lehman y los demás

Paradójicamente, la caída de Bear Stearns acabó de dinamitar cualquier posibilidad de supervivencia de Lehman Brothers. Bear Stearns era el quinto banco de inversión de EEUU y tenía un balance igual de intoxicado que el de Lehman. A mediados de marzo de 2008, Bear Stearns se encontraba al borde de la suspensión de pagos, ya que nadie quería prestar dinero a la entidad. Para evitar una quiebra descontrolada de la entidad, que pondría en riesgo al resto de competidores, el secretario de Estado del Tesoro, Henry 'Hank' Paulson buscó una solución corporativa que incluyese garantías con dinero público para asegurar la operación.

Henry 'Hank' Paulson, ex secretario de Estado del Tesoro. (Reuters)
Henry 'Hank' Paulson, ex secretario de Estado del Tesoro. (Reuters)

Finalmente se optó por que fuese JPMorgan, el mayor banco comercial, quien comprase Bear Stearns con una línea de auxilio de 30.000 millones de dólares proporcionada por la Reserva Federal para asumir las pérdidas de los activos tóxicos. El presidente de la Fed, Ben Bernanke, es uno de los mayores expertos en la crisis financiera de EEUU de los años 30 y sabía bien que permitir una quiebra descontrolada de un banco era la peor opción posible. Esta operación sirvió para contener el acoso de los mercados durante unas semanas, pero estableció la creencia de que el Gobierno no dejaría caer a ningún banco en problemas.

La cuenta atrás

En septiembre la situación era ya insostenible. Los grandes bancos estadounidenses, incluido Lehman, habían presentado pérdidas trimestrales de miles de millones y el acoso de los mercados era total. En mitad de la adversidad, Lehman Brothers encontró un salvador, Korean Developent Bank (KDB). Este banco público coreano comenzó a finales de agosto las negociaciones para entrar en el capital de la entidad estadounidense. Para Lehman sería la forma de fortalecer su capital y de conseguir un socio con mucha fuerza, el Gobierno coreano.

Las negociaciones avanzaban en los primeros días de septiembre en medio del pánico en los mercados. El 7 de septiembre, el Gobierno estadounidense tuvo que realizar el mayor rescate de su historia para salvar a las dos mayores agencias hipotecarias del país, Fannie Mae y Freddie Mac. Estas dos agencias privadas, pero promocionadas por el Estado, se dedicaban a garantizar créditos hipotecarios, de modo que su quiebra hubiese dejado sin protección a toda la banca del país.

Paulson optó por nacionalizar a las dos compañías con un rescate que superó los 185.000 millones de dólares, en torno al 15% del PIB español. El rescate sirvió para calmar los ánimos en Wall Street. El 8 de septiembre el Dow Jones subió un 2,58% y Europa se anotó ascensos superiores al 3,5%.

El secretario de Estado reafirmó el mensaje de que el Estado acudiría en rescate para evitar la quiebra de las mayores entidades del país. Fuld se sintió respaldado y decidió apretar a los coreanos en su negociación. Korean Bank ofreció una inyección de 5.300 millones de dólares a un precio de 6,4 dólares por acción, pero Fuld quería que entraran a precios de mercado: 17,5 dólares.

Korean Bank rompió las negociaciones con Fuld y las acciones de Lehman volvieron a desplomarse. En una sola sesión, la del 9 de septiembre, los títulos de la compañía se hundieron un 45%. Lehman ya no tenía opciones de conseguir un inversor de referencia, pero el experimentado banquero esperaba un golpe de suerte con dinero público.

Lehman tenía dos compradores interesados, Bank of America y Barclays y Fuld confiaba en que, llegado el momento, Paulson optaría por realizar una operación similar a la de Bear Stearns: una venta con protección de la Reserva Federal ante posibles pérdidas. Pero esta vez, Hank no saldría al rescate.

Un fin de semana en la Reserva Federal

El secretario de Estado del Tesoro tenía un concepto que se repetía constantemente en las discusiones con su equipo: riesgo moral. Esto es, los incentivos negativos que se crean en el proceso de toma de decisión cuando las consecuencias negativas las asumen terceras personas. En el caso de las entidades financieras, contar con el rescate automático del Estado genera un incentivo para que asuman más riesgos. Paulson quería que las entidades asumiesen las consecuencias de sus actos y la única forma de lograrlo era frenar los rescates.

El expresidente de la Fed de Nueva York, Timothy Geithner. (Reuters)
El expresidente de la Fed de Nueva York, Timothy Geithner. (Reuters)

En la tarde del viernes 12 de septiembre, Paulson, Bernanke y Timothy Geithner, presidente de la Fed de Nueva York, sabían que Lehman no podría afrontar los pagos del lunes siguiente. Esa misma noche convocó en la Reserva Federal a los presidentes de los mayores bancos del país para comunicarles que no daría un dólar de dinero público para salvar a Lehman, por lo que el rescate tenía que recaer sobre el sector privado. Por supuesto, Fuld no fue invitado a la 'fiesta' porque todos conocían bien el temperamento de Dick.

Durante las siguientes 48 horas de infarto en la Reserva Federal, los líderes económicos del país exploraron todas las alternativas posibles. En ese momento, solo Bank of America y Barclays habían mostrado interés en absorber Lehman y el secretario de Estado se aferraba a esta posibilidad a medida que la cuenta atrás avanzaba. Sin embargo, sin dinero público, una operación de tal magnitud suponía un gran riesgo para cualquiera de las dos entidades ya que nadie conocía realmente cuál era el agujero de Lehman.

A medida que se aproximaba la caída del cuarto banco de inversión de EEUU, las dudas se centraron en el tercero: Merrill Lynch. ¿Sobreviviría? El CEO de Merrill, John Thain, comprendió que su banco sería el siguiente y maniobró para evitar la quiebra. A lo largo del fin de semana acordó la venta de la entidad a uno de los dos posibles compradores de Lehman, Bank of America, por 50.000 millones de dólares.

La última esperanza para Lehman era Barclays… o el dinero público, pero Barclays no compraría Lehman sin ayuda y Paulson estaba decidido a llegar hasta el final antes que aportar dinero público. "En ningún momento consideré apropiado arriesgar el dinero de los contribuyentes para salvar a Lehman", comentaría posteriormente el secretario de Estado.

En ningún momento consideré apropiado arriesgar el dinero de los contribuyentes para salvar a Lehman

A la una de la madrugada del 15 de septiembre se rompieron definitivamente las negociaciones con Barclays y el presidente de la SEC (la CNMV estadounidense) comunicó a Fuld que el banco tendría que solicitar la quiebra antes de la apertura del mercado asiático.

La fachada de Lehman Brothers el día que solicitó la quiebra. (Reuters)
La fachada de Lehman Brothers el día que solicitó la quiebra. (Reuters)

Todo está bajo control

En la tarde del sábado 14 de septiembre, Paulson convocó al abogado Harvey Miller a la Reserva Federal. Era el mayor experto en quiebras del país y se le encomendó la tarea de redactar la solicitud de Lehman Brothers. Para Miller, dejar caer el banco era la peor decisión posible, pero el Tesoro le tranquilizó “lo tenemos todo bajo control”. El Gobierno de EEUU había dado seis meses a los bancos de inversión para sanear sus balances con el rescate de Bear Stearns y consideraba que la caída de Lehman sería ordenada. Pero evidentemente no fue así. Al contrario, provocó un cataclismo en los mercados que puso en juego la economía mundial.

El día de la quiebra se perdieron más de 600.000 millones de dólares en los mercados internacionales, más del 60% de todo el PIB español en una sola sesión. Dos días después, el 17 de septiembre, el Tesoro tuvo que rescatar y nacionalizar a la mayor aseguradora del país, AIG, contagiada por la situación del sistema financiero por 85.000 millones de dólares. Y, finalmente, el 3 de octubre, el Congreso aprobó la ley de emergencia económica que incluía el TARP (Troubled Asset Relief Program) un programa de rescate de hasta 700.000 millones de dólares para comprar activos hipotecarios dañados y acciones.

[La caída de Lehman: la crisis que hundió la economía mundial, en 5 libros y películas]

El Gobierno de EEUU volvió a darse cuenta, como ocurrió tras el crac de 1929, que la quiebra descontrolada de un banco es la peor decisión posible en una situación de crisis financiera. Todo fue peor tras la caída de Lehman y más caro para el bolsillo de los estadounidenses. Paulson ha justificado en innumerables ocasiones su decisión: "No teníamos competencias [...], si alguien piensa que Hank Paulson podía obligar a la Fed a salvar a Lehman Brothers, la respuesta es que de ningún modo". También Bernanke ha asegurado que la Fed no podía intervenir porque Lehman no tenía las garantías exigidas para acudir a la ventanilla de emergencia del banco central.

Si alguien piensa que Hank Paulson podía obligar a la Fed a salvar a Lehman Brothers, la respuesta es que de ningún modo

"No quería ver cómo desaparecía Lehman", explicaba Paulson en una entrevista concedida un mes después de la quiebra de la entidad. "Entendía las consecuencias mejor que ningún otro", esto es, el terremoto que generaría en los mercados y el elevado coste que supondría para el Tesoro rescatar al resto del sector. Sin embargo, en la rueda de prensa que ofreció tras la quiebra del banco, su justificación fue que no quería arriesgar el dinero de los contribuyentes.

El rescate del sistema financiero y las políticas de estímulo que impulsó Bernanke desde la Reserva Federal permitieron a EEUU contener los efectos de la crisis. El país comenzó su recuperación años antes que Europa gracias a estas medidas de contención. En 2013, el Gobierno estadounidense ya había recuperado todo el dinero del rescate y con un beneficio de más de 30.000 millones de dólares.

Economía

El redactor recomienda

Escribe un comentario... Respondiendo al comentario #1
1comentario
Por FechaMejor Valorados
Mostrar más comentarios