SE INCUMPLIRÁ EL 95,8% PREVISTO

La revisión a la baja del PIB tumba el objetivo de deuda pública de Calviño

La rebaja del PIB por parte del INE tiene una primera consecuencia. Hace inviable el objetivo de deuda del Gobierno. La menor inflación, igualmente, actúa en contra de la reducción

Foto: La ministra de Economía y Empresa en funciones, Nadia Calviño. (EFE)
La ministra de Economía y Empresa en funciones, Nadia Calviño. (EFE)
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La revisión a la baja de la estimación de crecimiento que acaba de hacer el Instituto Nacional de Estadística (INE) tiene una primera consecuencia: la ratio deuda/PIB empeora. O lo que es lo mismo, el endeudamiento cerró el año pasado en el 97,5% del producto interior bruto, cuatro décimas por encima de la estimación inicial.

La segunda consecuencia se verá este año. La ministra de Economía, Nadia Calviño, había previsto en el Programa de Estabilidad cerrar 2019 con un endeudamiento público equivalente al 95,8%, pero esa estimación está abocada al fracaso a la luz de los datos más recientes, incluso teniendo en cuenta el calendario de emisiones del Tesoro. A 30 de junio, la ratio ya alcanzaba el 98,38% del PIB, como ha calculado el propio Ministerio de Economía, y eso que no se cuenta la revisión a la baja realizada por Estadística.

La causa, lógicamente, tiene que ver con el hecho de que el PIB calculado a precios corrientes ha sido rebajado en algo más de 6.055 millones de euros, hasta los 1,202 billones, por lo que al tratarse de una ratio (relación entre dos cantidades), el resultado final cambia. Igualmente, la contención de la inflación —el IPC medio se situará este año en un escueto 0,8%, según Funcas— hará que el PIB nominal crezca menos, con lo que se neutraliza el efecto ‘benéfico’ de los precios sobre la ratio de deuda.

Lo más relevante, sin embargo, es que la cifra refleja las enormes dificultades que tiene la economía española para reducir el endeudamiento. Hasta el punto de que apenas ha retrocedido en tres puntos desde 2014, que marca el máximo histórico tras alcanzar el 100,4% del PIB, el séptimo más elevado de la Unión Europea.

Es decir, pese a que la economía ha crecido de media ligeramente por encima del 3% en el último cuatrienio, la reducción de la ratio de endeudamiento apenas ha sido equivalente a tres puntos de PIB, muy por debajo de las recomendaciones de la Comisión Europea, que tradicionalmente ha aconsejado a España que destine los excesos de recaudación (como los que se han producido en los últimos años) a reducir la deuda pública en lugar de alimentar el gasto corriente.

Política preventiva

Tanto el anterior Gobierno como el actual han incumplido esas advertencias, lo que explica ese 97,5% que acaba de reflejar el INE. Con esa recomendación, la Comisión intentaba hacer política económica de carácter preventivo, ya que en la medida en que la economía se fuera ralentizando, como sucede ahora, los instrumentos de los gobiernoS para hacer frente a una crisis se irían diluyendo.

El resultado es que España encara la desaceleración de la actividad con una deuda pública que casi triplica el 35,8% del PIB en que se situaba en 2007, al comienzo de la Gran Recesión. Aquel año, el endeudamiento en término de protocolo de déficit excesivo era equivalente a 384.662 millones de euros, pero en el segundo trimestre ha superado ya una cifra muy parecida al valor del PIB a precios corrientes: 1,21 billones de euros. Es decir, un incremento de nada menos que unos 816.000 millones de euros que, al menos, hay que refinanciar a tipos considerablemente más bajos.

Aunque hoy por hoy está descartada una situación similar, lo cierto es que el nivel de deuda deja un reducido margen de maniobra para hacer políticas anticíclicas dejando actuar libremente los llamados estabilizadores automáticos. Es decir, aquellos gastos vinculados al ciclo (por ejemplo, el desempleo) que permiten compensar la caída de rentas y el aumento del desempleo, y que Bruselas recomienda que entren en funcionamiento para no acelerar la ralentización económica.

Revisión a la baja

La desaceleración económica está ya descontada, y ayer mismo se conoció que el Panel de Funcas, que recoge la opinión de 19 institutos de coyuntura, rebajó en una décima, hasta el 2,2%, la previsión de crecimiento del PIB para 2019, mientras que el año próximo crecería un 1,9% (sin cambios).

Esa estimación de los coyunturalistas españoles está hecha antes de conocer la revisión a la baja del INE, por lo que podría cambiarse en las próximas semanas a la luz ya de la nueva contabilidad nacional. La horquilla de los expertos para este año se mueve entre un máximo del 2,4%, que calculan Axesor y Equipo Económico, y el 2,1% que estiman la patronal CEOE, Intermoney y Repsol. Lógicamente, tampoco incorporan la fuerte subida que ha registrado el petróleo en las últimas horas a causa del aumento de la tensión en Oriente Medio, y que muy probablemente producirá un incremento de la volatilidad.

En todo caso, de cumplirse el 2,2%, sería la misma estimación del Gobierno, que hace algunos meses anunció que haría una revisión, pero al alza. Ahora ocurre todo lo contrario, y eso se manifiesta en el perfil del avance del PIB trimestral, que continuará creciendo un 0,5% hasta el segundo trimestre de 2020, si se cumplen las previsiones, mientras que a partir del tercero el crecimiento será ya del 0,4%. Por lo tanto, ya por debajo del 2% anualizando la tasa de variación intertrimestral.

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