creció un 0,5% intertrimestral

El frenazo del PIB complica la revisión al alza de las previsiones que anunció el Gobierno

La economía creció en el segundo trimestre al menor ritmo en cinco años con un comportamiento preocupante de la demanda interna. Los datos internacionales invitan a la cautela

Foto: La ministra de Economía en funciones, Nadia Calviño. (EFE)
La ministra de Economía en funciones, Nadia Calviño. (EFE)

La ministra de Economía en funciones, Nadia Calviño, anunció hace unas semanas que estaba estudiando una mejora de la previsión de crecimiento de España dadas las revisiones positivas que habían realizado los principales organismos nacionales e internacionales. Los datos del primer trimestre sorprendieron al alza, pero lo hicieron por el decepcionante comportamiento de las importaciones, que minimizó el impacto negativo del sector externo.

Pero la caída de las importaciones solo puede ser una noticia positiva en el largo plazo, nunca en el corto, ya que es un reflejo de la debilidad de la demanda interna. Los datos del segundo trimestre confirmaron los peores pronósticos. El PIB creció un 0,5% intertrimestral, el peor dato en cinco años con la peor aportación de la demanda interna desde 2014.

El consumo de los hogares es cada vez más plano y la inversión sufrió una inesperada corrección que no solo ha dejado malos datos trimestrales, sino que también genera una señal peligrosa para los meses venideros. Hay tres factores clave que determinarán el comportamiento de la economía para la segunda mitad del año, y ninguno de ellos muestra señales positivas actualmente: la confianza, el binomio salarios/márgenes y el sector exterior. Vamos con ellos:

1. Confianza. Los datos de inversión del segundo semestre arrojaron la primera caída de la inversión empresarial desde los años de la crisis, en 2013. En concreto, las empresas redujeron la compra de maquinaria y bienes de equipo un 1,5% respecto al mismo periodo del año anterior (todos los datos en volumen encadenado y desestacionalizados). Todavía está por ver si este descenso es puntual o si responde a una caída de la confianza de las empresas en el entorno económico. Si es este segundo punto, las perspectivas para la economía española no serán muy halagüeñas.

2. Binomio salarios/márgenes. Este es un factor crucial. Durante el inicio de la recuperación, como pasa habitualmente, los salarios estaban estancados y todo el aumento de las rentas del trabajo provenía de la creación de empleo. Para las empresas esto es muy rentable, porque aumenta la producción y la facturación con costes laborales muy reducidos. Esto provocó que subieran sus márgenes de beneficio. Al mismo tiempo, las nuevas rentas salariales se destinaban casi en su totalidad al consumo, ya que un parado que encuentra un empleo tiene mayor propensión a consumir su salario.

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En 2019, España entró en una fase más madura del ciclo en la que el ritmo de creación de empleo es más lento y la subida de las rentas salariales es mucho más intensa, pero se debe a que suben las remuneraciones. Esto es menos rentable para las empresas, lo que reduce los márgenes de beneficio, por lo que tienen menos capacidad para invertir y crear empleo. También es menos efectivo a la hora de generar consumo, porque la propensión marginal al gasto de las subidas salariales es mucho menor. Por este motivo, el binomio salarios/márgenes va a ser clave para el crecimiento económico. Por supuesto, en términos sociales, la subida salarial es fundamental, ya que durante la crisis se cargó la mayor parte del ajuste sobre los trabajadores.

3. Economía europea. Las exportaciones repuntaron de forma inesperada en el segundo trimestre del año y son el principal motivo de optimismo que han dejado los datos de la contabilidad nacional. La evolución de la economía europea tendrá un impacto creciente sobre la actividad en España como consecuencia de la ralentización de la demanda interna. Las previsiones de los organismos internacionales para los principales socios comerciales de España no son positivas, lo que explica que el Banco Central Europeo vaya a poner en marcha otra ronda de estímulos o que la Reserva Federal haya realizado la primera rebaja de tipos en más de 10 años. Esto significa que actualmente cualquier riesgo de desviación sobre las previsiones económicas se sitúa a la baja.

Además, ahora empieza la campaña de verano, que marcará la evolución del empleo, de la actividad y de la balanza por cuenta corriente. En 2018 se volvió a superar el récord histórico de llegada de visitantes internacionales, con 82,8 millones de viajeros. Superar esta cuantía no será sencillo, ya que los principales destinos muestran un alto nivel de saturación, de modo que tienen un margen de crecimiento limitado.

¿Revisiones a la baja?

Aunque es imposible anticipar el comportamiento de estos tres vectores, lo que está claro es que los datos del PIB del segundo trimestre del año dificultan que el Ministerio de Economía pueda revisar al alza su previsión de crecimiento. Su estimación actual está en el 2,2% y es una de las más prudentes del mercado. Sin embargo, lo que parece más claro es que los organismos más optimistas, como es el Banco de España, se han quedado ya fuera de juego. La entidad estima un avance del PIB del 2,4% en el conjunto del año y si se tiene en cuenta que en el segundo trimestre el ritmo interanual es ya del 2,3%, sería necesario un repunte en la recta final del año para lograr tal meta.

Con la mitad del año ya superada, las previsiones más realistas son las que sitúan el crecimiento del PIB entre el 2,3% y el 2,2%. Eso, siempre y cuando el INE no revise los datos de crecimiento, que ha anunciado que los repasará en septiembre, o que no se produzca un ‘shock’ económico, como puede ser el Brexit. Con un ritmo en el segundo trimestre del 2,3%, cualquier ralentización futura de la actividad conducirá hacia el 2,2%, que es la estimación actual del Gobierno.

El gasto público también disminuirá su incidencia sobre el PIB. En los últimos 12 meses, se han subido las pensiones tres veces. La primera fue tras la aprobación de los Presupuestos Generales del Estado. La segunda, en enero de 2019, para compensar la desviación de la inflación. Y la última, también en enero, para la revalorización de este ejercicio. También se subió dos veces el salario de los funcionarios (julio y enero).

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Esto supuso un ‘chute’ de gasto público que aumentó rápidamente la renta de algunos hogares y estimuló el consumo. En lo que resta de año ya no habrá más revalorizaciones, lo que supondrá un motor menos para el PIB.

Toda esta suma de factores complica que el Ministerio de Economía pueda revisar al alza su previsión de crecimiento. Lo que es más probable es que los organismos que hace unas semanas subieron la estimación de PIB para España la bajen en los próximos meses para situarla, otra vez, en línea con la del Gobierno.

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