Consecuencia del modelo de crecimiento

Se acabó la convergencia: España no reduce la brecha del PIB per cápita con Europa

El PIB per cápita de España ascendió a 28.300 euros en 2018, 2.600 euros por debajo de la Unión Europea. El modelo de crecimiento impide la convergencia con el continente

Foto: Foto: iStock.
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España resistió en 2018 la desaceleración de la economía europea y creció casi un tercio más que la UE. El país está inmerso en un círculo virtuoso de creación de empleo y aumento del consumo que se retroalimenta y contrarresta la desaceleración de Europa. Sin embargo, este crecimiento se debe, en su totalidad, a la incorporación de nuevos trabajadores al empleo. O lo que es lo mismo: la productividad en España agoniza. Si el PIB está aumentando es porque hay más trabajadores, no porque cada uno de ellos genere más producción. De hecho, la productividad está encadenando su peor fase desde 1999.

La consecuencia de este modelo de crecimiento es que España no consigue cerrar la brecha de PIB per cápita con la Unión Europea. Al contrario, en 2018 volvió a incrementarse ligeramente, hasta los 2.600 euros. En concreto, el PIB per cápita (medido en paridad de poder adquisitivo) de España fue de 28.300 euros en 2018, mientras que en la Unión Europea alcanzó los 30.900 euros, según las últimas cifras de Eurostat.

Esta brecha del PIB per cápita superior a los 2.500 euros se ha cronificado tras la crisis económica. Durante los años de la burbuja, España llegó a superar el nivel de renta de la Unión Europea, pero fue un espejismo que apenas duró cinco años. Lo que sí es cierto es que toda la fase de convergencia lograda entre 1995 y 2005 se revirtió rápidamente tras la crisis y desde entonces no ha habido ningún tipo de avance.

En 2018, incluso aumentó este diferencial en 200 euros y se sitúa por encima del que había en 2012, último año de crisis en España. Esto significa que durante toda la fase de recuperación, España no ha logrado ningún tipo de convergencia con la Unión Europea. La renta per cápita de la UE sigue siendo un 9% superior a la española. En estos años, España ha perdido terreno frente a Eslovenia, que está cerca del sorpaso. Quien sí ha conseguido el adelantamiento ha sido Malta, que antes de la crisis tenía un PIB per cápita 6.400 euros inferior al español y ahora es 1.900 euros superior.

El modelo de crecimiento de España no permite mejoras de la productividad y fomenta una inmigración de ciudadanos sin cualificación que se unen a sectores de bajo valor añadido. La hostelería y el comercio han sido clave durante toda la recuperación y en 2018 se unió también la construcción como gran motor de crecimiento. Desde 2008 hasta la actualidad, se han perdido casi un millón de empleos (medido por la EPA con medias anuales), sin embargo, la hostelería ha incrementado la ocupación en más de medio millón de personas.

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La economía española ha experimentado un giro hacia la terciarización, dejando de lado a la industria. El sector manufacturero ha perdido en este periodo más de 530.000 empleos y nada apunta a que los vaya a recuperar en los próximos años. Sin embargo, está creciendo rápidamente el empleo en educación, con un aumento de 200.000 empleados desde el estallido de la crisis.

¿Y qué más da?

Si se deflactan los datos, los resultados son muy similares: no hay forma de lograr la ansiada convergencia. El PIB per cápita de España es un 92% del PIB del conjunto de la UE, brecha que es idéntica a la que había en 2013 y también a la que había en 1996. Durante todos los años del euro, España no ha conseguido ningún avance en convergencia. Es cierto que durante los años de la burbuja el PIB per cápita superó al de la Unión, pero tras el estallido de la crisis se volvió a mostrar la debilidad del modelo de crecimiento español.

Además, el país no ha logrado avanzar ni un solo puesto en el listado europeo de PIB per cápita: estaba en el puesto 11º de la eurozona a finales de los noventa y sigue estando ahí actualmente.

Sí es cierto que el nivel de producción total de España ha crecido más rápido que la media europea durante todos estos años, pero no el nivel de productividad. Es la consecuencia de la entrada de inmigrantes a cubrir puestos que no requieren cualificación, como son la hostelería, el comercio o la agricultura. De hecho, el número de extranjeros afiliados a la Seguridad Social vuelve a estar en máximos históricos, con más de 2,1 millones de cotizantes foráneos. Como aumenta el número de habitantes, el PIB per cápita avanza más lento.

De todos ellos, la mitad trabaja en los sectores de hostelería, comercio, almacenamiento y agricultura, lo que evidencia que los inmigrantes reducen la productividad media de la economía española. Y no es por su culpa, sino por el modelo productivo del país, ya que la inmigración cubre una demanda de trabajo existente.

La parálisis en las reformas complica todavía más que España pueda lograr ningún avance en el PIB per cápita. La transformación de la industria, la energía o la movilidad todavía está bloqueada. La pelea por los sillones sigue dominando la actualidad política y ha provocado un estancamiento total de la agenda reformista.

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