suma un año completo en negativo

La cara oculta del crecimiento: España sufre la mayor caída de productividad en 20 años

España suma ya cuatro trimestres consecutivos de pérdida de productividad. La economía crece por la fortaleza del empleo, que maquilla una debilidad estructural que sigue sin solución

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Los datos de la economía española en los últimos meses han sorprendido a todos los analistas. En medio de la desaceleración europea, el país ha conseguido un repunte inesperado sustentado, principalmente, en la creación de empleo. El número de ocupados crece más rápido que el PIB, lo que significa que todo el crecimiento se debe a la incorporación de nuevos trabajadores. Por el contrario, la productividad está retrocediendo en los últimos trimestres y acumula ya su peor caída en 20 años.

Sin duda, son datos preocupantes para la economía española, la cara oculta de los buenos datos del crecimiento económico. En el último año, la productividad por hora trabajada se ha reducido un 0,4% y suma ya un año completo en negativo. Esto no ocurría desde 1999, lo que muestra claramente el problema latente de España.

La productividad sigue siendo la gran tarea pendiente de la economía doméstica. Si todo el crecimiento de la producción descansa en el aumento del número de horas trabajadas, entonces el crecimiento tiene los pies de barro. Lo que muestran estos datos es que la actividad vuelve a girar en torno a sectores de escaso valor añadido, como son la construcción o la hostelería.

Por ejemplo, la producción de la construcción ha aumentado un 6,9% en el último año, pero el empleo en el sector se ha disparado un 11,3% (equivalente a tiempo completo). Esto es, resulta preciso un gran avance del número de horas trabajadas para conseguir cada décima extra de PIB. O lo que es lo mismo, la productividad es muy baja. Una situación similar ocurre en el sector de los servicios inmobiliarios, que registra un avance de la producción del 1,3% y el empleo se dispara un 9,6%. Otros sectores como la hostelería o el comercio viven situaciones similares.

Todos ellos tienen una productividad inferior a la media del conjunto de la economía. El resultado es que cuanto más crecen, menor es la productividad agregada (por el efecto composición).

La producción de la construcción ha crecido un 6,9% en el último año, pero, para lograrlo, el empleo en el sector se ha tenido que disparar un 11,3%

Estos sectores no solo cuentan con un bajo nivel de productividad sino que, además, no pueden esperar grandes mejoras en los próximos años. Su potencial de mejora es limitado, ya que se trata de dos sectores intensivos en mano de obra en los que la mecanización tiene un escaso recorrido, al menos por el momento. De ahí que la apuesta por este tipo de sectores de baja productividad suponga un lastre para el crecimiento potencial de la economía.

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Por el contrario, otros sectores que pueden lograr fuertes ganancias de productividad, como la industria, muestran una atonía preocupante. La producción de la industria apenas ha aumentado un 0,4% en el último año, una cuantía que provoca que su peso en la economía siga disminuyendo.

Temporalidad y pymes

La productividad es el eterno problema de España. El país puede competir en ‘sol y playa’, en costes laborales reducidos o en pisos frente a la costa. Pero a la hora de liderar la revolución industrial, el cambio tecnológico o la transición energética, las buenas palabras se quedan en eso.

La baja productividad es el resultado de la baja inversión y se debe, principalmente, a dos factores. El primero es la temporalidad del mercado laboral, que reduce la inversión en capital humano. El segundo es el elevado porcentaje de pymes que hay en España que no tienen músculo financiero para invertir en capital humano ni en bienes de equipo.

Los datos de la OCDE muestran que la productividad de las grandes en España está en línea con el resto de países desarrollados. El problema de España es que en torno al 95% de las empresas tienen menos de 10 trabajadores. Estas empresas prácticamente sobreviven sin una gestión profesionalizada y constituyen el principal foco de baja productividad en España.

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El empleo temporal, que predomina además en estos sectores poco productivos, es el segundo lastre de la economía española. ¿Qué trabajador puede adquirir experiencia si cambia de trabajo cada seis meses? ¿Qué empresa invertirá en la formación de un trabajador que piensa sustituir en unas semanas? La tasa de temporalidad en España, medida como porcentaje de ocupados con un contrato temporal, es la más alta de Europa, alcanzando el 22,8% al cierre de 2018, casi el doble que la media de la eurozona.

Además de la temporalidad, en los últimos años ha irrumpido la parcialidad como el segundo gran problema del empleo. Y no solo porque sea un gran foco de fraude (con horas extra impagadas) sino también porque es la principal causa del fenómeno de los trabajadores pobres. Las empresas intentan ahorrar hasta el último céntimo en costes salariales con este tipo de asalariados, por lo que no realizan ningún tipo de inversión en capital humano.

De esta forma, temporalidad y atomización del tejido empresarial se presentan como dos de los graves problemas para el crecimiento de la productividad en España. Mientras no se solucionen estos problemas, cualquier crecimiento cíclico tendrá los pies de barro.

Históricamente, los incrementos de productividad en España se han producido durante las fases de crisis. Esto responde también al efecto composición: durante las crisis, las empresas prescinden de los trabajadores con contrato temporal, de modo que la media de productividad aumenta. También se debe a los esfuerzos de las empresas para producir más con menos recursos, un proceso que abandonan cuando la economía va bien.

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