es uno de los países que todavía no lo han creado

España ignora a la UE y se resiste a crear un consejo de la productividad

El mandato de la UE es claro: los países miembros deben crear consejos nacionales de productividad. Tres años más tarde, España y otros países se resisten a aprobarlos

Foto: Una fábrica de vehículos en una imagen de archivo. (EFE)
Una fábrica de vehículos en una imagen de archivo. (EFE)

El informe está fechado el pasado 28 de febrero, y saca los colores a España (y a otros países) en cuanto a su compromiso para atacar los problemas de productividad que sufre la economía europea. En particular, por su resistencia a crear un consejo nacional de productividad, pese a que en 2016 el Consejo Europeo instó a los países miembros de la zona euro a ponerlos en marcha. No ha sido así, y eso explica que en su informe anual la Comisión Europea recuerde su obligación a los países incumplidores.

Entre otras cosas, porque la propia Unión Europea, como se reflejó en el informe de los cinco presidentes, ha identificado que uno de los problemas centrales que limitan el crecimiento económico tiene que ver con la productividad, como hace pocos días se reflejó en una nota de Eurostat en la que se constataba que la productividad del trabajo está estancada. Y, de hecho, se sitúa en los niveles mínimos desde el primer trimestre de 2013. En el caso de la eurozona, incluso, la productividad fue negativa en el cuarto trimestre de 2018.

Pese a ello, nueve países del área euro aún no han creado su propio consejo nacional de productividad, lo que da pie a la Comisión Europea a recordar los beneficios que supone para la economía la creación de este tipo de instituciones.

Los 13 países de la UE que ya los han puesto en marcha han aprovechado, en algunos casos, la existencia de unos organismos similares, y en otros se ha optado por aprobar observatorios de nueva creación. En la mayoría de los casos, se ha situado en los puestos directivos a académicos, representantes patronales o sindicales o funcionarios expertos en el análisis de la productividad, una de las variables más difíciles de medir en la economía. Su número de miembros oscila entre cuatro (Finlandia y Dinamarca) y 16 (Irlanda), sin que sus responsables sean remunerados (salvo en Dinamarca).

Para evitar la injerencia de los gobiernos, lo que plantea la Comisión Europea es que sean organismos con autonomía legalmente garantizada, en línea con las autoridades de responsabilidad fiscal que se han creado ya en todos los países (la AiRef en el caso español). Es decir, que sean capaces de plantear las causas y los problemas derivados de la baja productividad, que han dado lugar a que muchos economistas hablen ya de 'estancamiento secular'.

Es por eso por lo que la Comisión Europea urge a los Estados miembros que no han aprobado todavía el consejo que lo hagan “lo antes posible”. Entre otras cosas, como recordaba el informe del Consejo Europeo, porque la “tendencia a la baja del crecimiento potencial de la producción” es cada vez más evidente y se debe, principalmente, “a una reducción constante de la contribución que aporta la productividad total de los factores”.

Atraer inversiones

Aunque la medición de la productividad a largo plazo es compleja, la UE considera que los factores sobre los que hay que poner especial énfasis son la innovación y la capacidad para atraer inversiones. En concreto, la Recomendación del Consejo insta a los países miembros a abordar los factores que la hacen posible y que potencian la productividad y la competitividad a largo plazo. Además de abordar los factores relacionados y los no relacionados con los costes que puedan afectar a los precios y a la calidad de los bienes y servicios, entre ellos los relativos a los competidores mundiales a corto plazo.

Recientemente, un informe del IVIE (Instituto Valenciano de Investigaciones Económicas) y de la Fundación BBVA señalaba que la productividad total de los factores (PTF) —que es la medida más completa para poder analizar el funcionamiento del sistema productivo, al incluir el capital humano, las infraestructuras o la maquinaria— fue en 2017 un 10,5% inferior a la de 1995. Y lo que es todavía más significativo, su evolución, como sostienen los autores del estudio, "contrasta con el aumento del 1,4% y 4,5% experimentado por el conjunto de la unión monetaria y la UE, respectivamente". Pero es que respecto de Alemania (8,5%) o EEUU (9,2%), la distancia no ha hecho otra cosa que aumentar de forma relevante.

La posición española, incluso, está muy por debajo de otras grandes economías con las que España compite en los mercados internacionales de bienes y servicios, como Francia, donde la productividad total de los factores avanzó un 2,2%. En Italia, por el contrario, con un problema ya casi secular de crecimiento, la productividad ha caído un 9,7%. Eso quiere decir que entre 1995 y 2018, la productividad por hora trabajada aumentó en España un 17,5%, mientras que en la eurozona el crecimiento fue del 30,7%.

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