LOS MERCADOS ESTÁN TRANQUILOS

La economía española se hace inmune a la inestabilidad política

Algo está cambiando en la economía. La inestabilidad política ya no pasa factura. Los mercados asisten con tranquilidad a unas nuevas elecciones. Lo que preocupa es Europa

Foto: Foto: Reuters.
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Sostenía hace algún tiempo Alfredo Pastor, aquel fugaz secretario de Estado de Economía del último Gobierno de Felipe González, que lo mejor para España siempre había venido de Europa. Se refería no solo al ingreso en la Unión Europea, sino a los beneficios que históricamente ha traído la apertura del país hacia el exterior, y que Ortega resumió en una frase muy celebrada: "España como problema, Europa como solución".

Y Europa, precisamente, es lo que explica la aparente tranquilidad con que han acogido los mercados financieros la devolución al Gobierno de los Presupuestos Generales del Estado 2019, y, en particular, la convocatoria de elecciones, que abren un ciclo de mayor inestabilidad política. ¿La causa? Existe una coincidencia casi general en que los márgenes de maniobra para hacer política económica distinta a la que se decide en Bruselas —ahí están los casos de Grecia, Portugal o Italia— son muy estrechos, por lo que ningún Gobierno está en condiciones de saltarse el guion.

No preocupa, siquiera, como asegura desde Londres el analista para España de uno de los principales bancos de inversión del mundo, la desviación presupuestaria, toda vez que estaba descontado el incumplimiento. Su opinión es que el desequilibrio fiscal se situará entre el 2,3% y el 2,4% del PIB este año, muy por encima del 1,3% que obliga la última senda de déficit aprobada o, incluso, del 1,8% con que trabaja el Gobierno. Pero como la economía crece por encima de la media de la UE, la preocupación es algo más que moderada. Lo que realmente inquieta, en este sentido, es la ralentización del crecimiento en los países centrales del euro, en particular, Alemania, Francia e Italia, hacia donde se dirige el 34% de las exportaciones españoles (un 51,5% al conjunto del euro).

La calma, igualmente, tiene mucho que ver con la política monetaria del BCE, que garantiza suficiente liquidez, y a un coste cercano a cero, para un país que este año saldrá al mercado para captar nada menos que 209.526 millones (emisiones brutas), según datos del Tesoro, lo que representa alrededor del 17% del PIB. En términos netos, el Tesoro saldrá al mercado para captar unos 35.000 millones de euros, una cifra muy parecida a la de 2018 (34.277 millones), lo que da idea de las dificultades para reducir la deuda, incluso, en un contexto de robusto crecimiento económico (ligeramente por encima del 2%, según el consenso de los analistas)

Pese a ello, lo que pesa en los mercados es la protección del Banco Central Europeo (BCE), que a finales del año pasado, a través del Banco de España, tenía en su balance 211.400 millones de deuda española, lo que representa el 22,% de la deuda del Estado (sin incluir administraciones territoriales).

Tipos de interés

Por si no fuera poco, tampoco la Reserva Federal ha dado señales de endurecimiento de los tipos de interés. Al contrario. Algunos gobernadores de la Fed se han mostrado en los últimos días muy prudentes (recientemente, lo ha hecho el de Atlanta), lo que parece indicar una pausa en el camino hacia la normalización de la política monetaria que, obviamente, tiende a estabilizar los mercados. El bono americano continúa en el entorno del 2,7%, ya a cierta distancia del 3% que llegó a alcanzar en otoño.

Por lo tanto, un contexto monetario algo más que positivo para un país que necesita mucha financiación que, por el momento, está asegurada, lo que explica que los mercados no bailen alrededor de la inestabilidad política. Una especie de desacople que hace que la vida económica vaya por un lado y la política por otro.

Más razones explican la aparente inmunidad de la economía española a la inestabilidad política. Que, en este caso, tiene que ver con la elevada integración internacional de la Bolsa española. En concreto, casi el 68% de la facturación de las empresas que cotizan en los mercados de valores, según cifras de Bolsas y Mercados, procede del exterior, cuando hace apenas 20 años ese porcentaje era del 24%. Es más, el 40% de las empresas del Ibex 35, las más grandes, obtiene nada menos que el 65% de sus ingresos fuera de España, lo que da idea del grado de internacionalización de la gran empresa española, lo que en última instancia la protege de las sacudidas políticas internas.

Efecto arrastre

Como señala un veterano analista de la Bolsa española, la caída de los bancos no es representativa debido a su enorme peso en el Ibex, y como los bancos fueron los que más cayeron el año pasado, no solo en España sino en toda Europa, eso arrastró la bolsa. Eliminado este factor, se asegura, el comportamiento del mercado bursátil hubiera sido muy parecido al de otros índices, por lo que tampoco por esta vía se puede observar un impacto significativo de las incertidumbres políticas en la evolución de las bolsas.

Eso explica que uno de los indicadores más relevante, el diferencial con Alemania, haya permanecido al margen de las negociaciones políticas. La prima de riesgo, en concreto, permanece clavada en el entorno de los 110-115 puntos básicos desde hace semanas, y nada indica que se vayan a producir grandes alteraciones a corto plazo por razones estrictamente políticas. Solo un movimiento brusco de los tipos de interés (algo muy improbable) podría ensanchar el diferencial con el bono alemán.

La conclusión que saca un analista es clara: España es un reflejo claro de la dicotomía creciente entre situación económica y situación política, y que ha tenido históricamente su máximo exponente en Italia, donde la debilidad de los sucesivos gobiernos no siempre ha hecho mella en la valoración de sus activos o en la actividad de sus grandes multinacionales.

También en España. El año 2016 —con Gobierno en funciones en buena parte del ejercicio— fue el de mayor crecimiento (3,2%) en el actual ciclo económico. “La inversión extranjera no piensa en si gobierna el PP o el PSOE”, asegura la fuente, ya que el margen de maniobra es muy estrecho. Lógicamente, salvo que el Ejecutivo saliente quiera echar un pulso a Bruselas, y eso hoy, tras la experiencia de Atenas, o incluso de Roma, es inimaginable. El país que necesite financiación, deberá cumplir las reglas de juego.

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