La demanda interna se ralentiza

Desmontando el ‘milagro español’: el PIB crece más por el parón de las importaciones

En las últimas semanas, la mayor parte de los analistas ha elevado su estimación de crecimiento para España, pero este movimiento es el resultado del peor comportamiento de la demanda interna

Foto: Fábrica de palas para aerogeneradores de Siemens Gamesa. (EFE)
Fábrica de palas para aerogeneradores de Siemens Gamesa. (EFE)

En las últimas semanas los analistas se han dado cuenta de que habían calculado mal su previsión de crecimiento para España. Pero, en contra de lo que sucede en el resto de Europa, en España se han quedado cortos y todos están recomponiendo su estimación al alza hasta una horquilla situada entre el 2,3% y el 2,5%. La ministra de Economía, Nadia Calviño, también anunció la semana pasada que está estudiando mejorar su ‘cuadro macro’ para situar su previsión en línea con la del consenso de mercado. El último movimiento se produjo el miércoles por parte de BBVA Research, que ha elevado en una décima su previsión, hasta el 2,3%.

Esta oleada de revisiones al alza de la previsión de crecimiento es, sin duda, una noticia positiva que contrasta con las revisiones a la baja en Europa. España se mantiene como una de las pocas economías dinámicas del Viejo Continente que resiste la desaceleración, pero los matices son importantes. La revisión al alza de las previsiones no se debe al mayor crecimiento de la actividad interna, sino a una contribución positiva de la demanda externa como consecuencia del ‘parón’ de las importaciones.

Esto significa que la supuesta mayor fortaleza de la economía española se debe al impacto sobre las importaciones generado por la desaceleración del consumo interno y de las exportaciones. Los datos de contabilidad nacional del primer trimestre del año abrieron los ojos a los economistas. Las importaciones registraron en el primer trimestre su primera caída interanual en seis años, con un descenso del 0,5%, un traspié que nadie había previsto.

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Los economistas comprendieron entonces que las importaciones están mostrando una gran sensibilidad a la demanda doméstica y a las ventas en el exterior, de modo que cuando se ralentiza cualquiera de estos dos factores, las importaciones se frenan en mayor medida. La industria exportadora adquiere muchos bienes intermedios que utiliza para fabricar sus productos. Un ejemplo muy sencillo es el de los coches: para ensamblarlos, hay que importar previamente la mayor parte de sus piezas. Esto significa que si en España no se compran coches ni se exportan, tampoco se importarán estos bienes intermedios.

Hay otros dos factores que explican la ralentización de las importaciones. El primero es una cierta sustitución de productos foráneos por los nacionales como consecuencia de la mejora de competitividad lograda por las empresas domésticas. Y el segundo es la caída del precio del petróleo, que afecta especialmente a las importaciones de España.

La caída de la actividad interna ha repercutido en menores importaciones, lo que se traduce en una aportación positiva de la demanda exterior

Así lo explica BBVA Research en su último informe ‘Situación España’: “Se esconde una composición atípica del crecimiento, donde tanto la demanda interna como las exportaciones han reducido su dinamismo algo más de lo esperado [...] buena parte de este peor comportamiento del gasto interno y de las ventas al exterior se ha concentrado en las importaciones, limitando el impacto sobre la producción doméstica y, por tanto, el crecimiento”. En otras palabras, la caída de la actividad interna ha repercutido en menores importaciones, lo que se traduce en una aportación positiva de la demanda exterior.

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De esta forma, España será capaz de lograr un crecimiento superior al estimado hace unos meses pese a que la demanda interna comienza a flojear. BBVA Research, que estimaba en abril que el sector exterior reduciría en tres décimas el crecimiento del PIB, ahora cree que tendrá una aportación positiva de tres décimas. Es la consecuencia del deterioro de las importaciones: hace solo tres meses, BBVA esperaba que crecieran un 3,8% en 2019 y ahora cree que apenas crecerán un 0,8%.

Funcas lo explica así: “El menor crecimiento esperado de la demanda interna frenaría las importaciones”. La entidad estima que la elasticidad de las importaciones a la demanda es de 1,3, lo que significa que un punto menos de demanda supone 1,3 puntos menos de importaciones. Así se explica que el efecto neto para España de esta ralentización sea positivo en términos de PIB.

El menor crecimiento esperado de la demanda interna frenaría las importaciones

El consenso de mercado que recoge FocusEconomics también ha dado un importante ‘tijeretazo’ a su previsión de crecimiento de las importaciones: hace un mes esperaba un avance del 3% y actualmente apenas prevé un crecimiento del 1,4%. Sin duda, la sustitución de importaciones con producción local es una noticia positiva para la economía, pero que las revisiones de crecimiento se produzcan porque la demanda interna es menor, no es una noticia halagüeña.

La realidad es que las casas de análisis son ahora más pesimistas con el consumo de los hogares y la inversión. BBVA Research ha recortado su previsión de crecimiento del consumo privado desde el 2% hasta el 1,8% y en el caso de la inversión, la rebaja ha sido de un punto completo, hasta el 3,1%. Como resultado, la entidad estima que la demanda nacional aportará 2 puntos al PIB, lejos de los 2,4 puntos que esperaba hace solo un trimestre.

El ‘cuadro macro’

El anuncio de Calviño de que está estudiando elevar la previsión de crecimiento de España conllevará obligatoriamente un ajuste del cuadro macroeconómico para reconocer el menor ritmo de la demanda interna y de las exportaciones. Esto significa que aunque el cambio del PIB total sea positivo, la letra pequeña no lo será tanto.

El ‘cuadro macro’ actual del Gobierno prevé un crecimiento de la inversión (Formación Bruta de Capital Fijo) del 4%, muy lejos del 3,1% que estima BBVA, o del 3,6% que prevé el consenso de analistas encuestados por FocusEconomics.

En cuanto a las exportaciones, el Ejecutivo prevé un crecimiento del 2,7%, mientras que el consenso de analistas prevé un avance del 1,6% y BBVA Research estima un crecimiento del 1,7%. Por último, en el consumo de los hogares, el Gobierno prevé un avance del 1,9%, una décima superior a la previsión del consenso de mercado y de BBVA Research.

Si se cumplen las previsiones, España registrará una importante desaceleración del consumo, la inversión y las exportaciones

Sin embargo, la ralentización de las importaciones será superior a la que estima el Ejecutivo, lo que permitirá la revisión al alza del PIB. El Gobierno estima un avance del 2,9% y BBVA Research prevé que el crecimiento de las compras en el exterior se quedará en el 0,8% y FocusEconomics lo sitúa en el 1,4%.

Si se cumplen todas estas previsiones de los analistas (a mitad de año, el margen de error ya es muy bajo), la economía española registrará una importante desaceleración del consumo, la inversión y las exportaciones, que se verán compensadas por el parón de las importaciones. Ese es el ‘secreto’ de las revisiones optimistas de la previsión de crecimiento de España.

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Es importante señalar que la desaceleración del consumo privado se debe, en buena medida, al reparto de la masa salarial. Hasta ahora, el crecimiento de la renta salarial se destinaba a realizar nuevas contrataciones. Ahora, por el contrario, una buena parte se utiliza para subir los salarios. Este matiz es muy importante, ya que la propensión al consumo de los nuevos salarios es muy alto (un recién contratado consume casi todo su sueldo), sin embargo, es inferior en el caso de subidas de sueldo. El resultado es que el crecimiento de la masa salarial ya no se traduce con la misma intensidad al consumo. "La renta bruta disponible ha aumentado algo menos de lo previsto y el incremento que sí se ha producido estaría teniendo un impacto menguante en el consumo", explica BBVA Research.

Este factor es muy importante porque significa que España está realizando ahora la transición que ya hicieron otros países europeos antes: la maduración del mercado laboral. El exceso de mano de obra se está agotando ya en algunos sectores, lo que genera presiones salariales y aumento de los costes para las empresas. España va con retraso en la fase de la recuperación respecto a los principales países europeos, lo que explica por qué el país tiene tasas de crecimiento tan elevadas en comparación con el conjunto de la zona euro.

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