Cascada de revisiones a la baja del PIB

¿Frenazo o simple desaceleración? Qué le pasa a la economía española

La OCDE y el FMI recortaron el miércoles sus previsiones de crecimiento para España y la Comisión Europea alerta del incumplimiento del déficit, todo el mismo día

Foto: Ilustración: Raúl Arias.
Ilustración: Raúl Arias.

“Esta semana conoceremos más previsiones que van en línea con las del Gobierno”, explicó el martes la ministra de Economía, Nadia Calviño, en un evento organizado por ‘The Economist’ en Madrid. Bien sabía que en menos de 24 horas saldrían la OCDE y el FMI a recortar sus previsiones de crecimiento para España. Dos golpes en la línea de flotación del Ejecutivo, que trata de mandar un mensaje de normalidad económica en medio de la desaceleración. La pregunta que surge en la sociedad es evidente: ¿tan grave es la situación como para que la OCDE y el FMI recorten sus previsiones el mismo día?

¿Frenazo o simple desaceleración? Qué le pasa a la economía española

La realidad es que la desaceleración de España está siendo muy progresiva y todavía mantiene una gran inercia. De hecho, la demanda interna va mejor de lo que pensaban los analistas al inicio del año. El problema es que el comercio mundial ha sufrido un parón mayor del que pensaban y ahora están ajustando sus estimaciones al escenario mundial.

El crecimiento de las exportaciones durante los últimos años ha hecho que España sea un país muy sensible a los ciclos comerciales. De ahí que los expertos se hayan visto obligados a revisar sus estimaciones a medida que conocían la evolución de las exportaciones y las importaciones. La demanda externa restó cinco décimas al PIB en el tercer trimestre del año y ocho en el segundo, según las cifras publicadas por el INE.

Todos los analistas esperaban una contribución positiva del sector exterior al PIB, de ahí que se hayan visto obligados a ajustar sus previsiones. El FMI, por ejemplo, esperaba que la balanza por cuenta corriente cerrara el año 2018 con un superávit del 1,6% del PIB y que acelerara hasta el 1,7% en 2019. Sin embargo, ahora asume que el superávit se reducirá hasta el 0,7% este año y el 0,8% el próximo. Esto significa una desviación de 20.000 millones de euros en dos años, que van directamente contra el PIB. Tal magnitud explica el porqué de las revisiones a la baja.

El FMI esperaba una contribución positiva de la demanda externa de tres décimas al crecimiento del PIB en 2018 y de dos décimas en 2019. Por el contrario, ahora cree que la demanda exterior restará cinco décimas este año y una el próximo. Este, y no otro, es el motivo por el cual han realizado su ajuste. De hecho, la economía doméstica va mejor de lo esperado y ha contrarrestado el impacto negativo del sector exterior.

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Por ejemplo, la OCDE estima que la demanda interna crecerá un 3,2% este año y un 2,3% en 2019, lo que supone seis y una décima más respectivamente que sus previsiones de mayo. Esto significa que el dinamismo de la economía mantiene su inercia y que solo los malos datos del comercio internacional están provocando la fase actual de desaceleración.

Es cierto que los datos del consumo de los hogares en el inicio del año fueron decepcionantes, pero rápidamente recuperaron tasas elevadas hacia mediados de año. La aprobación de los Presupuestos Generales del Estado en junio también ha ayudado a la demanda interna. Por una parte, aumentaron la transferencia de rentas a los hogares con mayores pensiones y salarios de funcionarios y menores impuestos. Por otra, aumentaron el consumo público (una noticia muy mala para el déficit, pero buena para el crecimiento a cortísimo plazo). Si en mayo la OCDE estimaba un avance del consumo público del 1,2%, ahora considera que se incrementará un 2,3%, casi el doble.

Por último, la sorpresa positiva de la inversión en construcción y capital fijo ha terminado de apuntalar las buenas sensaciones de la demanda interna. Al inicio del año, el FMI estimaba un crecimiento de la inversión (formación bruta de capital fijo) del 4,5% para este año y ahora prevé que avanzará nada menos que un 5,8%, y la OCDE eleva esta estimación hasta el 6,1%.

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Estos datos muestran la fuerte inercia de la economía española, que se desacelera muy lentamente. Las cifras del INE así lo evidencian, ya que el PIB lleva tres trimestres consecutivos creciendo un 0,6% trimestral. Solo el comercio mundial ha ensombrecido la buena marcha de la economía que, de lo contrario, volvería a sorprender al alza este año.

El Gobierno, más optimista

Lo que sí han provocado las últimas revisiones a la baja de los principales organismos es que dejan al Gobierno con la previsión más optimista para la economía española. Esto supone un cambio respecto a lo que había ocurrido durante el Gobierno de Mariano Rajoy, cuyas estimaciones se situaban entre las más conservadoras del mercado.

El cuadro macro del Gobierno prevé un crecimiento del 2,6% este año, en línea con la OCDE y una décima por encima del FMI. De cara a 2018, estima una ralentización hasta el 2,3%, una décima por encima del FMI y la OCDE. De hecho, la previsión para 2019 del Gobierno es la más optimista de todos los grandes organismos, que estiman un avance del 2,2%.

La principal diferencia del cuadro macro del Gobierno respecto al de la OCDE y el FMI está en la aportación del sector exterior. El Gobierno estima que las exportaciones crecerán este año un 3,2%, mientras que el FMI y la OCDE creen que se situarán en el entorno del 1,5%. El resultado es que el Ejecutivo estima que el sector exterior restará una décima al PIB en el conjunto del año mientras que el resto cree que detraerá un mínimo de cinco décimas.

Al mismo tiempo, el Gobierno es más conservador con la demanda doméstica, que considera que aportará 2,7 puntos al PIB en 2018, esto es, unas cuatro décimas por debajo del resto de estimaciones. Esto se debe a que el Gobierno no ha asumido que el gasto público crecerá por encima del 2% este año y a que la inversión privada se incrementará en el entorno de un 6%.

¿Ya está todo bien?

Al tiempo que recortaban la previsión de crecimiento para España, los distintos organismos elogiaban la fortaleza que ha mostrado la economía del país en los últimos meses. "La economía española sigue recuperando el terreno perdido durante la crisis", explicaba el FMI; "el crecimiento económico ha sido fuerte, pero se espera que se modere en 2019 y 2020", señalaba la OCDE. Este ajuste en las estimaciones de cortísimo plazo no generan inquietud a los analistas, el verdadero problema de España es el crecimiento a medio y largo plazo. Ahí está la gran debilidad estructural del país, que no se ha corregido a pesar de la crisis.

La OCDE y el FMI temen que España vaya convergiendo en los próximos años hacia su tasa de crecimiento potencial, que se sitúa más cerca del 1,5% que del 2%. El FMI estima que está en el 1,75%. El PIB potencial es el máximo ritmo al que puede crecer un país sin generar desequilibrios macroeconómicos y en España es tan bajo que condena al país a prolongar la desaceleración.

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De ahí que la principal preocupación de la OCDE y el FMI sea la agenda de reformas estructurales que potencien la inversión y aumenten el PIB potencial. La debilidad parlamentaria del Gobierno de Pedro Sánchez y la anterior de Mariano Rajoy y su incapacidad para crear acuerdos han condenado al país a la inercia, ya que el Congreso está bloqueado. Dos o tres décimas arriba o abajo en el crecimiento de 2018 o el de 2019 no van a aportar mucho al país. Por el contrario, dos o tres décimas más en el PIB potencial tendrán un impacto clave para el futuro del país.

El FMI advirtió al Gobierno de Sánchez de que “elevar el crecimiento de la productividad necesita un nuevo esfuerzo”. En su opinión, “se necesitan políticas que faciliten la competitividad, estimulen la innovación, ajusten la formación y reduzcan las barreras de las empresas para el crecimiento”. “El bajo crecimiento de la productividad está obstaculizando la generación de un crecimiento sostenible e inclusivo”, alertó la OCDE en su informe del miércoles.

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