Cierra la brecha del producto

Alerta en la economía: España entra en la fase en la que se generan los desequilibrios

El país cierra este año su brecha de producto y el PIB se prepara para superar su nivel de equilibrio. Este momento es clave para evitar que se acumulen riesgos macroeconómicos

Foto: El presidente del Gobierno, Pedro Sánchez. (EFE)
El presidente del Gobierno, Pedro Sánchez. (EFE)

En los últimos meses España ha alcanzando una 'fase de confort' en su economía. Al margen de los niveles de desigualdad que provocan que persistan situaciones de pobreza, los salarios comienzan a crecer, el paro cae por debajo de su tasa histórica y la confianza de las familias se sitúa en niveles elevados. Es en este punto a partir del cual el optimismo se asienta y comienzan a surgir los desequilibrios macroeconómicos. En otras palabras: España se encuentra en una situación similar a la que tenía al inicio de la década de los 2000, cuando comenzó a gestarse la burbuja sin que los responsables políticos y económicos atendieran a las señales de alarma. El Banco Central Europeo (BCE) lo advertía en su último Boletín Económico: "Es probable que las restricciones de la oferta se vuelvan cada vez más fuertes en el futuro, lo que conduciría a un fortalecimiento gradual del crecimiento salarial y de la inflación subyacente".

Lo que quiere decir el BCE es que la brecha del producto en Europa y en España se cierra este año. Este concepto técnico significa que la economía ya alcanza su PIB potencial, esto es, el nivel máximo de crecimiento que se consigue con los factores de producción actuales sin generar desequilibrios. A partir de este punto pueden surgir desequilibrios derivados de la subida del precio de los bienes y los activos que sean el origen de la próxima crisis.

El Banco de España lanzó su primera advertencia hace dos semanas por el rápido crecimiento del crédito al consumo. La tasa de ahorro de las familias está en mínimos comparables a los existentes antes del estallido de la burbuja, en buena medida porque se están endeudando para comprar bienes de consumo duradero: electrodomésticos, muebles, coches, etc. Este tipo de préstamos se han disparado un 70% desde 2015, algo que llevó al supervisor español a levantar la voz en su último Informe de Estabilidad Financiera.

Los hogares ahorran poco más del 4% de su renta disponible (sin contar la inversión inmobiliaria) y eso a pesar de que sus ingresos llevan cuatro años creciendo ininterrumpidamente. De hecho, el ahorro de las familias no había sido tan bajo durante varios trimestres consecutivos nunca. Ni siquiera en los años en los que se infló la burbuja inmobiliaria. Esto demuestra una gran confianza de los ciudadanos en la evolución de la economía, lo que es una condición indispensable para que comiencen a surgir los desequilibrios económicos.

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Es así como surgen los desequilibrios. De una forma prácticamente imperceptible. El problema es que se consolidan rápidamente y tiran del resto de la economía, lo que contribuye a generar más optimismo. En los últimos meses, la aportación de la demanda externa al PIB ha empezado a ser negativa, esto es, las importaciones crecen más rápido que las exportaciones. Si el crecimiento del PIB apenas se ha resentido ha sido porque el consumo de los hogares ha compensado este deterioro del sector exterior. Las familias consumen ya casi un 10% más que en el pico de la burbuja inmobiliaria de 2008.

Tras el 'ladrillazo' las familias comenzaron un gran proceso de desapalancamiento para reducir sus elevados niveles de deuda. Esta fase se ha terminado en 2018 y los hogares han vuelto a endeudarse como consecuencia de esta mejora de la confianza en su renta futura. Según los datos del Banco de España, en el último año han sumado 5.250 millones a su pasivo.

Presiones inflacionistas

El crecimiento del PIB por encima del potencial genera presiones en los precios, ya que los productores empiezan a competir por los factores de producción cada vez más escasos. Esto es precisamente lo que ha empezado a ocurrir en 2018. En apenas tres años España ha pasado de 'coquetear' con la deflación a consolidar el IPC por encima del 2% y, por tanto, por encima del objetivo del BCE. Si bien es cierto que los precios están condicionados por los vaivenes del petróleo, no lo es menos que España encadena ya seis meses consecutivos con un diferencial de inflación positivo respecto a la eurozona.

Esta brecha provoca una pérdida de competitividad en el país, ya que el coste de producción crece más rápido que en el resto de la eurozona. Este fue uno de los mayores problemas de la economía española durante los años de gestación de la burbuja inmobiliaria y podría volver a ser un problema si se consolida en los próximos trimestres.

No solo sube el precio de los bienes y servicios, también los salarios comienzan a subir este año. El Acuerdo para el Empleo y la Negociación Colectiva (AENC) firmado por los sindicatos y la patronal en julio está fructificando en subidas de salarios próximas ya al 2%. Esto supone un incremento del coste laboral para las empresas y las Administraciones Públicas. La remuneración por asalariado aceleró su ritmo de crecimiento hasta el 1,1% en el tercer trimestre y lo mismo ocurrió con los costes laborales unitarios.

Esta subida de los salarios es todavía muy tímida, pero se intensificará en los próximos trimestres a medida que baje la tasa de paro y suba la confianza de los trabajadores. En 2019 España bajará del 15% de paro y en 2020 la tasa estará en el entorno del 13%, por debajo de los niveles históricos que ha mostrado el país. Esto significa que España se encontraría en una situación similar a la que ocurría al inicio del año 2000, cuando empezó la gran fase de expansión que culminó con la burbuja inmobiliaria y financiera. Al margen del impacto que haya podido tener la reforma laboral sobre el desempleo estructural, las presiones salariales seguirán aumentando a partir de 2019, en especial en los niveles elevados de formación.

La tasa de paro entre la población activa con estudios superiores se sitúa ya por debajo del 9%, lo que contrasta con el 32% de desempleo entre las personas que no tienen la primaria o del 20% de los que no tienen la secundaria. Estas diferencias explican una buena parte de la desigualdad existente en España, de modo que habrá familias que sigan viviendo en una situación muy precaria mientras el resto del país se recupera.

Además del precio de los bienes, servicios y salarios, también existen presiones inflacionistas en el mercado inmobiliario. Si bien es cierto que a nivel agregado de todo el país la recuperación todavía está en una fase temprana, en las grandes ciudades y la costa mediterránea se aprecian ya importantes tensiones. En la Comunidad de Madrid y Cataluña los precios crecen a ritmos anuales de doble dígito, lo que dispara el 'efecto riqueza' de las familias.

En España en torno al 77% de las familias viven en una vivienda de su propiedad, lo que significa que, cuando sube el precio de los inmuebles, su riqueza aumenta. No significa que tengan mayor renta cada mes, pero el valor de sus activos es cada vez superior (sería el equivalente a tener acciones en bolsa que suben y suben). Este efecto riqueza es muy importante, porque asienta la confianza de los hogares, lo que incrementa su consumo, retroalimentando así la fase de crecimiento por encima del potencial.

España también está rozando el límite de su capacidad industrial a pesar del crecimiento de la inversión en maquinaria que se ha visto en el último año. En concreto, el país está empleando en torno al 79% de la capacidad instalada, diez puntos más que en el inicio de 2013. Estos datos evidencian que el país está al límite de su producción potencial y necesita seguir invirtiendo si quiere seguir creciendo sin generar desequilibrios.

El crecimiento de la demanda interna genera otra derivada, el deterioro de la balanza por cuenta corriente, el gran cambio estructural de la economía española. La cuenta corriente incluye todas las transferencias con el exterior como consecuencia de la venta de bienes y servicios, las rentas del trabajo, los dividendos e intereses del capital y las remesas. España había tenido tradicionalmente una cuenta corriente negativa, lo que significa que el resto del mundo estaba financiando el consumo del país.

Actualmente ocurre lo contrario, España financia al resto del mundo. No obstante, en los últimos trimestres se ha deteriorado el saldo positivo de la cuenta corriente. Si en 2016 España generó algo más de 25.000 millones de superávit, en 2018 ha caído por debajo de los 14.000 millones. Este es uno de los indicadores más importantes que tendrán que vigilar las autoridades españolas en los próximos años, ya que si el deterioro sigue este ritmo, en dos años volverá el déficit.

El reto potencial

Estos indicadores no muestran todavía signos de recalentamiento de la economía, pero van pasando, uno a uno, su nivel de equilibrio. Es, por tanto, el momento de vigilar que no se generen desequilibrios macroeconómicos como ocurrió durante la gestación de la burbuja inmobiliaria en la primera mitad de la década del 2000.

"Lo que introduce incertidumbre es que hemos tenido un número muy importante de reformas estructurales a lo largo de la crisis y la recuperación y es difícil cuantificar cuál es el efecto de todas ellas", explica Rafael Doménech, responsable de análisis macroeconómico de BBVA Research. Esto significa que actualmente es difícil determinar exactamente en qué parte del ciclo se encuentra España. Lo que está claro es que superará su nivel de equilibrio en los próximos meses, si no lo ha hecho ya.

A largo plazo, el PIB potencial viene determinado por las reformas estructurales que aumenten el producto que se puede alcanzar sin generar desequilibrios. De ahí que el parón en las reformas de España en este momento sea una gran debilidad para el país.

Se espera que el envejecimiento ejerza una presión a la baja sobre el crecimiento potencial en las próximas décadas

De cara al futuro existe un gran reto con el PIB potencial derivado del envejecimiento de la población. Así lo apunta el BCE en su último boletín: "Se espera que el envejecimiento de la población ejerza una presión a la baja sobre el crecimiento potencial de la zona del euro en las próximas décadas". Es lógico que así sea, ya que existirán presiones a la baja sobre la población activa, al tiempo que aumentará la ratio de dependencia (ciudadanos en edad de jubilarse sobre los que estén en edad de trabajar).

Japón es el mejor ejemplo, ya que el envejecimiento de su población ha provocado un estancamiento secular en su economía que dura ya décadas. El crecimiento potencial de Japón no llega ni siquiera al 1% anual, mientras que en Europa se sitúa en el entorno del 1,5% y en EEUU alcanza el 2%.

El deterioro del PIB potencial como consecuencia del envejecimiento "podría contrarrestarse, al menos en parte, con sólidas políticas estructurales dirigidas a los mercados de trabajo, de productos y de servicios con el objetivo de elevar la contribución del trabajo o de la productividad total de los factores al crecimiento potencial". Esto es, aumentar el resultado conseguido con cada unidad de producción. Los países que hagan hoy los deberes serán los ganadores económicos de las próximas décadas.

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