menor superávit de bienes y servicios

El sector exterior vuelve a ser un lastre y reaviva los viejos fantasmas

Aunque España mantiene una capacidad de financiación de 3.013 M, esa cifra supone menos de la mitad de la estimada por Estadística para el mismo periodo de 2017: 6.451 M, 2,2% del PIB

Foto: Foto: EFE.
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Los viejos fantasmas se asoman de nuevo a la economía española. El sector exterior, que ha sido la palanca de la recuperación económica en los últimos años, vuelve a sufrir. La capacidad de financiación de la economía frente al resto del mundo (un 1% del PIB) es la más baja en un segundo trimestre de los últimos cuatro años. Es decir, prácticamente desde que comenzó la recuperación de la actividad económica.

Aunque España mantiene una capacidad de financiación de 3.013 millones de euros, esa cifra supone menos de la mitad de la estimada por Estadística para el mismo periodo de 2017: 6.451 millones de euros, lo que representó el 2,2% del PIB. Con series corregidas de calendario y estacionalidad, la capacidad de financiación de la economía nacional se situó en el 1,2% del PIB, cuatro décimas por debajo de la del trimestre anterior.

Este deterioro tiene que ver, fundamentalmente, con el menor superávit de intercambios de bienes y servicios. En concreto, asciende a 7.871 millones de euros, frente a los 11.918 millones del mismo periodo de 2017.

Hasta 2012, año de la segunda recesión, el volumen de exportaciones a precios corrientes (con inflación) era superior a las importaciones, pero el duro ajuste a que se vio sometida la economía española —menos renta disponible reduce las compras en el exterior— invirtió esa tendencia.

Y, de hecho, la recuperación del sector exterior es la clave de bóveda de la reactivación, con aportaciones positivas desde ese año al crecimiento del PIB. Esa tendencia es la que ahora se ve amenazada. En el segundo trimestre de este año, la demanda exterior (suma de exportaciones e importaciones) detrajo ya ocho décimas de crecimiento, lo que obliga a la demanda interna a crecer de forma intensa para compensar el deterioro del sector exterior. Esas ocho décimas, de hecho, son cinco más que en el mes anterior, lo que da idea del cambio de tendencia.

El deterioro del sector exterior es todavía más evidente si se observa la evolución del saldo comercial entre enero y julio

El deterioro del sector exterior es todavía más evidente si se observa la evolución del saldo comercial entre enero y julio, que registró un déficit equivalente a 17.832 millones de euros, un 35,2% superior al registrado en el mismo periodo de 2017. Se trata del mayor déficit registrado para este periodo desde 2012. Para hacerse una idea de lo que significa, hay que tener en cuenta que en el conjunto de 2013 y 2016 se registró un déficit equivalente.

La tasa de cobertura (relación entre exportaciones e importaciones) se situó en el 90,5%, es decir, dos puntos porcentuales menos que en los primeros siete meses del año pasado. En cuanto al saldo no energético, arroja un déficit de 3.362 millones de euros (frente al superávit de 88 millones de euros en enero-julio de 2017), mientras que el déficit energético aumentó un 9%.

Esta ralentización del sector exterior tiene mucho que ver con la desaceleración del comercio mundial, como acaba de poner de relieve la OMC (Organización Mundial de Comercio). Según sus estimaciones, el comercio seguirá creciendo, pero de forma más moderada de lo que se había previsto anteriormente. La OMC prevé un crecimiento del volumen del comercio de mercancías del 3,9% en 2018, que en 2019 bajará al 3,7%. La OMC estima que el crecimiento del comercio en 2018 probablemente se situará entre el 3,4% y el 4,4% este año.

¿Las causas? Según la OMC, las economías en desarrollo y emergentes podrían verse afectadas por la salida de capitales y el contagio financiero si los países desarrollados aumentan los tipos de interés, en particular EEUU, que ya ha elevado tres veces las tasas este año.

Las tensiones geopolíticas, en particular la guerra arancelaria entre EEUU y China o el Brexit, también ayudan a ese escenario más adverso. Al igual que la reorientación de la economía china, que se inclina ahora por el consumo en lugar de la inversión, y que puede afectar a la demanda de compras en el exterior debido al alto contenido de importaciones que tiene la inversión. El consumo, por el contrario, tiene mayor propensión a ser autoabastecido. En palabras de la OMC, “los riesgos contemplados son considerables y pueden empeorar notablemente las previsiones”.

La ralentización del comercio significa que el avance del PIB se pone en manos de la demanda interna (consumo privado, público e inversiones), toda vez que el sector exterior ha detraído, como se ha dicho, ocho décimas de crecimiento, cifra no alcanzada desde antes de la crisis. Por entonces, el desequilibrio de la balanza de pagos llevó a unas enormes necesidades de financiación (10% del PIB) que se han ido corrigiendo, hasta el extremo de acumular cuatro años consecutivos con capacidad de financiación. Es decir, que España tiene excedente de ahorro (por los hogares).

Esa tendencia es la que se está deteriorando, lo cual es más significativo si se tiene en cuenta que España aún debe financiar una deuda externa (posición de inversión internacional) que equivale casi al 84% del PIB (978.000 millones de euros).

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