el incierto futuro de los jugadores

Por qué el Real Madrid no es feliz (y queda la puntilla del Barcelona)

En el vestuario de los jugadores se habla más de la limpia y los fichajes que de fútbol. El escenario es más doloroso cuando se ve cómo el Barcelona gana al Liverpool jugando mal

Foto: Florentino Pérez, en el acto de presentación de Zidane en su regreso al banquillo del Real Madrid. (EFE)
Florentino Pérez, en el acto de presentación de Zidane en su regreso al banquillo del Real Madrid. (EFE)

Ni cuando el Real Madrid gana es feliz. El principal problema ya no es que el equipo recupere la buena imagen en estas últimas jornadas sino que en el vestuario se habla más de quién va a seguir, a quién van a echar y qué jugadores se va a fichar. Este es el asunto principal entre los jugadores. En la directiva, se temen lo peor: que al Barcelona le dé por conseguir el triplete. La Liga ya la tienen en el bolsillo. La final de la Champions está más cerca, después de ganar y golear al Liverpool. Existe esa sensación de que es el año del Barcelona. Capaz de jugar mal, como en el Camp Nou ante el Liverpool, y ganar. No hay nada que hacer cuando se ve a Messi, que no tiene techo. Solo una cantada histórica en Anfield —como sucedió en Roma— aliviaría la depresión. Difícil, porque este Barcelona tiene el pulso competitivo para sufrir. Es lo que se reprochan en el Real Madrid. Cómo se tiraron a la basura la Champions y la final de Copa, principalmente, por bajar los brazos. A Florentino le hierve la sangre con este asunto.

Los jugadores se aferran a su contrato en un escenario en el que aguardan con expectación cualquier movimiento del club o una llamada de Zidane —cada día que pasa, tiene más clara la limpia—. El entrenador se niega a decir, en estos momentos, a la cara qué jugadores seguirán o se tienen que ir. Esto produce cierto malestar en la plantilla. Hasta el punto de que siguen y comentan con enorme interés todo lo que se publica en diferentes medios de comunicación sobre las listas de altas y bajas. “Dentro del vestuario, muchas veces nos reímos. A ver qué pasa. Yo lo que creo que a este equipo se le está faltando al respeto”, fue el desahogo de Lucas Vázquez minutos después de la victoria contra el Villarreal.

Ni a Mariano, que completó una brillante actuación con dos goles, se le vio entusiasmado. El protagonista de la victoria se huele —como todos— la reconstrucción. Sabe Mariano que Zidane ha pedido fichar a otro delantero y que si no le sirve Gareth Bale —se quedó en la grada contra el Villarreal—, cómo va a tener él su puesto garantizado. Lo de Bale marca el listón tan alto que se ha puesto Zidane para su reconstrucción. Si corre peligro Bale, pueden estar otros muchos en la cuerda floja. Jugadores de peso como Isco e, incluso, Marco Asensio tienen motivos para preocuparse. Ambos han sido suplentes en los dos últimos partidos. Es difícil ilusionarse dentro de la plantilla cuando hacen sus propias quinielas sobre quiénes recibirán la puntilla. Modric y Ceballos también fueron descartados por ZZ en el partido contra el Villarreal.

Zidane da instrucciones durante el partido contra el Villarreal. (EFE)
Zidane da instrucciones durante el partido contra el Villarreal. (EFE)

La limpia y el estadio frío

En el vestuario del Real Madrid se habla de cuándo y cuánto van a pagar por el fichaje de Eden Hazard, de la insistencia por Paul Pogba o de que Mbappé haya dicho que se queda en el Paris Saint-Germain. Se empieza a mirar diferente a Zidane, porque los jugadores son como cualquier otro empleado de una oficina que escruta a su jefe para tener alguna pista de su futuro. La empatía ha desaparecido. Hay demasiada incertidumbre. Cada uno quiere saber cuanto antes dónde va a tener que escolarizar a sus hijos en el próximo curso o si tendrá que mover a la familia. La respuesta cuando se les pregunta es unánime: “Tengo contrato y me quiero quedar”. Pero no va a ser posible. La limpia se llevará por delante a pesos pesados y alguna otra sorpresa —tipo Keylor Navas…—.

Hasta que se acabe la temporada, se guarda silencio en el club con las bajas y no hay manera de recuperar algo de ilusión del madridismo. A pesar de que Zidane se esmera en poner a Brahim Díaz. El aspecto del Bernabéu es frío y hasta indiferente. Está siendo habitual ver demasiados asientos vacíos y pobres entradas. Contra el Villarreal, acudieron 46.294 espectadores, en lo que es la peor entrada en la Liga de la temporada, y para justificar la poca afluencia lo fácil sería agarrarse a la festividad del puente y el buen tiempo. La realidad es que la afición se ha desenganchado, porque el equipo no se juega nada y ni con Zidane ha podido competir por el segundo puesto. Más motivos para que Florentino saque la chequera y haga un par de fichaje o tres de relumbrón que ilusionen y devuelvan la felicidad perdida. Lo peor está por llegar como al Barcelona le dé por eliminar al Liverpool y acabe ganando la Champions. “Veremos lo que va a pasar” es la frase de cabecera de un Zidane que, para colmo, también pierde la sonrisa cuando el equipo gana.

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