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El emprendedor español que se hizo pasar por un marciano (y lo acabó pagando caro)
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El caso Ummo

El emprendedor español que se hizo pasar por un marciano (y lo acabó pagando caro)

La increíble historia del hombre que fabricó el mayor fenómeno ovni de España desde su casa de Madrid. Un engaño de tres décadas y 1.000 cartas extraterrestres. Habla su hija: "Empezó como una broma, pero se le fue de las manos"

Foto: Ilustración: Sergio Beleña.
Ilustración: Sergio Beleña.

"Hombres de la Tierra:

Sabemos que solo una escasa minoría intuye vagamente la po­sibilidad de que seres semejantes a ustedes y procedentes de otros astros de esta Galaxia estemos secretamente entre ustedes.

Sabemos que tan solo una fracción insignificante de estas personas dispersas por este planeta conocen nuestra identidad como seres humanos procedentes de UMMO...

... Respetamos su incredulidad. Trabajamos mucho mejor en el anonimato y no vamos a ser tan ingenuos para presentarnos a ustedes vanidosamente...

... Si las ideas que hasta la fecha les hemos brindado no las entienden o desprecian, HARÁN BIEN EN NO CREERNOS".

Mitad de los sesenta: cabecillas del Madrid ocultista empiezan a recibir supuestas cartas de extraterrestres del planeta Ummo (a 14 años luz) venidos a la Tierra a estudiar nuestras costumbres. Cartas paralelas a dos supuestos avistamientos de ovnis (en Aluche y en San José de Valderas) recogidos por los periódicos de la época. Cartas en las que los ummitas presumen de ser una sociedad armónica, avanzada y en son de paz. Mil cartas (en tres décadas) que volvieron de cabeza a lo más granado del ocultismo celtibérico.

placeholder Una de las primeras cartas ummitas.
Una de las primeras cartas ummitas.

El mes que viene se estrena en Movistar la serie documental ‘Ummo. La España alienígena’, disección de una historia contada también en 'Ummo. Lo increíble es la verdad', fascinante ensayo contracultural de Eduardo Bravo.

“Ummo evoca a humo”. Lo dijo José Luis Jordán Peña en 1996, cuando se descubrió que detrás de las cartas de Ummo estaba él.

Ummo, efectivamente, era humo. Pero que fuera falso no quiere decir que no creara realidad: convertido en un fenómeno esotérico internacional, con ramificaciones en sociedades ocultas, algunas de ellas turbias, Ummo también afectó la vida cotidiana en casa de la familia Jordán.

José Luis Jordán Peña, fallecido en 2014 a los 82 años, estudió teleco y trabajó en el Departamento de Estudios de Mercado de la constructora Agroman, pero cuando acababa su jornada laboral, empezaba otra más intensa: la de sus aficiones a la psicología, a la parapsicología, a la ciencia y al ocultismo.

Cualquier programa televisivo que necesitase una voz técnica sobre un tema misterioso le llamaba a él, del ‘Más allá’ de Jiménez del Oso a ‘La clave’ de Balbín, donde Jordán Peña acudió varias veces.

En 1992, Jordán publicó una columna en 'El País': "La creencia en la magia es una respuesta de nuestra sociedad neurotizada por la angustia, ante la presión de unas circunstancias político-económicas agresivas que se agudizan día a día".

“A mi padre le gustaban las ciencias; la física, la electrónica, la biología, la genética, la matemática. Cuando se aficionaba a algo, se convertía en un experto: fotografía, maquetas de trenes, educación. Luego se cansaba y pasaba a otra cosa, pero de Ummo no se cansó hasta el final”, cuenta Maite Jordán, hija de José Luis, con la que quedamos en una terraza madrileña para hablar de marcianos y de relaciones familiares marcianas.

PREGUNTA. ¿Cómo era su padre?

RESPUESTA. Una persona muy compleja. Muy inteligente y poco afectiva. Creativa e imaginativa, pero con mal carácter…

Foto: J. J. Benítez. (Fátima Santana)

P. ¿Cómo de malo?

R. Pegarme no me pegaba, aunque yo tampoco le daba motivos para ello. El problema es que mi padre te decía cosas muy, muy duras. Habitualmente. Crecí en un ambiente tóxico, lo pasé mal. Pero no quiero ir de víctima, al final conseguí dar la vuelta a la situación y que me valiera como experiencia.

P. ¿La intensidad intelectual de su padre marcó su educación?

R. Los estudios y la cultura eran lo más importante para él; todo lo que tuviera que ver con lo intelectual. En mi casa había muchísimos libros. Antes de que fuera al colegio, mi padre me enseñó a leer, matemáticas, a usar una cantidad exagerada de vocabulario. Él tenía su propio proyecto educativo para mí, que yo no cumplí exactamente, porque luego cogí mi camino.

P. Creo que había alguna peculiaridad pedagógica más en su padre: lo de los juguetes. ¿Cómo era eso?

R. Me regalaba buenos juguetes, me dejaba jugar un rato con ellos… y luego me los quitaba: los guardaba y nunca más los volvía a ver.

Foto: Recorte de prensa de la época.

P. ¿Le decía usted algo?

R. ¿Qué iba a decir?

P. ¿Por qué hacía eso? ¿Era un experimento?

R. Creo que no. ¿Qué era? No lo sé. ¿Una necesidad de cuidar las cosas? Era algo obsesivo. Mi padre me decía: "Ya los guardo yo para que no los rompas; te los daré cuando seas mayor".

P. No sé… Ahora que ya es usted mayor: ¿no le han devuelto los juguetes?

R. Ja, ja, no… A ver, yo tenía otros juguetes, eh, era una niña de clase media privilegiada, pero los juguetes más vistosos me los quitaba el primer día, a veces no salían ni de la caja. Yo qué sé…

placeholder Maite Jordán, de pequeña. (Archivo familiar)
Maite Jordán, de pequeña. (Archivo familiar)

P. Vamos ahora con los mundos (aún) más ocultos de Ummo. ¿Qué le parecía la afición de su padre al misterio?

R. A mí no me atraía ese mundo, no me lo creía, pero es que mi padre tampoco se lo creía. Él se declaraba escéptico. Yo —que tenía mucho deseo de agradar, de tener su aprobación— me adherí a esa incredulidad, y en esas sigo.

P. ¿En qué no creía su padre?

R. Él estaba en la sociedad de parapsicología [fue vicepresidente de la Sociedad Española de Parapsicología], pero tenía poca fe. Le interesaban las explicaciones científicas y los fraudes.

P. Tenía un pie dentro y otro fuera de ese mundo…

R. Sí, pero él era un investigador científico de los fenómenos o, como le llamaban algunos en ese mundo, un abogado del diablo. Pero no se ocupaba tanto de lo ufológico como de los fenómenos parapsicológicos.

Foto: Un fotograma de 'Malasaña 32', de Albert Pintó. (Warner)

P. Los 'poltergeists'…

R. Los 'poltergeists', la telepatía… Aunque decía que algunas cosas relacionadas con la telepatía no tenían explicación, como casos de telepatía entre gemelos, en general se mostraba escéptico hacia el ocultismo. Del escepticismo saltó a Ummo.

P. ¿Por?

R. Quiso demostrar cómo se construía un fraude. Mi padre sabía lo que era un fraude porque de la nada construyó uno [Ummo] y se le fue de las manos. Ummo brotó porque la gente quería creer.

"Para mi padre era atractivo ser el creador de un fenómeno tan extendido"

P. Sus tíos estaban en el ajo de Ummo, ¿verdad?

R. Sí. Me han contado que todo empezó como una broma de mi padre y mi tío (por parte de madre) a otro de mis tíos. El primer germen. Luego escalaron la broma: enviaron una carta extraterrestre a Fernando Sesma y Ummo cogió carrerilla [Fernando Sesma: referente del ocultismo madrileño en el tardofranquismo, autor de ‘Los platillos volantes vienen de otros mundos’ y dinamizador de la popular tertulia de la Ballena Alegre, en el Café Lion de la calle Alcalá, donde se propagó el fenómeno Ummo].

Cuando Ummo creció, uno de mis tíos, que era una persona seria, responsable y sensible, se desvinculó.

P. ¿Por qué su padre mantuvo vivo Ummo tanto tiempo?

R. Creo que fue una bola de nieve. Tan grande que no era fácil desmontarla. También supongo que en la cabeza de mi padre no dejaba de ser atractivo ser el creador de un fenómeno tan extendido. Una mezcla de ego y de algo demasiado grande para caer.

P. Hubo también arrogancia intelectual entonces…

R. Sí, la sensación de poder de que (casi) solo él sabía el secreto. La satisfacción de ver confirmadas sus hipótesis sobre la falsedad de algunos fenómenos esotéricos.

"Mi padre quiso demostrar cómo se construía un fraude. Se le fue de las manos. Ummo brotó porque la gente quería creer"

P. Antes de que su padre confesara, ¿sabía usted que era el autor de las cartas de Ummo?

R. Sí, lo sabía, no porque él me lo dijera, sino porque en casa se sabían esas cosas sin necesidad de que alguien las dijera. Yo era una niña muy callada (por la cuenta que me traía), pero Ummo estaba ahí, flotando en casa.

P. ¿Era un sobreentendido familiar?

R. Algo así. Formaba parte de mi vida subterránea. Mi padre no decía: “Vuelvo en un rato que me voy a escribir una carta ummita”. No, no se hablaba del tema, pero se sabía. Mira, hay cartas ummitas originales y copias. Echando un vistazo rápido, te puedo decir las que escribió él y las que no. Era mi padre. Sé perfectamente cómo hablaba y cómo escribía.

Antes de Ummo, Sesma recibió cartas de otro marciano llamado Saliano. Yo conocí las cartas de Saliano hace poco. No me cabe ninguna duda de que mi padre fue también su autor. Reconozco su letra, su forma de expresarse, sus dibujos.

P. ¿Saliano no triunfó?

R. Era más críptico y antipático que los ummitas. No funcionó como personaje. Como el piloto fallido de algunas series, Saliano no tuvo la audiencia esperada, pero la idea se reformuló hasta que tuvo más aceptación.

P. ¿Por qué confesó su padre en los noventa?

R. Más que confesar, cayó por su propio peso. A ver, una cosa eran los años setenta, cuando era más fácil un engaño así, pero mantenerlo en el tiempo… En cuanto la gente se puso a investigar en serio y a reunir pruebas, no fue muy difícil de averiguar.

P. Su padre dijo después: "He sido el autor de Ummo. Es un experimento que hice para estudiar la credulidad del hombre, pero se me fue de las manos. Fue un fallo mío... Estoy arrepentido de haber creado un experimento inmoral que se ha vuelto contra mí”. El escándalo Edelweiss le puso en un aprieto, ¿no? [la secta de montaña Edelweiss, desarticulada en Cercedilla en 1984, utilizó el universo Ummo (su gurú decía ser un príncipe extraterrestre ummita) para abusar de menores, a los que marcaba a fuego los paréntesis invertidos del símbolo ummita].

R. Eso le agobió mucho a mi padre. Vuelvo a lo del crecimiento desmesurado de Ummo. Mi padre plantó una semilla que creció luego fuera de su control. En medio siglo, ha pasado de todo. Ummo estalló en mil fenómenos, algunos simpáticos y otros siniestros, que mi padre no podía asumir. Hubo hasta suicidios. Estas cosas prenden a veces entre gente que no está bien. Lanzas una historia y alguien que necesita estar en otros mundos la hace suya.

P. Su padre tenía seguidores, no sé si por los motivos equivocados, pero los tenía.

R. Una vez estuvo ingresado en un hospital y vino un montón de gente extraña a verle. Era surrealista: la familia mezclada con sus seguidores. Muchísima gente. Él era muy magnético. Muy protagonista. Se recreaba contando historias en foros públicos o familiares (a mí sus historias de parapsicología no me interesaban, pero era bueno contándolas). Fascinaba a la gente. Tenía carisma. Dotes de liderazgo.

Foto: Avi Loeb propone encontrar nuevas civilizaciones a través de sus restos. (EFE)

P. ¿Nunca le han interesado a usted los mundos esotéricos?

R. No, lo que sí me gustaba era ir a la tele con mi padre.

P. ¿Iba con cápsula a ‘La clave’? Lo digo porque era usted pequeña y allí se fumaba mucho…

R. En esa época se fumaba hasta en el médico… Ahora que dices lo de fumar: un tío abuelo mío, doctor, fue el fundador de la liga antitabaco. Te lo cuento por una cosa: en mi familia había un ambiente muy antitabaco. Mi tío abuelo, que debía ser el clásico cascarrabias, decía: “¿Qué es un cigarro? Un cilindro con HUMO a un lado y un tonto al otro”. En una de las primeras cartas de los ummitas, los marcianos, sorprendidos de que los terrícolas fumaran por la calle, decían también lo del cilindrito; en un giro cómico típico de mi padre, los ummitas pensaban que los humanos fumaban para poder respirar.

P. Eso es territorio ‘Sin noticias de Gurb’, ¿no?

R. Totalmente. Es puro Gurb. Yo leí el libro de Mendoza en los ochenta, cuando salió por entregas en ‘El País’, y lo primero que pensé (en broma) fue: ¡a ver si Mendoza ha leído las cartas ummitas antes de escribir su libro!

P. ¿Cómo se siente al mirar ahora hacia atrás?

R. Entre extraña y aliviada. Yo fui un verso suelto, en cuanto pude escaparme, dejé la familia atrás. No me gustaba vivir en el engaño. Me generaba malestar. Pasé años sin contar nada de mi familia a mi entorno. Me olvidé de los mundos ocultos. No sabía ni la cara que tenía Iker Jiménez.

P. El paso del tiempo ha ayudado…

R. Sí, recordarlo ahora es algo terapéutico. Ocultarlo te sirve para enterrarlo, pero no para eliminarlo, es un peso que está ahí. Hablarlo permite integrarlo y aceptarlo como parte de tu historia, que te gustará más o menos, pero es tu historia.

P. ¿Qué siente ahora hacia su padre?

R. Era mi padre, con lo bueno y con lo malo. Me da pena no poder sentirme orgullosa de una persona tan brillante y capaz. Mi padre no era malévolo —aparte de los que caían fascinados con él, ayudó a mucha gente—, pero no fue un padre al uso, para nada, aunque sí un magnífico abuelo.

"Hombres de la Tierra:

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