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Así es la misión para detectar tecnología alienígena en el sistema solar
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El proyecto Galileo en detalle

Así es la misión para detectar tecnología alienígena en el sistema solar

Avi Loeb nos explica en detalle cómo funciona su Proyecto Galileo, la misión definitiva para aclarar el fenómeno ovni y encontrar artilugios de otras civilizaciones en nuestro sistema solar

Foto: Avi Loeb propone encontrar nuevas civilizaciones a través de sus restos. (EFE)
Avi Loeb propone encontrar nuevas civilizaciones a través de sus restos. (EFE)

El Proyecto Galileo (Loeb 2021a) es un programa de búsqueda científica de equipos extraterrestres cerca de la Tierra. Fundé el Proyecto en colaboración con Frank Laukien en julio de 2021. El nombre del Proyecto se inspira en el legado de Galileo Galilei de encontrar respuestas a preguntas fundamentales mirando a través de nuevos telescopios. La búsqueda es agnóstica respecto al resultado. Representa una expedición de pesca que podría obtener una mezcla de objetos que contenga principalmente (después de la eliminación de los artefactos instrumentales):

1. Objetos naturales, como: bichos, pájaros, cometas, asteroides, meteoros rocosos o fenómenos atmosféricos.

2. Objetos fabricados por el hombre, como: globos meteorológicos, drones, aviones, cohetes, naves espaciales o satélites.

La recopilación de datos de alta calidad sobre la primera categoría sería de interés para zoólogos y científicos planetarios. La segunda categoría podría ser de interés para las agencias de seguridad nacional. Pero todo lo demás sería de gran interés científico para el Proyecto Galileo. Esta tercera categoría incluye objetos que parecen ser de origen artificial, por ejemplo, que muestran tornillos o pernos en imágenes de alta resolución de su superficie, pero que se mueven o interactúan de formas que no pueden ser reproducidas por los dispositivos actuales de fabricación humana.

placeholder Figura 1: Observatorio Galileo en el tejado del Observatorio del Harvard College (Cambridge, MA).
Figura 1: Observatorio Galileo en el tejado del Observatorio del Harvard College (Cambridge, MA).

El proyecto Galileo es una nueva iniciativa de investigación. Sus novedosos instrumentos vigilarán el cielo en las bandas óptica, infrarroja y de radio, así como en las señales de audio, campo magnético y partículas energéticas. Los datos serán analizados por algoritmos de inteligencia artificial que tendrán como objetivo catalogar los objetos dentro de las categorías mencionadas.

Como señaló el detective de ficción Sherlock Holmes, de Arthur Conan Doyle "Cuando se ha eliminado todo lo que es imposible, lo que queda, por improbable que sea, debe ser la verdad". (Doyle 1926).

En busca de objetos tecnológicos interestelares

Los equipos extraterrestres podrían llegar de dos formas: 'basura espacial' defectuosa, de forma similar a como aparecerán nuestras propias naves espaciales dentro de mil millones de años, o equipos funcionales, como una nave autónoma dotada de inteligencia artificial (IA). Esta última sería una opción natural para atravesar las decenas de miles de años luz que abarcan la escala de la Vía Láctea y podría existir aunque los emisores no estén vivos para transmitir ninguna señal detectable en este momento. Por lo tanto, la arqueología espacial en busca de equipos extraterrestres es una nueva frontera de observación, no representada en la historia pasada de la Búsqueda de Inteligencia Extraterrestre (SETI) que se centró en las señales electromagnéticas y no en los objetos físicos (Lingam & Loeb 2021).

Como astrónomo, me interesé por este tema tras el descubrimiento observacional de objetos interestelares (Loeb 2021b). Los tres primeros objetos interestelares fueron descubiertos sólo en la última década (2014-2019). En el momento de escribir este artículo, incluyen (Siraj & Loeb 2021):

1. El primer meteoro interestelar, CNEOS 2014-01-08, detectado el 8 de enero de 2014 por los sensores del Gobierno estadounidense cerca de Papúa Nueva Guinea (Siraj & Loeb 2019). Tenía un tamaño de medio metro y mostraba una resistencia del material superior a la del hierro (Siraj & Loeb 2022). Era un ejemplar atípico tanto por su velocidad fuera del sistema solar (dentro del cinco por ciento más rápido en la distribución de la velocidad de todas las estrellas en las proximidades del Sol) como por la resistencia de su material (entre el cinco por ciento de todas las rocas espaciales con más resistencia). El Proyecto Galileo planea una expedición para recuperar los fragmentos de este meteorito del fondo del océano en un intento de determinar la composición y la estructura de este objeto inusual y estudiar si fue de origen natural o artificial.

2. El inusual objeto interestelar, 'Oumuamua (1I/2017 U1) (Loeb 2021), descubierto por el telescopio Pan STARRS en Hawái el 19 de octubre de 2017, que fue empujado lejos del Sol por una fuerza excesiva que disminuyó inversamente con la distancia al cuadrado (Micheli et al. 2018), pero no mostró evidencia de gases indicativos del efecto cohete (Trilling et al. 2018). Otro objeto, 2020 SO, que exhibe un exceso de empuje sin cola de gases, fue descubierto por el mismo telescopio en septiembre de 2020. Más tarde se identificó como un cohete propulsor lanzado por la NASA en 1966, siendo empujado por la reflexión de la luz solar de sus finas paredes. El Proyecto Galileo pretende diseñar una misión espacial que se encuentre con el próximo 'Oumuamua y obtenga datos de alta calidad que permitan descifrar mejor su naturaleza. El Proyecto también desarrollará un software que identificará objetivos de interés a partir de los datos del Legacy Survey of Space and Time (LSST) del Observatorio Vera C. Rubin.

3. El cometa interestelar 2I/Borisov (Opitom et al. 2021) fue descubierto el 29 de agosto de 2019 por el astrónomo aficionado Gannadiy V. Borisov. Este objeto se parecía a otros cometas encontrados dentro del sistema solar y era definitivamente de origen natural.

Resulta curioso que dos de los tres primeros objetos interestelares parezcan atípicos con respecto a los asteroides o cometas conocidos del sistema solar.

placeholder Figura 2: Misión espacial de encuentro con el próximo 'Oumuamua.
Figura 2: Misión espacial de encuentro con el próximo 'Oumuamua.

Perspectiva cósmica

La posibilidad de encontrar una civilización que esté exactamente en nuestra fase tecnológica es pequeña, aproximadamente una entre cien millones —la proporción entre la edad de la ciencia moderna y la edad de las estrellas más antiguas de la Vía Láctea—. Lo más probable es que nos encontremos con civilizaciones que están muy por detrás o muy por delante de nuestros conocimientos científicos. Para encontrar la primera clase, tendremos que visitar las selvas de los exoplanetas, entornos naturales similares a los ocupados por las culturas humanas primitivas durante la mayor parte del último millón de años. Esta tarea requeriría una enorme cantidad de esfuerzo y tiempo dadas nuestras actuales tecnologías de propulsión. Los cohetes químicos tardan al menos cuarenta mil años en llegar al sistema estelar más cercano, Alfa Centauri, que está a cuatro años luz. Su velocidad es diez mil veces inferior a la de la luz, lo que implica un tiempo de viaje de 500 millones de años a través del disco de la Vía Láctea.

Pero si las civilizaciones científicas más avanzadas iniciaron su labor científica hace miles de millones de años, es posible que no necesitemos ir a ninguna parte, ya que su equipo puede haber llegado ya a nuestro vecindario cósmico en forma de artefactos interestelares. En ese caso, lo único que tenemos que hacer es convertirnos en observadores curiosos de nuestro cielo.

Una nueva búsqueda

El Proyecto Galileo representa una nueva iniciativa de investigación en astronomía. Los observatorios astronómicos existentes apuntan a objetos situados a grandes distancias y tienen un campo de visión limitado del cielo, mientras que el Proyecto Galileo pretende vigilar todo el cielo de forma continua y estudiar los objetos que se mueven rápidamente en las proximidades de la Tierra. Se trata de un proyecto de astronomía, ya que analiza los datos obtenidos por los telescopios y busca objetos que podrían haberse originado fuera del sistema solar. La novedosa estrategia de observación del proyecto emplea cámaras y ordenadores de última generación que vigilan todo el cielo en las bandas óptica, infrarroja y de radio, así como en las señales de audio, campo magnético y partículas energéticas.

El objetivo de los organismos gubernamentales es proteger la seguridad del personal militar y los intereses de la seguridad nacional. Desde su perspectiva, los informes de los militares sobre los Fenómenos Aéreos No Identificados (FANI), como los documentados por las Agencias Nacionales de Inteligencia y discutidos durante las sesiones de audiencia dedicadas en el Congreso de los Estados Unidos (ODNI 2021), son de importancia primordial para la primera tarea, y los datos de los sitios de patrullaje militar están vinculados al segundo objetivo. Las agencias gubernamentales deben saber cuáles son la gran mayoría de los FANI, y para ello deben atender también a los datos de calidad limitada, como los vídeos borrosos.

placeholder Figura 3: Ubicación de CNEOS 2014-01-08 para la primera expedición del Proyecto Galileo.
Figura 3: Ubicación de CNEOS 2014-01-08 para la primera expedición del Proyecto Galileo.

Sin embargo, la tarea de los científicos es complementaria. La ciencia no necesita explicar la mayoría de los informes si sus datos no son concluyentes. Pero incluso si un solo objeto es de origen tecnológico extraterrestre entre el desorden de muchos objetos naturales o fabricados por el hombre, representaría el descubrimiento más importante de la historia de la humanidad. Para averiguarlo, los científicos deben tener acceso a datos de la máxima calidad, como una imagen de alta resolución de un objeto en el que aparezca la etiqueta "Fabricado en un exoplaneta", o una maniobra a una fracción de la velocidad de la luz o un conjunto de botones que demuestren las capacidades técnicas de un artilugio futurista.

Además, los científicos se interesan por todos los lugares geográficos posibles, aunque no alberguen activos militares o instalaciones nacionales. Los equipos extraterrestres pueden no respetar las fronteras nacionales, del mismo modo que a un ciclista que circula por la acera no le importa cuál de las posibles grietas del pavimento está ocupada por una colonia de hormigas.

Los datos de los satélites permiten estudiar los FANI desde arriba. Esto ofrece oportunidades complementarias para seguir su movimiento e imagen mejor de lo que es posible desde los telescopios terrestres. El Proyecto Galileo se dedica a estudiar conjuntos de datos de satélites que están a disposición del público.

Ramas de actividad y principios rectores

El Proyecto Galileo tiene tres ramas de actividad (Loeb 2021):

1. Construir nuevos sistemas de telescopios para inferir la naturaleza de los Fenómenos Aéreos No Identificados (FANI), similares a los mencionados en el informe de la ODNI (ODNI 2021) al Congreso de los Estados Unidos (ver Figura 1).

2. Diseñar una misión espacial que identifique la naturaleza de los objetos interestelares que no se asemejan a cometas o asteroides, como 'Oumuamua (Loeb 2021) (ver Figura 2).

3. Coordinar expediciones para estudiar la naturaleza de los meteoros interestelares, como CNEOS 2014-01-08 (Siraj & Loeb 2019) (ver Figura 3).

El Proyecto Galileo ha atraído a una notable base de voluntarios expertos, desde astrofísicos y otros investigadores científicos, pasando por ingenieros de hardware y software, hasta investigadores no científicos y generalistas que ofrecen su tiempo y esfuerzo al proyecto de diversas maneras. El proyecto reúne a una amplia comunidad de miembros, incluidos creyentes y escépticos, unidos por la búsqueda agnóstica y sin prejuicios de pruebas gracias a los nuevos telescopios. El proyecto valora la aportación de muchas voces diferentes, y el rápido progreso que ya ha logrado es un testimonio de su enfoque abierto. Por muy diferentes que sean las perspectivas de los investigadores y afiliados, todos los colaboradores del Proyecto Galileo están sujetos a tres reglas básicas:

1. El Proyecto Galileo sólo está interesado en los datos científicos disponibles abiertamente y en un análisis transparente de los mismos. Por lo tanto, no se puede utilizar información clasificada (de propiedad gubernamental), que no puede compartirse con todos los científicos. Dicha información comprometería el alcance del programa de investigación científica del Proyecto, que está diseñado para adquirir datos científicos verificables y proporcionar un análisis transparente (abierto a la revisión por pares) de estos datos. Como la mayoría de los experimentos de física, el Proyecto Galileo trabajará sólo con datos nuevos, recogidos de sus propios sistemas de telescopios, que están bajo el control total y exclusivo de los miembros del equipo de investigación de Galileo.

2. El análisis de los datos se basará únicamente en la física conocida y no se contemplarán ideas marginales sobre extensiones del modelo estándar de la física. Los datos se publicarán libremente y estarán disponibles para la revisión por pares, así como para el público, cuando dicha información esté preparada para estar disponible, pero el alcance de los esfuerzos de investigación siempre se mantendrá en el ámbito de las hipótesis científicas, probadas a través de una rigurosa recopilación de datos y un sólido análisis.

3. Para proteger la calidad de su investigación científica, el equipo de investigación de Galileo no hará públicos los detalles de sus debates internos ni compartirá las especificaciones de su hardware o software experimental antes de que el trabajo esté finalizado. Los datos o su análisis se darán a conocer a través de los canales de publicación tradicionales y científicamente aceptados, validados por el proceso tradicional de revisión por pares. El proyecto no tiene intereses comerciales.

Todos los miembros del equipo del Proyecto Galileo, incluidos los investigadores, los asesores y los afiliados, comparten estos valores y defienden los principios de la ciencia abierta y rigurosa en los que se basa el Proyecto Galileo.

El equipo de Galileo desarrolló un diseño de sistemas de telescopios optimizados para la obtención de imágenes de UAP, así como una expedición para recoger en el fondo del océano cerca de Papúa Nueva Guinea los fragmentos del primer meteoro interestelar, CNEOS 2014-01-08, y está diseñando una misión espacial para encontrar objetos interestelares inusuales como 'Oumuamua, que se identificarán en el futuro a partir de la canalización de datos del LSST en el Observatorio Vera C. Rubin u otros telescopios.

Expectativas

La arqueología espacial extraterrestre (Loeb 2019) se dedica a la búsqueda de reliquias de otras civilizaciones tecnológicas (Lingam & Loeb 2021). Tal y como argumentó John von Neumann, el número de estos objetos podría ser extremadamente grande si se autorreplican (Freitas 1980), un concepto posibilitado por la impresión 3D y las tecnologías de IA. Los artefactos físicos también podrían ser portadores de mensajes, tal y como preveía Ronald Bracewell (Bracewell 1960; Freitas y Valdés 1985).

La búsqueda de objetos en el espacio se asemeja a la búsqueda de botellas de plástico en el océano, ya que se van acumulando con el tiempo. Los remitentes pueden no estar vivos cuando encontremos las reliquias. Estas circunstancias son diferentes de las que se dan en la famosa ecuación de Drake (Lingam & Loeb 2021; DE 2022), que cuantifica la probabilidad de detectar señales de radio procedentes de extraterrestres. Ese caso se asemeja a una conversación telefónica en la que la contraparte debe estar activa cuando escuchamos. No es así en la arqueología extraterrestre.

¿Cuál sería el sustituto de la ecuación de Drake para la arqueología extraterrestre en el espacio? Si nuestros instrumentos sondean un volumen V , el número de objetos que encontramos en cada instantánea sería (Loeb 2022a)

N = n × V , (1)

donde n es el número de reliquias por unidad de volumen. Supongamos, por otro lado, que tenemos una red de pesca de área A, como la atmósfera de la Tierra cuando se pescan meteoritos. En ese caso, la tasa de nuevos objetos que cruzan el área de estudio por unidad de tiempo es

R = n × v × A , (2)

donde v es la velocidad unidimensional característica de las reliquias a lo largo de la dirección perpendicular a esa zona.

En el caso de las sondas de búsqueda de vida con capacidad de maniobra, la densidad numérica n puede ser mayor en las proximidades de los planetas habitables. En consecuencia, en las afueras de los sistemas planetarios es más probable que dichas sondas posean órbitas en picado orientadas radialmente hacia la estrella anfitriona. En ese caso, la abundancia de objetos interestelares podría sobrestimarse considerablemente suponiendo una distribución de velocidad isotrópica para las detecciones cerca de la Tierra.

Es probable que tanto n como v sean funciones del tamaño de los objetos. La NASA ha lanzado muchas más naves espaciales pequeñas que grandes. Además, el lanzamiento de objetos más rápidos aumenta los requisitos de energía específica y, por lo tanto, puede limitarse a objetos más pequeños que son más difíciles de descubrir. Las búsquedas astronómicas suelen tener como objetivo velocidades de varias decenas de km s-1 en las proximidades de la Tierra, ya que son características de los asteroides o cometas ligados al Sol. Los métodos de propulsión avanzados, como las velas de luz, podrían alcanzar la velocidad de la luz (Guillochon & Loeb 2015), que es cuatro órdenes de magnitud mayor. Los objetos que se mueven rápidamente podrían haber pasado desapercibidos en anteriores estudios astronómicos, y deberían tenerse en cuenta en los datos del LSST. Los logros de la humanidad hasta ahora son modestos. En el último siglo,

la NASA lanzó cinco naves espaciales que llegarán al espacio interestelar en decenas de miles de años: Voyager 1, Voyager 2, Pioneer 10, Pioneer 11 y New Horizons.

El umbral de detección de los sondeos que se basan en la luz solar reflejada establece el tamaño mínimo de un objeto detectable en función de sus distancias al observador y al Sol. Además, los cometas son más fácilmente detectables que los objetos que no se evaporan, porque su cola de gas y polvo refleja la luz solar más allá de la extensión de su núcleo. Los meteoros, en cambio, se detectan por la bola de fuego que producen al desintegrarse por fricción con el aire de la atmósfera terrestre. Esto hace que los meteoros sean detectables en tamaños de objetos que son órdenes de magnitud más pequeños que los objetos espaciales. Por ejemplo, el CNEOS 2014-01-08 tenía un tamaño de apenas ∼ 0,5 m (Siraj & Loeb 2022) mientras que un objeto que refleja la luz solar

como 'Oumuamua era detectable dentro de la órbita de la Tierra alrededor del Sol porque su tamaño era ∼ 100-200m (Trilling et al. 2018). El núcleo del cometa Borisov tenía un tamaño de ∼ 200-500m (Jewitt et al. 2020), y su evaporación hizo que el cometa fuera detectable aún más lejos debido a su mayor cola. La NASA nunca lanzó una nave espacial tan grande como 'Oumuamua.

Los objetos interestelares como CNEOS 2014-0108 son un millón de veces más abundantes que 'Oumuamua cerca de la Tierra, pero no fueron detectables por el estudio Pan STARRS que descubrió a 'Oumuamua.

Las señales electromagnéticas (por ejemplo, de radio o láser) escapan de la Vía Láctea y alcanzan escalas cosmológicas durante miles de millones de años. Sin embargo, los cohetes químicos se impulsan genéricamente a velocidades de decenas de km s-1, que son un orden de magnitud menor que la velocidad de escape de la Vía Láctea. Casualmente, esta velocidad es suficiente para escapar de la zona habitable de una estrella similar al Sol cuando se combina con la velocidad orbital de un planeta similar a la Tierra. Además, esta velocidad es comparable a la dispersión de la velocidad de las estrellas en el disco de la Vía Láctea. Como resultado, los cohetes químicos interestelares permanecen confinados gravitacionalmente en el disco de la Vía Láctea dentro de aproximadamente la misma escala vertical que sus estrellas madre (cientos de parsecs). La abundancia acumulada de estos objetos se establecería mediante una integral sobre su historia de producción por estrella siguiendo la historia de formación estelar de la Vía Láctea.

Al igual que los monumentos terrestres, los artefactos espaciales proporcionan pruebas de civilizaciones pasadas. Siguen existiendo en la Vía Láctea incluso si la era tecnológica de sus emisores duró un corto espacio de tiempo en relación con la edad de la Galaxia, de tal manera que ninguno de estos emisores transmite señales de radio en la actualidad.

A diferencia de las señales electromagnéticas, la abundancia de artefactos interestelares ligados gravitacionalmente al disco de la Vía Láctea crecería con el tiempo cósmico. Es probable que la abundancia de objetos pequeños sea mucho mayor que la de los grandes, en parte porque algunos de ellos pueden representar fragmentos generados por la destrucción de objetos más grandes.

Basándonos en la historia de la formación estelar cósmica (Madau & Dickinson 2014), la mayoría de las estrellas se formaron miles de millones de años antes que el Sol, lo que permitiría un tiempo suficiente para que los cohetes químicos se dispersaran por el disco de la Vía Láctea si civilizaciones como la nuestra surgieran con el mismo retraso tras la formación de otras estrellas similares al Sol. Pero incluso si una civilización hubiera lanzado sondas autorreplicantes, la abundancia de sondas artificiales puede ser muy alta dentro de toda la galaxia de la Vía Láctea.

Todo esto supone que estamos buscando. Pero existe la probabilidad, O, de que algunos científicos se comporten como un avestruz y eviten por completo la búsqueda de objetos interestelares de origen tecnológico. Por ejemplo, los datos del LSST podrían analizarse sólo ajustando órbitas ligadas al Sol. Del mismo modo, las agencias de financiación podrían decidir no participar en ninguna búsqueda que se desvíe del camino trillado. Por tanto, las ecuaciones finales son

N = n × V × (1 - O) , (3)

y,

R = n × v × A × (1 - O) . (4)

La probabilidad de que encontremos objetos tecnológicos extraterrestres depende de que estemos dispuestos a buscarlos y no sólo de que los extraterrestres los hayan enviado.

Un objeto interestelar de interés futuro podría ser estudiado con gran detalle por el telescopio espacial James Webb (JWST) (ST 2022) cuando pase cerca. Dado que el JWST se encuentra a un millón de kilómetros de la Tierra, en el segundo punto de Lagrange L2, observaría el objeto desde una dirección completamente diferente a la de los telescopios en la Tierra. Esto nos permitiría cartografiar la trayectoria tridimensional del objeto con una precisión exquisita y determinar cualquier fuerza (Micheli et al. 2018) que actúe sobre él además de la gravedad del Sol. Además, JWST sería capaz de detectar el espectro de emisión infrarroja y la luz solar reflejada del objeto, lo que permitiría a JWST inferir potencialmente la composición de su superficie.

Para obtener pruebas aún mejores, sería beneficioso acercar una cámara al objeto en su aproximación, tal y como está previsto en el proyecto Galileo. Mejor aún sería aterrizar en el objeto y tomar una muestra de él de vuelta a la Tierra, como hizo la misión OSIRIS-REx con el asteroide Bennu (Rizos et al. 2021).

Una opción diferente de poner nuestras manos en el material de un objeto de este tipo sería examinar los restos de meteoritos interestelares de origen tecnológico (Loeb 2022b). Mientras que una misión espacial suele requerir miles de millones de dólares de financiación, este último enfoque tiene un coste mil veces menor.

Observaciones finales

Gestionar un proyecto con más de cien miembros no es trivial. Nunca he sido consejero matrimonial, pero el mejor consejo que puedo dar a las parejas es sencillo: centraos en lo que estáis de acuerdo y evitad distracciones con disputas periféricas. Para el Proyecto Galileo, esto se traduce en el consejo que los entrenadores de baloncesto suelen dar a los miembros de su equipo: "Mantened la vista en el balón e ignorad al público". Hay precedentes históricos de comunidades que se destruyeron por no atenerse a este sencillo principio, como la historia de la Torre de Babel, cuya construcción supuestamente nunca se completó porque los miembros de la ciudad perdieron una lengua común. La tarea fundamental de un buen liderazgo es mantener el hilo conductor dentro de su comunidad.

Si la búsqueda del Proyecto Galileo encuentra pruebas irrefutables de un objeto que no es natural ni está hecho por el hombre, este hallazgo sería un momento de aprendizaje para la humanidad. Podría proporcionar una respuesta sencilla a la paradoja de Fermi (Lingam & Loeb 2021; colaboradores de Wikipedia 2022a): "¿dónde está todo el mundo?", en la forma de: "aquí mismo". Los científicos llevan sesenta años buscando señales de radio de planetas alrededor de estrellas lejanas (Lingam & Loeb 2021; colaboradores de Wikipedia 2022b), pero se olvidaron de comprobar de manera sistemática si había objetos interestelares en nuestro patio trasero.

La segunda rama del Proyecto Galileo implica el diseño de una misión espacial para encontrarse con objetos interestelares inusuales como 'Oumuamua, en el espíritu de la misión OSIRIS-REx de la NASA —que aterrizó en el asteroide Bennu, o el plan de la ESA para un futuro Comet Interceptor (esa 2022)— que está limitado en su velocidad de maniobra. El proyecto Galileo desarrollará un software que identificará los objetos interestelares que no se parezcan a los asteroides o cometas conocidos del Sistema Solar. Este software se aplicará a la cadena de datos del LSST.

Por último, una tercera rama del proyecto consiste en el plan de una expedición para recuperar fragmentos del primer meteoro interestelar CNEOS 2014-01-08 (Loeb 2022c) del fondo marino cerca de Papúa Nueva Guinea.

El resultado de la investigación científica no puede predecirse. El Astronomy Decadal Survey de 2010 (Council 2010) no anticipó los principales descubrimientos de la última década, como la primera detección de ondas gravitacionales en 2015 (Abbott et al. 2016), el descubrimiento del objeto interestelar - 'Oumuamua en 2017, y la obtención de imágenes del agujero negro en M87 en 2019 (Event Horizon Telescope Collaboration et al. 2019). Estos elementos ni siquiera figuraban como prioridades de alto nivel en astrofísica hace una década. Esperemos que los hallazgos del Proyecto Galileo sean lo más destacado de la próxima década en astronomía.

El enfoque responsable de los científicos debería ser atender a las nuevas pruebas, por inusuales que sean, y adaptarse a sus implicaciones, independientemente de lo desafiantes que sean.

Lo que consideramos "ordinario" son cosas que estamos acostumbrados a ver. Por ejemplo, los pájaros en el cielo. Pero profundizar en la naturaleza de las cosas ordinarias sugiere que son más bien extraordinarias. Los seres humanos sólo fueron capaces de imitar a los pájaros con el primer vuelo de los hermanos Wright en 1903. Del mismo modo, lo que consideramos "afirmaciones extraordinarias" suele basarse en las convenciones de la sociedad. Llevamos cuatro décadas invirtiendo miles de millones de dólares en la búsqueda de la naturaleza de la materia oscura, de cuya presencia se dudaba inicialmente, después de que Fritz Zwicky propusiera por primera vez su existencia en 1933 (de Swart 2019); sin embargo, seguimos destinando unos fondos mínimos al estudio científico de la UAP. Como resultado, la falta de "evidencia extraordinaria" es a menudo una ignorancia autoinfligida. Tenemos pocas posibilidades de encontrar pruebas extraordinarias de nuestros vecinos cósmicos a menos que miremos a través de nuestras ventanas y nos comprometamos activamente en la búsqueda de objetos anómalos, incluyendo 'cartas' en nuestro buzón del sistema solar. Al comprometernos en la búsqueda, podríamos averiguar la naturaleza de los FANI antes de entender la materia oscura, si tan sólo fuéramos lo suficientemente valientes como para recoger y analizar públicamente los datos de los FANI, basándonos en el método científico.

Los instrumentos desarrollados por el Proyecto Galileo representan un nuevo diseño de observatorio con capacidades sin precedentes. A medida que se van ensamblando sus "piezas de Lego", mi corazón se llena de agradecimiento por la calidad profesional de los miembros del equipo de Galileo. En los próximos años, cosecharemos nuevos conocimientos gracias a estos nuevos sistemas de telescopios.

Estos telescopios son los nuevos ojos y el sistema informático acoplado a ellos es el nuevo cerebro del Proyecto Galileo. Mirar el cielo a través de los nuevos observatorios es nuestra mejor manera de averiguar si tenemos vecinos. Lo que hagamos con la respuesta depende de los detalles que conlleve.

Como señaló Robert Frost en su poema "The Road Not Taken" (El camino no tomado): "Dos caminos se bifurcan en un bosque amarillo. . . Tomé el menos transitado, Y eso ha marcado la diferencia". (Frost & Bingham 1951).

Tomar el camino que no se ha tomado es una gran ventaja. Si hay algún fruto a nuestro alcance en ese camino, el Proyecto Galileo la recogerá.

AGRADECIMIENTOS. El Proyecto Galileo cuenta con el apoyo de las generosas donaciones de Eugene Jhong, Vinny Jain, Teddy Jones, Eric Keto, Laukien Science Foundation, Joerg Laukien, William A. Linton y The Brinson Foundation. Mi especial agradecimiento al Dr. Richard Cloete, becario postdoctoral del Proyecto Galileo, por su ayuda con el manuscrito.(Nota del editor: las referencias bibliográficas de este artículo se pueden encontrar aquí)

El Proyecto Galileo (Loeb 2021a) es un programa de búsqueda científica de equipos extraterrestres cerca de la Tierra. Fundé el Proyecto en colaboración con Frank Laukien en julio de 2021. El nombre del Proyecto se inspira en el legado de Galileo Galilei de encontrar respuestas a preguntas fundamentales mirando a través de nuevos telescopios. La búsqueda es agnóstica respecto al resultado. Representa una expedición de pesca que podría obtener una mezcla de objetos que contenga principalmente (después de la eliminación de los artefactos instrumentales):

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