¿UN AVANCE O UNA CONDENA?

Los padres que están gestionando a sus hijos como si su familia fuera una empresa

La aparición de las aplicaciones de móviles para el entorno familiar ha permitido que los progenitores se aseguren de que sus hijos cumplen todas sus tareas. ¿Demasiada vigilancia?

Foto: Foto: iStock.
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A día de hoy, el proyecto de tener hijos y formar una familia es toda una fantasía para muchas parejas españolas. Ya sea por el hecho de no gozar de un puesto indefinido y tener que conformarse con un empleo precario, o bien una nula capacidad de ahorro que permita afrontar este desafío, muchos solo se pueden contentar con el hecho de imaginar la vida que en su día hicieron posible sus padres. Los datos lo reflejan. España, junto con Italia, es el país europeo con mayores problemas de fertilidad, con 2,5 millones de mujeres de entre 18 y 55 años que no han tenido más hijos por razones económicas o de conciliación, pero que desearían haberlos tenido, según el Instituto Nacional de Estadística.

Y otros, aunque estén bien situados laboralmente y tengan un buen sueldo, tienen que apañérselas con la dificultad de compaginar su vida familiar con el trabajo. Tanto es así que en Estados Unidos se han hecho muy populares las 'apps' para gestionar la vida familiar fuera y dentro del trabajo. Herramientas como Trello, Asana, Jira y Slack funcionan a pleno rendimiento mientras la jornada laboral avanza y los niños vuelven del colegio, comen, hacen los deberes o simplemente pasan tiempo libre, en una auténtica economización de la vida familiar en la que lo más importante es tener todo bajo control.

Mi hijo mayor comenzó el instituto y sin el software de medición de productividad sería imposible que se organizara

Así lo narran los periodistas Taylor Lorenz y Joe Pinsker en un reportaje publicado en 'The Atlantic' donde detallan la vida cotidiana de esta nueva especie de familias norteamericanas cuyas primeras necesidades ya están cubiertas y solo falta lo más importante: el tiempo. Personas como Tonya Parker, una madre de cuatro hijos de 9 a 18 años, quien usa la 'app' Trello con sus hijos, concienciados al máximo con sus responsabilidades escolares y domésticas. "Lo uso todos los días para hacer un seguimiento de los deberes que debo realizar, los lugares a los que debo ir o las cosas que tengo que comprar", asegura Hannah, una de sus hijas, de tan solo 15 años.

Para su madre, Trello y el chat de Gmail han sido "toda una bendición" para su estabilidad familiar: agilizó la comunicación entre sus miembros, les ayudó a mantenerse organizados y también generó un sentido de responsabilidad entre sus hijos. "Ahora, en lugar de preguntarse si sus hijos se olvidaron de hacer algo al acabar el día, Parker tan solo tiene que consultar comó va la lista de verificación de cada uno de ellos", explican los periodistas. "En otras palabras, frente a una jornada laboral y familiar frenéticas, muchos hogares modernos están empezando a funcionar más como oficinas".

El espacio que divide el empleo de la vida familiar cada vez es más estrecho

¿Hacia dónde nos llevará este proyecto ? ¿Tendrá tan buena aceptación entre las familias españolas en caso de que se extienda el uso de este tipo de aplicaciones? "Hacemos reuniones familiares todos los domingos en las que revisamos los objetivos de la semana, nuestra lista de tareas pendientes y los eventos que se avecinan", afirma Melanie Platte, otra madre de Utah. Básicamente, como cualquier lunes de reunión de objetivos en el trabajo. "Mi hijo mayor comenzó el instituto el año pasado, y sin el software de medición de productividad y de gestión de tareas, sería imposible que se organizase".

Parece que la tecnología, con el pretexto de mejorar nuestras vidas, nos ha acabado convirtiendo en unos auténticos incapacitados para cosas aparentemente normales o que los humanos han realizado con mayor o menor problema desde tiempos inmemoriales, como vienen a ser el control del tiempo o la educación de nuestros hijos. De algún modo y en este caso, existen demasiados medios en la relación entre padres e hijos. Los primeros seguirán haciendo horas extra en la oficina y comunicándose a través del correo electrónico o la aplicación, mientras que los segundos harán los deberes de tal hora a tal hora porque se lo dice una pantalla que administra todo su tiempo, incluido también el destinado a jugar o relajarse.

Buscamos algo que permita a los niños sentir las emociones, no una estructura férrea y metódica que reparta las tareas

"Pensamos en Trello como una herramienta que se pueda utilizar tanto en el trabajo como en la vida privada", asegura Stella Garber, directora de marketing de la compañía. "Sabemos que los seres humanos tienen muchas cosas que necesitan ser organizadas, no solo lo referente al trabajo. Una de las actividades más populares durante mucho tiempo en la aplicación fueron las remodelaciones de cocina y las vacaciones".

"El espacio que divide el empleo de la vida familiar cada vez es más estrecho", observa Bruce Feiler, padre y autor del libro 'The Secrets of Happy Families'. "Por tanto, es evidente que estos sistemas informáticos, pensados para el centro de trabajo y creados para gestionar equipos, resolver problemas, mejorar productividad o la comunicación entre diferentes miembros, estén migrando al espacio familiar".

Nada de milagros

Evidentemente (y por fortuna), los seres humanos no siguen los mismos patrones estrictos que los programas informáticos o la inteligencia artificial. Más allá de lo fabuloso que pueda parecer el invento en aras de hacer que tus hijos aprendan a gestionarse el tiempo o asuman responsabilidades, la 'app' no garantiza unos resultados óptimos, ya que lo principal sigue siendo el factor humano: si al niño no le da la gana cumplir con sus tareas, no lo va a hacer por muchas pantallas que le pongas delante. Esto es lo que le pasó a Peder Fjällström, un programador de Estocolmo.

El entusiasta informático diseñó pequeñas herramientas personalizadas dentro del programa que permitiese a los miembros de su familia agregar un artículo a la lista de la compra cuando un producto quedase a punto de agotarse, informar de averías en algún electrodoméstico o aparato de la casa, así como determinar la ubicación de los niños en tiempo presente. Pero el experimento duró tan solo tres o cuatro meses. Los niños pronto se cansaron de Slack y se decantaron por aplicaciones mucho más divertidas.

"Después de pensarlo durante mucho tiempo, Fjällström concluyó que el uso de la app conseguía que la vida familiar se pareciese mucho al trabajo", afirman Lorenz y Pinkser en el diario estadounidense. "En ese momento nos vino bien, porque hacía la vida mucho menos caótica... pero es que se supone que la vida ya de por sí es desordenada". Otro de los puntos flojos de esta clase de aplicaciones es que no instruye a los niños en valores, como sí haría un profesor o un padre. Tampoco garantiza que el tiempo destinado a la familia sea de calidad. "Lo que buscamos en este momento es algo que permita a los niños a sentir las emociones, no una estructura metódica para repartir las tareas".

Alma, Corazón, Vida

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