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El inexplicado —pero no inexplicable— cese de Rosa Menéndez como presidenta del CSIC
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SOSPECHAS DE OTRO 'CASO INE'

El inexplicado —pero no inexplicable— cese de Rosa Menéndez como presidenta del CSIC

De la noche a la mañana, la ministra cambió a la prestigiosa química asturiana por la politóloga Eloísa del Pino. Dentro del CSIC, casi nadie se esperaba algo así. Pero fuera, sí

Foto: La nueva presidenta del CSIC, Eloísa del Pino (d), posa junto a la ministra de Ciencia e Innovación, Diana Morant (c), y su predecesora, Rosa Menéndez. (EFE/Luis Millán)
La nueva presidenta del CSIC, Eloísa del Pino (d), posa junto a la ministra de Ciencia e Innovación, Diana Morant (c), y su predecesora, Rosa Menéndez. (EFE/Luis Millán)
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En el Consejo Superior de Investigaciones Científicas (CSIC) hay mentes capaces de dar forma a nuevos supermateriales, de entender los procesos biológicos que provocan enfermedades que pronto dejarán de ser incurables o de desentrañar los misterios de la radiación en el universo temprano, pero pocas, muy pocas, son capaces de entender qué pasó hace unos días en su propia institución, cuando Rosa Menéndez, nombrada en 2017 la primera mujer presidenta del CSIC, fue cesada fulminantemente y sustituida por Eloísa del Pino.

Es decir, intuirlo es sencillo. Menéndez fue nombrada por el anterior Gobierno del Partido Popular. Sin embargo, la química asturiana nunca había cultivado un perfil demasiado político, convivió bien durante la etapa de Pedro Duque como ministro de Ciencia y, en general, contaba con el respaldo de sus compañeros del Consejo.

La cronología es la siguiente. El pasado 17 de junio, se celebró el encuentro CSIC++, donde se citaron cientos de investigadores, técnicos y demás personal de la mayor institución de España dedicada a la investigación científica. Allí, con la presencia de la ministra Diana Morant entre los asistentes, Menéndez habló del presente y el futuro de la institución. Nada en sus palabras hacía indicar que fuera a abandonar su puesto en las próximas horas, ningún atisbo de una despedida.

Menéndez fue nombrada por el Gobierno del PP. Nunca cultivó un perfil demasiado político y contaba con el respaldo de sus compañeros

De hecho, el astrónomo y divulgador Emilio García, del Instituto de Astrofísica de Andalucía, hizo una broma que hoy resulta profética. Tras advertir a aquellos que subieran al escenario de que su tiempo de intervención estaría entre los dos y tres minutos antes de ser amonestados, dio paso a la presidenta para dar el discurso inaugural, y bromeó: "¡A Rosa no la voy a echar, eh!".

Menéndez, ya frente al atril, cogió el guante y le replicó: "Eso de que tres minutos y te decapitan, no lo he oído".

Poco después, Menéndez fue informada de su 'decapitación'. Era viernes por la tarde. Su agenda mostraba un acto el martes siguiente para celebrar el 4º aniversario de The Conversation España, una iniciativa de divulgación donde participan muchos miembros del Consejo. Sin embargo, el lunes alguien llamó y les informó de que Menéndez dejaría de ser presidenta al día siguiente. Ella misma recibió la noticia el domingo por la tarde.

Foto:  Luis Ventura García y Lorena Gómez (Fundación BBVA / CSIC)

El martes 21, el relevo se oficializó. Su sustituta, ya presidenta de la institución, sería Eloísa del Pino, investigadora del Instituto de Políticas y Bienes Públicos del CSIC que desde hace unos años desarrollaba su carrera fuera del Consejo, primero como jefa de gabinete de María Luisa Carcedo, ministra de Sanidad entre 2018 y 2020, y actualmente como subdirectora de Análisis Institucional en AIReF, la Autoridad Independiente de Responsabilidad Fiscal, es decir, cargos políticos vinculados al actual Gobierno socialista.

En un comunicado publicado tras el anuncio, CCOO, el sindicato mayoritario entre los trabajadores del CSIC, describió el cese de Menéndez como "inesperado e inexplicable", pero otros no han tardado en ver los motivos. La oposición al Gobierno en el Congreso, por ejemplo, que ha denunciado que lo del CSIC se trata de un caso similar al del INE, el CNI o el CIS. En palabras del portavoz de Cs Edmundo Bal, "instituciones asaltadas por Sánchez" para convertirlas en "terminales políticos del PSOE".

También ha habido bastantes investigadores del CSIC que quebraron la omertá habitual en estos casos para expresar su estupor en redes sociales. Gemma Fabriàs, hoy directora del Instituto de Química Avanzada de Cataluña y científica del CSIC desde 1986, llegó a preguntarse en Twitter: "¿Podría algún partido con presencia en el Congreso solicitar aclaraciones sobre las causas reales del cese de Rosa Menéndez y su equipo al frente del CSIC?".

"Somos muchos los que vemos en esto una jugada rara", explica a El Confidencial un veterano investigador que —como casi todos los que han accedido a hablar para este artículo— exige no revelar su nombre. Pese a su dispersión territorial y organizativa, el Consejo no deja de ser como un pueblo de 11.000 habitantes donde la mayoría llevan muchos años dentro, se han partido la cara en mil batallas y forman un complejo ecosistemas de alianzas y enconos, con el que la nueva presidenta tendrá que fajarse. "Por lo que he hablado con el director de mi instituto, tampoco parece tener información", añade.

"El cese de Menéndez es lo más extraño que ha pasado en el CSIC en bastante tiempo"

El CSIC está formado por decenas de institutos, centros nacionales o centros mixtos con universidades. El director de uno de ellos explica a este periódico que el cese de Menéndez "es lo más extraño que ha pasado en el CSIC en bastante tiempo". "Hasta los niveles de gestión que yo controlo, la sensación es de desconcierto total; los investigadores no entienden el nombramiento de alguien con una carrera científica tan pobre", indica.

La versión oficial, difundida tanto por el CSIC como por el Ministerio de Ciencia, es que el relevo pretende "reforzar el papel del Consejo como un instrumento eficaz de política científica y acometer las reformas necesarias de manera inmediata para fortalecer el sistema público de ciencia".

Un Consejo con muchos retos

Fuentes del ministerio aclaran que el cese de Menéndez no implica ningún demérito del anterior equipo gestor, sino la necesidad de incorporar sangre fresca para acometer estos retos. Eloísa del Pino es, más allá de sus méritos curriculares o académicos, "una experta en gestión", recalcan. Cuando llegue a su despacho en el número 127 de la calle Serrano, la nueva gestora va a encontrarse muchos incendios desbocados. Uno de ellos, relacionado con la estabilización laboral de 2.000 trabajadores, por ejemplo, de aquellos pertenecientes a los organismos públicos de investigación como el Instituto Geológico y Minero de España (IGME) o el Instituto Español de Oceanografía (IEO) que el CSIC absorbió en 2021, y cuyos investigadores o técnicos tienen distintas condiciones laborales o retribución que los del CSIC.

Además, tendrá que negociar cuánto dinero logrará recibir el Consejo de los 1.100 millones con los que los PGE de 2022 cuentan de fondos europeos o resolver las tiranteces con la Agencia Española de Investigación. Y, de fondo, siempre los problemas de dinero y autonomía que caracterizan a las instituciones que hacen ciencia en España. "Estamos en una situación muy complicada", explica este director de centro, "la Intervención General ha obligado al CSIC a pasarse a un sistema de gestión económica que es el que utiliza la Administración General del Estado, el Sorolla: la verdad es que estamos cerca del colapso, pero es por exigencias externas al CSIC".

"Estamos cerca del colapso, pero es por exigencias externas al CSIC"

Por ello, para muchos de los científicos consultados, el cese de Menéndez y el nombramiento de Eloísa del Pino no son lo realmente trascendental de toda esta historia, sino quién será el próximo secretario general del CSIC. "Es un puesto esencial para el funcionamiento administrativo y de personal del CSIC", explica el veterano investigador. En la carta de presentación de la nueva mandamás del Consejo, Del Pino agradecía los servicios prestados tanto a Rosa Menéndez como al actual SG Alberto Sereno, quien ocupaba este puesto desde 2012, cuando fue designado por el presidente Emilio Lora-Tamayo.

"Llevamos muchos años oyendo rumores de que querían cargarse al secretario general por todo el poder que había acumulado en el CSIC", revela una científica de la institución.

El nuevo secretario general será Ignacio Gutiérrez Llano, que viene del Ministerio de Ciencia, donde ejercía como coordinador de los organismos públicos de investigación. Una investigadora con muchos años de carrera en el CSIC lo define como "una persona agradable, pero no parece hecho para enfrentarse a Función Pública y Hacienda, como le tocará hacer".

Foto: Diana Morant, ministra de Ciencia e Innovación. (EFE/Mariscal)

Aunque habrá que esperar al consejo rector de la institución que se celebra este martes para conocer con quiénes contará Del Pino como escuderos en su etapa al frente del CSIC, fuentes conocedoras del proceso adelantan a El Confidencial que dos de los tres vicepresidentes pertenecerán al Instituto de Políticas Públicas. Entre ellos, el vicepresidente de Investigación Científica y Técnica del CSIC, el llamado VICYT, es otro puesto clave en el organigrama del Consejo, como demuestra el hecho de que la propia Menéndez ocupó este puesto hace más de una década. "Que la presidenta y dos de los tres vicepresidentes sean del mismo instituto de ciencias sociales, cuando el CSIC tiene 135 institutos en todas las ramas, suena un poco chusco, pero parece demostrar que quiere rodearse de gente de su confianza", añade esta última fuente.

El actual VICYT, el físico de partículas Jesús Marco, contaba también con un alto reconocimiento por parte de los científicos del Consejo, según las fuentes consultadas. "Es una persona honesta y supertrabajadora, de hecho no le cesaron sino que dimitió nada más enterarse de lo de Rosa".

La culminación del 'rodillo Morant'

Algunas voces han sugerido una mala relación entre Morant y Menéndez, o con sus respectivos equipos, pero son rumores imposibles de rastrear, ya que la expresidenta ha sido impecable en su carta de despedida y ya se la ha podido ver sonriente y disfrutando de una vida más desahogada.

Lo que sí es cierto es que el CSIC, como institución, siempre ha sido un tigre difícil de cabalgar para los responsables de la ciencia en España, ya se llamaran Cristina Garmendia, Carmen Vela o Pedro Duque.

"El CSIC se ha convertido en algo demasiado grande y suscita envidias y resquemores", añade esta veterana investigadora, que recuerda una situación parecida en los años ochenta, cuando el matemático Enrique Trillas fue designado presidente en 1984 y pretendió revolucionar la institución. "Cuando creció demasiado, lo cesaron de forma fulminante y llegó Emilio Muñoz y un periodo muy bronco con una huelga de seis meses por la discriminación del personal técnico en los famosos quinquenios y sexenios".

Para quienes llevan años siguiendo la política científica y ven las jugadas con más distancia, el relevo de Menéndez por alguien más afín a la nueva ministra no puede ser una sorpresa. Técnicos del ministerio durante la etapa de Pedro Duque explican que el 'ministro astronauta' fue continuista en su llegada a la política, contando con muchos colaboradores que llegaron durante la etapa de Carmen Vela como secretaria de Estado de I+D+i.

placeholder La ministra de Ciencia y Innovación, Diana Morant, acompañada por la presidenta de La Rioja, Concha Andreu. (EFE/Raquel Manzanares)
La ministra de Ciencia y Innovación, Diana Morant, acompañada por la presidenta de La Rioja, Concha Andreu. (EFE/Raquel Manzanares)

Entre ellos estaba Rosa Menéndez, quien accedió al cargo pocos meses antes de la moción de censura que puso fin al Gobierno de Rajoy pero logró entenderse bien con el ministerio durante la etapa de Duque. La llegada de Diana Morant en julio del año pasado desde el Ayuntamiento de Gandía supuso una revolución dentro de Ciencia e Innovación, y muchos de estos perfiles fueron cesados para ser sustituidos por otros de mayor confianza de la nueva ministra.

"A raíz de estos cambios, la relación entre el CSIC y el ministerio empeoró con respecto a Duque, que es una persona con una capacidad de gestión acreditada en la ESA; Diana Morant es una persona que viene del ámbito político y todo lo que la vincula a la ciencia es un título de ingeniería, no ha ejercido nunca", dice otra investigadora con década y media de experiencia en el CSIC. "Esto no quiere decir que no se pueda rodear de gente hábil y con conocimientos, pero desde el punto de vista de una institución científica, pierde prestigio".

Menéndez es de lo poco que le quedaba por cambiar a Morant. De hecho, de la cercana época de Duque solo siguen en sus cargos Teresa Riesgo, secretaria general de Innovación del ministerio, y Javier Ponce, director general del CDTI.

"Reconozco que en el CSIC hay aún mucho clasismo de este tipo, tienes que ser científico, doctorado y con publicaciones para que te valoren, y eso pudo contribuir a una mala relación", dice esta investigadora, "ahora bien, ¿tiene sentido hacer esto a un año vista de las elecciones y cuando tienes por delante tantos temas pendientes? Hay otras instituciones donde lo puedes entender, como lo del INE, ¿pero aquí... y ahora?".

En el Consejo Superior de Investigaciones Científicas (CSIC) hay mentes capaces de dar forma a nuevos supermateriales, de entender los procesos biológicos que provocan enfermedades que pronto dejarán de ser incurables o de desentrañar los misterios de la radiación en el universo temprano, pero pocas, muy pocas, son capaces de entender qué pasó hace unos días en su propia institución, cuando Rosa Menéndez, nombrada en 2017 la primera mujer presidenta del CSIC, fue cesada fulminantemente y sustituida por Eloísa del Pino.

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