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El lento descenso de la 6ª ola en España: la caída de ómicron es irregular e incierta
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¿PUEDE HABER UN REPUNTE?

El lento descenso de la 6ª ola en España: la caída de ómicron es irregular e incierta

Esta etapa de la pandemia también es diferente en el descenso de los casos: hay muchos en niños, ausencia de medidas e incertidumbre sobre el comportamiento de ómicron

Foto: Foto: EFE/EPA/Ciro Fusco.
Foto: EFE/EPA/Ciro Fusco.

El masivo contagio de la sexta ola prometía un reverso de la moneda mucho más apacible. Si el ascenso de la curva fue el más pronunciado de la pandemia, el descenso también debía serlo. Al menos eso decían los números de países a los que ómicron había llegado antes. Nuestra experiencia con picos anteriores también hacía prever un buen comienzo de año, pero casi hemos consumido el mes de enero y el descenso no acaba de consolidarse. En efecto, todo apunta a que hemos tocado techo, pero los números de cada comunidad autónoma son muy diferentes, los contagios de los niños están disparados y, más que una caída clara, tenemos una bajada muy suave y algunos repuntes. La lógica de una secuencia de casos que sube o baja de forma sostenida en el tiempo parece haberse roto. ¿Estamos ante una ola diferente?

La incidencia acumulada a 14 días (casos por 100.000 habitantes) lleva bajando desde el 17 de enero. Aunque el 20 subió desde los 3.279,36 a los 3.418,46 casos, seguramente eso se debió más a la salida del cálculo de los datos del 6 de enero (festivo y por tanto con menos contagios notificados) que a un verdadero repunte. Lo peor ya ha pasado, pero aún sigue habiendo muchos contagios: solo en los últimos siete días, se han notificado más de un millón.

Foto: Un paciente con covid ingresado en la UCI. (EFE/Etienne Laurent)

No todas las comunidades están aún en fase de descenso. Entre el 19 y el 26 de enero, por tomar como referencia una semana entera, la incidencia aún subió en Baleares, Cataluña y Comunidad Valenciana. Muy poco en la primera región, el 15% en la segunda y el 30% en la tercera. En esas tres comunidades también creció el número de hospitalizados en ese mismo periodo. No son las únicas, aunque también en otras ha mejorado de manera notable, como es el caso de Madrid. A nivel nacional, el número de hospitalizados con covid-19 ha entrado en una meseta con unos días de retraso al pico de contagios y la ocupación de las UCI ya empieza a bajar.

En las comunidades que han ido más adelantadas que el resto en la sexta ola, como Navarra y País Vasco, de momento la bajada no está siendo tan pronunciada como la subida. Allí, los contagios crecieron antes y la incidencia acumulada alcanzó los niveles más altos vistos durante la pandemia en España. Y también comenzaron a caer unos días antes. En los últimos días, el descenso de la incidencia acumulada ha sido más pronunciado en Canarias y Madrid, donde ya había empezado en la primera semana del año.

No solo hay diferencias entre territorios, también entre grupos de edad. Todos salvo uno están ya en fase de descenso o de estabilización: el de menos de 11 años. La incidencia acumulada entre los más pequeños aún no ha parado de crecer, según los últimos informes del Ministerio de Sanidad. A nivel nacional, está por encima de los 5.700 casos y en Cataluña es el doble.

Datos confusos y difíciles de comparar

A los expertos les resulta complejo interpretar los datos, porque no están recogidos de manera uniforme. “Navarra estaba dando cifras muy altas, pero es que hacía más del doble de pruebas por habitante que nosotros”, advierte en declaraciones a Teknautas Salvador Peiró, especialista en Medicina Preventiva y Salud Pública de la Fundación para el Fomento de la Investigación Sanitaria y Biomédica (Fisabio) de la Comunidad Valenciana.

La sexta desescalada exige, otra vez, prudencia

Una pista sobre la fiabilidad de las cifras está en los datos de positividad. El 37,75% de las pruebas realizadas en España en los últimos días (con los datos actualizados hasta este miércoles) ha detectado la infección, una cifra muy elevada, pero que agrupa datos muy distintos: del 52% en Navarra y del 21% en Galicia. Según explica Quique Bassat, epidemiólogo del Instituto de Salud Global de Barcelona (ISGlobal), lo lógico es pensar que las comunidades con menor positividad están realizando más test y, por lo tanto, tienen datos más realistas. “Realmente la curva está empezando a bajar, tal y como predecían los modelos matemáticos a partir de enero”, opina este experto, “pero no lo está haciendo de una forma sostenida ni rápida y, si además el número de test que se están haciendo es diferente, puede haber muchos sesgos de interpretación de los datos”.

Por ejemplo, desde finales de diciembre, las comunidades han cambiado sus protocolos para eliminar las pruebas obligatorias a los contactos estrechos, lo que ha coincidido con una caída importante de casos: “No sabemos qué parte del descenso se debe a que estamos realizando un menor seguimiento que antes”, comenta Peiró. Para colmo, los diferentes criterios a la hora de admitir pruebas de antígenos de farmacia para las bajas laborales solo añaden confusión. “De repente un día entran miles de casos de días anteriores”, señala. En general, la saturación de los sistemas de vigilancia epidemiológica, que van con más retraso que nunca, no ayuda a la interpretación de las tendencias.

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Test. (Reuters)

A pesar de todo, el epidemiólogo de Fisabio también deduce que la curva está bajando y que se ha superado el pico de contagios, pero más por otros indicios que por los confusos datos de incidencia oficiales. “La detección del virus en aguas residuales está en descenso y en los hospitales también nos cuentan que están realizando menos pruebas y con una tasa de positividad más baja”, destaca. Esto no significa que se puedan descartar repuntes: “Cuando tienes cifras tan altas, miles de positivos siguen contagiando a mucha gente, así que el descenso puede ser lento. La pregunta es cuándo se agota la población susceptible de ser infectada, y eso depende de muchos factores. En teoría, al principio se infectan quienes tienen más movilidad, pero después siguen los brotes secundarios, así que es complicado anticipar cómo va a ser la curva”, asegura.

Con un ojo puesto en Dinamarca

En definitiva, la realidad es algo más compleja que la idea de que, tras una subida vertiginosa, la caída posterior sería igual de rápida. “Era el ejemplo de Sudáfrica y ha pasado en Mozambique, que está al lado, pero la demografía de estos países no tiene nada que ver con la nuestra. Extrapolar lo que sucede allí no nos sirve”, advierte Bassat. Hace algunas semanas, parecía que otros países iban a confirmar la tendencia porque los primeros que empezaron a detectar ómicron de forma masiva en Europa, Reino Unido y Dinamarca, habían alcanzado el pico de contagios. Sin embargo, los contagios británicos no han continuado la línea descendente y se han estabilizado en los últimos días en una meseta con un volumen de casos aún muy elevado, más del doble de los que había antes de ómicron.

Otros países ni siquiera han dejado de subir, como Alemania, que marcó este jueves el récord de la pandemia, superando por primera vez los 200.000 casos. Francia parece estar llegando al pico en estos días. Italia tiene una tendencia muy parecida a la española. De todos modos, Dinamarca llama la atención más que nadie en Europa. Tras mostrar hace semanas un descenso que parecía el principio del fin de la ola de ómicron, las cifras se volvieron a disparar y ahora mismo marca cifras récord en el continente. La subvariante de ómicron BA.2, de la que ya se han registrado algunos casos en España, podría tener que ver con el repunte. “En realidad, nadie sabe si es más infecciosa, pero está ocupando el nicho de ómicron”, señala Bassat.

Foto: Test de covid. (Reuters/Chalinee Thirasupa)

Aun así, esta 'ómicron sigilosa', como la llaman algunos, “no parece que les esté dando muchos problemas porque van a quitar las restricciones”, apunta el epidemiólogo de Fisabio. “El incremento de contagios es enorme entre los jóvenes, pero es un país tan vacunado como nosotros e incluso con más terceras dosis. Sus cifras de UCI, hospitalizaciones y fallecidos son menores que las nuestras, así que da la impresión de que las olas de ómicron van a dar menos casos graves”, explica Peiró, recordando que, en España, gran parte de los casos que hay en las UCI aún corresponden a delta.

Claves de una curva inédita

En general, los epidemiólogos no descartan que ómicron se vaya a comportar de manera diferente a lo que conocemos. La alta contagiosidad puede hacer cambiar las previsiones. Además, “tenemos una idea preconcebida de que las curvas van a subir y van a bajar, pero no necesariamente pasa eso. Ya nos ocurrió a nosotros en 2020, cuando empezó a bajar la ola que procedía del verano, que enlazó con la que se iba a disparar en Navidad”, destaca Peiró.

Otra diferencia importante en esta ola es que no se ha tratado de contener con restricciones contundentes. Ni cierre del ocio nocturno, ni toques de queda ni limitación de horarios: “En la sexta ola, hemos cerrado los ojos a ver si pasaba sola, con la premisa de que era menos grave y de que estamos avanzando hacia una situación más normal”, comenta Bassat. En su opinión, con medidas como las que se tomaron en otros momentos de la pandemia, la bajada estaría siendo más rápida.

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Escolares de camino a clase. (EFE)

Tampoco es igual lo que está pasando en los colegios. Tras las vacaciones navideñas, se han disparado las cifras de incidencia entre los niños en comparación con otras franjas de edad. Según los expertos, una de las razones es que el entorno escolar está mucho más controlado y saca a la luz muchos casos que en otros ámbitos quedan ocultos, especialmente en algunas comunidades. “En Cataluña, a todos los contactos de un caso positivo se les ofrece la posibilidad de hacerse la prueba, así que detectamos muchos más casos y, de hecho, la tasa de positividad en este grupo es muy baja”, destaca el epidemiólogo y pediatra del ISGlobal.

Sin embargo, otro motivo es que hay transmisión en las escuelas, más que en otras olas. “Si flexibilizas las medidas de contención y solo confinas a una clase cuando ya se han confirmado cinco positivos, en el fondo le estás dejando vía libre al virus para que se transmita de un niño infectado al siguiente”, lamenta Bassat. Aunque la relajación de estas normas es positiva para la conciliación familiar, el problema es que muchos de los casos en menores no presentan síntomas y esto facilita la transmisión más que nunca. “Cuando antes aislabas a toda la clase por un positivo, garantizabas que los infectados asintomáticos no pudieran contagiar a los demás, pero ahora tenemos transmisión activa dentro de las escuelas”, comenta.

Además, aunque los colegios mantienen medidas importantes, como la ventilación de las aulas, la llegada de variantes que se contagian con más facilidad también ha complicado el panorama. “Ya lo empezamos a ver con delta, es más difícil contener la transmisión en las escuelas”, apunta Bassat, “y justo en el peor momento hemos decidido ser más flexibles, lo que tiene consecuencias”. No obstante, todo esto tiene más importancia con respecto a la transmisión comunitaria general que con respecto a los propios niños, que tienen escasas posibilidades de enfermar de forma grave y que, además, ya comienzan a tener una importante cobertura vacunal (el 53,8% de los niños de entre cinco y 11 años ha recibido al menos una dosis).

El masivo contagio de la sexta ola prometía un reverso de la moneda mucho más apacible. Si el ascenso de la curva fue el más pronunciado de la pandemia, el descenso también debía serlo. Al menos eso decían los números de países a los que ómicron había llegado antes. Nuestra experiencia con picos anteriores también hacía prever un buen comienzo de año, pero casi hemos consumido el mes de enero y el descenso no acaba de consolidarse. En efecto, todo apunta a que hemos tocado techo, pero los números de cada comunidad autónoma son muy diferentes, los contagios de los niños están disparados y, más que una caída clara, tenemos una bajada muy suave y algunos repuntes. La lógica de una secuencia de casos que sube o baja de forma sostenida en el tiempo parece haberse roto. ¿Estamos ante una ola diferente?

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