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El mundo vigila una subvariante de ómicron: qué nos dice de la evolución del virus
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NO DETECTADA AÚN EN ESPAÑA

El mundo vigila una subvariante de ómicron: qué nos dice de la evolución del virus

Ómicron, en realidad, son tres versiones del virus distintas y una de ellas llama más la atención. Los expertos no ven motivos de preocupación, pero ya está en 35 países

Foto: Foto: Reuters/Dado Ruvic.
Foto: Reuters/Dado Ruvic.

Para la inmensa mayoría de los mortales el covid se ha convertido, sencillamente, en ómicron. Sin embargo, el virus no para de evolucionar y acumula algunas mutaciones con respecto al linaje que encendió las alarmas a finales de noviembre. Los expertos ya han detectado tres versiones distintas de ómicron, que han denominado BA.1, BA.2 y BA.3. La primera es la original y la tercera parece ser insignificante. En cambio, la segunda subvariante ha llamado la atención porque acumula numerosas mutaciones con respecto a la variante inicial y porque está encontrando su hueco: ya se ha detectado en 35 países, entre ellos, varios de Europa, aunque España todavía no está en la lista. Las preguntas son las de siempre cuando se detectan cambios: ¿tienen alguna repercusión con respecto a la gravedad de la enfermedad? ¿Y con respecto a la transmisión?

En realidad, la palabra 'subvariante' no significa casi nada. “Utilizamos este término para nombrar una variante cuya progenitora ya ha tenido un estatus de variante reconocida, pero no hay ninguna regla formal al respecto”, explica a Teknautas el experto en secuenciación Fernando González Candelas, catedrático de Genética de la Universidad de Valencia e investigador en la Fundación para el Fomento de la Investigación Sanitaria y Biomédica de la Comunidad Valenciana (Fisabio). Sencillamente, si ómicron se divide en dos, es lógico que estos nuevos linajes se clasifiquen dentro de una categoría inferior.

Foto: Vacuna. (EFE/Pool/Doménech Castelló)

De hecho, delta ya contabiliza más de 200 subvariantes. “Ninguna es otra cosa distinta a delta, pero no son iguales a la original, porque ha habido sucesivas evoluciones del virus a partir de la primera que conocimos. Ómicron ya tiene tres, pero no tiene nada de particular”, señala. La única subvariante de delta que causó cierta alarma fue AY4.2, mucho más conocida como delta plus. El caso es casi clavado: tenía dos mutaciones en la proteína S y en algunos países comenzó a representar un porcentaje relativamente importante, en particular en el Reino Unido. En cambio, en otros apenas prosperó, aunque el Centro de Control de Enfermedades (CDC) de EEUU llegó a explicar que podría ser “ligeramente más transmisible”.

Con respecto a BA.2, los expertos no creen que haya motivo para la preocupación, aunque siempre hay que estar vigilantes. “Los pocos datos que hay no le atribuyen ninguna característica diferente a ómicron BA.1. Por tanto, no preveo que vaya a suponer un cambio significativo”, afirma Sonia Zúñiga, viróloga del Centro Nacional de Biotecnología (CNB-CSIC). En efecto, el hecho de que una nueva versión del coronavirus acumule muchas mutaciones no significa nada en sí mismo: al hacer copias de sí mismos en nuestras células, los virus cometen errores que se traducen en mutaciones aleatorias. Harían falta pruebas para saber si la enfermedad que provoca la subvariante es distinta o si es capaz de infectar con más facilidad. Por el momento, no hay indicios concluyentes de ninguna de las dos cosas. Ni siquiera de la segunda, a pesar de que algunos datos aislados pueden hacer pensar que se transmite con facilidad.

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“Es muy distinta genéticamente a la otra subvariante, la dominante. Sin embargo, no he visto publicaciones que recojan características destacables que la hagan diferente”, coincide el experto de Fisabio, “y además, el número total de casos en el mundo es muy pequeño”. La iniciativa GISAID, que va recogiendo las secuencias del SARS-CoV-2 desde el inicio de la pandemia, contabiliza más de 5.000 casos confirmados genéticamente en 35 países. Por comparación, el total de secuencias de ómicron supera las 360.000 en 117 países desde que se dio a conocer esta variante en Sudáfrica, el pasado mes de noviembre.

Disparada en Dinamarca

Sin embargo, los datos más relevantes llegan de Dinamarca, donde se ha visto un crecimiento muy importante en las últimas semanas. Al analizar la secuenciación de los últimos 10 días, BA.2 ya representaría un 35% de los casos. Estas cifras apuntan a un posible desplazamiento con respecto a BA.1 (que baja hasta un 63%) y, por supuesto, con respecto a delta, que sigue estando presente pero de forma cada vez más testimonial. ¿Estamos encaminados a que esta nueva versión de ómicron se imponga? ¿Esto significa que la nueva subvariante es aún más transmisible?

placeholder Test. (Reuters)
Test. (Reuters)

La realidad es demasiado compleja como para sacar ese tipo de conclusiones. Por una parte, “Dinamarca tiene un sistema de vigilancia genómica excelente y detecta mucho más”, destaca González Candelas, “encuentran pronto las nuevas variantes y en cuanto lo hacen están en alerta, así que las identifican y las comunican rápido”. En España aún no se ha detectado y eso puede ser porque no tenga presencia o porque aún no se haya detectado. “Lo que sí cabe pensar es que, si está, su frecuencia es muy baja”, apunta el experto. Anteriormente, hemos visto situaciones idénticas y, finalmente, nuevos linajes se han impuesto aquí y en otros países.

Sin embargo, otro país que realiza una excelente vigilancia de variantes, el Reino Unido, ha detectado un número insignificante: 81. Y no es porque la subvariante haya llegado mucho más tarde, puesto que los británicos ya encontraron casos hace más de un mes. En cambio, suman más de 150.000 confirmaciones por secuenciación genética de la subvariante gemela BA.1, que sí se ha impuesto de manera fulminante como la versión dominante del coronavirus. Al ver la procedencia de los datos de BA.2, la inmensa mayoría de la detección se ha producido en Dinamarca, más de 4.400 de las poco más de 5.000 de todo el mundo. Otro país donde la penetración podría ser significativa sería la India (algunos expertos consideran que estas mutaciones podrían proceder de ese país), porque los porcentajes de las muestras secuenciadas atribuibles a la nueva subvariante también están creciendo. Sin embargo, la capacidad de secuenciación de este país es muy baja comparada con la de daneses y británicos.

Foto: Foto: EFE/Quique García.

Así que, si nos quedamos con Reino Unido y Dinamarca, ¿por qué ese comportamiento tan distinto? “Cuando un virus entra en una población, se difunde en función de las circunstancias. La mayoría tienen que ver con el azar, es decir, sin necesidad de que haya ninguna diferencia intrínsecamente en el virus”, afirma González Candelas. El hecho en distintos países puede dar resultados diferentes. “Si aparece un solo caso de una nueva variante en una macrofiesta, puedes tener un montón de infecciones. En cambio, si el único que está contagiado es un ermitaño, parecerá poco infecciosa”, pone como ejemplo. Por eso, la auténtica preocupación llega cuando el patrón se repite. “Al principio de ómicron, durante muchos días, pedíamos mucha cautela porque lo que veíamos en Sudáfrica podía ser grave, y luego comprobamos que lo era, pero teníamos que ver lo que sucedería en otros países”, recuerda.

Así que, por el momento, el hecho de que los casos crezcan de manera importante en Dinamarca “resulta muy interesante”, señala el experto, “y nos pone en alerta, pero durante un tiempo hay que observar lo que pasa en otros sitios. Si finalmente en el Reino Unido se comporta de manera diferente, creo que no habría que preocuparse más”. De hecho, con la subvariante delta plus ocurrió algo parecido a lo que puede estar sucediendo ahora. “De repente, en el Reino Unido se detectaron montón de casos y después se quedó en nada en términos epidemiológicos porque no creció en más sitios de la misma manera”, destaca.

¿Una variante “sigilosa”?

En el caso de esta subvariante de ómicron, otra característica ha llamado la atención de los especialistas e incluso ha provocado que expertos y medios de comunicación la hayan bautizado como “sigilosa”, probablemente un nombre desafortunado que ha causado inquietud y que le ha dado aún más fama. La viróloga del CNB-CSIC lo explica: “La mayor diferencia entre ómicron BA.1 y BA.2 es que esta última puede ser más difícil de detectar en un test de PCR específico”. Algunas pruebas, además de dar positivo o negativo para SARS-CoV-2, permiten deducir a qué variante pertenece un positivo. La clave está en que detectan tres genes de la espícula del virus, pero uno de ellos está mutado en ómicron, así que cuando da este resultado cabe deducir que se trata de esa variante.

placeholder Secuenciación genómica. (EFE)
Secuenciación genómica. (EFE)

Eso no ocurre con BA.2, ya que la PCR es positiva para los tres genes. No obstante, esta característica no tiene ninguna relevancia para la población general: “Se puede detectar sin problemas mediante secuenciación y, por supuesto, se detecta la infección con las PCR diagnósticas convencionales o con test de antígenos”, apunta la experta. En teoría, lo único que podría pasar es que la subvariante de ómicron quedase camuflada como un caso de delta, lo que ni siquiera tendría mucha importancia en el contexto actual, teniendo en cuenta que esta variante está en decadencia frente a ómicron.

Por el momento, al margen de lo que pueda suceder con BA.2, la lección que deja este caso, según los expertos, es que la secuenciación genética sigue siendo una herramienta imprescindible para tener controlada la pandemia. “Aunque haya pruebas diagnósticas precisas, hay que tener en cuenta que los virus siguen mutando y donde ahora tienes una detección mediante una prueba rápida, puedes dejar de identificar variantes en algún momento o equivocarte”, reflexiona González Candelas.

Para la inmensa mayoría de los mortales el covid se ha convertido, sencillamente, en ómicron. Sin embargo, el virus no para de evolucionar y acumula algunas mutaciones con respecto al linaje que encendió las alarmas a finales de noviembre. Los expertos ya han detectado tres versiones distintas de ómicron, que han denominado BA.1, BA.2 y BA.3. La primera es la original y la tercera parece ser insignificante. En cambio, la segunda subvariante ha llamado la atención porque acumula numerosas mutaciones con respecto a la variante inicial y porque está encontrando su hueco: ya se ha detectado en 35 países, entre ellos, varios de Europa, aunque España todavía no está en la lista. Las preguntas son las de siempre cuando se detectan cambios: ¿tienen alguna repercusión con respecto a la gravedad de la enfermedad? ¿Y con respecto a la transmisión?

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