Los vigilantes de las mutaciones del covid-19 en España: “Hay cientos de variantes”
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LA 'CEPA' DE LONDRES PONE EN ALERTA AL MUNDO

Los vigilantes de las mutaciones del covid-19 en España: “Hay cientos de variantes”

Secuenciar constantemente el genoma del SARS-CoV-2 permite conocer su evolución, alertar de posibles cambios y trazar su expansión, como han logrado investigadores españoles

placeholder Foto: Análisis de una muestra en un laboratorio. (Reuters)
Análisis de una muestra en un laboratorio. (Reuters)

Las mutaciones del virus SARS-CoV-2 detectadas en el Reino Unido tiene en vilo a medio planeta. Esta variante del coronavirus se propaga muy rápido, aunque los científicos todavía no han averiguado si tiene una mayor capacidad para infectar. Tampoco se conoce si provoca una enfermedad más grave y más letal, aunque no hay indicios de que sea así. Lo único que sabemos con precisión son los cambios que ha experimentado el genoma del virus y no por casualidad, sino por el trabajo de los investigadores que secuencian continuamente las muestras que reciben.

Foto: Foto: Reuters.

No es casualidad que hayan sido los británicos quienes han dado la voz de alarma sobre una de las variantes del virus, porque son los que más secuencian para ver su evolución. Sin embargo, ese trabajo también se realiza en España, donde más de 40 hospitales y varios centros de investigación trabajan en SeqCOVID, un proyecto dirigido por Iñaki Comas Espadas, del Instituto de Biomedicina de Valencia (IBV-CSIC), y Fernando González Candelas, de la Fundación para el Fomento de la Investigación Sanitaria y Biomédica de la Comunitat Valenciana (Fisabio).

Su objetivo es “ir estudiando la evolución del virus en nuestro país a partir de la secuenciación de genomas completos, con las muestras que van obteniendo los hospitales”, explica a Teknautas González Candelas. Periódicamente, los centros participantes eligen unas cuantas muestras al azar de entre las que han manejado para diagnosticar la infección. Algunos servicios hospitalarios las secuencian por sí mismos y envían los resultados, pero la mayoría las mandan a Valencia para que sean secuenciadas en Fisabio o en el IBV-CSIC.

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Fernando González. (Fisabio)

La información se deposita en la plataforma internacional GISAID, que ya acumula cerca de 300.000 secuencias. De ellas, unas 5.000 han sido enviadas por SeqCOVID y algunos cientos más por otros investigadores españoles que no están dentro de este consorcio. Dentro de este grupo, el centro que más ha secuenciado ha sido Fisabio (3.161), seguido del IBV-CSIC (780), Hospital Gregorio Marañón (770), CIB La Rioja (171), Hospital Son Espases de Baleares (94) Clínic de Barcelona (72) y Hospital Germans Trias i Pujol (59).

Aunque la cifra de España pueda parecer muy pequeña comparada con el global, está entre la decena de países que más ha secuenciado y llegó a estar en cuarta posición. No obstante, las aportaciones son voluntarias y muy irregulares. Por ejemplo, “Dinamarca tenía secuencias hechas y no las depositaba, pero con motivo de la crisis de los visones subió miles”, comenta el experto en referencia al hallazgo de una variante del coronavirus que procedía de estos animales, que fueron sacrificados en el país nórdico por este motivo. En cualquier caso, el Reino Unido secuencia más que todos los demás países juntos, por lo tanto, “tiene muchas más posibilidad de encontrar cualquier nueva variante, sobre todo si crece mucho entre la población”, como ha sucedido.

Qué dicen las secuencias españolas

Sin embargo, los españoles también han revelado información determinante para entender el transcurso de la pandemia. Un informe del equipo de SeqCOVID publicado a finales de octubre mostró el mapa de la diversidad genómica del SARS-CoV-2 en España durante los primeros meses de la pandemia, de febrero a abril. Un solo genotipo llegó a generar el 30% de todos los casos secuenciados (en total, 2.170 muestras), pero en la primera semana de marzo representó hasta el 60% de los casos. Antes de que Italia avisara de lo que estaba sucediendo, el virus ya había entrado muchas veces, como mínimo 519, y de forma simultánea al menos por Madrid y Valencia. Todo indica que la alta movilidad entre algunas provincias españoles hizo el resto en la primera ola.

Otro éxito fue detectar una variante que tuvo su origen en los trabajadores agrícolas de Huesca y Lleida que sufrieron uno de los brotes más importantes al comienzo del verano, cuando se estaba completando la desescalada tras el confinamiento. “Dentro de nuestro programa de vigilancia, detectamos una variante que estaba asociada a los brotes en temporeros entre junio y julio y que luego hemos visto que se ha extendido por toda España en la segunda ola y también en otros países europeos”, señala el investigador de Fisabio.

En el caso de España llegó a representar el 80% de los nuevos casos, pero en el resto de Europa el porcentaje de contagios que proceden de esa variante también es muy elevado. “Esto nos permite inferir, junto con otras informaciones adicionales, que hay un origen español en gran parte de la segunda ola de estos países”, destaca. El trabajo, publicado de forma preliminar en colaboración con la Universidad de Basilea (Suiza), también indica que el virus se exportó desde España al resto del continente en múltiples ocasiones, esta vez, probablemente, por los turistas.

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Foto: EFE.

No obstante, “es imposible saber si esta variante apareció por primera vez en España”, comenta González Candelas, “pero nosotros la detectamos antes que los demás”. Haberla localizado permite realizar “un seguimiento muy claro de la expansión del virus, es como si pones una marca a los que se contagian con ella, esos virus son distintos a otros y entiendes mejor cómo se van difundiendo”, asegura el experto.

En ese sentido, esta información es útil para comprender cómo se producen los contagios y tratar de evitarlo. Sin embargo, considera que es un error pensar que un evento determinado es el origen de una nueva fase de la pandemia solo porque se pueda seguir esa pista. “Cabe la tentación de decir que una nueva ola se debe a unos hechos concretos, pero es muy probable que se hubiese producido de igual manera porque las circunstancias de esos eventos no son tan extraordinarias como para que sean irrepetibles”, comenta.

Claves de la variante inglesa

Lo cierto es que “hay cientos de variantes, porque el virus genera mutaciones continuamente”, apunta el investigador, “algunas simplemente están ahí y otras llaman la atención”. Entre estas últimas, sin duda se lleva la palma la variante inglesa que en los últimos días ha provocado el pánico en Europa, con cancelaciones de vuelos y nuevas restricciones. ¿Qué tiene de especial? Sus 17 mutaciones —ocho de ellas en la proteína S, la que permite al virus entrar en las células— la convierten en una variante “rara y diferente a todo lo que se ha visto”, admite.

Sin embargo, la razón del revuelo no tiene que ver con las mutaciones en sí mismas, sino con el alarmante aumento del número de casos en el Reino Unido. “Hay datos que asocian esta variante con una mayor transmisibilidad, pero no está claro si es causa o consecuencia de que el país está en una fase de incremento de contagios”, así que la alerta de los sistemas de vigilancia europeos es una medida de precaución “aunque no hay constancia de que sea más peligrosa, más virulenta o más letal”.

El hecho de que una variante se vaya imponiendo sobre otras puede responder a varias causas. A veces, una pequeña ventaja genética puede traducirse en muchísimos más casos de un tipo que de otro al cabo de unas semanas, pero también puede deberse a lo que técnicamente se conoce como “efecto fundador”: que por casualidad una variante está en el punto donde se inicia una cadena importante de transmisiones. Entonces, la mayoría de los contagios los produce el virus que tiene esas mutaciones y, a partir de ahí, todos los nuevos casos las llevan. Es posible que esos cambios en el genoma no tengan ningún papel sobre la transmisión, de manera que ninguna característica de ese virus lo haga más transmisible, sino que simplemente estaba en el lugar oportuno en el momento adecuado.

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Foto: Reuters.

“Eso es lo que hay que intentar averiguar en este caso”, destaca González Candelas. En su opinión, “probablemente la mayor parte de la razón de la reciente alta transmisión en Inglaterra está en el comportamiento social”. Puede que también influya algún componente genético del virus, pero no parece probable que pueda explicar toda la expansión que ha tenido esta variante en las últimas semanas.

Una mutación que favorezca la transmisión del virus puede ocurrir por muchos mecanismos, por ejemplo, si aumenta el periodo en el que la persona es infectiva o la carga viral de quien se ha contagiado. De momento, no se ha podido comprobar nada de esto, pero, si ha ocurrido, estos factores “le darían a un virus ciertas ventajas sobre otros”. Una cuestión muy distinta es que los cambios genéticos del virus modifiquen su virulencia, patogenicidad o inmunogenicidad. Si llegase a hacerlo, ya se podría hablar de una “nueva cepa”, término que los expertos evitan al considerar que la cepa del SARS-CoV-2 nunca ha cambiado porque no han cambiado sus efectos y que, de momento, solo se puede hablar de distintas “variantes”.

Foto: Trabajos en el laboratorio. (EFE)

De hecho, los investigadores han comprobado que el SARS-CoV-2 “muta menos que otros virus de ARN”. Sin embargo, “hay que considerar el número total de virus que se están replicando, tanto en un individuo infectado como en el conjunto de la población, y ese número es ingente”. Así que, en la práctica, los humanos le estamos dando tantas oportunidades para que se produzcan errores en la copia de su material genético que el resultado es que “no hay una menor probabilidad de que se generen mutaciones”.

En cualquier caso, “es muy difícil que una mutación altere significativamente la eficacia de las vacunas tal y como están diseñadas”, afirma el investigador de Fisabio. Aunque el mecanismo de inmunización consiste en generar anticuerpos frente a la proteína S y algunas de las mutaciones de la variante inglesa se han localizado en esta molécula, los cambios no son tan grandes como para que las defensas inducidas por la vacuna no pudieran reconocerla.

Coronavirus Consejo Superior de Investigaciones Científicas (CSIC)
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