Los niños no recibirán vacuna, pero tampoco la necesitan: así frenan sus defensas el covid
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de 16 años en adelante

Los niños no recibirán vacuna, pero tampoco la necesitan: así frenan sus defensas el covid

Los estudios confirman que la respuesta inmune de los menores es diferente y más eficaz que la de los adultos, así que no hay prisa por conseguir vacunas infantiles

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Foto: Reuters.

Las primeras vacunas contra el covid no son para todos los públicos. Las autorizaciones de uso de emergencia para la vacuna de Pfizer y BioNTech del Reino Unido y Canadá especifican que está destinada a mayores de 16 años. En EEUU, el comité asesor que recomendó la aprobación de esta vacuna a la FDA (Administración de Alimentos y Medicamentos) optó por el mismo límite de edad, pero el asunto provocó cierto debate recientemente, puesto que contó con 17 votos a favor de entre los 22 miembros que formaron parte de este grupo independiente de expertos. Algunos optaban por no vacunar a ningún menor de 18 años. En este caso, no es una cuestión de prioridades: sencillamente, los niños no podrán inmunizarse, al menos de momento. ¿Por qué?

La falta de ensayos clínicos en esta población aconseja cautela. “El grueso de los estudios de Pfizer y BioNTech se ha realizado a partir de los 18 años, con solo unos pocos voluntarios de 16 y 17, pero se asume que los resultados de la población adulta joven son aplicables a partir de los 16”, explica a Teknautas Ángel Hernández Merino, miembro del Comité Asesor de Vacunas de la Asociación Española de Pediatría (CAV-AEP). “Por razones de prudencia, a los niños siempre se les deja en último lugar, los ensayos que se emprenden con ellos necesitan una base de conocimiento y de seguridad mayor”, añade.

Foto: La Puerta del Sol, esta semana. (Reuters)

En lo que afecta a España y al resto de los países de la Unión Europea, el 27 de diciembre es la fecha elegida por la Agencia Europea de Medicamentos (EMA, por sus siglas en inglés) para arrancar con la vacunación masiva. El listón también se pondrá en los 16 años. Del mismo modo, todo hace indicar que el resto de las vacunas que vayan recibiendo autorizaciones —la de Moderna es la siguiente en la lista— contarán con el mismo límite de edad, porque nadie ha incluido a la población infantil en los ensayos clínicos en fase 3.

“Una vez que en los primeros meses se compruebe que estas vacunas tienen un buen perfil de seguridad y una buena eficacia, se dará vía libre a los estudios en niños”, señala el experto. Tanto Pfizer como tres de sus competidoras (Moderna, AstraZeneca y Janssen) ya han presentado a los organismos reguladores sus planes para realizar los estudios en niños, como mínimo a partir de los cinco años. Algunos ya llevan más adelantados los ensayos en adolescentes (entre 12 y 16 años). No obstante, habrá que esperar entre seis meses y un año para tener los resultados completos.

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Foto: Reuters.

La ventaja es que el número de participantes puede ser mucho más reducido que en el caso de los adultos. En realidad, en los grandes ensayos clínicos que han dado paso a las primeras vacunas se planificaron estudios con 40.000 personas para que en el menor plazo posible se pudieran obtener resultados —es decir, un número de infectados entre los participantes estadísticamente significativo como para comparar la incidencia del covid entre el grupo de vacunados y el grupo que recibe placebo—, pero, sin esta situación de urgencia, habría sido suficiente un ensayo con muchos menos voluntarios.

Ahora, en el caso de los niños, hay menos prisas y el diseño de los ensayos clínicos infantiles podrá mejorarse gracias a la experiencia acumulada en los adultos. Una de las razones por las que es menos urgente el desarrollo de las vacunas para niños es que los menores de edad apenas sufren la enfermedad. Lo sabemos desde el inicio de la pandemia: casi no hay registros de casos graves y es probable que tampoco se infecten ni contagien el covid con tanta facilidad, aunque estos aspectos aún no se han demostrado.

¿Cuál es la explicación? En los últimos meses, numerosos estudios han tratado de aclarar desde diferentes puntos de vista por qué los menores están mejor protegidos ante el coronavirus y probablemente la respuesta sea una mezcla de distintos factores, según analizaban distintos expertos hace días en ‘Nature’.

Varias hipótesis compatibles

Los niños son contagiadores, que nadie se equivoque, lo que pasa es que tienen una clínica más leve”, explica Marcos López Hoyos, presidente de la Sociedad Española de Inmunología (SEI). Todo apunta a que uno de los principales motivos se encuentra en el comportamiento de su sistema inmunitario. “Tienen una respuesta de células T o memoria inmunológica mucho más virgen. A medida que pasan los años, irán entrenando su sistema inmunitario frente a muchos patógenos, pero a edades tempranas estos linfocitos no han estado expuestos a casi nada y cuando llega el coronavirus rápidamente inducen una respuesta”, comenta. En cambio, en los adultos, estas células ya estarían demasiado especializadas, atacando solo a los invasores que ya conocen. De alguna manera, el sistema inmunitario de un adulto está más fatigado a medida que pasan los años.

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Foto: Reuters.

Al parecer, esta buena respuesta de los niños frente al virus se centraría en la proteína S del SARS-CoV-2, la llave que abre la cerradura de los receptores ACE2 de las células para infectarlas. “Es probable que sea una respuesta más eficaz que la que ocurre en los adultos y que por eso sean más asintomáticos”, comenta el experto. Los niños producen más anticuerpos dirigidos a dicha proteína S, mientras que en los adultos abundan los anticuerpos dirigidos a otra molécula del coronavirus, la proteína de la nucleocápside, según un estudio de la Universidad de Columbia (EEUU). Este tipo de anticuerpos se generan cuando la cantidad de virus ya es muy grande, pero “son los menos protectores”.

Esa respuesta rápida y eficiente explicaría también por qué muchos menores dan negativo en la PCR incluso cuando han tenido síntomas o si han convivido estrechamente con familiares contagiados. Un estudio de Australia publicado en ‘Nature’ en noviembre ofreció esa evidencia: los autores siguieron a tres niños de una familia que tenían síntomas y cuyos padres fueron diagnosticados. A pesar de que les hicieron 11 pruebas durante 28 días, nunca dieron positivo, pero sí desarrollaron anticuerpos que evidenciaron que habían pasado la enfermedad. Por eso, los inmunólogos creen que es posible que el sistema inmunitario de los niños elimine el virus de una forma tan fulminante que sea indetectable en los hisopos.

Otra de las hipótesis que ha ganado peso es que los niños tengan una inmunidad entrenada más potente. “Se ha demostrado que algunas vacunas, como la de la tuberculosis o incluso la de la gripe, activan células de la respuesta innata, no las de memoria inmunológica específica adaptativa, sino la inmunidad natural, la primera línea de combate frente al virus”, comenta el experto. Por lo tanto, ¿tienen más inmunidad innata? Esta idea choca contra la evidencia de que sí sufren muchas otras infecciones. Sin embargo, una explicación alternativa es que esa inmunidad innata puede reforzarse a medida que reciben distintas vacunas, dentro del calendario de vacunación infantil habitual, y que esto sí sería suficiente frente al covid. Aunque no está demostrado, los expertos creen que puede ser una de las explicaciones más factibles.

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Foto: Reuters.

Una idea que también se baraja es que los niños tienen menos receptores ACE2 en las vías respiratorias y, por lo tanto, menos probabilidades de que entre el virus en sus células. Esta posibilidad sí tendría influencia en la susceptibilidad al contagio. “Todo puede contribuir y seguro que no hay un único factor, como ocurre casi siempre en biología y en medicina”, señala López Hoyos.

La excepción que confirma la regla son ciertos casos graves que se recogen como síndrome inflamatorio multisistémico. Estadísticamente, los casos son muy pocos y los expertos se inclinan por la posibilidad de que tengan una explicación genética. “Ya sabemos que, en general, la genética tiene su importancia en el covid y también podría ocurrir con este caso”, afirma el presidente de la SEI. Para empezar, “la genética contribuye de forma clara a la respuesta inmune, algunas personas reaccionan frente a microorganismos mejor que otras”. Aunque no se sabe cuál puede ser la clave, es probable que el factor genético sea múltiple.

En cualquier caso, el retraso en la vacunación de los niños no parece que pueda tener mucha incidencia en ellos, pero ¿tendrá alguna consecuencia para la evolución de la pandemia en general? “Creo que no se va a conseguir un control de la pandemia si no se incluye a los niños”, opina Hernández Merino. En un país tan envejecido como España, la población infantil representa el 15% del total, pero en otros países puede llegar a ser casi la mitad.

En cambio, López Hoyos no cree que la vacunación infantil suponga un escollo a la hora de dar por controlada la pandemia. “Entre las personas que se vacunen y las ya infectadas es probable que en 2021 superemos el 70% de inmunización” —cifra que se da como orientativa para alcanzar una posible inmunidad de grupo—, incluso sin contar con los niños. No obstante, es probable que los ensayos clínicos infantiles ya hayan dado frutos a finales del año que viene y se pueda completar la inmunización en este grupo poblacional.

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