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Ómicron pospone la vuelta a la normalidad: la libre circulación del virus aún es un riesgo
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¿HASTA CUÁNDO LAS MEDIDAS?

Ómicron pospone la vuelta a la normalidad: la libre circulación del virus aún es un riesgo

Si nos vamos a contagiar todos, ¿por qué no hacerlo ya? Los expertos alertan contra la idea del contagio masivo porque el sistema se puede saturar y el riesgo individual persiste

Foto: Militares de inmunización comienzan a vacunar en hospitales valencianos. (EFE/Juan Carlos Cárdenas)
Militares de inmunización comienzan a vacunar en hospitales valencianos. (EFE/Juan Carlos Cárdenas)
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La pandemia que conocimos ya no existe. Una nueva etapa se abre paso, marcada por tres cambios importantes: la variante ómicron, que multiplica la incidencia por su extraordinaria facilidad de transmisión; la imposibilidad de imponer restricciones duras, debido al hartazgo social y la necesidad de relanzar la economía, y una amplia cobertura vacunal, que convierte la gran mayoría de los casos en leves. La suma de todos estos factores dibuja un escenario diferente, pero plantea el mismo reto que teníamos hace casi dos años: evitar el colapso de los hospitales.

Sin embargo, todas estas transformaciones abren el debate sobre cuál debe ser la estrategia a partir de ahora. Quienes aún se han librado del covid asumen que la nueva variante hace cada vez más difícil esquivar el virus. “Al final, nos vamos a contagiar todos”, repetimos machaconamente, conscientes de que las consecuencias serán leves para la inmensa mayoría de los vacunados. En Israel, las autoridades se han atrevido a plantear la cuestión hace unos días: ¿por qué no admitir que vamos hacia un modelo de contagio masivo, dejar de aplicar medidas, abandonar el seguimiento de los casos y tratar solo los que se compliquen?

Foto: Realización de PCR en La Coruña. (EFE/Cabalar)

La idea de dejar que el virus circule libremente hasta que casi toda la población se contagie nos devuelve al inicio de la pandemia, cuando algunos países (especialmente Suecia y el Reino Unido) barajaron esa posibilidad, en busca de la inmunidad de grupo, hasta que el estrés del sistema sanitario y la insoportable cifra de muertes demostraron que era un error. Sin embargo, muchas cosas han cambiado, principalmente, la rápida propagación y la protección de la población por medio de las vacunas. Ambas podrían ser argumentos a favor del contagio masivo: además de inevitable, infectarse implicaría un menor riesgo.

Algunas estimaciones sitúan el índice de reproducción de ómicron (R0, el número de personas a las que contagia cada infectado) en 10, pero otros estudios lo elevan hasta 18 (el triple que delta, que ya era mucho más transmisible que el virus original). En estas condiciones, favorecidas por los asintomáticos y la rapidez con que empieza a ser contagioso cada infectado, el virus parece imparable. Por otra parte, con el paso de las semanas se confirma que el porcentaje de casos graves es ahora muy inferior. Aunque se ha especulado con que la nueva variante puede ser más leve, la mayor certeza es que las vacunas están haciendo su trabajo en la protección frente a la enfermedad leve.

El sistema sigue en riesgo

El problema es que, al unir estos dos factores, el resultado es el mismo que antes: no nos hemos librado del riesgo del colapso hospitalario. Una baja probabilidad de tener casos graves, pero con una incidencia muy alta, acaba por notarse igualmente en los ingresos en planta y en UCI, tal y como empieza a comprobarse. “Se pueden explorar muchos escenarios, pero no creo que la situación actual permita considerar la 'libertad' de contagio como una estrategia sensata, ni siquiera en Israel, aunque tiene una población muy joven”, afirma en declaraciones a Teknautas Salvador Peiró, especialista en Medicina Preventiva y Salud Pública de la Fundación para el Fomento de la Investigación Sanitaria y Biomédica (Fisabio).

placeholder Paciente de covid en el Reino Unido. (EFE)
Paciente de covid en el Reino Unido. (EFE)

Aún se desconoce cuál puede ser la dimensión de la sexta ola, pero puede que tan solo esté empezando, sobre todo desde el punto de vista de las hospitalizaciones. En ese escenario, “tener todos los casos de golpe no me parece una buena idea”, afirma, “aunque obviamente estamos mucho mejor que antes de la vacunación, la situación dista de ser tranquila”. En muchos países de Europa ocurre lo mismo, aún no se ve el techo, “salvo en los que pusieron restricciones serias como Austria y Alemania”, apunta.

“Parece un 'déjà vu' del inicio de la pandemia”, lamenta Pedro Gullón, epidemiólogo de la Universidad de Alcalá. Plantear que el virus circule libremente, como si no provocara más que un catarro, implica “un desconocimiento de la dinámica poblacional del virus: aunque individualmente para ti el riesgo sea muy pequeño, si todo el mundo lo coge a la vez, el problema será enorme”. En este momento, los niveles de ocupación hospitalaria ya son superiores a los que causan las peores temporadas de gripe y dicha ocupación se está produciendo incluso manteniendo medidas como las mascarillas. Si no hubiera medidas de ningún tipo, el impacto “podría ser mayor de lo que tuvimos en la primera ola”.

Además, desde el punto de vista colectivo, no solo hay que tener en cuenta el funcionamiento del sistema sanitario, sino el de toda la sociedad. Ya en la actualidad los servicios esenciales tienen mucha menos capacidad de realizar sus respectivos trabajos por la gran cantidad de bajas. “Ante la hipótesis de un contagio masivo, ¿quién se encargará de ofrecer los servicios públicos y de cuidados?”, se pregunta el epidemiólogo.

Foto: Foto: EFE/Antonio Lacerda.

Infectarse sigue siendo una mala idea

Por otra parte, los expertos consideran que plantear un contagio masivo parte de una idea equivocada. “¿Para qué serviría?”, se pregunta Gullón. “Pensábamos que una persona infectada no iba a volver a tener la enfermedad y es verdad que se reducen las posibilidades de estar grave, pero ahora sabemos que hay muchísimas personas reinfectadas. No se trata de que si nos contagiamos todos, se acabó”, advierte. Los expertos recuerdan que pueden surgir nuevas variantes y que, de hecho, es más probable que el virus mute cuando hay mucha transmisión.

En ese sentido, “no sabemos qué efecto pueden tener las reinfecciones repetidas, probablemente no haya ninguno, pero lo desconocemos”, comenta Miguel Marcos, médico internista del Hospital Universitario de Salamanca. Del mismo modo, está el problema del covid persistente: síntomas que permanecen a lo largo del tiempo en pacientes que aparentemente han superado la enfermedad. “Los estudios aún son escasos, pero apuntan a que los síntomas de los vacunados son más leves y duran menos. Aun así, la protección frente al covid persistente no es completa”, comenta.

En cualquier caso, “no hay ninguna enfermedad en la que nos dé igual contagiarnos que no, nadie quiere estar enfermo ni tiene sentido, porque puedes tener síntomas molestos o se pueden complicar”. Además, “en este preciso instante es posible que no recibas una atención adecuada porque los centros de salud están saturados”. Por eso, carece de sentido abandonarse al contagio. En todo caso, si fuera inevitable, mejor cuanto más tarde. Un ejemplo es la llegada de nuevos tratamientos, como el antiviral Paxlovid, la pastilla de Pfizer que estaría indicada para prevenir la enfermedad grave una vez que se confirma el diagnóstico.

placeholder Cabalgatas con mascarilla en Valladolid. (EFE/Nacho Gallego)
Cabalgatas con mascarilla en Valladolid. (EFE/Nacho Gallego)

El momento de la transición

En cualquier caso, más tarde o más temprano habrá que cambiar de estrategia. “El verdadero fin de la pandemia llegará cuando dejemos de tratar el covid como algo excepcional, porque ya no genere colapsos ni alarma social”, comenta Gullón. En su opinión, esta ola va a suponer un verdadero test para conocer qué impacto genera ahora el covid y es probable que en los próximos meses dejemos de realizar un seguimiento de los casos individuales y pasemos a tener “una vigilancia más parecida a la de la gripe”. Es decir, que se pasaría a un modelo distinto, en el que se tratarían los casos graves (previsiblemente, pasarían a ser un número muy reducido) y en el que ya no habría pruebas generalizadas, solo se llevarían a cabo algunas para tener estadísticas representativas.

“Sería un cambio enorme en la forma en que manejamos la pandemia, sin tratar de llegar al 100% de los casos ni realizar cuarentenas”, señala el epidemiólogo. Si las próximas olas no llegan a suponer un peligro de alta ocupación hospitalaria, estaríamos en condiciones de prescindir definitivamente de las medidas no farmacológicas. Sin embargo, “los cambios hay que hacerlos con la mayor tranquilidad del mundo”, no en medio de esta sexta ola.

En cualquier caso, esa transición ya está en marcha, forzada por las circunstancias. “Algunas comunidades han tenido que abandonar el rastreo de contactos o han tenido que centrarse en hacer pruebas en casos con síntomas más graves, pero esto ha ocurrido por desbordamiento, no por planificación”, señala el experto. De hecho, “esto refleja la pérdida de control sobre esta ola, son medidas posibilistas, lo que es más práctico en estos momentos”, señala Marcos.

Foto: Una farmacéutica muestra el último test de antígenos que tiene disponible a la venta en su farmacia de Madrid. (EFE/Fernando Villar)

En un futuro, “de la pandemia pasaremos a una situación endémica”, vaticina el médico internista. Sin embargo, alcanzarla implica que la enfermedad sea más leve debido a la evolución del propio agente infeccioso (una variante más leve, como podría ser la propia ómicron) o por un alto grado de inmunidad entre la población. Ahí se plantea otra cuestión: “¿Cuánta inmunidad confiere ómicron tanto en duración como en intensidad? Si dura mucho tiempo y la protección es aceptable frente a enfermedad grave, no tendremos una pandemia como la conocemos, pero si sigue provocando casos graves, seguiremos teniendo picos todos los años”.

Algunos expertos consideran que, a medida que pasa el tiempo, la vacunación y los contagios reducirán la incidencia de la enfermedad grave. En cualquier caso, si Israel u otro país optaran por la estrategia de dejar que el virus circule, “habrá que valorar su experiencia e interpretarla en nuestro entorno”, apunta Peiró. No obstante, “parece que en España, sin que sea un plan, sino más bien una improvisación diaria, estamos apostando por esa misma estrategia combinando alta incidencia y medidas retóricas como las mascarillas al aire libre o el pasaporte covid en lugares hacinados, reduciendo las medidas de control más efectivas”.

La pandemia que conocimos ya no existe. Una nueva etapa se abre paso, marcada por tres cambios importantes: la variante ómicron, que multiplica la incidencia por su extraordinaria facilidad de transmisión; la imposibilidad de imponer restricciones duras, debido al hartazgo social y la necesidad de relanzar la economía, y una amplia cobertura vacunal, que convierte la gran mayoría de los casos en leves. La suma de todos estos factores dibuja un escenario diferente, pero plantea el mismo reto que teníamos hace casi dos años: evitar el colapso de los hospitales.

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