Sismicidad en el sur y parones bruscos: estos son los escenarios que esperan en La Palma
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QUÉ PASARÁ A CORTO PLAZO

Sismicidad en el sur y parones bruscos: estos son los escenarios que esperan en La Palma

El breve parón en la actividad del volcán y el cambio en la sismicidad, localizada más al sur, llaman la atención de los científicos, pero no esperan grandes cambios a corto plazo

Foto: Nuevas bocas y una mayor explosividad obligan a más evacuaciones en La Palma. (EFE)
Nuevas bocas y una mayor explosividad obligan a más evacuaciones en La Palma. (EFE)

El volcán de La Palma está vivo y cambia con el paso de las horas. La erupción, la actividad sísmica relacionada con ella y sus efectos varían, pero no hay cambios significativos a pesar de que este lunes, durante algunos instantes, parecía que sí. La emisión de lava, humo y cenizas se detuvo de forma brusca. Sin embargo, no tardó en reanudarse, frustrando las esperanzas de los más optimistas. ¿Una pequeña siesta sin mayores consecuencias o un indicio de que algo puede estar cambiando?

Por otra parte, en las primeras horas del día nuevos terremotos llamaron la atención de los científicos, sobre todo por su localización. Fue un enjambre sísmico compuesto por 16 temblores que se registraron a una profundidad de entre nueve y 13 kilómetros, y al sur del actual volcán, más próximos al municipio de Fuencaliente y al volcán de Teneguía, que entró en erupción en 1971. Como viene siendo habitual, son seísmos que apenas llegan a ser percibidos, aunque en este caso todos han superado la magnitud 2, así que pueden indicar novedades. ¿Motivo para preocuparse o una parte más del complejo proceso que acompaña a la erupción?

Foto: Octavo día de erupción en La Palma. (EFE)

Los expertos son muy prudentes. En general, consideran que nada de lo que está pasando es extraño y de momento no prevén cambios significativos en la erupción, aunque tampoco los descartan por completo. Un pequeño taponamiento en las bocas de emisión podría explicar el parón, así como una falta temporal de magma, que rápidamente se habría recargado. Sí es cierto que los nuevos terremotos al sur de la isla añaden algo de inquietud. ¿Podría llegar a salir la lava en una nueva localización? O, por el contrario, ¿se trata de reajustes del terreno que nos acercan al final? Lo más probable, según la mayoría de los geólogos, es que ni una cosa ni la otra: es previsible que la erupción aún se prolongue durante bastante tiempo alternando fases de mayor y menor intensidad.

“Esta dinámica es normal”, asegura en declaraciones a Teknautas José Luis Barrera, vulcanólogo del Ilustre Colegio Oficial de Geólogos. Hay que tener en cuenta que el tipo de erupción típica de Canarias, denominada estromboliana, nunca es uniforme. En su opinión, la situación provocada por el volcán submarino que emergió junto a la isla de El Hierro, en 2011, fue muy similar incluso en las variaciones del tremor volcánico, es decir, en los temblores causados por el movimiento del magma. De hecho, se llegó a registrar un parón muy parecido al que se ha vivido en La Palma: cuatro horas de inactividad cuando aún quedaban más de dos meses de erupción por delante.

Los derrumbamientos en la costa presagian cómo sería la llegada de la lava al mar

Con respecto a lo sucedido en anteriores episodios volcánicos en las islas, lo cierto es que “no podemos estar seguros porque no había una red sísmica que realmente detectase con claridad la posición de los terremotos”, apunta el experto. Por lo tanto, “no tenemos antecedentes, pero viendo el resultado final es casi seguro que sucedió lo mismo”. Es decir, que el volcán no aparece necesariamente en la misma vertical que los movimientos sísmicos, sino que el magma va por el subsuelo hasta que encuentra una fractura por la que se cuela para salir a la superficie.

¿Un nuevo foco de emisión?

En ese sentido, lo más probable es que el último enjambre sísmico no sea más que una anécdota que no modifique el curso de los acontecimientos. Sin embargo, algunos expertos no descartan que pueda provocar una nueva fisura alejada del foco de emisión actual. “Es posible, el magma se mueve todavía en profundidad e intenta buscar una salida. Esto puede ocurrir más al sur o puede canalizarse hacia el conducto principal, que es el que tiene abierto ahora”, apunta Barrera.

placeholder El volcán, desde el mar. (EFE)
El volcán, desde el mar. (EFE)

Por el momento, es difícil saber cómo va a evolucionar ese magma en su camino hacia la superficie, pero los vulcanólogos recuerdan que la erupción actual vino precedida de temblores en la misma zona donde se ha registrado este último enjambre sísmico. Al final, el volcán emergió bastante más al norte con el resultado que conocemos. Por eso, otros expertos rechazan la posibilidad de que se produzca una erupción nueva en una localización distinta a la actual. “Los terremotos se han producido a 13 kilómetros de profundidad, así que están lejos de la superficie y se producen en el mismo sitio que antes de la erupción”, destaca Juan Rueda, jefe del Servicio de Detección Sismográfica del Instituto Geográfico Nacional (IGN).

No obstante, como responsables de vigilar la situación, los especialistas del IGN prefieren ser prudentes en sus predicciones. “Ahora mismo, la profundidad es muy importante, no hay movimientos superficiales, así que no esperamos nuevas fisuras”, coincide Rubén López, portavoz de este organismo, al menos “a corto plazo”. El hecho de que se haya desplazado la sismicidad más al sur de lo que se venía registrando en los últimos días puede tener que ver “con la intrusión de material o el aporte que se esté produciendo a esas profundidades, pero realmente no podemos saber qué ha pasado”.

¿Hacia un final?

De hecho, otra posibilidad es que nos estemos acercando al final del episodio volcánico. Si el magma disponible se agota, se enfría y no recibe nuevas aportaciones, podríamos estar ante el principio del fin. El breve parón de la actividad y otros indicios, como el incremento en la expulsión de cenizas en detrimento de la cantidad de lava, podrían apuntar en esa dirección. “Cuando se acaba una erupción, sigue durante un tiempo la expulsión de gases con algunas cenizas y eso es lo que está pasando ahora”, comenta Barrera. En su opinión, “la cámara magmática que ha estado surtiendo la erupción hasta ahora debe estar medio vacía, pero el volcán sigue activo”. De hecho, “para emitir gases y cenizas no necesita tener mucha lava”.

placeholder Lava descendiendo de las bocas. (EFE)
Lava descendiendo de las bocas. (EFE)

Sin embargo, eso no quiere decir que se vaya a apagar próximamente. Los científicos se inclinan por pensar que lo ocurrido este lunes no es más que una pausa mientras el sistema se reactiva. “Es como tener una caldera de agua en casa, se puede agotar, pero luego se rellena”, comenta el experto del Ilustre Colegio Oficial de Geólogos. Así que “el escenario es el mismo, la única incógnita está en saber si se va a apagar el volcán o se va a reactivar nuevamente”. Entonces, ¿existe la posibilidad de que el proceso esté llegando al final apenas nueve días después de iniciado?

El Instituto Volcanológico de Canarias (Involcan) ha explicado en las últimas horas que se está produciendo una deflación (menor deformación del terreno), lo que indicaría “una disminución de la presión en el sistema magmático de Cumbre Vieja”. El problema es que puede ser un fenómeno temporal. “Todo depende de que el nuevo magma encuentre una salida”, insiste Barrera y, precisamente, si se producen terremotos de gran magnitud es posible que contribuyan a abrir las grietas que necesita. En realidad, es muy difícil saber qué influencia tiene cada factor, porque son muchos y, por lo tanto, también es poco probable que todo vuelva a la calma en un plazo corto de tiempo.

¿Seguiremos igual?

Por todo ello, a pesar de los vaivenes, es muy probable que el proceso se prolongue durante bastante tiempo de una forma muy similar a lo que hemos visto hasta ahora. Según explica Rueda, los terremotos no se traducen directamente en la expulsión de materiales por parte del volcán. Sin embargo, el hecho de que se registre actividad sísmica a gran profundidad, como es el caso del enjambre sísmico cercano a Fuencaliente, podría indicar “una realimentación de material”. Por eso, su conclusión es que “esto no ha terminado”. De hecho, “durante el rato que ha cesado la fase de emisión, el volcán seguía manifestando actividad, es normal que la fase eruptiva haga este tipo de cosas”.

La lava arrasa el centro de Todoque

El geólogo del IGN considera que la situación actual no va a modificarse a corto plazo. “El escenario no puede cambiar, estamos hablando de geología, no es un partido de baloncesto, los tiempos son mucho más largos y esto va a continuar”, afirma. El hecho de que otras erupciones históricas en el archipiélago hayan durado bastantes semanas e incluso varios meses refuerza la idea de que todavía queda mucho por delante.

Javier Almendros González, investigador del Instituto Andaluz de Geofísica y Prevención de Desastres Sísmicos, perteneciente a la Universidad de Granada, acaba de instalar un nuevo equipamiento para tratar de mejorar la recogida de datos. “Es una antena sísmica, un conjunto de sismómetros que nos permite hacer un análisis detallado de la propagación de las ondas sísmicas para entender dónde y cómo ocurren algunos procesos”, comenta. La idea es que pueda transmitir datos en tiempo real, aunque de momento la ceniza está dificultando la llegada de información.

Foto: La lava llega al mar en una zona de acantilados en la costa de Tazacorte. Foto: EFE.

Al estudiar los movimientos que se producen durante el proceso eruptivo, este investigador y su equipo pretenden averiguar cómo se desplaza el magma y los conductos por los que pasa, lo que ayudaría a interpretar lo que está sucediendo. “Algunos terremotos volcánicos se producen cuando hay fracturas en el edificio volcánico por el empuje del magma, pero también hay vibraciones continuas que ocurren por la circulación del magma y los gases, y esto es más difícil de investigar”, explica.

Según recuerda Almendros, la sismicidad tiene un carácter precursor de los acontecimientos en función de la profundidad. Durante la semana previa, se estuvieron registrando terremotos a unos 15 kilómetros de profundidad, pero poco a poco fueron acercándose a la superficie. “Si empiezan a ocurrir terremotos más profundos”, como es el caso de los de Fuencaliente, “puede ser un indicio de que las zonas activas se alejan, pero esto no quiere decir que se vaya a detener la erupción, porque puede ser un proceso de recarga y que venga otra bolsa de material para seguir alimentando la erupción”. En cualquier caso, las erupciones son inestables y dependen de la aparición de nuevas bolsas de magma, que pueden alimentar el proceso o detenerse antes de alcanzar la superficie.

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