Un muro de arena y bloques de hormigón: ¿es posible frenar el avance de la colada del volcán?
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Es poco, pero algo se puede hacer

Un muro de arena y bloques de hormigón: ¿es posible frenar el avance de la colada del volcán?

Bomberos y otros grupos que trabajan en la erupción de La Palma aprovechan el parón de la lava para cavar zanjas y levantar muros. Pero ¿es posible hacerlo?

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Es uno de los aspectos más duros de asumir y que lo diferencian de otros fenómenos, nadie puede parar a un volcán. Las características de su erupción impiden cualquier defensa o contraataque de los humanos para intentar frenar el desastre o manejar su efecto. No se puede evitar que aparezca, no se puede evitar que siga lanzando lava y gases, solo queda dejarle paso y esperar a ver las consecuencias. Pero en La Palma, como en muchas otras zonas que han vivido el rugido de uno de estos montes de lava, no se quieren resignar del todo. Aprovechando el parón de su avance en su colada principal, ahora trabajan a destajo para intentar desviar o frenar, aunque sea un poco, el avance imparable de la colada. Pero ¿sirve de algo? Esto dicen expertos y casos anteriores.

La idea en la isla, lanzada por el cuerpo de Bomberos de Gran Canaria que trabaja en la zona, nace aprovechando los comentarios de algunos vulcanólogos y las experiencias de otros eventos parecidos, pero no es nada sencillo. Pasa, según explican, por crear un muro de arena y piedra que sirva como contención y hasta usar bloques de hormigón para ayudar en la tarea. "Por intentarlo que no quede" es el lema que están utilizando para defender esta acción, pero la idea no gusta a todos los expertos. El plan que coordina las actuaciones lo ha aprobado, sin embargo el alto coste de esta acción y las poquísimas posibilidades de éxito hacen que muchos duden de su idoneidad. Y no es solo un debate en este evento.

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El de Cabeza de Vaca es solo el último volcán de los tantos que han explotado en el mundo durante siglos y han afectado a zonas pobladas. Por eso, hay experiencias de sobra en las que se han intentado diferentes estrategias para evitar que el volcán arrase con todo o, al menos, paliar algo ese resultado. Sobre todo a partir de los años 30. Eso sí, ninguna ha llegado a tener un resultado demasiado prometedor. De bombardear las bocas del volcán para intentar abrir nuevas salidas que muevan la lava en otra dirección al uso de explosivos para intentar enterrar la colada. Se ha intentado de todo, pero no es sencillo y tiene un gran coste.

Aquí, los propios bomberos han destacado los problemas de una operación de este tipo. Se tiene que usar maquinaria pesada, exprimir al máximo este tipo de vehículos y contar tanto con operadores como con una cantidad ingente de material. En el caso de La Palma, además, hay carreteras afectadas y una orografía peculiar que dificulta aún más el aprovisionamiento de este tipo de recursos. La lava tiene una altura de hasta 12 metros en algunos puntos de la colada y una anchura de hasta 500, por lo que necesitas levantar una estructura que al menos iguale esas medidas, y cavar zanjas o lo que sea posible para aguantar el golpe de un magma a más de 1.000 grados y que empuja sin cesar. Eso sí, tienen un plan claro, y es encauzar la lava por un solo punto usando los muros.

Para expertos como el vulcanólogo del Ilustre Colegio de Geólogos, José Luis Barrera, es lógico y normal que prueben y piensen en medidas, pero hay que tener claro que es casi imposible lograr algo importante con esto. "Se ha intentado también en Italia, en Islandia o en Hawái. Es complicado porque el volcán tiene una fuerza que no puedes frenar, pero en algunas ocasiones sí se ha conseguido desviar algo o encauzar una parte. Movimientos pequeños y muy concretos, nada exagerado".

Si buscamos entre las opiniones dadas en otras ocasiones por los expertos, encontramos discursos tan críticos como el de Shannon Nawotniak, geóloga de la Universidad Estatal de Idaho (EEUU), que en conversación con la BBC en 2018, hablaba de un "índice de éxito espectacularmente pobre" para frenar la impetuosidad volcánica. Según esta experta, el pequeño éxito de estas intentonas depende del lugar, el momento y la situación en la que se encuentre la erupción. Se deben cumplir muchos factores para que sirva para algo, aunque lo que sí puedes hacer normalmente es ralentizar el paso de la lava.

Medidas más que limitadas

Entre los casos más famosos en los que el hombre ha conseguido parar o frenar el paso del magma, Barrera recuerda uno que incluso llegó a las pantallas con un documental: el volcán Eldfell, que amenazaba al pueblo islandés de Vestmannaeyjar y, lo más importante, su puerto. Vecinos y autoridades hicieron todo lo posible para que este volcán que rompió en 1973 no se llevase por delante su principal método de vida. Sin el puerto, este archipiélago de las islas Vestman perdía su sustento vital y viendo que la colada se acercaba probaron una última medida desesperada. Rociaron la cabeza de la colada con agua marina durante cerca de 5 meses, la lava se fue enfriando y evitaron que avanzara más.

Esta historia de éxito tiene truco, porque la lava estaba prácticamente parada cuando llegó al puerto, su avance era particularmente lento y tenían literalmente al lado una fuente de agua inagotable. "Al regar la lava consigues que esta se enfríe, pero puede no servir, ya que la lava puede seguir a altas temperaturas en el interior de la colada y seguir creciendo. Necesitas tener al lado el agua y tener la posibilidad de bombear continuamente para evitar que avance lo más mínimo", señala Barrera.

Los bomberos canarios también pensaron en esta opción para La Palma, pero la lava sigue lejana al mar, a más de 2,5 kilómetros, y necesitarías unas bombas excesivamente potentes. Por ello han optado por los muros, una opción que ya funcionó, en parte, en el Etna en 1983. La lava consiguió superar el primer muro, pero se encauzó en el segundo, evitando que esta llegase a un importante núcleo poblado. Uno de esos muros, debido a la lava ganó hasta 2 metros de altura. ¿Puede funcionar de nuevo? Todo depende, otra vez, de las características particulares. En Islandia, por ejemplo, el terreno suele ser algo más llano, y en el caso del Etna el muro solo ayudó a que la lava se quedase en la ladera adecuada, no intentaban frenar la caída o modificar su camino.

Algo que también se suele usar aunque sin demasiado éxito es el lanzamiento de bloques de hormigón sobre la lava con la idea de solidificar la lava y evitar su avance. Pero el bloque puede acabar incluso flotando sobre la mole. Por último, siguiendo esta idea, hay quien a lo largo de la historia ha intentado intervenciones más violentas: bombardeos o uso de explosivos. Tanto en las cercanías del Etna como en Hawái se ha probado con estas opciones, sin demasiado éxito, aunque se sugirió que con armas más nuevas podría funcionar mejor.

placeholder Imagen de la colada de La Palma. (Reuters)
Imagen de la colada de La Palma. (Reuters)

El propio George R. Patton, un héroe de la Segunda Guerra Mundial, fue el encargado de montar la campaña de bombardeo del volcán Mauna Loa, en Hawái, el más grande de la Tierra, cuando entró en erupción en 1935. Se buscaba reventar los túneles de lava que corren bajo la superficie y hacen que la colada corra, pero a pesar de que las bombas llegaban a su objetivo, en seguida volvían a llenarse de lava. En el Etna probaron con explosivos para abrir zanjas y cráteres que ralentizaran el camino del volcán, con un resultado similar.

Y todo esto lleva a una reflexión que hacía Shannon Nawotniak y que también se debate en La Palma: ¿es útil gastar todos estos recursos en algo casi imposible pudiéndolos guardar para ayudar tras la erupción? "Debes vivir en un país rico con mucho que perder para considerar la opción del desvío de lava", terminaba Nawtniak.

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