¿Arrasados o recuperables? Qué pasará con los terrenos devastados por el volcán de La Palma
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¿Volver a construir viviendas?

¿Arrasados o recuperables? Qué pasará con los terrenos devastados por el volcán de La Palma

Los expertos están atentos al tipo de lava para anticipar cómo será la regeneración del terreno, pero no prevén que se pueda cultivar "en 20 o 30 años"

Foto:  Una colada de lava provocada por la erupción que comenzó el 19 de septiembre en La Palma se desplaza por el bario de Todoque. (EFE)
Una colada de lava provocada por la erupción que comenzó el 19 de septiembre en La Palma se desplaza por el bario de Todoque. (EFE)

Viviendas, carreteras, cultivos e infraestructuras del sureste de La Palma están siendo arrasadas por la lava procedente del volcán de Cumbre Vieja. Todavía es pronto para saber cuánta extensión quedará devastada (ya van más de 100 hectáreas consumidas), pero los daños naturales y materiales serán más que cuantiosos. La colada, que alcanza una altura media de seis metros, acaba con todo y muchos comienzan a preguntarse si será posible recuperar el terreno. Las casas, los campos y las vías de comunicación desaparecen a su paso. ¿Volveremos a verlas algún día?

Varios científicos del Instituto de Productos Naturales y Agrobiología (IPNA-CSIC), de Santa Cruz de Tenerife, están en La Palma para recoger 'in situ' muestras de lava y cenizas, porque las características de estos materiales recién expulsados por el volcán marcarán el futuro de la zona. “Generalmente, en los terrenos que son ocupados por las lavas no suelen reubicarse ni edificaciones ni cultivos, por lo menos a corto plazo”, explica a Teknautas Manuel Nogales, miembro de este centro de investigación y delegado del CSIC en Canarias, que desde hace pocas horas está sobre el terreno analizando el impacto del volcán en el ecosistema.

Foto: Joan Martí Molist, director del Instituto de Geociencias Barcelona del CSIC.

Para los investigadores, lo primero es estudiar lo que está sucediendo. Los expertos ya han explicado que la erupción de La Palma es de tipo estromboliano, con momentos de cierta calma intercalados con explosiones algo más violentas pero, en cualquier caso, está produciendo una colada de un tipo muy rugoso (denominadas técnicamente lavas 'aa'), tanto que en otros lugares donde se ha solidificado este material incluso se hace difícil caminar sobre él. Estas cuestiones marcan posibles usos posteriores del terreno, aunque todavía es pronto para pensar en ello. La lava, que sale a más de 1000ºC, se enfría rápido sobre la superficie e incluso podría volverse sólida en pocos días, pero de momento el episodio eruptivo no ha hecho más que empezar y va cambiando por horas, por ejemplo, con el surgimiento de nuevas bocas.

¿Será viable la agricultura?

Tras vivir otras experiencias volcánicas en las islas Galápagos (Ecuador) y Hawái (EEUU), a través de proyectos de investigación del CSIC, Nogales asegura que lo más habitual es no intervenir. Como ejemplo, pone el volcán hawaiano Kīlauea, uno de los más activos del planeta en la actualidad: “En las inmediaciones, lo único que hay es biodiversidad natural tratando de recuperarse en la medida que es posible. De hecho, hay una sucesión interesante de especies que son más resistentes o que son primocolonizadoras”, las que primero se adaptan a los nuevos terrenos.

No obstante, los aspectos sociales y económicos de cada lugar también son determinantes. De hecho, el presidente del Gobierno de Canarias, Ángel Víctor Torres, aseguró el lunes que su ejecutivo prepara un borrador de decreto ley que permitiría “recalificar los terrenos y volver a construir las viviendas". El hecho de que la colada haya afectado a carreteras vitales para la comunicación en la isla y a infraestructuras hidráulicas, entre otras, también podría influir a favor de una reconstrucción, aunque sea parcial. Sin embargo, el delegado canario del CSIC apunta una posibilidad distinta: que la zona afectada tenga algún tipo de protección.

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(EFE)

En cualquier caso, la situación en la que quedan estos suelos “es bastante preocupante”, asegura, “hay zonas agrícolas que van a tardar muchos años en poderse cultivar si es que se dedican en el futuro a esta actividad”. Desde el punto de vista agrario, el efecto del volcán “está siendo desastroso”, lamenta. La zona del suroeste de La Palma es una de las más importantes del archipiélago canario en el cultivo de plátanos, aunque también destacan los aguacates y los viñedos. ¿Alguna vez volverán esos cultivos al lugar que está arrasando la colada? “Lo dudo, al menos en un corto plazo que no me atrevo a decir ni siquiera de cuántos años estaríamos hablando”, reconoce el experto. Por otra parte, el problema no solo está en las zonas directamente arrasadas, sino en las que se verán afectadas por los cortes en las conducciones de agua, luz y todos los servicios que requieren las explotaciones.

Los terrenos volcánicos son bastante ricos desde el punto de vista de los elementos que contiene el suelo para el cultivo. El problema es que muchos de ellos están en zonas escasas de pluviometría y de humedad. De hecho, un estudio del IPNA-CSIC realizado en 2017 sobre terrenos volcánicos de Tenerife indicaba que el 57% de la superficie presenta suelos con fertilidad limitada. “Todo depende de las características químicas de la lava y de la facilidad de trabajar el nuevo terreno. Algunas lavas ni siquiera permiten el trabajo agrícola, pero en el caso contrario tenemos los viñedos de Lanzarote”, comenta Sergio Pérez Ortega, científico del Real Jardín Botánico, en referencia a un cultivo que se ha hecho famoso en las islas y fuera de ellas por estar asentado sobre ceniza negra volcánica.

En cualquier caso, aunque todas las circunstancias fueran favorables en La Palma, harían falta “por lo menos 20 o 30 años”, según este investigador, para recuperar el terreno para las labores agrícolas. La regeneración puede ser lenta por la falta de lluvia, pero además, a corto plazo el azufre y todos los derivados tienen el efecto muy perjudicial. Por si fuera poco, “tenemos miedo de que se produzca una lluvia ácida, porque puede complicar bastante no solo los cultivos de la zona, que ya están afectados de una manera importante, sino a otros de la isla”, apunta el delegado del CSIC.

placeholder La colada arrasa el sureste de la isla. (EFE)
La colada arrasa el sureste de la isla. (EFE)

La biodiversidad, en peligro

Nogales y su equipo están estudiando también el impacto del volcán sobre la biodiversidad insular, incluidas especies dos problemas de conservación. “Hay un saltamontes endémico e incluso una planta aún no descrita para la ciencia”, destaca. Hasta este miércoles no podrán hacer una primera evaluación de cómo se encuentran tras el trabajo de campo.

Más tarde estudiarán la biodiversidad que vaya resurgiendo sobre la lava solidificada. Cuando el fenómeno eruptivo cese, habrá un proceso de colonización vegetal más o menos conocido. Todo comenzará por los líquenes, que darán paso a plantas fanerógamas, es decir, las que tienen flor, que son la inmensa mayoría de las que conocemos. “La aparición de líquenes en un nuevo sustrato es lo que da el pistoletazo de salida y facilita la entrada a una sucesión ecológica normal”, asegura Pérez Ortega, experto en estos organismos, fruto de la simbiosis entre un hongo y un alga.

La zona arrasada por la lava en La Palma es más bien seca, así que “me da que esto va a llevar bastantes años”, apunta por su parte el biólogo del IPNA-CSIC. En ese proceso, “vamos a estar pendientes de si esa colonización se produce a partir de la biodiversidad original. Tenemos que tener cuidado por si hay plantas exóticas invasoras que puedan introducirse”, comenta. En La Reunión, una isla africana que pertenece a Francia, se están introduciendo plantas del género 'Casuarina', originarias de Australia, que están causando estragos en lavas de vulcanismo muy reciente. De hecho, en La Palma, los biólogos ya están preocupados por otra planta invasora conocida como rabo de gato ('Pennisetum setaceum') y temen que esta puede ser una oportunidad para que comience a ocupar el terreno asolado por el volcán y la colada.

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