Gases tóxicos y nuevos sismos: los riesgos del volcán de La Palma tras la erupción
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inquietud entre los científicos

Gases tóxicos y nuevos sismos: los riesgos del volcán de La Palma tras la erupción

Las evacuaciones ponen a salvo las vidas humanas, pero los científicos están atentos a la evolución de la colada de lava y a efectos secundarios como la expulsión de gases

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Foto: EFE.

La naturaleza llevaba días avisando, así que, cuando se produjo la erupción en La Palma este domingo, todo estaba listo para evacuar a la población. El desplazamiento de 5.000 vecinos de los municipios de El Paso, Los Llanos de Aridane y Tazacorte parece garantizar que no habrá daños personales directos por el avance de la lava. Sin embargo, los científicos mantienen la vigilancia para averiguar cómo pueden evolucionar la erupción, los movimientos sísmicos y del terreno que la siguen acompañando, qué está pasando con los gases, por dónde irá la colada de lava o cómo se verán afectadas las infraestructuras.

De hecho, en la última erupción que tuvo lugar en esta isla canaria, hace exactamente 50 años, las crónicas hablan de una muerte por inhalación de gases. Un fotógrafo tuvo que ser ingresado en el hospital, intoxicado por lo que tuvo que respirar cuando se acercó a registrar el acontecimiento, y no se pudo hacer nada por salvar su vida. En las primeras horas de este nuevo episodio volcánico ya se registraron unas 20.000 toneladas de dióxido de azufre, según los científicos, además de vapor de agua, CO₂, cloro, mercurio, magnesio, flúor, bromo y arsénico. ¿Hay algún riesgo para la población?

Foto: El Cumbre Vieja en plena erupción volcánica en La Palma. (Reuters)

Los expertos hablan de una erupción estromboliana (el origen del nombre está en la isla italiana de Estrómboli, donde se ha caracterizado muy bien este fenómeno), lo que implica que se produce de forma explosiva y, además de lava, salen disparados fragmentos sólidos de material volcánico, llamados piroclastos, y gases. Los materiales más pesados están alcanzando unos cientos de metros de altura, pero “los gases que salen con las partículas más finas, las cenizas, forman una columna que llega hasta entre uno y tres kilómetros de altura”, explica a Teknautas José Mangas, catedrático de Geología de la Universidad de Las Palmas de Gran Canaria y miembro del Instituto de Oceanografía y Cambio Global.

Aunque pueda parecer mucho, es una altura relativamente discreta, lejos del límite en que circulan los aviones, de manera que no se ha tenido que cerrar el espacio aéreo. De hecho, las erupciones estrombolianas no son las más peligrosas. Las columnas de cenizas de una erupción pliniana, como la que destruyó Pompeya en el año 79 d. C. tras la entrada en acción del volcán Vesubio, pueden alcanzar los 30 kilómetros de altura. Tampoco tiene nada que ver con las erupciones hawaianas, en las que la lava fluye constantemente, como se ha podido ver en Islandia.

En este caso, aunque el poder destructivo es menor, todo es más regular e imprevisible, incluida la emisión de gases. “Algunos son bastante tóxicos y en las zonas muy cercanas pueden llegar a ser nocivos”, comenta Daniel Barreña, geólogo de la Universidad de Salamanca. Si ese tipo de contaminación alcanzase zonas aún no evacuadas, “lo primero que sentiría la población es irritación de las mucosas, sobre todo por el alto contenido en óxidos de azufre y otros gases irritables”.

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Foto: EFE.

Para evitar ese peligro o el posible alcance de los piroclastos, las autoridades han fijado un radio de exclusión de dos kilómetros. Los expertos consideran que debería ser suficiente, aunque también hay que estar atentos a las condiciones meteorológicas, especialmente a cómo se va a comportar el viento y qué influencia tendrá en el desplazamiento de los gases. “Aquí predominan los alisios, así que es probable que las cenizas se desplacen hacia el sur”, apunta Mangas, lo que dejaría a salvo gran parte de la isla. Por otra parte, “el material más pesado, piroclastos y escorias, lo va a dejar muy cerca de la zona de emisión”, así que tampoco supondría un gran problema.

El camino de la lava hacia el mar

En cualquier caso, todo “va a estar cambiando continuamente”, precisamente por el carácter imprevisible de este tipo de fenómeno, ya que en la zona de erupción “ahora tenemos dos fisuras y ocho bocas, pero mañana una fisura podría cerrarse a la vez que se crean otras nuevas, y las bocas podrían concentrarse en una o dos”, apunta el experto. Esas variaciones, propias del proceso eruptivo estromboliano, en los próximos días irán “edificando un cono volcánico que va a sobresalir en aquel paisaje y que antes no estaba”.

Los vecinos de La Palma viven con angustia la erupción del volcán

Desde allí, en su camino hacia el mar a un ritmo de 700 metros por hora, también irán modificando el paisaje. “Vamos a tener barrancos que se van a llenar de colada y que van a desaparecer porque el magma es un líquido y va por ellos hasta llegar al mar”, comenta. Al fin y al cabo, “el líquido magmático es un fluido, así que se va a desplazar siempre de mayor a menor cota”. A partir de la erupción de El Hierro en 2011, los planes de emergencia se generalizaron en las islas Canarias e incluyeron la creación de modelos sobre la trayectoria de las coladas. Así, un estudio de la Universidad de La Laguna realizado el año pasado ofrecía una serie de posibles trayectorias en función del lugar concreto de erupción y alguno de los escenarios incluidos se parece mucho al actual.

En cualquier caso, está claro que “al bajar hacia el mar va a encontrarse con puentes y carreteras que van a quedar inutilizados”, comenta Mangas, además de los cientos de casas que ya han sido arrasadas. En su opinión, “los daños serán graves, porque esto no es una simple precipitación de lluvia que se arregle después con una pala excavadora. La colada es de grandes dimensiones y arrasará con postes eléctricos, cables de telefonía y tuberías de agua, que son de PVC, así que en algunas zonas se quedarán sin agua potable”. Las pérdidas van a ser importantes a lo largo del tiempo.

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Foto: EFE.

Además, hay que tener en cuenta que “el fenómeno puede cambiar en función de la composición del magma que está alimentando la erupción y de las rocas que se van a formar. Cuanto más sílice tenga un magma, más ácido será, y esto se traduce en una erupción más explosiva”, comenta Barreña. Sin embargo, esto hace que las lavas sean menos viscosas, lo que supone que “harán menos recorrido, quedándose más cerca del foco de emisión”. Por el momento, la lava está siendo bastante fluida, pero “hay mucho que no sabemos en La Palma, estamos aprendiendo ahora mismo”.

Terremotos y aguas

Otra posibilidad que apuntan los expertos es que la llegada al mar genere fenómenos de lluvia ácida que entre la población podrían derivar en irritaciones de garganta y de nariz. No obstante, el riesgo de contacto con el agua también se produce en tierra: “Si las aguas subterráneas se cuelan en la fisura y van a parar a la cámara magmática, podrían dar lugar a una erupción diferente, de las que llamamos hidromagmáticas, que son más explosivas y peligrosas, pero esperemos que no sea el caso”, señala el experto de la Universidad de Las Palmas de Gran Canaria. En ese sentido, algunos geólogos creen que los acuíferos se pueden contaminar y que sería necesario estimar en qué zonas.

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Foto: Reuters.

Los expertos siguen de cerca la evolución de los pequeños terremotos y de la deformación del terreno, factores que han sido clave para estar alerta desde hace días. “La deformación puede seguir durante bastante tiempo y la actividad sísmica también”, explica José Fernández, investigador del Instituto de Geociencias (IGEO, CSIC-UCM) experto en geodesia. De hecho, “en El Hierro hubo actividad sísmica hasta 2014”, tres años más tarde de las erupciones subacuáticas de hace una década.

Fernández publicó hace poco en la revista 'Scientific Reports', del Grupo Nature, un análisis sobre la detección del inicio de erupciones volcánicas en La Palma. En su opinión, el hecho de que al fin el magma haya emergido a la superficie este domingo no cambia gran cosa en lo que respecta a los sismos que anunciaban el acontecimiento. Así que no se puede descartar que siga habiendo terremotos de una magnitud importante. “Nadie sabe lo que puede pasar. Estamos llegando hasta una profundidad que está muy cerca del límite entre la corteza y el manto, pero no tenemos mucha información de qué pasa más abajo”, advierte.

Según Fernández, estamos ante una “oportunidad única” para estudiar dos fenómenos diferentes pero tan cercanos en el tiempo en Canarias. Los geólogos consideran que las nuevas tecnologías van a responder a muchas preguntas que tienen que ver con los riesgos volcánicos de las islas, pero, con respecto a esta erupción, la incertidumbre se mantiene. “Lo que tenemos ahí abajo es monstruoso, estamos hablando de kilómetros cúbicos de magma a 1.200 grados, con multitud de gases”, señala Mangas.

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