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A Putin se le complica la guerra: la artillería y los antiaéreos que pueden inclinar la balanza
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CONFLICTO A LAS PUERTAS DE EUROPA

A Putin se le complica la guerra: la artillería y los antiaéreos que pueden inclinar la balanza

Los problemas logísticos se ceban con los rusos en Ucrania. La situación puede empeorar. Los 8 HIMARS están haciendo mucho daño a los invasores y hay otros cuatro en camino

Foto: Lanzamiento de un misil AMRAAM desde un lanzador NASAMS. (Raytheon)
Lanzamiento de un misil AMRAAM desde un lanzador NASAMS. (Raytheon)
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Es muy posible que, casi sin darnos cuenta, estemos ante un momento crítico en la guerra de Ucrania. Mientras los rusos ocupan terreno poco a poco, los ucranianos reciben más y más material, sin tapujos ni medias tintas. Un material sofisticado que les está permitiendo golpear a los rusos donde más les duele y que, de seguir esta tendencia, podría llevar la guerra a ese punto de inflexión ansiado por Zelenski. El material que ahora resulta clave es artillería y antiaéreos sofisticados. Lo peor para el invasor es que los efectos de este nuevo material ya se están notando, y lo que viene es aún peor.

Foto: El lanzador Himars. (US Army)

Ya les hemos explicado hace unos días con todo detalle las claves de esta nueva artillería lanzacohetes enviada a los ucranianos. Ahora mismo, hay ocho lanzadores HIMARS operativos en Ucrania y se están haciendo notar. Casi cada noche, un depósito de municiones sale ardiendo entre enormes explosiones. Lo malo, para los rusos, es que en un nuevo paquete de ayuda norteamericano, con otros cuatro lanzadores, está en camino.

El efecto HIMARS

Para los rusos es terrible. Uno de sus puntos débiles desde el inicio de las operaciones ha sido su logística. El fallido intento de tomar Kiev supuso un golpe durísimo para una cadena logística con insuficientes medios para lo que se necesitaba, con líneas de suministro en exceso alargadas y, a la postre, con pérdidas de cientos de vehículos.

Tuvieron que recurrir a vehículos civiles —que no deja de ser un apaño— y parecía que el problema se había resuelto con el cambio de estrategia. Así fue al principio. Actuar en un frente localizado y poco profundo permite acortar las líneas de suministro. Esto supone un ritmo de entregas de material, combustible y municiones adecuado. En estas circunstancias, los grupos logísticos, que alimentan a las unidades implicadas en el combate, se pueden situar cerca del frente, a unos 10 kilómetros del mismo.

placeholder Lanzadores de cohetes HIMARS. (US Army)
Lanzadores de cohetes HIMARS. (US Army)

Más al interior, en zona segura y con buenas vías de comunicación, se sitúan las bases logísticas, donde se recibe el material de los diferentes almacenes en el interior del territorio ruso. En estas bases se concentran los suministros y de ahí se van distribuyendo a los distintos grupos logísticos, según sus peticiones y necesidades. Mientras que los grupos logísticos despliegan dispersos por su cercanía al frente, las bases suponen una gran concentración de material.

Hasta ahora, el riesgo de que fueran atacados era asumible. El brazo de la artillería ucraniana era corto y, aunque los obuses M777 que iban llegando ponían a la par ambas artillerías convencionales (las de 'tubo'), los rusos siempre podían responder y hacer fuego de contrabatería con su artillería lanzacohetes de largo alcance. La situación estaba, más o menos, controlada.

La llegada del HIMARS lo cambió todo. Con un alcance de hasta 85 km, todas estas bases quedaban a tiro de su artillería. Peor aún. Un objetivo de gran tamaño y estático es ideal para ser batido con la precisión de las salvas de seis cohetes del HIMARS. Así, actuando de noche y con total impunidad —pues no se pueden detectar hasta que abren fuego y cuando se quiere responder es tarde, porque ya se han movido—, los depósitos comenzaron a volar uno tras otro.

La respuesta rusa, que no ha trascendido demasiado, ha sido obvia: alejar las bases del frente. Si antes estas bases se podían situar a 40 o 50 km, ahora se están reposicionando a más del doble. En el frente sur, por ejemplo, las bases ahora están a distancias del frente de entre 90 y 160 km, lo que supone que los tiempos de trayecto, más operaciones de carga y descarga, se dupliquen o tripliquen según el caso.

placeholder Piezas de artillería alemanas Panzerhaubitze 2000. (Bundeswehr)
Piezas de artillería alemanas Panzerhaubitze 2000. (Bundeswehr)

Esto significa volver a repetir el infierno de las primeras semanas de guerra, con líneas de suministro estiradas, columnas de camiones moviéndose continuamente y ritmo de entrega de material por los suelos. Además, supone necesitar muchos más vehículos de transporte, lo que a su vez genera un incremento del consumo de combustible.

Para hacernos una idea del nivel de dificultad que esto entraña, baste decir que un grupo logístico que alimenta una brigada en combate puede llegar a tener que manejar entre 300.000 y 400.000 litros de combustible y unos 50.000 de agua en un periodo de unos 10-12 días. De munición y recambios, algo cuyo consumo se dispara en combate y que supone el mayor reto logístico, mejor ni hablar. Para ello se necesitan más de 400 camiones y vehículos de transporte.

Aprovechando las debilidades rusas

No se trata solo de los depósitos de munición, combustibles y material. El otro objetivo prioritario encomendado a los HIMARS han sido los centros de mando. Para esto, las capacidades ISTAR ('intelligence, surveillance, target acquisition and reconnaissance') son fundamentales para localizar y atacar ambos. Si bien los centros logísticos se suelen detectar por el tráfico de vehículos, los centros de mando suelen delatarse por su tráfico de comunicaciones. Son, por más que lo intenten, una fuente de emisiones radioeléctricas que acaban siendo detectadas.

placeholder El problema de la logística rusa y sus interminables columnas de transporte. (Reuters)
El problema de la logística rusa y sus interminables columnas de transporte. (Reuters)

En el caso ruso, además, se une la debilidad de su red de mando y control, lo que obliga a los altos mandos a tener que estar muy cerca del frente o correr el riesgo de no enterarse de nada. Si a esta debilidad en sus redes de comunicaciones le unimos la doctrina e idiosincrasia rusa de no dejar iniciativa a los mandos intermedios, nos encontramos con puestos de mando próximos al frente. Esta es la explicación de la anormalmente elevada tasa de oficiales rusos de alta graduación caídos en combate.

Los HIMARS deberían ser neutralizados por la aviación, pero ya sabemos que es el 'gran ausente' en esta guerra. La crónica incapacidad rusa por hacerse con el control del espacio aéreo, tanto de día como de noche, está permitiendo que estos ataques, en la misma 'cocina' de su entramado bélico, estén siendo tan efectivos.

Para contrarrestar estos lanzadores se deben mantener en el aire patrullas armadas que, una vez detectados los lanzamientos, realicen una misión de ataque, penetren en territorio ucraniano, localicen los vehículos y los destruyan. Pero su aviación se muestra incapaz para la tarea.

Refuerzo antiaéreo

Puede que esta situación desesperante, con ataques sistemáticos a objetivos valiosos, obligue a la aviación rusa a realizar un esfuerzo extra o asumir riesgos. Esto parece que también lo están teniendo en cuenta los ucranianos y sus suministradores occidentales, pues, en los próximos envíos previstos, se incluyen sistemas antiaéreos NASAMS e IRIS-T SL.

placeholder Lanzador de NASAMS 2 sobre camión. (Kongberg)
Lanzador de NASAMS 2 sobre camión. (Kongberg)

Los primeros (National/Norwegian Advanced Surface to Air Missile System) son un sistema desarrollado conjuntamente por la noruega Kongsberg y la estadounidense Raytheon. Son un magnífico equipo que utiliza una versión terrestre del conocido y eficaz misil aire —aire AIM-120 AMRAAM—. Está bastante extendido y España lo utiliza. Cada batería de NASAMS consta de hasta cuatro sistemas, cada uno con tres lanzadores de seis misiles más un radar Sentinel, un módulo con la dirección de tiro y otro de mando.

El equipo suministrado a Ucrania es —casi seguro— el NASAMS 2, una versión modernizada del original. Forma una muy eficaz defensa al actuar en red, de tal manera que los lanzadores, conectados entre sí por enlace de datos, se sitúan a unas distancias de 30 km unos de otros, formando una verdadera malla defensiva. El radar es capaz de detectar objetivos hasta 120 kilómetros, mientras que los misiles alcanzan entre 15 y 40 km. Está a punto de entrar en servicio una nueva versión (NASAMS 3) que podría utilizar misiles AIM-120 de alcance extendido y compaginar estos con los de corto alcance AIM-9 Sidewinder o IRIS-T.

El IRIS-T SL (Surface-Launched) es el más moderno sistema de defensa aérea del que dispone Alemania y es este país el que los envía a Ucrania. Mientras que el NASAMS utiliza misiles de guiado por radar, el IRIS-T está basado en búsqueda por infrarrojos. Los que se suministran a Ucrania serían de la versión SLM, es decir, de los de medio alcance, que son capaces de batir un avión enemigo a cerca de 40 km.

placeholder De izquierda a derecha, IRIS-T SLS, IRIS-T SLM, Dirección de Tiro y radar Master 200. (Diehl Defence)
De izquierda a derecha, IRIS-T SLS, IRIS-T SLM, Dirección de Tiro y radar Master 200. (Diehl Defence)

Ambas defensas antiaéreas, muy útiles para defender a sus HIMARS, pero no tanto para interceptar misiles, como los Iskander, supondrían una barrera que a los rusos, visto su desempeño hasta ahora, les costaría muchísimo superar. Han demostrado una incapacidad real de llevar a cabo misiones SEAD o de supresión de defensas antiaéreas, requisito indispensable para poder atacar cualquier objetivo bien defendido.

A todo esto habría que añadir la inminente entrada en acción de los blindados Guepard una vez el personal ucraniano ya ha sido adiestrado, las piezas de artillería Pzh 2000 o los recién llegados lanzacohetes M270 MRLS.

Con este nuevo material y la inteligente forma de utilizarlo que están demostrando los ucranianos —a buen seguro, bien asesorados e informados—, se entra en una fase en la que vamos a ver pérdidas rusas de depósitos de munición, centros de mando y otros objetivos de gran valor sin que apenas puedan hacer nada. Una guerra de desgaste que no pinta muy bien para Putin. La cuestión es que esta situación, aunque si bien se puede alargar, no puede seguir de manera indefinida.

placeholder Lanzacohetes M270 MLRS. (US Army)
Lanzacohetes M270 MLRS. (US Army)

O los rusos empiezan a darse cuenta de que el coste no les compensa o los ucranianos, con su economía en 'coma', dicen que ya no pueden más. Entremedias está la economía europea y occidental, el gas ruso, al que la Unión Europea —con Alemania en cabeza— ha entregado su bienestar y su bolsillo, y la crisis alimentaria que está generando todo esto.

Cuál de todos estos factores será el que fuerce un final de la guerra es lo que no sabemos. Quizá nadie lo sepa. Pero lo que es seguro es que conocer esa respuesta va a costar todavía muchas más vidas.

Es muy posible que, casi sin darnos cuenta, estemos ante un momento crítico en la guerra de Ucrania. Mientras los rusos ocupan terreno poco a poco, los ucranianos reciben más y más material, sin tapujos ni medias tintas. Un material sofisticado que les está permitiendo golpear a los rusos donde más les duele y que, de seguir esta tendencia, podría llevar la guerra a ese punto de inflexión ansiado por Zelenski. El material que ahora resulta clave es artillería y antiaéreos sofisticados. Lo peor para el invasor es que los efectos de este nuevo material ya se están notando, y lo que viene es aún peor.

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