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El brutal despliegue logístico de Rusia a las puertas de Europa es su gran talón de Aquiles
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No es un bluf

El brutal despliegue logístico de Rusia a las puertas de Europa es su gran talón de Aquiles

Rusia ha llevado a la frontera con Ucrania más de 170.000 efectivos entre blindados, tropas y artillería en un despliegue sin precedentes. Sin embargo, semejante maniobra logística le puede acabar pasando factura

Foto: La llegada de efectivos rusos a Bielorrusia para maniobras conjuntas. (EFE/EPA/Ministerio de Defensa bielorruso)
La llegada de efectivos rusos a Bielorrusia para maniobras conjuntas. (EFE/EPA/Ministerio de Defensa bielorruso)
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La situación en las fronteras ucranianas es crítica. Se trata en realidad de un ambiente prebélico. La acumulación rusa de efectivos en zonas limítrofes con Ucrania, ahora también en Bielorrusia, es tremenda y por las redes ya es posible ver multitud de vídeos con trenes rusos cargados de material militar. Es una de las mayores operaciones logísticas bélicas realizas por Rusia en las últimas décadas. El esfuerzo es tan desmesurado que puede suponer en realidad un gran lastre para el Gobierno de Putin en caso de que finalmente estalle el conflicto.

Se habla sin tapujos de guerra y, a juzgar por los movimientos rusos, casi no queda otra que especular con el momento de inicio de unas hostilidades, difíciles de establecer en cuanto a su alcance, que ya casi se dan por seguras. Lo último, el anuncio de ‘ejercicios conjuntos’ entre Rusia y Bielorrusia, hacia donde se está produciendo otro envío masivo de unidades militares con equipo pesado.

Foto: Misil antibuque P-800 Onyx (SS-N-26). (Boevaya mashina)

Ucrania está rodeada y son cerca de 120.000 efectivos los que Rusia habría concentrado en lo que hace unas semanas denominábamos ‘cerco de acero’. Son tropas traídas de lejos, movilizadas incluso desde Siberia, y algunas llevan ya muchos meses de despliegue sin haber regresado a sus cuarteles permanentes. Pero, además de estas tropas, hay que contar con aproximadamente otros 50.000 efectivos que se estima estarían en posiciones más retrasadas para apoyar cualquier maniobra militar.

La organización rusa

Estos casi 170.000 efectivos incluyen una enorme cantidad de medios blindados, no solo de carros pesados, sino de vehículos de combate de infantería, los célebres BMP-2, al igual que blindados ligeros de ruedas y una gran cantidad de vehículos de todo tipo. Hay que pensar que el Ejército ruso es un ejército diseñado para atacar, donde la movilidad es importantísima y su éxito se basa en la maniobra, al focalizar el máximo esfuerzo en un punto del frente donde consigan la ruptura con el empleo masivo de su artillería. Todo, incluida dicha artillería, es móvil y eso requiere un respaldo logístico de dimensiones gigantescas.

Para entender la magnitud de las necesidades logísticas de una unidad militar, hay que entender cómo se organizan y con qué cuentan. Para empezar, es de esperar que los rusos utilicen sus unidades al completo de efectivos y que, en el caso de no haber trasladado el 100% de la unidad orgánica —es decir, todos los batallones de una misma brigada, por ejemplo— los complementen con efectivos sacados de otras unidades orgánicas diferentes.

Un batallón acorazado ruso está formado por cuatro compañías con 10 carros cada una. Si sumamos el carro de mando, digamos que el batallón tiene 41 ejemplares. Serían T-72B3 (el más numeroso), T-80U o T-90A. Además, el batallón dispondría en su propia orgánica (es decir, además del apoyo de unidades superiores) de varios blindados para comunicaciones y mando, al menos un carro de recuperación, varios vehículos de taller móvil y entre 15 y 20 camiones para combustibles, munición, etc.

placeholder Carros T-72B. Al fondo, un BMP-2. (Mil-ru)
Carros T-72B. Al fondo, un BMP-2. (Mil-ru)

Por otro lado, están los batallones mecanizados. Son los que aportan la infantería y se transportan en blindados de cadenas del tipo del BMP-2. Cada batallón dispone de tres compañías de fusileros, cada una con 10 BMP-2 y 100 soldados más una sección de apoyo, otra contracarro y otra de reconocimiento, con nueve vehículos y unos 65 soldados. A esto hay que añadir las secciones de mando, tiradores de precisión, morteros, zapadores, recuperación y servicios. En total, hablamos de unos 45 blindados y más de 40 camiones.

A nivel organizativo superior, una brigada acorazada —que desde 2010 es la unidad orgánica básica— incluye tres batallones acorazados y uno mecanizado, con lo que nos salen 123 carros y 45 blindados. Pero esta brigada, además del núcleo acorazado, tiene adscrito un grupo (batallón) de artillería autopropulsada y otro de artillería lanzacohetes, el equivalente a tres grupos de artillería antiaérea (dos de ellos con misiles), más un batallón de transmisiones, una compañía de zapadores, dos batallones de mantenimiento y transporte y otras unidades menores para guerra NBQ, guerra electrónica y sanidad.

En operaciones de guerra convencional, mientras que las brigadas acorazadas aportan la potencia de fuego y se utilizan en la ruptura, las brigadas mecanizadas o motorizadas —se diferencian en que las primeras utilizan blindados de cadenas y las segundas de ruedas— aportan la masa de infantería para explotar esa ruptura. Su organización es similar a las brigadas acorazadas con la diferencia de que tienen 3 batallones mecanizados y solo uno acorazado, por lo que dispondrían de 41 carros de combate y unos 135 blindados, más una infantería de 1.300 soldados combatientes, sin contar los de las unidades de artillería, zapadores, servicios, etc.

Enorme esfuerzo de transporte

Solo el hecho de desplazar toda esa cantidad de efectivos hasta las zonas de concentración ha requerido meses, una planificación meticulosa y un esfuerzo titánico. Dadas las enormes distancias entre cualquier punto de la geografía rusa, los traslados, sobre todo de unidades acorazadas, mecanizadas, de artillería e ingenieros, se han hecho por ferrocarril, de ahí tanto vídeo de trenes cargados.

placeholder Vehículo de combate de infantería BMP-2. (Vitaly V. Kuzmin)
Vehículo de combate de infantería BMP-2. (Vitaly V. Kuzmin)

Para tener una idea de lo que esto significa, en España, por ejemplo, se utiliza un tren entero (lo normal) para trasladar dos compañías acorazadas, aunque se trataría de 26 carros en lugar de los 20 de las unidades rusas. En este tren van los Leopardo más dos Búfalo (de recuperación), parte de los vehículos de apoyo y material. Trasladar un batallón completo implicaría necesitar dos trenes.

El traslado de estas unidades pesadas se hace en todos los países por ferrocarril, donde Rusia tiene enorme experiencia. Además, no tiene que extrañar a nadie que este tipo de trenes hayan sido priorizados sobre el resto del tráfico ferroviario, al objeto de agilizar tan ingente traslado de material. Al tráfico ferroviario habría que añadir el transporte aéreo de tropas y equipo especial, así como el transporte por carretera, reservado solo para las unidades ligeras. Con todo, es fácil imaginar el enorme despliegue solo para llevar estos contingentes cerca de las fronteras.

Logística fuera de escalas

La gran mayoría de unidades están ya concentradas sobre el terreno, pero ahí no acaba todo. Al contrario, no ha hecho más que empezar. Las unidades se deben mantener y continuar con su adiestramiento —recordemos que muchas de ellas llevan meses concentradas— lo que supone un continuo aporte de víveres, combustible, recambios, municiones, etc. Y luego hay que preparar el combate que tendrá lugar. Y en combate las necesidades logísticas se disparan.

Podemos tomar el ejemplo de lo que supondría mantener una unidad acorazada en operaciones reales y analizar la cadena logística que se necesita y que se genera —lo que se denomina 'huella logística'—, con una complejidad y volumen que a veces cuesta creer. Esta unidad acorazada no se podría mantener en un combate intensivo más de tres días. Pasado ese plazo debería ser retirada para su reabastecimiento, descanso y reemplazo de bajas humanas y materiales.

placeholder Típica imagen de estos días. Camión cisterna Ural. (Sergeev Pavel)
Típica imagen de estos días. Camión cisterna Ural. (Sergeev Pavel)

En el mejor de los casos, el avance realizado por unidades acorazadas en combate ha sido de un máximo de entre 30 y 40 km diarios (que es un gran avance), pero las condiciones de Ucrania no son ideales ni por el terreno ni por la época, el invierno. Los rusos están más que acostumbrados a combatir en clima frío, ese no es el problema, pero hay pocas horas de luz y eso sin duda dificultará los movimientos. Por más tecnología de visión nocturna que exista, los movimientos de grandes unidades durante la noche pueden acabar siendo caóticos.

Un solo carro de combate en acción puede llegar a consumir entre 400 y 500 litros de combustible al día y necesitará ser repostado como mínimo cada dos. En tres días de combate habrá necesitado cerca de 1.500 litros, que tendrá que llegarle al frente en camiones cisterna. Éstos habrán salido de lo que se denomina Tren Logístico Avanzado, que se sitúa a unos 10-15 km de la línea de combates y que avanzará con las tropas.

A su vez, este depósito avanzado es apoyado desde unos 40 km por un centro logístico de brigada, concentración de medios mucho mayor desde donde se abastece al resto de depósitos avanzados y que recibe suministros de forma constante desde un complejo logístico a retaguardia, situado siempre en un puerto, aeropuerto o acceso ferroviario. A mayor avance las distancias aumentan y la cadena de transporte se tensiona. Ni que decir tiene que estos depósitos se convierten de inmediato en objetivos prioritarios para la aviación o artillería enemiga.

Con la munición, ocurre algo parecido. En combate real se hacen muchos disparos (aquí el adiestramiento es fundamental), con lo que el consumo de munición se desboca. Un proyectil de 125 mm puede pesar (con su embalaje) cerca de 40 kg y no es descabellado pensar en un ritmo de fuego de entre 10 y 12 diarios. Para un solo batallón supondría necesitar del orden de 18 toneladas de munición diaria, es decir, unos 3 o 4 viajes de camión diarios desde el depósito avanzado al frente. Súmenle munición de armas secundarias, misiles, fumígenos, etc.

placeholder El presidente ruso, Vladimir Putin. (Reuters)
El presidente ruso, Vladimir Putin. (Reuters)

Pensemos ahora en términos de brigada o de división. Un ataque ruso al estilo clásico estaría precedido por una letal cortina de fuego de artillería —cuyas necesidades logísticas son abrumadoras—, que es la pieza fundamental en la doctrina rusa e implicaría, como mínimo, el ataque con dos brigadas acorazadas y una mecanizada en reserva. Es cuestión de sacar la calculadora y asustarnos con las toneladas de material necesario.

Este espectacular alarde logístico indica que estos movimientos rusos distan mucho de ser algo improvisado. No es un bluf, es una maniobra definitiva en toda regla. Sin embargo, semejante despliegue requiere luego un abastecimiento de costes exponenciales que Rusia necesitará mantener de forma sostenida en el tiempo. En un conflicto bélico se sabe cuándo se entra, pero no cuándo se acaba. Y ese es ahora mismo la mayor preocupación para el Gobierno de Vladimir Putin: sacar pecho ahora le puede acabar costando muy caro dentro de unos meses.

La situación en las fronteras ucranianas es crítica. Se trata en realidad de un ambiente prebélico. La acumulación rusa de efectivos en zonas limítrofes con Ucrania, ahora también en Bielorrusia, es tremenda y por las redes ya es posible ver multitud de vídeos con trenes rusos cargados de material militar. Es una de las mayores operaciones logísticas bélicas realizas por Rusia en las últimas décadas. El esfuerzo es tan desmesurado que puede suponer en realidad un gran lastre para el Gobierno de Putin en caso de que finalmente estalle el conflicto.

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