España deja atrás la 'senda italiana' contra el Covid-19 y entra en terreno desconocido
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el primer país en reactivar la economía

España deja atrás la 'senda italiana' contra el Covid-19 y entra en terreno desconocido

En la estrategia de Italia, la relajación se ha limitado a reabrir un puñado de actividades productivas, dependiendo de cada región. A nivel nacional, la cuarentena continuará hasta el 4 de mayo

Foto: España deja atrás la 'senda italiana' contra el Covid-19 y entra en terreno desconocido
España deja atrás la 'senda italiana' contra el Covid-19 y entra en terreno desconocido

Durante semanas, Italia ha sido el cuaderno de bitácora de España para navegar las aguas del coronavirus. Como primer gran foco de la epidemia en el continente, el Gobierno italiano fue pionero en imponer medidas drásticas de contención. Desde entonces, hemos vivido pendientes de los avances del país vecino aprendiendo de sus aciertos y de sus errores.

Hemos ido adaptando su Fiat Cinquecento a nuestro Seat 600: con una semana de diferencia, implementamos el cierre de escuelas, prohibimos los eventos públicos, decretamos el aislamiento generalizado y, posteriormente, el llamado ‘lockdown’: la suspensión de actividades no esenciales en todo el territorio. Las mismas medidas que Giuseppe Conte. Hasta ahora.

España se adentra en aguas desconocidas con su decisión de permitir la vuelta al trabajo en industrias no esenciales bajo estrictas medidas de seguridad. Lo ha hecho anticipándose a Italia, pero también a gran parte de los países europeos. Ante las crecientes diferencias entre los países miembro, Bruselas presenta este miércoles una hoja de ruta para tratar de orquestar una salida coordinada de las cuarentenas. “Como mínimo, los Estados deberían notificar a los demás y a la Comisión con su debido tiempo antes de levantar medidas y tomar en cuenta sus opiniones”, reza parte del borrador del plan, publicado por el 'Financial Times' el martes.

Reducir riesgos

Después de apenas dos semanas de hibernación, cientos de miles de trabajadores de actividades no esenciales —al menos 300.000 en la Comunidad de Madrid— han sido autorizados esta semana a volver a sus puestos, pese a las advertencias de la OMS y la Unión Europea sobre los riesgos de una relajación temprana de las restricciones. Ha finalizado el permiso retribuido, por lo que algunos en la construcción, los servicios de limpieza, ciertas fábricas o los astilleros han retornado a la actividad justo cuando el FMI avisa de que la pandemia se ensañará especialmente con nuestro país, donde el paro podría volver a cotas del 20%.

La medida también llega cuando España registra su número más bajo de infecciones en las últimas tres semanas y una reducción en la cifra diaria de fallecidos a 517 —desde las 900 muertes que se producían cuando se ordenó la paralización de toda industria no esencial el 30 de marzo—. Nuestra curva creció más deprisa que la italiana, pero también se ha ido aplanando más rápido.

Los expertos advierten de que cualquier distensión en la cuarentena llevará inevitablemente a un aumento de los casos. “Por muchas medidas de seguridad que se tomen, una mayor movilidad de la gente significa que habrá más contactos y un aumento de la probabilidad de contagios”, dice Estanislao Nistal Villán, virólogo y profesor de microbiología del CEU. “Lo que hacen las mascarillas y las medidas de protección es reducir el riesgo, como el cinturón de seguridad cuando circulas con un coche, pero no hay protección completa de no infectarse”, agrega.

Para evitar un auge descontrolado, el Ejecutivo está decidido a mantener en vigor las normas de distanciamiento social —entre las más estrictas de los países europeos, donde pasear con los niños o el deporte en solitario suelen estar permitidos—. Sánchez ha dejado entrever que estudian una “progresiva y muy cauta” relajación de algunas medidas —que comenzarían precisamente por niños y deportistas—. Pero el presidente ha evitado dar fechas cuando todavía faltan unos 10 días para que expire la vigente prórroga del estado de alarma (26 de abril), que probablemente pedirá extender hasta el 10 de mayo.

'Ciao' al termómetro italiano

El rumbo de España difiere cada vez más de la estrategia de Italia —todavía el país con más muertes de Europa—. Aunque las comparaciones resultan complicadas por las excepciones regionales y los diferentes planos de aislamiento, la reactivación económica allí se ha limitado a reabrir algunos comercios esta semana —librerías, papelerías, tiendas de ropa para niños— y un puñado de actividades en regiones escogidas —como la gestión forestal, fabricación de ordenadores, obras hidráulicas o mantenimiento de jardines—. A nivel nacional, sin embargo, la cuarentena seguirá siendo general hasta el 4 de mayo: las actividades productivas no esenciales siguen cerradas y el curso escolar ya se da por perdido.

"Una explosión en otoño sin algo de inmunidad de rebaño podría ser catastrófica, ya que confluirían la epidemia anual de gripe con el coronavirus"

Virólogos y epidemiólogos consultados por El Confidencial no ven con malos ojos la decisión de España de relajar las medidas en el campo estrictamente laboral. Es más: creen que mantener la tasa de contagios a un nivel contenido pero constante podría incluso ayudarnos. “A pesar del riesgo que conlleva para algunas personas, tiene un lado positivo, porque se seguiría inmunizando gente antes de la nueva oleada de otoño. Una explosión en otoño sin algo de inmunidad de rebaño podría ser catastrófica, ya que confluirían la epidemia anual de gripe con el coronavirus”, comenta Villán. En este sentido, dice, “ir liberando la espita del contacto entre la gente de aquí al otoño para que haya un incremento en el porcentaje de inmunizados podría tener técnicamente un lado beneficioso, aunque no me atrevo a decir que el Gobierno lo esté planteando por eso”.

En este punto, los expertos apuntan a que España va a ciegas en su experimento porque no disponemos de mediciones fiables ni estamos realizando suficientes test para trazar una estrategia eficaz. “Para predecir los efectos [de retomar actividades productivas], es necesario conocer con relativa precisión muchas variables. Para empezar, cuál es el número reproductivo básico real (R0) del virus. Es decir, cuántas personas, en promedio, contagia una persona infectada en ausencia de medidas. Ahora mismo, no estamos seguros de los valores reales de ninguna de estas magnitudes”, indica Alejandro Bertolet, investigador en oncología radioterápica en la Universidad de Pennsylvania y familiarizado con modelos dinámicos y evolución de poblaciones.

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Uno de los principales misterios consiste en determinar la proporción de pacientes totalmente asintomáticos, que algunos estudios internacionales colocan entre el 40% y el 50% del total. “Una enorme proporción de asintomáticos podría cambiar la forma en que combatimos el virus: su extinción resultaría mucho más difícil, pero las tasas reales de hospitalización y mortalidad serían muy inferiores a lo considerado hasta ahora. Hasta que dispongamos de datos más fiables para realizar estas estimaciones, mantener el distanciamiento social es fundamental”.

¿Somos los primeros?

La semana pasada en el Congreso de los Diputados, Adriana Lastra defendió la celeridad del Ejecutivo en tomar medidas: “Fuimos en Europa de los primeros países en decretar el estado de alarma cuando teníamos menos contagios y fallecimientos que los países de nuestro entorno”, señaló. La cita es irrebatible, dado que, para empezar, no todos los países tienen un instrumento llamado 'estado de alarma', pero la realidad es que España casi siempre ha ido por detrás de Italia.

Reunión del Consejo de Ministros. (EFE)
Reunión del Consejo de Ministros. (EFE)

El Gobierno español recomendó a los ciudadanos que practicaran el teletrabajo y otras formas de distanciamiento social el 9 de marzo, mismo día que Italia. Sin embargo, Conte ya había cerrado escuelas desde el 5 de marzo (España lo hizo el 13) y tomado otras medidas. El día 11, decretó el ‘lockdown’ de todo el país. España fue el segundo país europeo tras Italia en cerrar colegios y declarar el cierre de toda actividad no esencial del país. Sin embargo, a la hora de tomar otras medidas, fuimos a la cola de muchos otros.

Una decena de países europeos (por orden de aplicación: Suiza, Alemania, Italia, Bélgica, Suecia, Dinamarca, Reino Unido, Noruega, Austria y Francia) ordenaron medidas de aislamiento preventivo —encerrarse en casa durante varios días en caso de notar síntomas— antes que España, que hizo obligatorio el 17 de marzo lo que hasta entonces eran recomendaciones. Ocho países (Italia, Austria, Bélgica, Suecia, Dinamarca, Noruega, Francia y Suiza) prohibieron los eventos y aglomeraciones públicas antes que nuestro país, que lo hizo el 14 de marzo con el decreto del estado de alarma. Para entonces, solo Alemania y Reino Unido los seguían permitiendo.

Un dilema planetario

El dilema que enfrenta España es planetario: tomar medidas para salvaguardar la economía del brutal impacto del coronavirus o persistir hasta que el declive en los casos sea definitivo. Otros países en Europa también han dado pequeños pasos hacia la normalización, aunque por senderos distintos. Austria permitirá a los pequeños comercios reabrir desde el jueves y a los grandes a partir del 1 de mayo. Según el plan del Gobierno austríaco —uno de los que mejor han manejado la crisis en la región—, los restaurantes y hoteles no recuperarán su actividad al menos hasta mediados del mes que viene.

Un policía reparte mascarillas. (EFE)
Un policía reparte mascarillas. (EFE)

Dinamarca ha optado, por su parte, por reabrir esta semana las escuelas —para menores de 11 años— y guarderías, aunque también mantiene las restricciones en espacios públicos, bares y restaurantes establecidas hace un mes. “Es importante que no mantengamos Dinamarca cerrada más de lo necesario”, ha señalado esta semana la primera ministra, Mette Frederiksen.

La Organización Mundial de la Salud (OMS) ya ha advertido de que el declive será mucho más lento que la brutal subida y pide paciencia y prudencia. “Levantar restricciones podría conducir a un aumento de la mortalidad”, avisó el director general de la OMS, Tedros Adhanom Ghebreyesus, en rueda de prensa el martes. También la Comisión Europea está preocupada por la flexibilización de las cuarentenas, ya que incluso las medidas escalonadas “conducirán inevitablemente a un correspondiente incremento de los contagios”. Las restricciones deben permanecer en vigor hasta que la diseminación del virus se reduzca durante un periodo significativo —dijo la Comisión en un documento interno enviado a las capitales comunitarias, según la BBC—.

Pero con las previsiones empeorando por semanas, cada vez más gobiernos buscan un punto de equilibrio para que la crisis económica no vaya a ser peor que la catástrofe sanitaria —que ya roza los dos millones de contagios y 125.000 fallecidos—.

El único país ajeno al debate parece ser Suecia, que, con cerca de 1.000 fallecidos, ha optado por mantener bares y otros espacios públicos abiertos

La propia canciller alemana, Angela Merkel, busca establecer una estrategia de salida que dé certezas al país. Aunque en Alemania no hay un cierre obligatorio, la mayoría de las fábricas e industrias no están trabajando por falta de suministros, paralización de mercados y riesgo laboral. Está previsto que la mandataria anuncie este miércoles si extiende las restricciones impuestas a mediados de marzo —y que expiran el domingo 19— y ponga fecha a la reapertura de colegios y a la relajación de las medidas de distanciamiento social —que han sido menos severas que en España o Italia—.

“Estos países, como Austria o Alemania, tienen sistemas sanitarios mucho más robustos, con más camas, medios y personal o con una capacidad de ampliación mayor que la nuestra, y se pueden permitir políticas distintas”, dice Villán. “Pueden afrontar un pico en otoño de otra manera. Pero en el caso de España, con el sistema al borde de la saturación durante la temporada de gripe, es mucho más complicado”, remata el experto, quien calcula que en nuestro país podría haberse infectado ya el 10% de la población, pero muy lejos aún de las tasas necesarias para generar cierta inmunidad de rebaño.

Foto: Suecia y la responsabilidad colectiva contra el  Covid-19: "Es un experimento muy peligroso"

El único país ajeno al debate parece ser Suecia, que, con unos 11.000 casos confirmados y cerca de 1.000 fallecidos, ha optado por mantener restaurantes, bares y otros espacios públicos abiertos. La arriesgada estrategia sueca —que prefiere el sentido común de la ciudadanía a la coacción del Estado— se ha limitado a sugerir un distanciamiento social, cerrar universidades y escuelas y pedir que los grupos de riesgo se aíslen lo mejor posible del virus.

Prudencia en Asia, impaciencia en EEUU

Al otro lado del Atlántico, el presidente Donald Trump también se prepara para anunciar los pasos hacia la reactivación económica en ciertas partes del país, dijo el director del Consejo Económico, Larry Kudlow. “Es un tema de salud. Es un tema de seguridad. Y es un tema de bienestar, para que la gente corriente, la clase media, los obreros, vuelvan a trabajar lo antes posible y de forma segura”, dijo Kudlow a la cadena Fox News. “Creo que el país está listo para volver al trabajo”.

Pero aunque Trump ha clamado impaciente que el poder del despacho oval es “absoluto” para determinar cuándo salir del modo hibernación, algunos gobernadores no parecen dispuestos a arriesgar el trabajo realizado. “Veremos las estadísticas del virus volver a subir de nuevo y más gente morirá”, advirtió el gobernador de Nueva York, Andrew Cuomo, diciendo que acudirá a los tribunales para desafiar al presidente si es necesario.

Foto: El 'modélico' Singapur se rinde: entra en cuarentena tras una fuerte ola de contagios

Los avisos que llegan desde Asia, la primera región en bregar con el virus y contenerlo, aconsejan moverse ahora con pies de plomo. La modélica Singapur, que se había resistido durante semanas a imponer una cuarentena estricta, finalmente tuvo que ordenar la semana pasada el cierre de escuelas, cancelar actividades económicas no esenciales y confinar a la población durante al menos un mes para frenar la escalada de casos.

Incluso la ciudad china de Wuhan, epicentro donde se originó el Covid-19 y que este mes reabrió después de 76 días de férreo encierro, todavía mantiene algunas restricciones en vigor, como el cierre de escuelas, las mascarillas en público o los constantes chequeos de temperatura. China no quiere correr ningún riesgo y aunque necesita a toda costa recuperar el pulso empresarial en el resto del país, tampoco ha dudado en intervenir empresas, cines o karaokes ante cualquier alarma por posibles focos de contagio. En Pekín ya se asume que habrá una segunda embestida del virus, para el que todavía no hay vacuna o tratamiento.

"[Los brotes en] Europa y Estados Unidos no se han contenido de manera efectiva por ahora. Sin embargo, en África, Sudamérica y la India, donde la economía está menos desarrollada y los recursos médicos son insuficientes, los nuevos casos han aumentado de forma exponencial", dijo el jefe del comité de expertos del Covid-19 en Shanghái, el doctor Zhang Wenhong, en una entrevista reciente con el diario 'Caixin' en la que pronosticó una segunda gran oleada internacional de contagios en otoño. "Esto añade una gran incertidumbre a la lucha global contra la epidemia", concluyó.

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