ENTREVISTA A LUUK VAN MIDDELAAR

El filósofo de moda en Bruselas: "La retórica de supervivencia de la UE no es sana"

En plena crisis, Van Middelaar advierte de la complacencia ideológica tanto del sur como del norte de Europa, pero recuerda que a la UE lo mejor que se le da es la improvisación

Foto: Pedro Sánchez y Emmanuel Macron. (Reuters)
Pedro Sánchez y Emmanuel Macron. (Reuters)

A pesar de no llegar a los 6.000 seguidores en Twitter, Luuk Van Middelaar podría considerarle como el filósofo de moda en Bruselas. Este historiador holandés escribió los discursos de Herman Van Rompuy durante su presidencia en el Consejo Europeo y ha colaborado con otros personajes influyentes como Frans Timmermans o Donald Tusk, quien caracterizó el último libro de Van Middelaar, 'Alarums and Discursions', como el trabajo "más deslumbrante para entender la política europea hoy en día". Poca cosa. Por si fuera poco, esta semana ha servido como fuente principal del último Charlemagne, la famosa columna de The Economist sobre asuntos europeos.

En plena crisis por el coronavirus, Van Middelaar advierte de la complacencia ideológica tanto del sur como del norte de Europa, al mismo tiempo que carga contra los discursos grandilocuentes y exagerados sobre el fin de la Unión Europea. Por último, reincide en la tesis de su último libro: las crisis obligan a la UE a improvisar, pero siempre ha acabado encontrando una salida.

PREGUNTA. ¿Qué va a pasar con el euroescepticismo tras esta crisis? Según una reciente encuesta, muy pocos italianos están contentos con la respuesta de la UE. ¿El coronavirus traerá más euroescepticismo?

RESPUESTA. No es un riesgo. Ya está ocurriendo. Los números lo dejan muy claro. Por un lado, no hubo ayuda inmediata a Italia por parte de otros países. Por otro, hubo muy mala comunicación. Los chinos y los rusos fueron capaces de aprovecharse de la inacción europea y de su falta de unidad. Enviaron su material a Italia a bombo y platillo, presumiendo de lo mucho que estaban ayudando. Muchas veces, lo hacen por eso. Cuando los chinos pidieron ayuda contra el coronavirus a comienzos de este año, Pekín les pidió a los europeos que fueran discretos. No querían ser humillados delante de la opinión pública global. Nosotros no nos pusimos a presumir. Claro que el coronavirus es un peligro para mayor polarización. Puede crecer la decepción de los países del sur sobre el proyecto europeo. El principal matiz que me gustaría añadir al debate es que no solo hay euroescépticos en el Sur de Europa. También en el Norte.

P. ¿A qué se refiere?

R. El argumento político que escuchamos estos días, especialmente en el tema tan controvertido de mutualización de los riesgos y los coronabonos, es que, si no se ponen en marcha, aumentará el euroescepticismo en el Sur de Europa. Si el argumento es: necesitamos coronabonos ahora mismo porque si no Salvini llegará al poder en Italia... No estoy familiarizado con la situación en España y cómo sería allí.

P. No es la misma situación. Vox, el partido más similar a Salvini, no tiene tanto apoyo en las encuestas.

R. Exacto, no es como tener el 35% de los votos. Volviendo a lo que decía, obviamente hay que escuchar ese argumento. Pero los líderes de los países del norte dirán: nosotros también tenemos euroescépticos en casa. Angela Merkel no se olvida de que su oposición de derecha radical se fundó en respuesta a la crisis del euro y a la respuesta de su gobierno. Probablemente, desde España aún pensáis que su respuesta fue decepcionante. Pero para la ortodoxia monetaria alemana fue ir demasiado lejos. En los Países Bajos es algo parecido. Es el país que mejor conozco. No estoy contento con la posición de mi Gobierno, pero sé que ellos también tienen miedo de sus propios euroescépticos.

Luuk Van Middelaar.
Luuk Van Middelaar.

P. ¿Cree que la UE saldrá reforzada? Usted sostiene que la UE también se forja en las crisis.

R. La Unión Europea arrimará el hombro y fortalecerá algunas instituciones. Veremos una solidaridad inaudita. Se crearán nuevos mecanismos como se hizo con el MEDE en la crisis del euro o con Frontex en la de refugiados. Todo eso estará muy bien y debemos aplaudirlo. Pero no podemos olvidar que, pase lo que pase, siempre habrá gente decepcionada por la UE que pensará que la respuesta no es suficiente. Y, por otro lado, otros estarán decepcionados porque considerarán que la respuesta es una traición del contrato fundacional que ellos creyeron firmar. Piensa en la forma en la que los alemanes -no solo AfD- consideran que la acción del BCE es ilegítima. Hay mucho resentimiento y podría haber más.

P. ¿Por qué todas las crisis europeas parecen "existenciales" para la Unión Europea? No solo lo dicen los comentaristas anglosajones. Los europeos también nos hemos abonado a esa épica.

R. Hay una razón sistémica, claro, y es que la Unión Europea es una Unión, no un estado. Por lo tanto, es más frágil por definición. Pero ese no es el único problema. También hay un problema de comunicación. Sin embargo, la razón principal es que a mucha gente le falta perspectiva y subestiman la fortaleza de las instituciones europeas que mantienen viva la Unión Europea. Quizá hayas leído mi libro, que va sobre las crisis europeas de la pasada década. Sobre todo sobre la crisis financiera y del euro. Yo estaba allí. Me acuerdo muy bien que, por lo menos tres o cuatro veces, especialmente los comentaristas, muchos de ellos anglosajones, decían que el euro iba a colapsar. Algunos decían que en unos días, otros en unos meses, otros en unos años.... Y, pese a todo, el euro sigue funcionando. Grecia sigue siendo un miembro de la eurozona. Es bueno tenerlo en cuenta para no caer en la trampa del pánico.

P. Pero a veces esa trampa del pánico la alimentan los propios líderes europeos.

R. Sí, en cierto modo estas crisis son tan divisivas porque los Estados tienen intereses y visiones diferentes. Solo ante un riesgo muy grande son capaces de sentarse para solucionar los obstáculos y encontrar un acuerdo común. Cuando trabajaba para Herman Van Rompuy él solía decir, durante esas cumbres eternas con Merkel y Sarkozy, que solo era capaz de convencerles si pensaban que estaban justo al borde del precipicio y con un cuchillo en la garganta. Eso significa que la retórica de la supervivencia es parte de la respuesta política habitual. La Unión Europea consiste en exagerar los riesgos de forma colectiva para que podamos llegar a un acuerdo.

P. ¿Y usted cree que esa retórica de la supervivencia es sana para el proyecto de la Unión Europea?

R. No, no es sana. Porque tiene dos desventajas enormes. Primero, lleva esa ansiedad a los mercados o a la opinión pública. De repente, emerge la idea de que la UE podría estar desintegrándose aunque no vaya a suceder mañana. Segundo, y esto es más un comentario geopolítico, otras potencias como China, Rusia o incluso EEUU, desafortunadamente, lo usan en su propio beneficio. Si nosotros mismos, que somos los que deseamos lo mejor para la UE y para sus ciudadanos, decimos que estamos a punto de colapsar, le hacemos el trabajo muy fácil a Putin, Xi Jinping y Fox News.

P. La parte positiva es que estamos viendo cómo, de repente, ha emergido un debate europeo sobre los eurobonos, pese a que sea un tema muy técnico. Las crisis al menos traen la creación de un esfera pública europea, ¿no?

R. Es un fenómeno nuevo y es fascinante. Estamos viendo cómo emerge un debate público europeo de la nada. Los líderes europeos no solo se dirigen a su propio parlamento, población o periódicos. Se dirigen a otros países. Hemos visto cómo Giuseppe Conte ha hecho un tour mediático por todo el continente.

P. Sí, salió en La Sexta, algo que fue bastante sorprendente.

R. Exacto. También en la televisión alemana y en un medio neerlandés. Los alcaldes italianos han escrito columnas en periódicos alemanes, hubo ciudadanos neerlandeses que escribieron en 'La Stampa'... A los europeos nos une más que nunca la experiencia de un fenómeno colectivo, de un destino común al que todos nos enfrentamos. La mejor forma de combatir las voces euroescépticas es que los políticos moderados dejen de decir que pasado mañana seremos los Estados Unidos de Europa. Eso empeora aún más las cosas. Pero, al mismo tiempo, y se lo dije a mi primer ministro Mark Rutte, compartimos un destino común. Estamos en este viaje junto como europeos. Y no lo podemos olvidar, aunque algunos políticos lo hagan.

P. Creo que uno de los problemas europeos es que al sur le cuesta ponerse en el lugar de sus hermanos del norte y viceversa.

R. El debate es muy emocional en este momento. Entiendo perfectamente que en Italia y España, viendo el drama humano y la respuesta europea tan tardía de sus socios, estén decepcionados. Pero hay que dar un paso atrás: en la mente de algunos europeos del norte, ellos no están en contra de la solidaridad, tan solo quieren mantener el equilibrio que caracteriza a la UE entre la solidaridad y el conocimiento de un destino común y los elementos de responsabilidad y autodisciplina. Estos son los dos elementos en el debate. Para Alemania en particular, pero también para los neerlandeses. El tema del riesgo moral siempre ha estado ahí. En la crisis del euro hubo el mismo debate. Algunos neerlandeses también se preguntan: ¿cómo vamos a tener deuda común si no tenemos instituciones democráticas comunes? En Alemania y, sobre todo, en Países Bajos se toman muy en serio el dinero de sus contribuyentes porque están fiscalizados por el Parlamento Nacional. Y si tú mutualizas tu deuda no hay rendición de cuentas democrática en el sistema.

P. En esta crisis, muchos están descubriendo a Países Bajos como el 'chico malo' de la UE. Parece el nuevo Reino Unido.

R. En el pasado, algunos países reticentes a una mayor integración de la Unión Europea se escondían detrás del Reino Unido. Los neerlandeses, los daneses y los finlandeses dejaban que Reino Unido hiciera el trabajo sucio en la negociación del presupuesto común, por ejemplo. No tenían que hacer nada. Ahora están en primera línea. No creo que los políticos neerlandeses hayan digerido todavía los efectos que ha tenido el Brexit en ellos. En Alemania es diferente. Hay dos diferencias entre Alemania y Países Bajos. No son un bloque homogéneo. Por un lado, creo que los alemanes son más ortodoxos. Ellos tienen claro que el Tribunal Constitucional alemán está muy atento del cumplimiento de la Unión Monetaria. Por eso, la élite política de Berlín tiene miedo del Constitucional. Porque puede tumbar medidas de rescate o coronabonos si van en contra de la ortodoxia. Su pensamiento está muy enraizado en el periodo de posguerra de la II Guerra Mundial.

P. ¿Y Países Bajos?

R. Son muchos más pragmáticos que los alemanes. En La Haya tienen miedo de que les cueste dinero. Por eso, si entienden que ayudar a otros socios europeos del sur está en su propio interés, será más fácil. Alemania es un socio más difícil. Pero Alemania es el país más poderoso de la Europa. La canciller alemana, al igual que Francia, siente la responsabilidad de toda la UE. Cuando Merkel va a Bruselas, está ahí para defender los intereses alemanes, igual que Pedro Sánchez los españoles. Por eso fue elegida. Pero Merkel es la líder del país más poderoso de la UE. Por eso, la supervivencia de la UE, o mejor dicho su bienestar para no dramatizar, es un interés fundamental para Alemania. Siempre encontrarán la forma de solucionarlo. Y eso no ocurre en otros países más pequeños como Países Bajos. Ellos no sienten la responsabilidad política. Y eso podría hacer que, al final, Alemania se acabe comprometiendo.

P. ¿Puedo hacer dos últimas preguntas?

R. No. Solo una corta, ya llevamos media hora y dijimos que serían 20 minutos de entrevista.

P. Usted argumenta que es más difícil que los políticos europeos lleguen a un acuerdo por videoconferencia que de la forma más habitual: metiéndose en una sala y sin salir de ahí hasta que no hayan llegado a un compromiso. Por videoconferencia hay asesores siempre alrededor y se filtran más cosas.

R. Sí, creo que en temas tan controvertidos es muy difícil llegar a un acuerdo a distancia. Es casi imposible. Las cumbres de la UE forman parte de su mecánica. Son muy íntimas y por eso funcionan. Solo están los líderes en la habitación. No entra cada uno con cinco o seis ayudantes. No hay nadie. Se conocen bien, pueden hablar de forma clara y, si la situación lo exige, el presidente del Consejo llama a Merkel, Conte, Macron y Sánchez y les pide llegar a una solución mientras los demás esperan. Cara a cara. Ahora, ese elemento de confianza desaparece. Mucha gente está descubriendo estos días la diferencia entre vernos en persona y vernos a través de Zoom. Para estos líderes políticos es peor aún, porque sus cuerpos son parte de su caja de herramientas para alcanzar acuerdos. Ellos tienen comunicación no-verbal, comunicación corporal... que ya no existe. Por supuesto, es mucho más fácil decir que no a alguien cuando no estás en la misma habitación.

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