Marruecos se anota otro punto en su 'vendetta' diplomática contra España
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¿sacrificio o renovación?

Marruecos se anota otro punto en su 'vendetta' diplomática contra España

El ministro de Exteriores retira el plácet para la embajada rusa al exjefe de Gabinete de Laya justo cuando se enfrenta un proceso judicial por el caso Ghali

Foto: El ministro de Asuntos Exteriores, José Manuel Albares. (EFE)
El ministro de Asuntos Exteriores, José Manuel Albares. (EFE)
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La noche del pasado viernes, Mohamed VI aparecía inesperadamente en la televisión nacional marroquí para mandar un mensaje de reconciliación con España tras ocho meses de enconados reproches diplomáticos. La alocución del monarca culminaba una serie de gestos que comenzaron en julio con el cese de la exministra de Exteriores, Arancha González Laya. Pero días después, el nuevo jefe de Exteriores, en plena remodelación de su equipo, ha revocado dos nombramientos diplomáticos propuestos por su predecesora. Entre ellos, Camilo Villarino, exjefe de Gabinete de González Laya y, por ahora, el único imputado por la subrepticia entrada del líder saharaui Brahim Ghali a nuestro país el pasado mes de abril. ¿Sacrificio o renovación?

El nuevo ministro, José Manuel Albares, decidió este martes retirar la petición de plácet para Villarino como embajador en Moscú. La decisión se produce una semana antes de que el hombre fuerte de González Laya esté llamado a declarar ante el Juzgado de Instrucción número 7 de Zaragoza por la llegada irregular del jefe del Polisario, una excusa que utilizó entonces Rabat para escalar la crisis bilateral. En Exteriores han justificado el movimiento como parte de la renovación integral que está llevando a cabo el nuevo jefe de la diplomacia española, quien busca perfiles muy expertos para los puestos de primera línea. Pero otros lo ven como una nueva concesión del Gobierno de Pedro Sánchez a Marruecos. Algo que podría llegar a tener consecuencias políticas graves para Madrid, insisten algunos observadores.

Foto: Mohamed VI. (Getty)

En el centro de la escena está la demanda que promueve con sospechoso ahínco Antonio Urdiales, un abogado de Torremolinos con vínculos marroquíes, para esclarecer todos los detalles del 'Caso Ghali'. Un proceso que algunos diplomáticos y expertos ven como una suerte de 'trampa diplomática' de Marruecos cuyo objetivo final es la propia González Laya. La exministra se había convertido en la bestia negra de Rabat, que pidió su cabeza como condición para rebajar el voltaje en una crisis en la que llegó a dejar pasar en mayo a miles de migrantes indocumentados a Ceuta como medida de presión. Si esta demanda llega a prosperar, Villarino tan solo sería el último eslabón de la cadena de mando.

“Está clarísimo que [a través de Villarino] buscan llegar a la exministra y dejar clara su amenaza de subir un escalón más”, dice una fuente de Exteriores conocedora del caso. "La llegada Ghali no se le ocurrió a la ministra sola. Marruecos busca tener un elemento más de presión sobre el Gobierno de España y está utilizando nuestro propio sistema judicial español para lograrlo", agrega.

Nombramientos que nadie entiende

En este contexto, la decisión de Albares de enmendarle la plana a su predecesora ha sido criticada por algunos diplomáticos y expertos que creen que el movimiento permite al reino alauí anotarse un nuevo e "innecesario" tanto político. Otros ponderan que, además, se comete una "injusticia" con un funcionario leal a la casa, quien lograba el cotizado destino internacional tras servir como jefe de Gabinete bajo tres ministros —socialistas y populares—.

Desde el Ministerio de Exteriores insisten que la retirada del plácet no está vinculada en absoluto con la demanda, sino que forma parte del habitual recambio de nombramientos que se produce con la llegada de una nueva Administración. Además de Villarino, también ha sido retirado el plácet para Sudáfrica de Felipe de la Morena, aseguran fuentes de Exteriores. Albares llevó al Consejo de Ministros nuevos candidatos para Rusia y Sudáfrica así como otras plazas clave, como París —que él mismo ocupaba hasta julio—, para continuar aliviando el cuello de botella de nombramientos que se generó durante los meses de González Laya en el cargo.

"González Laya había hecho una serie de nombramientos que nadie entendía, como el de Camilo Villarino para una plaza como Moscú. Para esa embajada necesitas a alguien más experimentado, que hable ruso, entienda los pueblos eslavos. Su propuesta de nombramiento ya había generado mucha contestación interna", comenta otra fuente diplomática. "La decisión del ministro no tiene nada que ver con Marruecos. Albares está corrigiendo tiros", agrega.

Foto: Antonio Urdiales. (infotalqual.net)

Los defensores de Villarino aseguran que su experiencia en destinos como Washington, la Unión Europea y Marruecos, sumados a sus cuatro años como jefe de gabinete de Exteriores —nombrado por el popular Alfonso Dastis y mantenido en el cargo por los socialistas Josep Borrell y González Laya— le daban tablas para afrontar la misión con garantías. “Es muy diplomático, consciente de sus funciones, conoce el Ministerio y sus mecanismos al dedillo. Muy trabajador. Creo que habría sido una pieza útil [en Moscú]”, dice una fuente que trabajó de cerca con él. “Dada su situación procesal y el contexto con Marruecos, deberían haber hecho una excepción. No habría pasado nada, incluso si no fuera la persona 100% idónea. Un gesto de lealtad, de cerrar filas, de política de Estado”, agrega esta persona.

Otras fuentes consultadas que conocen los entresijos del Ministerio creen que en el caso de Villarino confluyen varios elementos superpuestos: la caída en desgracia de González Laya y su equipo, la llegada de Albares y la crisis de Marruecos. "Es un funcionario con más de 30 años de carrera, los últimos en una posición de poder e influencia en los que se ha hecho muchos amigos y también muchos enemigos. Ahora está en el bando perdedor y está claro que muchos vienen a cobrar facturas pendientes", dice un miembro del servicio exterior. El ministro Albares, dicen las fuentes, quiere colocar a Villarino en una embajada europea de rango medio.

Una demanda 'pro bono'

Independientemente de si fue una cuestión política, profesional o personal, los tiempos del anuncio no acompañan a la narrativa de Exteriores. Desde que Albares asumió la cartera, todos sus palabras, gestos y pasos han ido en dirección a apaciguar al vecino marroquí a toda costa, una estrategia que no convence a todos en la casa y que con la que la oposición va a castigar el flanco internacional del Ejecutivo. Incluso cuando se destapó el escándalo Pegasus, el Gobierno se abstuvo de criticar a Rabat por el uso del sofisticado software de espionaje israelí contra un país aliado como Francia y periodistas independientes.

"Si Albares cede ante las maniobras diplomático-judiciales marroquíes, Rabat se habría así cobrado una segunda pieza después de la propia ministra"

En esta sucesión de eventos, la retirada del plácet a Villarino —más allá de sus credenciales— es munición diplomática de alto calibre para Rabat, que ve cómo el principal asesor de González Laya es cuestionado por su propio Ministerio. "Si Albares cede ante las maniobras diplomático-judiciales marroquíes, Rabat se habría así cobrado una segunda pieza después de la propia ministra González Laya, cuya cabeza el presidente Pedro Sánchez ya ofreció al llevar a cabo la remodelación del Gobierno el 10 de julio", adelantaba Ignacio Cembrero el mes pasado en El Confidencial.

Y aquí entra en juego el polémico letrado de Torremolinos. Urdiales asegura que no tiene cliente y que actúa en representación propia "como perjudicado por la crisis bilateral" —ya que su esposa es marroquí—. Pero el abogado lleva desde junio pidiéndole información al juez de instrucción Rafael Lasala sobre la entrada del dirigente saharaui en España hasta llegar, por el momento, a Villarino.

Foto: El nuevo ministro de Asuntos Exteriores, José Manuel Albares, junto a su predecesora, Arancha González Laya. (EFE)

El exjefe de Gabinete de Laya ya explicó en julio por escrito al magistrado su papel para que Ghali, de 72 años y enfermo de covid, entrara al país sin ser sometido a control de pasaportes ni aduanas a través de la base aérea de Zaragoza el 18 de abril. Su intervención se limitó a confirmar al general segundo jefe de Estado Mayor del Aire, Francisco Javier Fernández Sánchez, que no sería necesaria una revisión de pasaporte al vuelo procedente de Argelia. También aseguró que estuvo apegada a derecho, conforme a las "prácticas establecidas y la legislación vigente". Sin embargo, el funcionario ha sido imputado, acusado de presunta prevaricación (por permitir la entrada de Ghali sin sellar el pasaporte), encubrimiento (porque en ese momento Ghali tenía dos causas pendientes en la justicia española) y malversación (como responsable del dinero gastado por el hospital público en el tratamiento de Ghali).

"A la demanda en sí no le veo mucho sustento. Tiene incluso errores en algunas consideraciones jurídicas y algunos de los cargos son retorcidos. La normativa del espacio Schengen tiene margen de interpretación para permitir una entrada sin presentar pasaporte", explica una fuente conocedora del proceso judicial, poniendo como ejemplo la necesidad de discreción cuando se llevan mediaciones internacionales. "Pero todavía no se sabe qué preguntará o pedirá el juez", agrega.

¿Hasta dónde llegará?

El viaje de Ghali se originó en una petición de Argelia al Ministerio de Exteriores para trasladar al veterano líder del Frente Polisario de forma confidencial hasta el Hospital San Pedro de Logroño. Cuando los servicios secretos marroquíes se enteraron, filtraron la noticia a la prensa. Aunque González Laya alegó "razones estrictamente humanitarias", el incidente fue la espita que hizo reventar el desencuentro con Marruecos que llevaba incubándose desde diciembre.

Por el momento, el tribunal ya tiene en su poder el intercambio de mensajes por WhatsApp entre el general Fernández Sánchez y Villarino. Pero el abogado podría seguir insistiendo en saber quién le dio la orden a Villarino. “Laya llevaba 20 años fuera [de España] y podría creer que esa jugada podía ocultarse [a los marroquíes]. El error de Camilo fue no haberle dicho a la ministra: 'no, ministra, esto no es posible'. Pero la decisión se tomó al más alto nivel, de forma colectiva, con participación de Interior y Defensa. Camilo fue un ejecutor, no un decisor”, dice una fuente que conoce de cerca la 'Operación Ghali'.

Foto: Arancha González Laya. (EFE)

Aunque en su alocución televisiva, Mohamed VI hizo votos por abrir "una etapa inédita en las relaciones bilaterales sobre la base de la confianza, la transparencia, el respeto mutuo y la honra de los compromisos", todavía quedan pendientes hechos que materialicen esa buena voluntad, desde la reapertura de las fronteras terrestres de Ceuta y Melilla, pasando por reactivar la ruta de pasajeros en el Estrecho o coordinar la devolución de los inmigrantes irregulares que llegan a España desde la nación norafricana. Sánchez recogió el guante al día siguiente para confirmar que esta es "una gran oportunidad para redefinir las relaciones y los pilares que la sustentan".

Sin embargo, el proceso judicial por el momento sigue adelante. ¿Puede llegar a la imputación de González Laya? No está claro. Unos descartan de plano esa posibilidad. “Eso no va a ocurrir. Camilo es un hombre de Estado y si tiene que quemarse él, se quema. Ese análisis también se ha hecho en Moncloa”, asegura una de las fuentes. Sin embargo, el mero riesgo de que se produzca esa escena sería un revés muy serio para el Gobierno de Sánchez.

"González Laya declarando ante un juez sería una humillación para la diplomacia española" —advierte un exdiplomático que conoce el difícil equilibrio político que se debe mantener con el vecino del sur— "y un precedente terrible para los futuros ministros de Exteriores".

La noche del pasado viernes, Mohamed VI aparecía inesperadamente en la televisión nacional marroquí para mandar un mensaje de reconciliación con España tras ocho meses de enconados reproches diplomáticos. La alocución del monarca culminaba una serie de gestos que comenzaron en julio con el cese de la exministra de Exteriores, Arancha González Laya. Pero días después, el nuevo jefe de Exteriores, en plena remodelación de su equipo, ha revocado dos nombramientos diplomáticos propuestos por su predecesora. Entre ellos, Camilo Villarino, exjefe de Gabinete de González Laya y, por ahora, el único imputado por la subrepticia entrada del líder saharaui Brahim Ghali a nuestro país el pasado mes de abril. ¿Sacrificio o renovación?

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