Albares, el 'sherpa' de Usera que se jugó la carrera por Pedro Sánchez
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Albares, el 'sherpa' de Usera que se jugó la carrera por Pedro Sánchez

Sus colaboradores dicen que el nombramiento de Laya en 2020 le sentó como un tiro, ya que durante meses era el favorito en todas las quinielas

placeholder Foto: José Manuel Albares, secretario general de Asuntos Internacionales de la Moncloa, junto a Pedro Sánchez. (EFE)
José Manuel Albares, secretario general de Asuntos Internacionales de la Moncloa, junto a Pedro Sánchez. (EFE)

El nuevo ministro de Exteriores, José Manuel Albares (1972), no pierde ninguna oportunidad para recordar que procede de una familia humilde del barrio madrileño de Usera y que se abrió camino gracias al trabajo duro y las becas. Es un pedigrí llamativo en la carrera diplomática —uno de los cuerpos funcionariales más elitistas de España— y una marca personal que el hasta hoy embajador en París ha venido cultivando desde que entró en la órbita del PSOE.

Fue en el socialismo madrileño donde conoció al presidente del Gobierno. “En el entorno de diplomáticos afines al PSOE había un grupo de trabajo y allí entraron en contacto. Estamos hablando de la época de Elena Valenciano”, explica uno de sus colaboradores de entonces. Lo cierto es que Albares arriesgó su carrera diplomática apostando abiertamente por Sánchez y le salió bien la jugada. “Estuvo a punto de salirle muy mal, como a otros. Pero apostó y ganó. Se significó mucho y durante uno o dos años estuvo a sueldo del PSOE como asesor en el Congreso”.

Acabó convirtiéndose en asesor en materia de relaciones internacionales de Sánchez en Ferraz, durante la primera etapa de este como líder del PSOE. Posteriormente, en junio de 2018, se le nombró consejero dentro del Gabinete de la Presidencia del Gobierno en el cargo de secretario general de Asuntos Internacionales, Unión Europea, G20 y Seguridad Global, con rango de subsecretario. Era la persona de confianza que viajaba con el presidente y que aparece junto a él en la famosa foto 'Top Gun' en el Falcon.

Foto: José Manuel Albares, prometiendo su cargo como secretario general de Asuntos Internacionales de la Presidencia del Gobierno, en junio de 2018. (Moncloa)

Ese cargo tiene su propio nombre en el argot comunitario y del mundo de las cumbres internacionales: 'sherpa'. Es el hombre de confianza del líder, la mano derecha que hace el trabajo técnico, que antes de las cumbres trabaja junto al embajador permanente ante la Unión Europea para negociar cada coma, cada artículo y cada palabra de las conclusiones de los Consejos Europeos. Negocian con los 'sherpas' y embajadores del resto de jefes de Estado y de Gobierno. Todos ellos tienen relaciones muy estrechas con sus líderes, porque tienen que aterrizar un texto con el que sus jefes vayan a estar de acuerdo. En ocasiones, en cumbres maratonianas en las que los líderes no pueden comunicarse con sus 'sherpas' fuera de la habitación del Consejo Europeo, los negociadores tienen que tener un importante nivel de iniciativa y confiar en que están haciendo lo que su líder espera.

Más allá de los cargos posibilitados por su cercanía con Sánchez, ha sido cónsul en Bogotá, consejero cultural en París y consejero de la Representación Permanente de España ante la OCDE. Su imagen dentro de Exteriores es radicalmente distinta según a quién preguntes. No tiene mala prensa entre los más jóvenes, los sindicatos y algunos entornos afines al PSOE. Pero recelan las estirpes de diplomáticos de varias generaciones y apellidos compuestos, así como muchos de los veteranos y los más significados con el PP. Entre otras cosas, temen que sea mucho más partidista que Laya en cuanto a agenda y nombramientos. “Además, es que ese relato dickensiano que hace de su carrera cabrea a mucha gente y es insultante para los demás”.

Sus colaboradores dicen que el nombramiento de Laya en 2020 le sentó como un tiro, ya que durante meses era el favorito en todas las quinielas. “Apoyó a Sánchez cuando no era nadie, había estado año y medio al lado del presidente, era su asesor diplomático desde tiempos de Ferraz, estaba en su círculo más estrecho y se enteraba de todo, incluso lo que pasaba el perímetro de seguridad… Así que lógicamente tenía expectativas de ser elegido ministro”.

Aunque él siempre ha actuado con cierta discreción, en torno a su figura se formó un grupo muy crítico con la gestión de la ministra González Laya, malestar que estalló tras la crisis con Marruecos y que coincidió con el descontento dentro del ministerio por la gestión de recursos humanos, sobre todo por los retrasos en los nombramientos en el extranjero. Albares siempre ha sido el primero en las quinielas desde que se empezó a hablar del relevo en Exteriores. “Lleva un tiempo viniendo a Madrid mucho y, de hecho, estaba desde el viernes aquí con las ponencias de política exterior que va a aprobar el próximo Congreso Federal”.

Sus colaboradores lo definen como alguien que conoce bien los detalles, un buen gestor y un buen técnico. “Pero ahora tendrá que demostrar su valor político, que no siempre está relacionado”, subrayan. En el día a día, tiene fama de ser muy educado en el trato y de tener reflejos y mucha capacidad de trabajo, aunque le achacan un carácter muy duro que puede acabar achicharrando a quienes le rodean. “A veces no es fácil trabajar con él, pero eso no tiene por qué hacerle un mal ministro”.

El nuevo ministro de Exteriores, José Manuel Albares (1972), no pierde ninguna oportunidad para recordar que procede de una familia humilde del barrio madrileño de Usera y que se abrió camino gracias al trabajo duro y las becas. Es un pedigrí llamativo en la carrera diplomática —uno de los cuerpos funcionariales más elitistas de España— y una marca personal que el hasta hoy embajador en París ha venido cultivando desde que entró en la órbita del PSOE.

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