EL EQUILIBRISMO POLÍTICO DEl 'premier' griego

Este es el hombre que puede tumbar a Tsipras, la fiera de izquierdas

Tsipras no contaba con que, Tras años de austeridad, su socio de Gobierno le fuera a poner la zancadilla justo ahora. Pero el ultranacionalista Kammenos está dispuesto a destrozar la coalición

Foto: El primer ministro griego Alexis Tsipras abraza al líder de Griegos Independientes Pano Kammenos tras la victoria en las elecciones de septiembre de 2015. (Reuters)
El primer ministro griego Alexis Tsipras abraza al líder de Griegos Independientes Pano Kammenos tras la victoria en las elecciones de septiembre de 2015. (Reuters)

Alexis Tsipras se encuentra en un momento de equilibrismo político difícil de sostener a medio plazo, una situación que amenaza con destrozar sus planes de aguantar la legislatura hasta finales de 2019. Llegar por lo menos hasta el verano del próximo año le permitiría maniobrar para tomar aire y recuperar distancia con el principal partido de la oposición, Nueva Democracia, que le saca entre 9 y 10 puntos en las encuestas. Y una de sus mejores opciones pasa por que Bruselas acepte sus presupuestos sin recorte de pensiones para el año que viene y presentarlos como las primeras cuentas elaboradas fuera de la troika desde que empezó la era de los rescates. Algo que entra dentro de lo posible.

Con lo que no contaba el primer ministro es que, tras años de austeridades y cambios de rumbo económico, su socio de Gobierno le fuera a poner la zancadilla justo ahora. Pano Kammenos, líder de la formación ultranacionalista Griegos Independientes (ANEL), está dispuesto a hacer saltar la coalición por el acuerdo con Macedonia, algo coherente con su línea de partido, pero sorprendente por muchas razones.

Cuando en junio Tsipras y el primer ministro macedonio, Zoran Zaev, se fotografiaban felices en el lago Prespes, donde se selló que ambas capitales aceptaban el cambio de nombre a Macedonia del Norte, las amenazas de Kammenos parecían poco más que bravuconadas. No era la primera vez que profería amenazas mientras se mantenía cómodamente sentado en su sillón de ministro de Defensa. Esta es la primera vez parece que Kammenos está dispuesto a pagar el peaje de quedar a la intemperie.

“Hemos cooperado para salvar el país”, dijo Kammenos hace tres días. “Nunca cooperaremos con aquellos que quieren robar nuestra historia”. Declaraciones duras… pero nada que no se hubiera escuchado antes.

Que Kammenos, el conspiracionista, exdiputado de Nueva Democracia, más un verso estridente que libre, iba en serio quedó claro tras la reunión del consejo de ministros previa al viaje de Tsipras a la última cumbre europea. En ella, el ministro de Exteriores, Nikos Kotziás, acusó a Kammenos de tomar decisiones “que dañan al Gobierno y al país para servir a sus intereses personales solamente” por haber presentado un plan alternativo al de Prespes en un foro en Estados Unidos, inmiscuyéndose en sus funciones. Y Kotziás no solamente hablaba del acuerdo con Macedonia, sino también del caso de supuesto desvío de fondos de la Unión Europea para campos de refugiados que implica directamente a Kammenos y a un grupo cercano a él. El líder de los ultranacionalistas no se arredró y acusó a Kotziás de desvío de fondos y de haber recibido dinero de George Soros.

Ahí por tanto se enfrentaron dos mundos igualmente irritables: el de Kotziás, impulsor cuando llegó a su Ministerio de una ley que pusiera negro sobre blanco los presupuestos “secretos” de cada cartera, y defensor de acabar con 26 años de disputa por un nombre con el vecino del norte, y Kammenos, defensor de la opacidad y la “historia y legado” de Grecia. Aunque, hay que decirlo, representante con matices también del sentimiento mayoritario de la ciudadanía griega, que no apoya el acuerdo. En esa reunión Tsipras y otros ministros tomaron parte por Kammenos. Kotziás dimitió y Tsipras asumió el cargo de ministro de Exteriores.

Este caso ha servido de munición inesperada para la oposición, que en bloque acusa a Tsipras de ser “rehén” de Kammenos tras este incidente. Nueva Democracia se vuelve a frotar las manos. ¿Es una amenaza real Kammenos para la estabilidad del Ejecutivo? Sin duda, más que nunca. ¿Se atreverá a apretar el botón rojo cuando el acuerdo sobre Macedonia llegue al Parlamento? No está tan claro.

Panos Kammenos junto a la ministra alemana de Defensa Ursula von der Leyen durante un encuentro en Atenas. (Reuters)
Panos Kammenos junto a la ministra alemana de Defensa Ursula von der Leyen durante un encuentro en Atenas. (Reuters)

Por un lado está el hecho de que ya ha amenazado en repetidas ocasiones a Tsipras con romper el Gobierno. Aunque también es verdad que la dimisión de un ministro como Kotziás demuestra que esta vez va está realmente dispuesto. Por otro, como miembro del Ejecutivo está más a salvo de la investigación contra él por desvío de fondos y de buena parte de las críticas por haber utilizado un defecto en la ley para para encarcelar durante una noche a tres periodistas del periódico 'Fileleftheros' que lo denunciaron en sus páginas

El tercer elemento que puede ayudarle a tomar la decisión, y no es baladí, es que las encuestas son implacables: su partido se quedaría por debajo del mínimo necesario para entrar siquiera en la Cámara. Una convocatoria de elecciones ahora sería quedarse sin escaño en unos meses.

Si algo ha aprendido Kammenos en estos años -desde que entrara en la coalición antiausteridad de 2015- es a atornillarse al sillón ministerial, a sobrevivir. Un ejemplo es su gestión del ministerio de Defensa. Tan pronto viaja a Washington para explicar sus planes para evitar la influencia rusa en los Balcanes como mantiene sus lazos con Rusia, si bien es cierto que todo el nacionalismo griego tiene vínculos con Moscú por una tradición política y cultural arraigada de siglos.

Lo mismo exhibe sus credenciales como “buen alumno” de la OTAN -Grecia es uno de los países que gasta el 2% del PIB en Defensa, algo mantenido incluso durante la crisis- que zancadillea el acuerdo con Macedonia -del desagrado de Moscú- o provoca a su socio en la Alianza, Turquía.

Kammenos tampoco está exento de reveses. Si la esperanza de ANEL era que el acuerdo firmado por Tsipras sobre el nombre naufragara en Macedonia y no tuviera que pasar el mal trago de romper con su primer ministro, por el momento parece que tendrá que esperar... y, en su caso, rezar.

Tras un referéndum en el que triunfó la abstención, el primer ministro Zaev está consiguiendo dar pasos para reformar la Constitución y el nombre del país. En un primer trámite parlamentario convenció a los dos tercios de la Cámara para admitir que se reforme la Carta Magna. Un primer trámite de muchos para un proceso podría estar listo como tarde en enero, pero va hacia adelante. Si finalmente Skopje, que se juega mucho, sobre todo su posible entrada en la OTAN y en la UE, da la luz verde, la pelota volverá al campo de Grecia.

Ahí estará Kammenos con su botón rojo.

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