la economía despega, aunque frágilmente

Grecia: fin del rescate que salvó a un país y arruinó a una nación

La troika evitó que Grecia cayera al abismo pero ahora es uno de los países más pobres de la UE, con los salarios más bajos y la emigración disparada. Estas son las consecuencias de tres rescates

Foto: Pensionistas griegos protestan contra los recortes en Atenas, el 8 de marzo de 2018. (Reuters)
Pensionistas griegos protestan contra los recortes en Atenas, el 8 de marzo de 2018. (Reuters)

Es el fin de una era, pero ni mucho menos el final de un estado de ánimo. La salida este lunes de Grecia del tercer rescate, firmado en 2015, es una victoria pírrica para el país. Los tres planes de “ayuda” coordinados por los caballos del Apocalipsis de la troika, atrincherados en los últimos tiempos en su base del hotel Hilton de Atenas, sirvieron para que Grecia se asomara -sin caerse- al abismo, pero también para que la sociedad que en 2007 tenía un poder de compra similar a España se encuentre ahora viviendo en uno de los países más pobres de la UE, con los salarios más bajos y con la emigración disparada, sobre todo entre los jóvenes más preparados, que acaban absorbidos -y por tanto contribuyendo- por países como Alemania.

Una tabla de salvación autoimpuesta

Este último plan de rescate, firmado en 2015, nació como algo inevitable. Después de años de humillaciones, el pueblo griego decidió que debía sentarse en Megaro Maximou la izquierda radical, liderada por Alexis Tsipras, que prometía acabar con la austeridad y expulsar a los poderes intervencionistas del país. La ola de euforia de aquel enero todavía resuena en algunos de los discursos de los más inveterados políticos de izquierdas, sobre todo los que abandonaron el barco a la primera zozobra. Las calles llenas de cánticos revolucionarios, tras más de un lustro de malas noticias, se convirtieron en una constante sobre la que galopaba el ministrísimo Yanis Varufakis, que prometió con su teoría de juegos y su intelecto batir al adusto Wolfgang Schäuble.

En su narrativa: Grecia tenía razón y era cuestión de tiempo que Varufakis 'enseñara' a sus acreedores lo que debían hacer. Sorprendentemente nadie en el Eurogrupo quiso ser aleccionado. Se apretaron las tuercas, se impuso un corralito y surgió un referéndum que ganó Tsipras. Pero tuvo que firmar. Lo que podía haber sido una negociación se convirtió en un choque de trenes y la única oportunidad de salvación de Grecia era firmar otro paquete de rescate. Tsipras lo hizo.

La economía despega, aunque frágilmente

Tras tres planes de “ayuda”, Grecia ha recibido más de 286.000 millones de euros de la UE y el FMI, la mayor parte con destino a pagar deuda. Una deuda que asciende al 180% de su Producto Interior Bruto (PIB). A pesar del alivio de la deuda acordado en el mes de junio, que extiende los periodos de maduración de una parte de la deuda y alivia el peso de los intereses en otra, pueden facilitar el acceso de Grecia a los mercados en un futuro no lejano, aunque no inmediato. Las salidas de prueba del Gobierno han dado buenos resultados, pero no dan para euforia. Incluso los que aseguran que la deuda es sostenible reconocen que se tardarán muchas décadas, varias generaciones seguramente, en pagarla.

El Fondo Monetario Internacional (FMI), que se ha resistido hasta ahora a participar en los postreros pasos del último rescate, sigue pensando que la testarudez de la Unión Europea -liderada por Alemania- de evitar un recorte de la deuda, puede ser un problema en el medio y largo plazo. El Gobierno de Atenas, que sabe que conviene llevarse bien con sus vecinos, se agarra a los 24.000 millones de euros de margen de caja que le han dejado los acuerdos para asegurar que todo irá bien. También al hecho de que, tras caer un cuarto de su PIB en los años de la crisis, está creciendo de nuevo, un 2,3% en el primer trimestre del año, el quinto consecutivo. La Comisión Europea calcula que habrá un crecimiento de 1,9% en 2018. Hasta el FMI cree que Grecia crecerá por encima del 2% en 2019. El paro ha caído por primera vez del 20%, tras un pico que rozó el 28% en 2013, una cifra que, no obstante sigue estando a la cabeza en la UE.

Alexis Tsipras durante una ceremonia tras hacerse con el poder en Grecia. (Reuters)
Alexis Tsipras durante una ceremonia tras hacerse con el poder en Grecia. (Reuters)

La ruina de los griegos

Sin duda los objetivos de rigor presupuestario han sido el gran tira y afloja entre el Gobierno en Atenas y en Bruselas y Washington. Grecia ha cumplido con creces, quizás demasiado, la austeridad presupuestaria. En 2016 y 2017 consiguió un superávit primario -antes de pagar la deuda- de un 4%, muy por encima de las exigencias de los acreedores. Todo ello a base de recortar todavía más en servicios básicos como la sanidad y la educación, ya esquilmados por recortes previos de los otros dos rescates, y, sobre todo, de mantener una presión fiscal inaudita sobre la clase media, sobre los autónomos, sobre trabajadores de todo tipo.

La falta de recuperación del tejido empresarial que domina el mercado, las pymes, se debe, según los expertos, a que los pocos que tienen dinero para comenzar un negocio se ven disuadidos por la cantidad de impuestos, por ejemplo el de los beneficios pagar por adelantado, que tienen que afrontar.

Si Grecia quiere seguir manteniendo los objetivos a los que se ha comprometido, un superávit primario del 3,5% hasta 2022 y del 2% hasta ¡2060! se verá obligado a mantener esta presión o -anatema- a hacer reformas para que su economía dependa de alguna cosa más de algo tan estacional como el turismo.

Un español tiene más de poder adquisitivo

Los sucesivos recortes han instalado un poso de pesimismo en el carácter anteriormente despreocupado de los griegos. Siguen yéndose de vacaciones -a la casa de los suegros- o a cenar a restaurantes, pero pocos comparten las expectativas positivas de su Gobierno. Mientras Portugal, España o Irlanda se han recuperado en gran medida de sus rescates, los griegos ven como sus pensionistas han visto sus jubilaciones recortadas 14 veces -una arriba una abajo- contando la de 2019, ya acordada con los acreedores. Muchas familias dependen de estas pensiones para sobrevivir, y solo la tradicional solidaridad familiar de muchos países del sur de Europa impide ver a más gente viviendo en la calle. Los precios de la vivienda han caído un 42% desde los niveles precrisis, y los préstamos impagados son 8 veces mayores a los de 2008, lo que pone a los bancos en una situación de riesgo.

En 2007, un griego podía pagar lo mismo que un español, un 20% más que un portugués, y, qué tiempo, 70% más que un polaco. Ahora las tornas han cambiado, y un español tiene un 40% más de poder adquisitivo que un griego. Ahora Grecia, que una vez encabezó europa, solamente es más rica que Bulgaria, Croacia y Rumanía. Y parece que será así por un tiempo.

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