grecia saldrá del rescate el 20 de agosto

Los griegos se hunden en la miseria... pero ya nadie protesta

Con la excepción del sector público, el seguimiento de la octava huelga general de la era Tsipras ha sido muy escaso. Y no precisamente porque las cosas vayan mejor que antes

Foto: Miembros de la formación comunista PAME durante la huelga general en Atenas, mucho menos masiva que en ocasiones anteriores, el 30 de mayo de 2018. (Reuters)
Miembros de la formación comunista PAME durante la huelga general en Atenas, mucho menos masiva que en ocasiones anteriores, el 30 de mayo de 2018. (Reuters)

Son las nueve de la mañana. En un barrio de clase media de Atenas los padres dejan a sus hijos en la guardería. El típico microbús amarillo está allí, las profesoras salen a recibir a los niños. Muchos padres encaminan sus pasos hacia la parada del autobús. Hay cierto retraso, pero pueden coger un café para llevar en un local recién abierto. Los cuatro empleados del café trabajan a buen ritmo. Ante la parada del autobús una frutería tiene expuestas las naranjas recién traídas en camión desde las afueras. Un viaje en autobús con la misma gente de todos los días hasta llegar al metro. Espera de tres minutos. Tren directo a Syntagma, donde se celebra la manifestación sindical de esta muy descafeinada, si no casi inexistente, jornada de huelga general en Grecia.

Si durante el franquismo se decía que el cierre de la Seat de Barcelona era el termómetro del éxito de una huelga, en un país ya casi exclusivamente de turismo y servicios como este los transportes y los comercios podrían ser ese termómetro. El primero ha funcionado casi con normalidad, excepto los autobuses que han comenzado el servicio a la 9 de la mañana y pararán de nuevo a las 9 de la noche. El metro solamente ha sufrido el corte del transporte hacia el aeropuerto. Los ferries a las islas sí han hecho paro de 24 horas, creando cierta incomodidad en los turistas. Las tiendas, todas abiertas. En ellas, ante la pregunta de por qué no cerraban en día de huelga, la respuesta de los empleados se dividía entre los que respondían con un gesto incrédulo y los que lo hacían con uno burlón.

En la falda de la Acrópolis actividad normal, terrazas a rebosar de sandalias con calcetines, y en los hospitales públicos los médicos siguen una huelga que ha dejado las instalaciones en servicios mínimos. Aunque apenas signos de la misma en el exterior del hospital de Evangelismós, uno de los más grandes de Atenas. La única pancarta reivindicativa pedía… parking gratuito para los que usan y trabajan en el centro.

En Syntagma, frente al Parlamento, epicentro de las manifestaciones antiausteridad más duras, de los enfrentamientos sin cuartel con la policía, reina la calma bajo un sol sin escapatoria que se refleja en el mármol y encuentra ángulos inéditos para abrasar a los que pasan. A las 12, los principales sindicatos, el del sector público (ADEDY) y el del privado (GSEE), habían hecho un llamamiento a manifestarse entre otras cosas contra el último “decretazo” del Gobierno de Alexis Tsipras, las últimas y enésimas medidas de ajuste antes de la salida del rescate en agosto. Razones no faltan. “El Gobierno implementa las mismas políticas que han destruido al pueblo y la economía, y ahora pone más peso en las espaldas de los trabajadores con más medidas”, decía el comunicado de la convocatoria de GSEE.

Y a pesar de todas estas razones, la octava huelga general del Gobierno de Tsipras -y seguramente la última huelga general de los programas de rescate- ha concentrado a unos cientos de personas, quizás cerca del millar. El sindicato PAME, brazo del partido comunista y siempre disciplinado en la puesta en escena, se esforzaba por desplegar a los manifestantes frente a la tumba del soldado desconocido, donde decenas de turistas curiosos dejaban de observar por un momento el famoso cambio de guardia para ver las banderas blancas desplegadas por los manifestantes de todas las edades, venidos de distintos puntos de Grecia.

Policías antidisturbios protegen la Federación Helénica de Negocios durante la huelga. (Reuters)
Policías antidisturbios protegen la Federación Helénica de Negocios durante la huelga. (Reuters)

Paros masivos solo en el sector público

Uno de los participantes, llegado de fuera de Atenas, se despegaba por unos instantes del grupo, sujetaba la bandera tras la espalda, y trataba de alcanzar a ver ese cambio de guardia entre un nutrido grupo de visitantes uniformados -o marcados- por sus mochilas a juego. Mientras una joven con acento del sur de Europa exclamaba en inglés “Es mi primera vez en Atenas” al tiempo que observaba anonadada la manifestación (¿alguien ha dicho turismo de manifestaciones?), un grupo de señoras brasileñas de mediana edad, bermudas y sombrero de tela grababan un vídeo selfie imitando las maneras de una reportera que está en medio de un tumulto. Divertidas, las demás le seguían el juego. Sin olvidar a la japonesa divina haciéndose selfies con el Parlamento de fondo y con la protesta. Todo vale en el reino de Instagram.

En la incansable búsqueda por encontrar reductos de una huelga general, el valor seguro era el sector público, donde apenas se ha movido una hoja de papel este miércoles. Estos quizás son los únicos en un país con más de un 20% de paro que pueden “permitirse” perder un día de sueldo. Los periodistas también hacen huelga de 24 horas, si bien esta es obligatoria por haber sido convocada por el sindicato que los agrupa.

Aún así, decir que ha sido un “fracaso” de alguien sería no ver el cuadro completo. Los griegos llevan protestando desde el año 2008 y, salvo el rayo de esperanza del referéndum de 2015, apenas han conseguido nada. Muchos ciudadanos, cada vez más, en el día a día muestran su descreimiento en que salir a la calle sea producente.

Desde 2010 ha habido al menos 50 huelgas generales, a los que hay que sumar los paros parciales. Grecia saldrá del rescate, si todo va bien, el 20 de agosto. Hasta el entonces el Gobierno aprobará por la vía exprés, y nada parece que vaya a impedirlo, el 14 de junio las últimas medidas de cara al Eurogrupo del 21. Pero esto no significa que Atenas vaya a salir del yugo. Se prevén más recortes de pensiones y aumentos de impuestos para 2019 y 2020, y el plan de crecimiento de Tsipras no ofrece garantías.

Grecia seguirá en la UCI durante varios años más, con miedo a la recaída, seguida muy de cerca por sus socios y, de momento con una deuda del 180%. La gran duda es si, terminados los programas de rescate y la intervención directa de los acreedores, resucitará el espíritu contestatario de los griegos en la calle, que por ahora está en coma.

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