Grecia abandonará por fin su tercer rescate

Cuenta atrás para Grecia (y la eurozona): dos meses para poner fin a ocho años de rescates

Grecia, que se convirtió en escenario de una guerra política a nivel continental en la que se llegó a temer por la ruptura del euro, aún tiene una última batalla por librar

Foto: Un manifestante ondea una bandera griega durante una protesta contra el gobierno en el exterior del Parlamento de Atenas, en Grecia. (EFE)
Un manifestante ondea una bandera griega durante una protesta contra el gobierno en el exterior del Parlamento de Atenas, en Grecia. (EFE)

Cuando el calor aprieta y los turistas se aprietan aún más a unos pasos frente a la mar que baña la miríada de paraísos terrenales que se esconden en Grecia, los locales dejan de un lado los fastos veraniegos para ayunar dos semanas. Se preparan con fervor para celebrar una de las fechas más señaladas del calendario ortodoxo, el dekapentavgoustos o 15 de agosto, que marca la asunción de la Virgen a los cielos.

Este año, a los griegos -y a muchos europeos- no les faltarán motivos para descorchar una buena botella de ouzo apenas cinco días después cuando, si nada vuelve a torcerse en este drama que ha sido la crisis helena, Grecia abandone por fin su tercer rescate. Un vía crucis marcado por tres dolorosas ayudas financieras, miles de millones prestados, un cuarto del PIB perdido de 2010 a 2015, un desempleo que afectaba a uno de cada cuatro griegos en edad de trabajar y una deuda que supera el 180% de su PIB.

“Es un momento importante que marcará el fin de la asistencia financiera para Grecia, pero también para la zona del euro. Será verdaderamente pasar la última página de la crisis del euro”, ha asegurado el comisario europeo de Asuntos Económicos y Financieros, Pierre Moscovici, al término del Eurogrupo informal celebrado este viernes en Sofía, donde se ha revisado la situación. Los acreedores han acordado regresar a Atenas el 14 de mayo, la última visita de los “hombres de negro” que han quedado bautizados en la memoria colectiva como “la troika”.

Y es que Grecia, que se convirtió en escenario de una guerra política a nivel continental en la que se llegó a temer por la ruptura del euro, aún tiene una última batalla por librar, que promete ser tan compleja y delicada como las anteriores. “Hemos hecho el 90% del trabajo, tenemos que finalizar el 10% que resta”, ha señalado Moscovici, quien se ha declarado optimista. Más prudente ha sido el ministro alemán de Finanzas, Olaf Scholz. “Ahora daremos los próximos pasos. Lo correcto es escuchar y esperar a las evaluaciones de (progreso hecho en) el programa. Todo el mundo sabe que la situación ha mejorado, pero por supuesto que tenemos que mirarlo con más detenimiento”, ha dicho a su llegada al primer Eurogrupo en el que participa.

El ministro heleno de Finanzas ha presentado hoy a sus socios un plan de fomento del crecimiento e inversiones que pretende tranquilizarles

La misión de los acreedores evaluará precisamente sobre el terreno el progreso logrado en diversas áreas, como el pago de atrasos a proveedores. “Es importante que las discusiones se lleven a cabo rápido”, ha recalcad Benoit Couré, el miembro francés de la ejecutiva del BCE. No le falta razón: apenas faltan dos meses para dejar todo bien atado. El objetivo es que todo esté listo para que en la reunión del Eurogrupo que se celebra el 21 de junio los ministros del euro y las instituciones puedan dar su visto bueno al fin del programa.

Evitar que Grecia se despeñe

Si se logran acordar los flecos sueltos, los socios europeos desembolsarán los últimos 1.000 millones pendientes para Grecia, que el país guardará como un “colchón de efectivo” para disponer de liquidez si volviera a sufrir estrecheces presupuestarias durante los 12 meses posteriores al fin del rescate. No es la única medida prevista para evitar que el país sufra una recaída tras casi una década manteniéndose a flote gracias a las transfusiones financieras de sus socios.

Atenas se ha comprometido a no caer en desfases y a seguir la senda reformista. El ministro heleno de Finanzas, Euclides Tsakalotos, ha presentado este jueves a sus socios en Sofía un plan de fomento del crecimiento e inversiones que pretende tranquilizarles. Y aunque los propósitos han sido acogidos con satisfacción, los socios saben que las palabras se las lleva el viento y que los planes en política bien pueden quedarse en papel mojado. Por ello, los socios están diseñando un programa de “vigilancia reforzada”, con el que seguir de cerca la deriva del país una vez que abandone el programa financiero. Todos los países que han sido rescatados, incluido España, están sometidos a revisiones periódicas, con el objetivo de asegurarse de que no se pone en riesgo la devolución del dinero prestado.

Si se logran acordar los flecos sueltos, los socios desembolsarán los últimos 1.000 millones para Grecia, que el país guardará como un “colchón"

“Somos muy pacientes, pero queremos ser pagados de vuelta”, ha señalado Klaus Regling,el director gerente del fondo de rescate de la eurozona, el Mecanismo Europeo de Estabilidad (MEDE). Los socios quieren tener pactado el diseño de este programa de vigilancia el 21 de junio, para el que están circulando varias ideas.

“Una vez acabe el rescate, sabemos que deben continuar la aplicación de reformas. Por eso será necesario un mecanismo y la continuación de políticas presupuestarias ordenadas”, ha recalcado Moscovici. Pero no es tan sencillo: al mismo tiempo, es necesario devolver a Grecia las riendas de sus políticas económicas y fiscales.

El presidente del Eurogrupo y ministro de Finanzas de otro país rescatado, Mário Centeno, ha puesto el dedo en la llaga, al recordar lo importante que es en una situación como ésta que todas las iniciativas partan de Atenas y de los griegos. Se trata de poner fin a las imposiciones externas que tanto sublevaron a los griegos cuando no solo dieron el gobierno a Alexis Tsipras y sus promesas de cambio, sino cuando también rechazaron en referéndum aceptar las condiciones de sus socios, pese a estar al borde del abismo que acabó conduciendo al tercer rescate. Con esto en mente, en dos meses los europeos tendrán que resolver el enésimo dilema heleno: ¿cómo apretar, para que Grecia no se convierta en un Ícaro una vez alce el vuelo, pero sin ahogar?

Las deudas con el deudor

Una de las cuestiones más espinosas que aún quedan pendientes es la del alivio de deuda que los socios europeos se comprometieron a conceder a Grecia si seguía la senda trazada. Atenas, con muchos tiras y afloja, con innumerables problemas y retrasos, ha cumplido. Pero los acreedores son ahora los que no saben cómo cumplir con lo prometido. El Fondo Monetario insiste en que la deuda de Grecia, que suma el 180% de su PIB, es insostenible y que es necesaria una quita. Pero esta medida, que supondría que los países de la eurozona perderían parte de los 248.000 millones que Atenas les debe, se encuentra con la negativa tajante de Alemania, Holanda y el resto de socios ortodoxos.

Francia está apostando por poner en marcha un mecanismo que ligue el alivio de la deuda con el crecimiento del país. Pero, al final, la cuestión no es solo cuánto, sino también como. Un problema que la eurozona lleva años eludiendo -no logró ponerse de acuerdo ni siquiera con la negativa del FMI de poner más dinero en Grecia si no se acordaban medidas tajantes en este sentido- y al que en los próximos dos meses tendrá que dar respuesta.

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