LA PARÁLISIS POR LA TESTARUDEZ NACIONALISTA

¿Cambiaría el nombre de su país para entrar en la OTAN y la UE? Macedonia sí

Durante décadas, mientras Macedonia se negaba a cambiarse el nombre, Grecia vetaba a perpetuidad las negociaciones para la entrada del país en la OTAN y la Unión Europea

Foto: Un macedonio protesta ante la estatua de Alejandro Magno, en Pella, Grecia. (Reuters)
Un macedonio protesta ante la estatua de Alejandro Magno, en Pella, Grecia. (Reuters)

¿Estaría dispuesto a cambiar el nombre de su propio país a cambio de entrar en la OTAN y en la Unión Europea? ¿Renunciaría a héroes y señas de su identidad nacional, tan férreamente construida y defendida desde la independencia a cambio de entrar en estas organizaciones que no pasan por su mejor momento? Pues es lo que está haciendo, grosso modo, Macedonia o, como le llaman las autoridades españolas, Antigua República Yugoslava de Macedonia (ARYM), que podría terminar llamándose Macedonia del Norte.

Durante décadas Grecia ha tenido un problema fundamental con Macedonia. Simplificando la cuestión: este nombre -dado por Tito antes de la desmembración de Yugoslavia- coincidía con el de la región noreste del país heleno, y Atenas temía que tarde o temprano el vecino decidiera reclamar territorios nacionales. Mientras Macedonia se negaba a cambiar su nombre (y a reformar una constitución en la que se insinúa el derecho a anexionarse territorios del vecino), Grecia vetaba a perpetuidad las negociaciones para la entrada del país en la OTAN y la Unión Europea.

La parálisis estaba garantizada por sucesivos líderes a ambos lados de la frontera, lastrados por pura inercia balcánica: la testarudez nacionalista. Pero esto pareció terminarse con la “conjunción astral” de la llegada al poder en Macedonia del socialdemócrata Zoran Zaev, con su Gobierno aperturista que terminó con el mandato del oscuro conservador Gruevski, y de Alexis Tsipras, sin las mochilas de los partidos tradicionales, en Grecia.

Los dos líderes han demostrado una sintonía que no se veía hacía años entre los primeros ministros de ambos países. Sorprendentemente, ni siquiera las masivas manifestaciones en las ciudades de sus respectivas naciones (en Atenas ni la crisis saca a la calle a un cuarto de la gente que ha salido para proteger un nombre) han hecho descarrilar un proceso.

Tsipras se enfrenta a la oposición dentro de su propio Gobierno, pues su socio, el nacionalista Panos Kammenos, ya ha dicho que no apoyará ninguna solución que incluya el nombre de Macedonia en la denominación del país. Zaev, que gobierna en minoría, lucha contra la presión de los votantes conservadores. Tsipras y Zaev son considerados por muchos traidores, y sin embargo han dado un paso de gigante para resolver un conflicto en los Balcanes de una manera atípica: sin pegar un solo tiro.

“Macedonia del Norte” podría descarrilar en cualquier momento

En un acuerdo que podría ser ratificado el sábado -ya hay manifestaciones convocadas en su contra-, ARYM comenzaría el camino minado que le llevaría a ser Macedonia del Norte. El acuerdo debe pasar por un referéndum en Macedonia, además de ser aprobado por las cámaras legislativas de los dos países. Un reto difícil aunque no imposible.

De momento, ha sido Macedonia la que ha dado pasos más claros para frenar reticencias en Grecia, como renombrar el principal aeropuerto, que hasta ahora se llamaba Alejandro Magno. Los vuelos con Atenas podrían reanudarse pronto. Para los griegos reclamar al conquistador como héroe nacional -pues era macedonio… aunque helénico- era una muestra de las malas intenciones de los macedonios.

Lo que está claro es que la solución a este problema, consideraciones nacionalistas aparte, beneficiaría a ambos países. En medio de una creciente injerencia rusa, Skopje podría empezar la adhesión a la OTAN tal y como ha hechos su vecina Montenegro, y dar los primeros pasos para integrarse en la UE en una próxima ampliación. Para Grecia la solución de este conflicto comenzaría a abrir el camino, sobre todo tras la eventual entrada de Serbia, a una comunicación práctica por tierra con el territorio UE, para mayor facilidad de exportaciones.

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