abriría la puerta a la entrada a la ue y la otan

Referéndum en Macedonia: una consulta histórica entre una explosión de 'fake news'

Los ciudadanos del país deben decidir hoy si aceptan el cambio de nombre que permitiría resolver un conflicto que dura más de un cuarto de siglo. Lo complican la apatía... y una campaña de Rusia

Foto: Un hombre pasa frente a un poster que pide el 'Sí' en el referéndum de Macedonia, en Skopje, el 28 de septiembre de 2018. (Reuters)
Un hombre pasa frente a un poster que pide el 'Sí' en el referéndum de Macedonia, en Skopje, el 28 de septiembre de 2018. (Reuters)

Macedonia es un pequeño país, sin apenas espacio en los medios, que este domingo puede dar una muestra de que, en un mundo cada vez más unilateralista, nacionalista y nativista, la diplomacia tiene aún cabida y puede resolver problemas. El referéndum para cambiar su nombre y acabar con un conflicto que dura más de un cuarto de siglo con Grecia puede sentar las bases para una salida negociada a la inestable situación de los países exyugoslavos, por ejemplo para Serbia y Kosovo. Al menos para mostrar que es posible.

Desde su independencia, tras la desintegración de Yugoslavia, Macedonia ha reclamado para sí este nombre, así, a secas. Pero Grecia consideraba que esto podría dar pie a futuras reclamaciones de territorio heleno -su región norte se llama también Macedonia-, por lo que, como condición para entrar en la ONU se llegó al acuerdo temporal de llamarla Antigua República Yugoslava de Macedonia (ARYM, o FYROM en inglés), una denominación de obligado cumplimiento para los documentos oficiales… y para los no oficiales, bajo riesgo de recibir una llamada de la embajada griega.

Atenas se guardó entonces una carta bajo la manga: sin una definitiva resolución del conflicto por el nombre (ARYM era provisional), Grecia vetaría la entrada de Macedonia en la OTAN y la UE, dos jugosas membresías que hasta ahora Skopje había dejado de lado. Y en esas han estado décadas hasta el año 2018, en el que la coincidencia de los que son posiblemente los ejecutivos menos nacionalistas de las últimas décadas en ambas naciones -los de Zoran Zaev y Alexis Tsipras- desembocó en un acuerdo histórico: Grecia aceptaría que ARYM se llame Macedonia del Norte. El primer paso es que se apruebe por referéndum este domingo en Macedonia, y el siguiente es que el Parlamento griego de el visto bueno. Pero sin un ‘sí’ rotundo en la consulta macedonia, todo lo demás no habrá sido otra cosa que el cuento de la lechera.

El primer ministro griego Alexis Tsipras y el macedonio Zoran Zaev durante la firma del acuerdo en el lago Prespa, cerca de Otesevo, el 17 de junio de 2018. (EFE)
El primer ministro griego Alexis Tsipras y el macedonio Zoran Zaev durante la firma del acuerdo en el lago Prespa, cerca de Otesevo, el 17 de junio de 2018. (EFE)

El primer riesgo: la baja participación

Si hay algo que preocupa al Gobierno macedonio no es que el plan pueda ser rechazado. De hecho la pregunta del referéndum está diseñada para apelar a lo que los macedonios más desean en su conjunto: ¿Apoya la integración en la Unión Europea (UE) y la OTAN al aceptar el Acuerdo entre la República de Macedonia y la República de Grecia? La UE y la OTAN primero. El temor es que la consulta no llegue al 50% de participación, que la haría no vinculante. Según las últimas encuestas, la participación contando a los residentes extranjeros llegaría al 58%, pero sin ellos rebasaría por poco el 42-43 %. Algunos diplomáticos occidentales ponen la venda antes de la herida, diciendo que aún en ese caso un resultado afirmativo sería imposible de ignorar.

En esto tendrá mucho que decir la población albanesa, que supone aproximadamente 300.000 votos en un país de dos millones de personas. Haciendo un cálculo, si un eventual ‘sí’ podría prosperar con 900.000 votos, su participación será determinante. Los albaneses macedonios -cuyos partidos, por cierto, son el socio del Gobierno de Zaev- están radicalmente a favor del acuerdo, porque consideran que sus derechos diferenciales serán más respetados si entran en la UE, y su proamericanismo les sitúa también a favor de la OTAN. Para favorecer esta promesa -que en cualquier caso se cumplirá en un futuro nada cercano- el Secretario de Defensa de EEUU James Mattis, el Secretario general de la Alianza Atlántica Jens Stoltenberg, la canciller alemana Angela Merkel y la jefa de la diplomacia europea Federica Mogherini han visitado Skopje desde que se firmó el acuerdo entre Grecia y Macedonia en el lago Prespes en junio.

Del lado eslavo, mayoritario, las cosas están más disputadas por la cercanía cultural con Rusia. Según algunos sondeos, la balanza se inclina hacia el rechazo. Está el lado más radical donde el ultranacionalista Janko Banchev, en la sede de cuyo partido ondea la bandera de Rusia, dice que este acuerdo -como el matrimonio gay- acaba con las esencias nacionales, y en el más moderado el presidente del país, Gjorge Ivanov, que intervino ante las Naciones Unidas esta semana, diciendo que un voto por el sí otorgaría la soberanía de Macedonia a terceros países. En un lugar ambiguo estarían los conservadores (VMRO): estos piden el boicot con la boca pequeña por la presión internacional y porque, seguramente, esperan conseguir del Ejecutivo algunos favores importantes, como el indulto a varios de sus altos responsables condenados por corrupción, como el ex primer ministro Nikola Gruevski. El VMRO lo niega.

Una mujer pasa junto a una pancarta que pide el boicot en el referéndum, frente al Parlamento en Skopje, el 27 de septiembre de 2018. (EFE)
Una mujer pasa junto a una pancarta que pide el boicot en el referéndum, frente al Parlamento en Skopje, el 27 de septiembre de 2018. (EFE)

¿Una campaña de propaganda rusa?

En esta falla social entre eslavos y albaneses es donde entra en juego un factor que ya no es desconocido para nadie: la propaganda rusa. Es obvio que, tal y como sucedió ya con Montenegro, Moscú lucha con todas sus fuerzas para evitar que se expanda la OTAN a países que considera de su órbita -tiembla con la posible entrada de Serbia, por ejemplo- y tampoco le hace gracia que la UE “conquiste” los Balcanes.

Centros como el Investigative Reporting Lab han dado la voz de alarma sobre los intentos de inflamar las redes sociales para intentar el boicot del referéndum. Han localizado decenas de bots expandiendo el hashtag #Bojkotiram (boicot, en macedonio) y artículos polémicos, como el de unos supuestos ejercicios militares a gran escala llevados a cabo por “Occidente” en Macedonia, que se volvió viral. En un país con una confianza bajo mínimos en los medios de comunicación, los medios sociales son la gran y más fiable fuente de información para muchos macedonios. Diplomáticos occidentales hablan de una cuarentena de páginas en Facebook que surgen cada día llamando al boicot del referéndum lo que, para ellos, es el modus operandi de otras operaciones de la propaganda rusa. Una frase que se repite mucho en estas páginas es: “¿Vas a dejar que los albaneses cambien tu nombre?”.

La ironía es que Macedonia saltó a las páginas de todos los periódicos del mundo el año pasado porque en la pequeña ciudad de Veles, en el norte, estaba implantado uno de los epicentros de fabricación de 'fake news' en las redes sociales del mundo. Muchos de los artículos que influyeron las elecciones estadounidenses de 2016 salieron de allí. Ahora el país podría caer víctima de una propaganda que contribuyó mucho a la prosperidad de una de sus ciudades.

Y más allá de las maniobras en internet, la interferencia clásica. Con acusaciones de interferencia en la consulta han llegado de países tan poco sospechosos de rusiofobia como Grecia, que expulsó hace unos meses a varios diplomáticos rusos acusados de intentar descarrilar el proceso ayudados por un empresario con cercanía con Moscú -todos apuntaron al oligarca Ivan Savvidis- financiando, por ejemplo, manifestaciones contra el cambio de nombre o sobornando a funcionarios de ambos países.

Macedonia se enfrenta este domingo a un día histórico, pero su mayor obstáculo podría llegar a ser la indiferencia.

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