Guerra comercial

Estados Unidos necesita un alivio: la Fed, en el punto de mira de Trump

El enfrentamiento comercial entre Washington y Pekín cumple un año. Para los expertos es la razón principal por la que la economía estadounidense no está creciendo más rápido

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Estados Unidos necesita un alivio: la Fed, en el punto de mira de Trump

La guerra comercial entre Washington y Pekín dura ya un año, y cada vez se notan más las heridas. El sector minorista advierte un aumento de los costes, los productos del hogar se encarecen y los granjeros han perdido a uno de sus principales compradores. Y en medio, como un vecino temeroso de recibir un golpe, una de las instituciones más sobrias y respetadas de Estados Unidos: la Reserva Federal.

"La principal razón por la que la economía de EEUU no está creciendo más rápido es debido a la política comercial y las disputas del presidente con China", dice a este diario Lynn Reaser, economista jefe de Point Loma Nazarene University y veterana observadora de la Fed. "Los aranceles y los límites tecnológicos han ralentizado la economía de China, con efectos que se han propagado por todo el mundo. La confianza empresarial de Estados Unidos y la inversión han sufrido".

Aunque el empleo sigue en buena forma, el crecimiento del PIB ha perdido fuelle, hasta rondar el 2%, y el sector agrícola ha tenido que recibir 28.000 millones en subvenciones para compensar sus pérdidas. Una escalada que puede ir a peor. El presidente norteamericano, Donald Trump, ha amenazado con subir los aranceles un 10% más a 300.000 millones de dólares en productos chinos, si no hay acuerdo antes del septiembre. Como respuesta, China juega con la depreciación de su divisa.

Aquí entraría la Reserva Federal. "El presidente quiere lograr un crecimiento económico más rápido", continúa Lynn Reaser. "Cree que unos tipos de interés más bajos ayudarán a conseguir ese objetivo, animando el crédito y debilitando al dólar". Esta relajación monetaria, además, estaría en línea con los recortes de tipos y las señales expansivas que llegan desde otros bancos centrales del mundo.

La Fed, después de recortar los tipos un 0,25% a finales de julio, prefiere seguir observando los acontecimientos: una actitud que solo ha redoblado las presiones de la Casa Blanca. "Como de costumbre, Powell nos decepcionó", tuiteó el presidente Donald Trump horas después de la decisión monetaria (la primera bajada desde antes de la Gran Recesión). "Estamos ganando de todas formas, pero ciertamente no estoy recibiendo mucha ayuda de la Reserva Federal".

Algunos economistas consideran que no hacía falta dicho recorte, y que además podría ser leído como una claudicación de la Fed, una institución autónoma y libre, frente a las presiones múltiples de un presidente que no se detiene ante nada.

"Probablemente, no es intencional, pero al dejar claro que recortará los tipos de interés para compensar el coste económico de la guerra comercial, el jefe de la Fed puede haber envalentonado al Guerrero Comercial en jefe de la nación", escribió Alan Murray, CEO de Fortune. "Eso podría posibilitar que el presidente prosiga con su agenda de atacar a China sin tener que pagar un precio económico (y político)".

La Reserva Federal es un órgano independiente desde que, en 1951, su política monetaria fue oficialmente separada del manejo de la deuda por parte del Gobierno. Sus presidentes han solido gozar de un fuerte apoyo bipartidista, como testimonian el caso de Bill Martin, que dirigió la Fed durante cinco administraciones, de Truman a Nixon, o el de Alan Greenspan: desde Ronald Reagan a George W. Bush.

Después de Greenspan, Ben Bernanke estuvo cuatro años con Bush y otros cuatro con Barack Obama. Su sucesora, Janet Yellen, estuvo la segunda mitad de la era Obama. Cuando terminó su mandato, en 2018, había un nuevo inquilino en la Casa Blanca. Rompiendo, una vez más, las tradiciones, Trump no la volvió a nominar.

Desde entonces ha empleado otros instrumentos, además de Twitter, para presionar al jefe de la Fed que él mismo nombró, el inversor Jerome Powell. Uno de ellos es colocar a sus aliados en la cúpula de la Fed. Las nominaciones de Stephen Moore, un autor y comentarista televisivo, y el político Herman Cain, levantaron una polvareda que obligó a los dos a renunciar a la posibilidad. Trump dijo después que nominaría a Judy Shelton, una antigua asesora de su campaña y partidaria de bajar los tipos de interés a cero, y Christopher Waller, vicepresidente ejecutivo de la Fed de San Luis.

Luego estaría la opción más directa. El equivalente a pulsar el botón nuclear: deshacerse de Jerome Powell. "El presidente no puede despedir a ninguno de los actuales miembros de la Reserva Federal o sustituir al presidente hasta que su mandato de cuatro años termine, en febrero de 2022", explica la profesora Reaser. "Está nominando a sus propios candidatos para rellenar, a medida que se liberen, los siete asientos del Consejo de Gobernadores".

Pero quizás la argamasa de la tradición y la legalidad no disuada al presidente, que se metió en una tormenta política al despedir al director del FBI, James Comey, en junio de 2017. Según la agencia Bloomberg, Donald Trump ha estado sopesando desde hace meses la opción de echar a Powell de su puesto; la estuvo discutiendo, según media docena de fuentes, con los servicios jurídicos de la Casa Blanca.

La rudeza de la política se ha metido en ese mundo etéreo de intelectuales economistas, la Reserva Federal; un consejo de sabios que rara vez se manifiestan, y que viven separados del ruido callejero por una muralla de lenguaje arcano y términos macroeconómicos. Con la administración Trump este muro ha caído, y es como si un lobo se hubiera metido en los pasillos de un departamento universitario.

El presidente de EEUU, Donald Trump. (EFE)
El presidente de EEUU, Donald Trump. (EFE)

"Antes de que termine el año la Reserva Federal tiene que bajar los tipos de interés, por lo menos, otros 75 o 100 puntos básicos, para colocar a los tipos de América en línea con los del resto del mundo", declaró en Fox News el asesor comercial de la Casa Blanca, Peter Navarro, redoblando la presión pública sobre el organismo.

Los continuos ataques del Gobierno han hecho que las vacas sagradas de la Fed, sus cuatro expresidentes vivos, de Paul Volcker a Janet Yellen, publicasen un manifiesto en 'The Wall Street Journal'. "Estamos unidos en la convicción de que a la Fed y a su presidente se les debe permitir actuar de manera independiente y en el mejor interés de la economía, libres de presiones políticas cortoplacistas", escribieron.

Los sabios de la economía dudaban de que Donald Trump permaneciese quieto y no acabase entonando su clásico 'You are fired'. "Cuando termine el actual mandato de cuatro años, el presidente va a tener la oportunidad de confirmarlo [a Powell] o de elegir a alguien nuevo. Esperamos que, cuando se tome la decisión, la elección estará basada en la competencia e integridad del nominado, no en el activismo o la lealtad política". Fue como si hablasen desde otra época.

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