La cuesta de enero de Ximo Puig, el barón que surfeaba sobre el covid
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ARRANQUE CON TROPIEZOS EN 2021

La cuesta de enero de Ximo Puig, el barón que surfeaba sobre el covid

Tras trabajar un perfil de eficiencia en la primera ola, la curva disparada y la polémica sobre su hermano sitúan al presidente valenciano en el momento más delicado desde que alcanzó la Generalitat

placeholder Foto: Ximo Puig con el presidente de Ford Europa, Stuart Rowley. (EFE)
Ximo Puig con el presidente de Ford Europa, Stuart Rowley. (EFE)

El año 2021 no ha podido comenzar con peor pie para Ximo Puig. Hay un ejemplo de ese mal fario invernal que persigue al dirigente socialista este mes de enero. Justo el día que reclamaba al Ministerio de Sanidad más vacunas y ponía en valor el trabajo de inmunización de la Conselleria de Sanidad, con los porcentajes de inyección más altos de España, saltaba la polémica ventajista de los alcaldes de El Verger y Els Poblets, ambos del PSPV-PSOE, que habían recibido una primera dosis del vial de Pfizer pese a no formar parte de la población 'diana'. Imaginen qué noticia tuvo más difusión y acertarán.

La buena estrella que acompañó al presidente de la Generalitat durante la primera ola de la pandemia parece haber desaparecido del cielo. Lo que en primavera era iniciativa y eficacia en las compras de material sanitario procedente de China en pleno colapso del mercado internacional o en la habilitación de recursos adicionales como los hospitales de campaña hoy son problemas con el contratista (Hispano Vema) de esos hospitales, una curva disparada de contagios, ingresos en UCI y muertos por covid que están ejerciendo una fuerte presión sobre el barón socialista. Sus socios de Gobierno (Compromís y Podemos) exigen que confine a la autonomía, al tiempo que los sectores económicos con los que tanto se trabaja la sintonía a diario empujan en sentido contrario.

Las dudas sobre si la Administración valenciana fue lo suficientemente contundente durante las festividades de Navidad sobrevuelan los partes diarios con cifras récord de positivos que cada día difunde Sanidad. Ximo Puig; su consellera del ramo, Ana Barceló; y sus colaboradores aprietan los dientes y se preparan para casi dos semanas más "muy duras" antes de que la curva comience a descender.

La buena estrella que acompañó al presidente de la Generalitat durante la primera ola de la pandemia parece haber desaparecido del cielo

En el plano político, el temor de algunos de los asesores más cercanos al 'president' es que el nuevo contexto mine la credibilidad obtenida el año pasado y que la Generalitat no sea capaz de articular una respuesta adecuada a la nueva y complicada situación epidemiológica. Los socios de Gobierno, cada vez más distanciados del área de Presidencia, ya no ocultan las discrepancias. El aura renovadora del Pacte del Botànic pierde brillo conforme va quedando atrás la memoria de los gobiernos populares y cada partido está comenzando a marcar su territorio. Un nuevo ciclo político parece estar abriéndose en la Comunidad Valenciana, el de un Gobierno asentado en el que ya pesan más los problemas internos que el deseo de construir un proyecto conjunto. En esa melé ninguna de las tres patas del Botànic parece obtener ventaja. La erosión es compartida. También para Ximo Puig.

A todo esto se ha sumado un nuevo episodio en las sospechas sobre la regularidad de la actividad empresarial de su hermano Francis: la sanción impuesta por Competencia por el intento de obtener un contrato con la televisión autonómica A Punt (30.000 euros) amañando precios en la oferta con las empresas de otros dos de los aspirantes, los también hermanos Juan y Enrique Adell Bover.

Para Puig, el problema con Francis no es si su caso es más o menos grave que los escándalos de corrupción que acompañaron al Partido Popular en la Comunidad Valenciana (Gürtel, Cooperación, Emarsa…). Ese estadio en el análisis todavía no ha llegado. La pregunta es cómo es posible que el presidente no haya tenido la suficiente influencia en su hermano pequeño para hacerle entender que, como asentó el refranero sobre Pompeya, la mujer del César, no solo hay que ser honrado sino también parecerlo, y que ir llamando puerta por puerta a las 'conselleries' para captar todas las subvenciones a su alcance iba a acabar teniendo repercusión pública con consecuencias para los dos. Los chats de WhatsApp incautados por Competencia son testigos fieles de esa 'subvencionitis'. No es que Francis no tuviera derecho a concurrir, es que cada expediente iba a ser munición para la oposición. Es de primero de Política. Y más si, como sostiene la Fiscalía Anticorrupción, existen indicios de que las empresas receptoras de ayudas pueden haber cometido irregularidades en las justificaciones para obtener el máximo posible de recursos.

No es que Francis no tuviera derecho a concurrir, es que cada expediente iba a ser munición para la oposición. Es de primero de Política

Está todavía por dilucidar el alcance penal de sus acciones y no hay por ahora ningún indicio de que cargos públicos del Gobierno hayan sido beneficiarios indirectos de dinero público y que hayan prevaricado en la concesión de las subvenciones. El procesamiento del director general de Política Lingüística, Rubén Trenzano, de Compromís, es un caso de falsedad documental por un escrito dirigido a la secretaria general del PP, Eva Ortiz, que sostenía que su departamento había hecho unos controles que, según el instructor, no hizo.

Este primer episodio judicial tiene mucho que ver con que la subsecretaría de la Conselleria de Economía, que dirige el también valencianista Natxo Costa, haya dado luz verde a los técnicos para una investigación exhaustiva del intento de pacto de precios en la convocatoria de corresponsalías de la televisión autonómica A Punt. No son pocos los socialistas que han interpretado esa actitud como una deslealtad, pero Costa no quiso ser un nuevo Trenzano, y el Tribunal de Defensa de la Competencia sancionó sin contemplaciones a las empresas ligadas a Francis Puig y sus socios comerciales. Que cada palo aguante su vela.

El problema para el líder del PSPV-PSOE es que en términos judiciales la polémica sobre si Francis Puig y sus socios Adell Bover actuaron correctamente con las subvenciones, aunque arrastra ya más de un año, puede no haber hecho más que empezar. Cada pico en las diligencias tendrá de una manera u otra reflejo informativo, como corresponde en una sociedad plural y abierta. El más importante y que puede tener mayor impacto colateral en la imagen de Puig es el informe que la Guardia Civil está elaborando sobre la actividad empresarial de los Puig-Adell. Si del análisis de los investigadores se desprenden posibles delitos, la instrucción seguirá en marcha y el lento funcionamiento de la justicia y sus diligencias intermitentes serán una gota malaya en la agenda política contra los intereses del líder socialista.

placeholder Mónica Oltra, Ximo Puig y Ana Barceló. (EFE)
Mónica Oltra, Ximo Puig y Ana Barceló. (EFE)

Cuanto más se esfuerce el Palau de la Generalitat en tomar distancia de esos hechos, mejor sorteará las crisis periódicas de una polémica con la que tendrá que aprender a convivir si los tribunales no la archivan. "El presidente no tiene nada que ver", ha manifestado en dos ocasiones a preguntas de la prensa. Lo contrario sería susceptible de interpretarse como complicidad. También sería un error que Puig confundiese difusión mediática con intencionalidad política. Los gobiernos cometen los peores errores cuando se sienten acosados y comienzan a cortar los lazos con el exterior, por desconfianza o por paranoia. El riesgo es que el caso o su equipo de confianza aislen al 'president', que si por algo se caracteriza es por tener la habilidad política de buscar complicidades políticas y mediáticas amplias y transversales.

Para los intereses del presidente del Gobierno y líder del PSOE, Pedro Sánchez, no es nada bueno que el crédito político ganado por Ximo Puig por la respuesta de la Generalitat en la primera ola de la pandemia se disuelva como un azucarillo en el arranque del nuevo año. No es solo que el valenciano ha adoptado un rol de alineamiento con Moncloa frente a la actitud de otros barones, es que en las distintas visiones sobre España la de Puig encaja más con la aritmética parlamentaria de la que depende el Ejecutivo actual que la que aportan otros presidentes socialistas como Guillermo Fernández Vara (Extremadura) o Emiliano García Page (Castilla-La Mancha), con mejor prensa en Madrid pero con muchos menos votantes a sus espaldas y menos capacidad para entender a la periferia del país, más poblada y activa en lo económico. Puig lidera el Gobierno de la autonomía más habitada de cuantas preside el PSOE.

Tras su aspecto de político poco dado a la confrontación hay una agenda de contactos sorprendente y una determinación y exigencia que mantienen a todo su equipo más cercano en permanente tensión los siete días a la semana. En cinco años ha quemado a tres directores de comunicación, con la paradoja de que ninguno habla mal de él. En el PSPV-PSOE muy pocos creen que exista todavía una alternativa interna capaz de dar el relevo, y Puig ya ha anunciado que optará de nuevo a la secretaria general de la federación valenciana. Es el primer paso para una tercera candidatura a la Generalitat, la definitiva antes de pasar el testigo. En ese horizonte trabajan los suyos, en 2023 o quizás antes. Si llega agotado y exhausto a la línea de meta o si volverá a surfear la estrella es lo que queda por conocer.

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