proliferan las plataformas a su servicio

Tsunami Democràtic, la nueva marca de Puigdemont, domiciliada en un paraíso fiscal

La última plataforma creada para alimentar la idea de investir al 'president' fugado comparte domicilio en Saint Kitts and Nevis con la que recauda fondos para el hombre de Waterloo

Foto: Un hombre coloca una pancarta del expresidente de la Generalitat de Cataluña Carles Puigdemont en Barcelona. (Reuters)
Un hombre coloca una pancarta del expresidente de la Generalitat de Cataluña Carles Puigdemont en Barcelona. (Reuters)

En los últimos meses han florecido plataformas y órganos para ponerlos a disposición de Carles Puigdemont y apuntalar su posición. La característica común de todos estos movimientos es que, en un momento u otro, dan fe de que su intención es investirle. El principal de ellos es el Consell per la República, que él mismo preside. Está hecho a su imagen y semejanza, y en él es el fugado el único protagonista. Al margen, se han creado otros organismos o plataformas que, entre sus condiciones, siempre ponen la investidura de Puigdemont por delante de sus prioridades.

Uno de ellos es Tsunami Democràtic, que no pretende ser solo una reacción a la sentencia del Supremo y se ha creado para dirigir la desobediencia, porque considera que esta es la principal herramienta frente al Estado español, aunque para ser efectiva esta desobediencia ha de tener un objetivo claro, adaptarse a las circunstancias y ser capaz de prolongarse en el tiempo.

Aunque ha nacido como una iniciativa ajena a Puigdemont (algunos incluso lo vinculan a Òmnium), lo cierto es que, curiosamente, su web ha sido inscrita en el paraíso fiscal de Saint Kitts and Nevis, adonde Puigdemont se llevó también su Consell per la República y la web que recauda el dinero de los afiliados. Demasiadas coincidencias. El organismo fue inscrito el pasado 23 de julio por la misma empresa que había registrado la web defensaexili.org, encargada de recoger el dinero pagado para “las necesidades puntuales de la defensa jurídica, seguridad y apoyo logístico al 130 presidente de la Generalitat de Cataluña, Carles Puigdemont i Casamajó, así como al resto de las personas y profesionales exiliados que lo necesiten”.

La empresa que registró Tsunami Democràtic (denominada 1337 Services LLC) tiene un apartado postal en Charlestown, un pequeño pueblo de Saint Kitts and Nevis. En la misma dirección estaba registrada también la web governrepublica.org, otra de las ‘marcas’ que utilizan Puigdemont y su entorno para simular una inexistente república catalana. Esta última web incluso piratea el logotipo de la auténtica Generalitat de Cataluña, aunque la institución que preside Quim Torra jamás reclamó que cese la usurpación del logotipo.

Cataluña (y España, por extensión) tendrá ‘procés’ para rato. Ya no hay plazos para lograr la independencia. La presidenta de la Asamblea Nacional Catalana (ANC), Elisenda Paluzie, lo dejó claro en la pasada Diada: “No pondremos más plazos. Aprendemos de los errores del pasado”. Por tanto, si la larga marcha hacia la autodeterminación ha de durar 10 años, que dure. Y si ha de durar 20, que dure 20.

En esta nueva etapa, el fugado Puigdemont trata de consolidar su posición y convertirse en el único ‘timonel’ del proceso, eliminando a sus rivales. Una de sus principales estrategias es crear instrumentos para apoyarle a él personalmente. Lo hizo con Junts per Catalunya (JxCAT), hasta el punto de que el propio partido que le aupó a cabeza de lista, el PDeCAT, quedó en minoría dentro del grupo parlamentario. Luego, creó la marca Crida Nacional, a su exclusivo servicio. Ahí se encardina ahora Tsunami Democràtic, eso sí, desde un paraíso fiscal en el Pacífico.

Otro de los instrumentos creados al servicio de Puigdemont es el Bloc Públic Independentista, aparecido de la nada esta semana y que nace como “una confluencia de diversas organizaciones y servidores públicos y otras agrupaciones civiles que ante el contexto político actual, de parálisis y de reculada hacia el autonomismo, queremos unir esfuerzos para colaborar en el cumplimiento del mandato de autodeterminación del primero de octubre”. Este instrumento aglutina, afirma, a “personas al servicio de diversas administraciones y del Pueblo (sic)”.

El Bloc defiende la desobediencia institucional (igual que propugna Puigdemont) como mecanismo para echar un pulso al Estado y se pone “al servicio del Consell per la República [que está presidido por el propio Puigdemont] para elaborar e implementar una estrategia real de fractura con el Estado español”.

La plataforma Via Fora, una de las más radicales puestas al servicio del independentismo, emitió también esta semana una declaración de intenciones en la que critica la falta de unidad de los soberanistas y reivindica “la inmediata investidura del ‘president’ legítimo Carles Puigdemont, la restitución del Govern legítimo que votamos en las urnas y un Parlament firme que no acate a Madrid y levante la suspensión de la república”.

Al servicio de Puigdemont

Estas dinámicas de apoyo, reconocen algunas fuentes consultadas por El Confidencial, “se deben a la ausencia de una estructura fuerte que apoye a Puigdemont. De ahí que se den estas dinámicas, provocadas por la falta de liderazgo y de itinerario”. Reconocen, no obstante, que en un determinado momento, todas estas herramientas pueden ponerse al servicio de Puigdemont con solo pulsar un botón. Es un engranaje en el que el político fugado en Waterloo juega con ventaja.

“Lo que diga Puigdemont es lo que todos harán —explica a El Confidencial un dirigente soberanista—. Es el único que tiene autoridad para imponer sus criterios, aunque a veces sean estrambóticos, todo se ha de decir. Prueba de ello es la composición de las listas electorales, donde se hicieron las que él quiso. Nadie le discute nada”. Sin embargo, esta misma fuente reconoce que “lo que pasa es que quizá no es lo suficientemente constante que debería. No manda más porque no es más constante. A Puigdemont, las cuestiones organizativas, más prosaicas, el papeleo, le aburren. Por eso a veces le falta 'reprís' y tiene a la gente parada”.

Desde posicionamientos más escorados al PDeCAT, aseguran que las últimas plataformas y órganos creados para mayor gloria de Puigdemont no son efectivos. “La maquinaria, la capilaridad, la máquina electoral, está en el PDeCAT. Aquí es donde residen el ‘know how’ y las estructuras. Desde el Consell per la República, por ejemplo, no se hace nada. ¿Cuál es su estrategia? ¿Qué línea política tiene? Aparte de algunos mensajes, no tiene una hoja de ruta ni una estrategia. Alrededor de Puigdemont solo hay grupúsculos. Hace pocos años, sí había una línea a seguir, pero hubo un mazazo y ahora hay desconcierto. Por eso nada se mueve”.

Estas fuentes consideran que la actual situación de ‘impasse’ del PDeCAT es pasajera. “A medio plazo, esto se recompondrá. Es cuestión de tiempo volver a articular una fuerza como era Convergència”.

Cataluña

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