ASÍ SON LAS 'RECETAS' DE ANC PARA EL FUTURO

La Diada de la división da síntomas de hastío: la menor movilización desde 2012

La manifestación no reunió a la cantidad de gente que los independentistas hubiesen deseado. La Guardia Urbana cifró en 600.000 los asistentes, un número muy inferior al del año pasado

Foto: Manifestación de la Diada. (Reuters)
Manifestación de la Diada. (Reuters)

Mucho ruido, pero pocas nueces. La manifestación de la Diada no reunió a la cantidad de gente que los independentistas hubiesen deseado, aunque no se puede hablar de fracaso. La Asamblea Nacional Catalana (ANC) no dio cifras oficiales, aunque había hecho público que tenía 460.000 inscritos (sorpresivamente, más de la mitad en las últimas 48 horas), pero también es cierto que “muchos ciudadanos van a la manifestación sin haberse apuntado, eso nos pasa todos los años”. La Guardia Urbana sí dio cifras: 600.000 asistentes, un número muy inferior al del año pasado (que dio un millón de personas) pero que parece algo inflado, si tenemos en cuenta las imágenes cenitales ofrecidas de la concentración: ningún tramo estaba lleno, como otros años y como habían afirmado desde días antes los organizadores.

La concentración no parecía, a simple vista, tan multitudinaria. El recorrido era de algo más de 2 kilómetros de largo por la calzada central de la Gran Via de ancho, más luego la plaza de España y alrededores, donde se hacía más evidente la falta de gente. En realidad, el espacio de este año era, conscientemente, muy inferior al del año pasado porque ya se sabía que no iba a haber tanta movilización.

La Diada de la división da síntomas de hastío: la menor movilización desde 2012

Sea como fuere, aún con pocos cientos de miles de personas (la propia presidenta de la ANC habló de “cientos de miles”), no fue ni un patinazo independentista ni un éxito de convocatoria. Ha de tenerse en cuenta que es la octava manifestación reivindicativa consecutiva del independentismo catalán, desde que comenzó en el 2012 con el eslogan de ‘Cataluña, nuevo Estado de Europa’. Bastante hay con que acudiesen tantos ciudadanos después de tantos años de movilización, aunque es cierto que la actual coyuntura, como la cercanía de la sentencia del 1-O, actuó como acicate para la movilización.

El acto fue un constante llamamiento a la unidad del independentismo (con alusiones muy directas a los partidos políticos y a las instituciones catalanas, ya que en la Generalitat, JxCAT y ERC se tiran los trastos a la cabeza) muy maltrecha en los últimos meses y con chirriantes peleas públicas entre los principales partidos soberanistas. El actor David Vallès, presentador de los parlamentos, lo dejó claro en su intervención: “Exigimos una estrategia unitaria que nos lleve hacia la independencia. Cuando a la sociedad civil se nos ha exigido estar, siempre hemos estado. Y ahora lo exigimos nosotros a las instituciones y a los partidos: tenéis que estar a nuestro lado y no nos podéis decepcionar. Queremos culminar el camino que dejamos a medias en octubre del 2017”.

Proselitismo en el escenario

El mismo mensaje fue lanzado por las seis personalidades que leyeron un breve discurso cada una, todas harto conocidas en sus respectivas profesiones: Carme Sansa, Jordi Domingo, Ada Parellada, Isona Passola, Francesc Ribera ‘Titot’ y Lluís Llach. También hubo tiempo para el proselitismo con el actor Jaume Comas y la cantautora Meritxell Gené, que llamaron desde el escenario a la desobediencia activa mientras pasaban vídeos sobre cargas policiales durante el 1-O y de propaganda de la ANC pidiendo a los activistas: “Afíliate a un sindicato independentista. Haz un consumo consciente”.

Pero fueron los parlamentos de los representantes de la ANC, de Òmnium Cultural y de la Asociación de Municipios por la Independencia (AMI) los que cerraron los actos y llamaron al orden a los políticos.

Josep Maria Cervera, presidente de la AMI, calificó a España de “Estado demofóbico y totalitario” y aseguró que “necesitamos unidad ante una sentencia que puede ser condenatoria”. No perdió la oportunidad para, como frase final, pedir a los asistentes que se apuntasen al Consell per la República y al Tsunami Democràtic, los dos últimos ‘inventos’ de Carles Puigdemont.

Marcel Mauri, vicepresidente de Òmnium, desafió al Estado Español: “Que lo sepa ese Estado: si con la sentencia buscan castigar al responsable del 1-O, que vengan a llamar a las puertas de los más de 2 millones de personas que hemos desobedecido colectivamente. Si nos querían parar, aquí tienen la respuesta”. Mauri dijo que lo único que quería era “una República donde nadie sea perseguido por sus ideas o por su condición sexual” y lanzó un aviso al Gobierno central: “Le envío un aviso al Gobierno de Pedro Sánchez, un Gobierno que pervierte el diálogo y busca la confrontación y que se alinea con las tesis de Vox: le quedan menos de dos meses para liberar a los presos políticos”.

El dirigente social aseguró que “será una sentencia dura, que busca castigarnos, busca venganza y busca escarnio. Y, como decía Jordi Cuixart [presidnete de Òmnium, encarcelado a la espera de sentencia], si nos condenan por ejercer los derechos fundamentales, que nadie tenga duda: lo volveremos a hacer”. Para ello, apeló a la “lucha no violenta como herramienta, porque delante tenemos a un Estado vengativo”. Y acabó pidiendo “a los políticos que tengan sentido de Estado, que no pierdan energías en luchas estériles. Y nosotros, utilicemos la desobediencia civil porque es un derecho”. El vicepresidente de Òmnium pronunció también algunas frases en castellano.

Las ‘recetas’ de la ANC

Más dura fue Elisenda Paluzie, presidenta de la ANC: rechazó el “chantaje del Estado” y apeló a trabajar por la unidad del independentismo. “Voy a decir a las instituciones españolas a a sus compinches de aquí, esas instituciones que no respetan la presunción de inocencia, que no respetan los derechos humanos y que querían aplastarnos por ser independentistas: ¡¡Estamos de pie!!”.

Paluzie se escandalizó porque el presidente del Gobierno español animó a los catalanes a celebrar la Diada. “¡Pero nos ha llamado territorio! ¡¡Ni nación, ni país!! ¡Nos llamó territorio!”, clamó la activista desde el esnecario. Lanzó misiles contra el Estado español. “¿Quién quiere ser súbdito de un régimen que encarcela disidentes e inocentes desobedeciendo mandatos de la ONU?”, dijo a una ‘parroquia’ muy entregada.

¿Cómo hacer frente al Estado? Con sus recetas tradicionales: boicot a productos y empresas españolas y a las instituciones y leyes españolas

Se quejó, sin embargo, de que los propios políticos independentistas le dicen ahora que no pueden “hacer efectivo el mandato del 1-O porque el momento es muy difícil y no tenemos una correlación de fuerzas a favor. Pues bien, cambiemos esa correlación de fuerzas, pero con no violencia, que no es pasividad, sino acción”.

¿Cómo hacer, pues, frente al Estado? Con sus recetas tradicionales: boicot a productos y empresas españolas y a las instituciones y leyes españolas. “Con soberanía fiscal, con alternativas de consumo, desobedezcamos las leyes injustas”. Dio un tirón de orejas a los políticos catalanes por pelearse públicamente por las migajas y por deslegitimar el referéndum. “Y la única vía, la vía unilateral, se desarma día a día”, lamentó. Terminó recordando que esta ha sido la Diada más difícil de organizar para la ANC y que, a partir de ahora, “ya no pondremos plazos. Somos conscientes de los errores del pasado. ¡Visca Catalunya Lliure’!”.

Cerca, pero no en la zona VIP, estaban los dirigentes de los partidos políticos que este año no ocuparon un lugar en zona preferente. Era una forma de desligar la organización de la manifestación de lo que representan los partidos y el Govern. Eso sirvió para lanzar la consigna de que, aunque los ciudadanos estén descontentos con los políticos, han de confiar en las asociaciones civiles, que son las que tomaron la palabra en los parlamentos del acto.

Cataluña

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