DIVISIÓN ANTE EL 11-S

El soberanismo llega roto a la Diada: la CUP ataca en un documento a ERC y JxCAT

Los CDR y la CUP mantienen su cartel para la Diada: no boicotearán la iniciativa de ANC y Òmnium, pero llaman a su gente a su propio acto

Foto: Vista de la manifestación independentista convocada por la ANC con motivo de la Diada del 11 de septiembre de 2018. (Reuters)
Vista de la manifestación independentista convocada por la ANC con motivo de la Diada del 11 de septiembre de 2018. (Reuters)

La Diada de Cataluña llega este año con el independentismo roto y los distintos partidos peleados entre ellos. Dentro del Govern, apenas existe comunicación entre el sector de ERC y el de los posconvergentes. Y la ANC trata de pescar en río revuelto y volver a ser la ‘guardiana de la calle’. Para atraer a la gente, montó para la mañana del próximo miércoles una ‘Feria de consumo estratégico’, que no es otra cosa que la materialización de la campaña de boicot a los productos y las empresas españoles. Espera atraer a gente a esta ‘feria’ y que luego se sumen a la manifestación. Dos pájaros de un tiro.

Pero esa manifestación ‘unitaria’ no goza de las simpatías de todos. Importantes dirigentes soberanistas ya dijeron que no asistirán este año. Y los CDR y la CUP mantienen su cartel para la Diada: no boicotearán la iniciativa de ANC y Òmnium, pero llaman a su gente a su propio acto. 'Hacia la independencia no hay atajos', reza el lema de los cuperos. Los CDR afinan más y convocan bajo el lema ‘Nos vemos en el Parlament’. La intención es realizar una protesta paralela a la de la ANC, argumentando que su alternativa “es una iniciativa popular”. Los lemas que hacen servir los CDR son ‘Esta Diada, el pueblo convoca al pueblo’, ‘Solo el pueblo salva al pueblo’ y ‘Guerra por la tierra’.

El Consell per la República emitió este miércoles un llamamiento. “Necesitamos unidad estratégica para avanzar hasta la plena instauración de la república. En un momento de desunión, el Consell quiere representar la transversalidad del independentismo”. Los Motards también han convocado su particular manifestación: a las 8 de la mañana se concentrarán en la plaza Mayor de Vic para desfilar luego hasta Barcelona. Su importancia es tal que la ANC reservó un tramo de la manifestación para que los moteros puedan estar juntos. Por algo esta organización efectúa las labores de servicio de seguridad de la propia ANC cuando el acto es importante.

Visto lo visto, la pretendida unidad de acción es ahora mismo un mito. Ni está ni se la espera. Por si fuera poco, un duro comunicado de Endavant, uno de los principales partidos que componen la CUP y que constituye su núcleo más radical, tira con bala contra los otros partidos y las entidades cívicas que los apoyan en las calles. Los independentistas admiten que erraron en el estudio de la realidad al echar un pulso al Estado español durante el 'procés'. Y además, según la CUP, los líderes independentistas realizaron un “montaje ideológico” para justificar sus actos, desde el referéndum hasta el intento de abolir la Constitución y el Estatuto y cambiarlos por otras leyes, lo que se intentó materializar los días 6 y 7 de septiembre de 2017. Por si fuera poco, los dos grandes partidos soberanistas (“ERC y los posconvergentes”) utilizaron las organizaciones cívicas (ANC y Òmnium) como meros instrumentos de apoyo al Govern.

España no es un Estado fallido

Así lo recoge un documento de 40 páginas que lleva por título ‘Construir un nuevo camino hacia la república de los Països Catalans, el socialismo y el feminismo’. A diferencia de las lecturas que hacen JxCAT y ERC del ‘procés’ y la vía hacia la independencia, los ‘cupaires’ reconocen que el ‘procés’ ha sido un completo fracaso y que “un error de base fue no valorar correctamente la fortaleza del Estado y del régimen político y, en consecuencia, no adecuar la estrategia a una correcta valoración de fuerzas”.

Aseguran los soberanistas más radicales que “para la estretagia legalista del independentismo, el Estado español se encontraba en una extrema debilidad que permitiría repetir un esquema similar al de la disolución de la URSS”. Incluso afirman que en los primeros planteamientos de Podemos o de los comunes “había la idea de repetir el abril de 1931 [proclamación de la Segunda República]. El régimen político podría ser derrocado por un tsunami electoral y el resto de poderes del Estado no tendrían capacidad o voluntad de intervenir contra un cambio democrático”. Tanto comunes como independentistas, además, creían encontrarse en una “coyuntura análoga a la de 1978”, es decir, con un Estado débil que pactaría lo que haría falta con la oposición.

Para los duros de la CUP, no obstante, “todas estas premisas se demostraron erróneas. El Estado español no es un Estado fallido ni un Estado en descomposición, sino un Estado plenamente insertado en el contexto occidental y sus alianzas. Un Estado estructuralmente sólido y coyunturalmente en crisis (…). El Estado español de 2015 no era la España de 1931, ni la de 1978, ni la Unión Soviética de 1989”.

En este punto, los radicales apuntan con fuego hacia sus socios soberanistas: “La analogía con la situación de la descomposición de la URSS era tan irreal que solo se entiende como cobertura para justificar un montaje ideológico (el de la independencia ‘de la ley a la ley’) que escondía la búsqueda de una negociación con el Estado”.

Según los planteamientos impuestos por Artur Mas, Carles Puigdemont, Oriol Junqueras y sus equipos (especialmente el ‘arquitecto’ del ‘procés’, Carles Viver Pi Sunyer), afirma el documento, “los cambios, incluso una hipotética ruptura, vendrían exclusivamente a través de reformas y dentro del ordenamiento jurídico. Es decir, a partir de ganar unas elecciones y cambiar las leyes [que es lo que se intentó hacer con las leyes de transitoriedad y de referéndum, anuladas por el TC]. Siguiendo estas lógicas, las movilizaciones y las organizaciones sociales se habían de concebir en exclusiva como generadoras de apoyo electoral y desde una posición de acompañamiento al Govern”. En otras palabras, que la ANC y Òmnium eran títeres que fueron utilizados como meras armas electorales.

“Resistencia abierta contra el Estado"

El referéndum unilateral, según los duros de la CUP, fue “el único elemento verdaderamente rupturista”. De hecho, fue una imposición de la CUP y Convergència lo aceptó para “conservar la presidencia a cualquier precio”. Ese punto de inflexión del 1 de octubre de 2017 fue “un cuerpo extraño dentro del corpus teórico de la transición nacional. Un elemento no surgido del soberanismo gubernamental, sino de los sectores más críticos con el ‘procesismo”. O sea, de la CUP.

El documento analiza el ciclo político que se abre ahora. Asegura que “el PSOE no tiene intención de abrir el debate autonómico” y que el Gobierno de Quim Torra se ha demostrado “un fracaso”. “En la práctica —subraya el texto—, se ha demostrado que la única opción de continuar el hilo de la lucha del 1 de octubre es la de entrar en una resistencia abierta contra el Estado”.

Dispara con bala contra JxCAT y ERC al afirmar que tanto unos como otros están inmersos en una lucha por la hegemonía y tienen como objetivo “conservar las posiciones institucionales para aprovechar una posible oportunidad de negociación con el Estado que se pueda plantear a medio plazo”.

Propone, así, ‘reconquistar’ la calle disfrazando el independentismo como lucha por cuestiones sociales. Y ganarse la confianza de la gente apoyando dos grandes movimientos sociales que han emergido los últimos años: “El feminismo y el ecologismo, en su forma de lucha contra el cambio climático”.

Paralelamente, la CUP apuesta por la agitación callejera. “La vía revolucionaria es el único camino hacia la consecución de nuestros objetivos políticos”. En este sentido, la organización radical reconoce que “somos una minoría presente y activa en la agenda política. Y es desde esta posición que hemos de construir un proyecto para una mayoría”. El primer paso para ello es una estrategia de “deslegitimizacion del Estado y de las autonomías”.

La CUP propone, a partir de esta reflexión, consensuar un “proyecto de Unidad Popular”, con ejes básicos como el rechazo a un planteamiento legalista de la autodeterminación, apostando por “una estrategia rupturista para ejercerla”. En esta idea, tendrían cabida tanto la unilateralidad como la desobediencia civil. Y no solo eso, sino la creación de una estructura política paralela: “Para una revolución política, es necesaria una movilización masiva y sostenida, una práctica de resistencia al poder y el hecho de que las organizaciones del movimiento de resistencia tomen un carácter institucional para sustituir a las antiguas instituciones”.

En ese contexto es donde tendrían cabida órganos como la Asamblea de Electos, con la que pretenden sustituir al Parlamento, o el Consell de la República, que sería una especie de Govern provisional. Para ello, los ‘cupaires’ abogan por clarificar las diferencias tácticas y estratégicas con ERC y JxCAT y ayudar a superar los encorsetamientos “de la tendencia al identitarismo político, situando como elemento principal un programa reivindicativo y no una identidad política previamente existente”.

El documento critica que tras la aplicación del 155, el independentismo tenía la posibilidad de optar a pasar “a una etapa de resistencia y a disputarle la legitimidad al Estado desde la construcción de un contrapoder”. Pero el soberanismo gubernamental desaprovechó esa opción y preservó la autonomía. Por eso, ahora, además de “evaluar correctamente la correlación de fuerzas”, la CUP pide “hacer un trabajo propagandístico previo, un trabajo de contrapoder que neutralice la acción de las instituciones autonómicas “, a la par que aborde “la proyección de instituciones alternativas que disputen la legitimidad a las del Estado”. De ahí la aparente proliferación de órganos e ‘inventos’ diversos que periódicamente ponen sobre la mesa tanto Puigdemont como Torra.

El último cartucho contra el Estado queda, así, muy en en aire, pero los radicales creen que “la insurrección democrática es la culminación de este proceso, con las únicas herramientas de que dispone el pueblo en nuestras circunstancias históricas: el impacto de su movilización masiva, permanente y sostenida”. Esa movilización ha de combinar diferentes formas: “Referéndum de autodeterminación, desobediencia masiva a las leyes del Estado, huelga general, construcción de instituciones propias, etcétera. Solo a través de una movilización de este tipo se podrá garantizar el ejercicio de autodeterminación y poder dar pie a un proceso democrático de construcción de una república para los Països Catalans”.

Cataluña

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