DIFÍCILES APOYOS EN EL CONGRESO

El Gobierno valora no pedir una sexta prórroga tras el coste de amarrar la última

No hay una decisión tomada y todo es posible, pero ya es una novedad que la Moncloa esté barajando la opción de no estirar la alarma, cuando hasta ahora esa hipótesis no se concebía

Foto: Pedro Sánchez, durante el Consejo de Ministros extraordinario de este 22 de mayo. (JM Cuadrado | Pool Moncloa)
Pedro Sánchez, durante el Consejo de Ministros extraordinario de este 22 de mayo. (JM Cuadrado | Pool Moncloa)

Hace apenas unos días, ese escenario era implanteable. Pero ahora es una alternativa más. No la única, pero está ahí: no tensar más la cuerda y no pedir al Congreso una nueva prórroga del estado de alarma. El Gobierno valora ese camino, como valora el contrario, el demandar una extensión a sus señorías. Aún ha de decidir, y tendrá que moverse rápido, pero en sí mismo es una novedad que el Ejecutivo de Pedro Sánchez ahora se plantee no reclamar una sexta autorización a la Cámara Baja.

Lo confirman diversas fuentes de primer nivel de la Moncloa a este periódico. Y la razón salta a la vista: las dificultades, hasta penurias, que tuvo que afrontar el Gabinete de coalición para sacar adelante la quinta prórroga, el pasado miércoles. Por la tortuosa negociación parlamentaria y por el enorme coste político que le ha supuesto un pacto con Bildu para derogar la reforma laboral que ha devenido en una nueva tensión en el seno de la coalición de PSOE y Unidas Podemos y en el estallido del diálogo social, el principal estandarte de concordia que el jefe del Ejecutivo podía lucir. Hay ministros que incluso entienden que, a estas alturas, es contraproducente pedir al Parlamento una nueva extensión: si hay disposición de los grupos, adelante, indica un miembro del Gobierno, pero si no es así conviene mejor frenar y dejar que la alarma decaiga al cabo de los 15 días autorizados.

"Lo valoraremos todo y pensando que la desescalada no ponga en riesgo los avances" conseguidos, aseguran en el equipo del presidente ante la pregunta explícita de si se baraja no solicitar una sexta prórroga. Y añaden: "Si al PP le doliera España, nada de esto estaría pasando". Porque el PSOE mira al PP como responsable de que tuviera que lanzarse a una carrera —para muchos en el partido, incomprensible— para conseguir los apoyos necesarios y no perder la votación del miércoles pasado. "Veremos. Valorar todo, por supuesto que lo haremos", responde en la misma línea otro alto cargo de la Moncloa. "Si es necesario, claro que volveremos a solicitar la prórroga", tercia otro ministro... y en ese comentario lo importante es el condicional.

"Lo valoraremos todo y pensando que la desescalada no ponga en riesgo los avances", indican en el equipo directo del presidente


El justo marcador que arrojó el Congreso el pasado miércoles —177 síes, 162 noes y 11 abstenciones, aunque hubo diputados que se equivocaron al emitir su voto, caso de la portavoz socialista, Adriana Lastra, que se abstuvo, o dos parlamentarios de Vox, que apoyaron por error la quinta prórroga— ya sirvió para que algunos dirigentes y barones del PSOE se dieran un baño de realidad y advirtieran de que una nueva ampliación sería muy difícil sacarla adelante, por no decir "imposible". En la propia Moncloa, antes incluso de que el pacto con Bildu se hiciera público, ya sonaba como hipótesis no solicitar una extensión de la alarma, idea que fue cogiendo cuerpo en las horas siguientes. No obstante, la opinión no está consolidada, y en el equipo del presidente algunos cargos entienden que es mejor intentar cubrirse las espaldas porque la desescalada no ha concluido.

No "derrochar" lo conseguido

De hecho, esa era una de las razones que esgrimió Sánchez hace tan solo una semana para defender su idea original: una prórroga no de 15 días, sino de "alrededor de un mes". El Gobierno ha venido sosteniendo que la alarma es el único instrumento jurídico seguro y válido para limitar la movimiento de los ciudadanos y el derecho de reunión, dos derechos fundamentales, toda vez que la movilidad es el principal vector de transmisión del coronavirus. El presidente desveló que tres informes de la Abogacía del Estado avalan esta tesis: no valen las actuales leyes ordinarias. Y el riesgo de repunte del virus existe, ha insistido una y otra vez el Ejecutivo. No se puede "derrochar" lo conseguido, rubricó el presidente ante el pleno.

"No merece la pena todo este desgaste sufrido para tener 15 días de prórroga, ahora que empezábamos a levantar la cabeza", observa un ministro

El plan original del bipartito, en consecuencia, era disponer de una prórroga que se estirase incluso hasta el 5 de julio, cuando Madrid, Barcelona y Castilla y León, los puntos más rezagados, culminen la desescalada. Ya había asumido que alargarla hasta entonces sería imposible, y el siguiente listón que se marcó, y el que de hecho llegó al Consejo de Ministros del martes pasado, fueron las 00:00 del 27 de junio, coincidiendo con la apertura de la campaña de las elecciones vascas y gallegas del 12 de julio. Pero Ciudadanos y ERC se oponían a una extensión de 34 días, así que Sánchez tuvo que aceptar que la quinta ampliación abarcase desde el 24 de mayo hasta las 00:00 del 7 de junio. Para entonces, si no hay otra ampliación más, la sexta, la alarma decaerá en todo el país.

El Gobierno valora no pedir una sexta prórroga tras el coste de amarrar la última

Se prevé para este sábado nueva comparecencia semanal de Sánchez y es probable que la pregunta caiga de nuevo en el tejado del Gobierno, como ocurrió este viernes. Si diese luz verde, la negociación empezaría casi de manera inminente. De hecho, la vicepresidenta primera, Carmen Calvo, contactó con los grupos 10 días antes de la votación en el pleno de la quinta prórroga, consciente de que que el panorama se ennegrecía al haber anunciado el PP que pasaba al no. La número dos ofreció abrir en paralelo conversaciones para una reforma de las leyes sanitarias que permita controlar eventuales brotes de la pandemia sin tener que recurrir a la alarma.

Sin embargo, no fue suficiente. El Gobierno sí cerró un nuevo acuerdo con Cs, pero no logró atraerse a ERC, lo que le hizo tirarse en plancha para cerrar la negociación con Bildu. Era una especie de seguro de vida, por si todo lo demás fallaba. Los socialistas dudaban de la firmeza del sí de los naranjas, no tenían la respuesta definitiva del PNV y había pequeños partidos que podían quedarse en el no, como de hecho hizo Compromís. Lastra, con la autorización de la Moncloa, selló un pacto con la formación de Arnaldo Otegi que suponía la derogación "íntegra" de la reforma laboral antes de la finalización de las medidas del covid-19. El texto, conocido tras la votación de la alarma y hecho a espaldas de varios ministros —entre ellos, la vicepresidenta económica y la titular de Hacienda, María Jesús Montero—, provocó un auténtico terremoto.

No tomarlo como "cuestión de confianza"

Nadia Calviño obligó a la rectificación. Esta llegó a través de un insólito comunicado emitido por Ferraz a las 23:41 del miércoles, que se limitaba a calzar (parcialmente) la letra del pacto del PSOE y Unidas Podemos: no habrá abolición "íntegra" de la legislación del PP, sino una revisión parcial. Bildu no puso pegas a esa aclaración. Pero esa lectura no fue validada por el vicepresidente segundo, Pablo Iglesias, pero sí por Calviño: tocar la reforma laboral sería "absurdo" y "contraproducente". El miedo real a perder una votación, dramático para la minoría gubernamental, desembocó en una crisis insólita: entre los socios del bipartito y con los agentes sociales.

Montero no descarta "en absoluto" solicitar una nueva ampliación si lo dicta Sanidad y es necesario aún restringir la movilidad de los ciudadanos

"Y todo por una prórroga de solo 15 días —resopla un ministro—. No merece la pena todo este enorme desgaste que hemos sufrido para conseguir dos semanas de prórroga, justo ahora que empezábamos a levantar la cabeza. El coste político es de tal calibre que es absolutamente innecesario repetir la maniobra. Porque al final parece que estás planteando la alarma no para salvar vidas, sino como un empeño político, para salvarte a ti mismo. Y no tiene sentido ninguno que planteemos cada votación como si fuera una cuestión de confianza". De vida o muerte.

Esta fuente considera que para cuando se extinga la quinta extensión, la mayor parte de España se hallará al borde de la fase 3, por lo que ya no es tan necesario limitar la movilidad, y en ese caso podría apelarse a la responsabilidad individual. "Si la gente no sale de su casa no es porque la multen, es por miedo", razona este miembro del Gabinete. De aquí al 7 de junio es materialmente imposible que esté creado un nuevo armazón jurídico, salvo si se modifican partes no orgánicas de leyes vía real decreto ley.

El Gobierno valora no pedir una sexta prórroga tras el coste de amarrar la última

En público, tampoco el Gobierno se ha comprometido a requerir una sexta ampliación, y eso que la intención original era estirar la alarma hasta finales de junio. "Se verá cuando llegue el momento en función de los datos disponibles", respondió este viernes Montero, "pero el Gobierno no descarta en absoluto [pedir una nueva prórroga] y no va a renunciar a su responsabilidad, que es anteponer la salud de las personas". El Ejecutivo se ha sentido, añadió, "a veces solo en esta tarea". "Parece que solo compete a aquellos que tenemos la responsabilidad de gobernar, cuando es una tarea colectiva y, tras el Gobierno, el principal responsable es el PP, un partido que ha dimitido de su responsabilidad", agregó la portavoz. El Gabinete, tras la tempestad de la víspera, optó por minimizar la disputa interna y culpar a los de Pablo Casado de haber tenido que buscar apoyos de debajo de las piedras para asegurar que la alarma no decaía, porque si eso ocurría los ciudadanos podrían moverse libremente por el país, sin restricciones, en un momento aún crítico de lucha contra la pandemia.

Para el Ejecutivo, es una contradicción que el PP diga que no se fía de Sánchez y pretenda que se sustituya un mecanismo constitucional como la alarma por una ley que da más carta blanca al Gobierno y no exigiría un control parlamentario periódico. Los populares, denunció Montero, están obsesionados por "tumbar" a Sánchez y "aprovechar la pandemia" para "anteponer el interés electoral a la salud de las ciudadanos". La portavoz insistió en que esa negativa del PP aboca al Gobierno a entablar conversaciones con fuerzas que ponen sobre la mesa, para prestar su voto, "cuestiones que nada tienen que ver con la salud y entorpecen" la negociación. "Seguiremos al dictado de lo que nos digan las autoridades sanitarias", concluyó la ministra de Hacienda, de modo que si hace falta restringir la movilidad, se dirigirá otra vez al Congreso.

Page y Lambán, con Cs

Las palabras en 'El socialista' de José Luis Ábalos, peso pesado del Gobierno y del partido, iban en la misma dirección. Nada está decidido. "Entendemos que el estado de alarma es un instrumento que debería acompañarnos en todas las fases de la desescalada, pero la última palabra la van a tener los diputados y diputadas del Congreso. Veremos si están por apoyar esta situación desescalando ordenadamente, controlando los riesgos o por el contrario, no".

El PNV advierte a Sánchez de que el depósito de confianza en él tiene "la luz de reserva encendida". No le vale el "totum revolutum" de los pactos

El PNV, el socio hasta ahora más fiel del Ejecutivo, dejó patente este viernes su irritación con Sánchez. El depósito de la confianza de los nacionalistas vascos en el presidente "se ha ido gastando" durante la pandemia y ahora "tiene la luz de reserva encendida", aseguró el presidente 'jeltzale', Andoni Ortuzar. "Difícilmente" el Gobierno podrá aguantar toda la legislatura si continúa con un "totum revolutum" de pactos, como los firmados con Cs o Bildu. A juicio del PNV, "la geometría variable sin coherencia es un circo político". "Ha hecho un pan con unas tortas, tiene enfadado a Ciudadanos, a ERC no le ha hecho mucha gracia y ha enajenado la buena disposición del PNV. No le arriendo las ganancias al PSOE, que ya tiene bastantes problemas en España como para generarse más", remachó Ortuzar. El reproche era evidente.

Andoni Ortuzar, presidente del PNV, el pasado 14 de mayo en Vitoria. (EFE)
Andoni Ortuzar, presidente del PNV, el pasado 14 de mayo en Vitoria. (EFE)

Consciente del malestar de la formación vasca, Montero le dedicó especial mimo este viernes en la rueda de prensa posterior al Consejo de Ministros: diferenció entre el PNV, con quien el Gobierno tiene un "acuerdo estable", y Bildu, con quien ha tejido un pacto "particular y puntual", que solo tuvo como propósito salvar la votación de la quinta prórroga de la alarma. Las distancias del PSOE con el partido de Otegi son "manifiestas y palpables", pero el "deber" del Ejecutivo era "preservar la salud de los ciudadanos".

Montero también intentó evidenciar que el Gobierno está compacto. "Es fuerte y está unido, pese a quien pese" y también frente a los intentos de "desgastar" que ve en la oposición, y frente al "ruido" externo. Y aunque en el Ejecutivo hay "distintas sensibilidades", concedió, van "todos a una" en sus compromisos y en el cumplimiento del pacto programático. La portavoz dirigió asimismo palabras de conciliación hacia la patronal: el líder de la CEOE, Antonio Garamendi, "no es un patriota de boquilla".

La portavoz evidencia el cierre de filas en la coalición (el Gobierno "está fuerte") y busca tender puentes otra vez con el PNV y la patronal

En el frente interno, los dos presidentes socialistas más alejados de Sánchez, el castellanomanchego Emiliano García-Page y el aragonés Javier Lambán, mostraron su predilección por un entendimiento con Ciudadanos, el partido al que siempre prefirieron como socio de Sánchez. Page, tras reconocer que el jueves fue un "mal día" para él, alabó a la formación naranja y pidió a los partidos de la oposición que "tomen ejemplo" de Inés Arrimadas, que ha optado por "apoyar al país, con lealtad y generosidad", algo que "merece el reconocimiento de cualquiera". Lambán manifestó su satisfacción con el pacto con Cs porque va en la dirección que él mismo defiende: que "para hacer frente a los grandes problemas de España haya grandes acuerdos entre partidos que creen en España y en el futuro común de los españoles". El barón castellanomanchego mandó un mensaje de "apoyo al Gobierno, sobre todo a la vicepresidente económica, que tiene que defender a España en Europa". Calviño queda reforzada frente a un Iglesias al que en el PSOE siguen mirando con recelo, aunque conscientes de que hoy por hoy no hay más salida que mantener y cuidar la coalición.

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