Estupor en el PSOE por el pacto con Bildu sobre la reforma laboral: "Nadie se lo explica"
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CONMOCIÓN Y MALESTAR EN LAS FILAS SOCIALISTAS

Estupor en el PSOE por el pacto con Bildu sobre la reforma laboral: "Nadie se lo explica"

En el partido no se alcanza a entender por qué la cúpula llegó a firmar un acuerdo que "desgasta" al presidente y que no era relevante númericamente. Los dirigentes y la Moncloa exculpan a Lastra

Foto: Estupor en el PSOE por el pacto con Bildu sobre la reforma laboral: "Nadie se lo explica"
Estupor en el PSOE por el pacto con Bildu sobre la reforma laboral: "Nadie se lo explica"

"Desconcierto". "Perplejidad". "Nadie se lo explica". "No hay mucho malestar, aunque una gran mayoría no entiende qué ganamos con lo hecho". "Todo tendrá su explicación, pero ha sido algo raro, sí". "Me incomoda, no es para estar encantados de la vida".

Son reflexiones de distintos mandos del PSOE, miembros de la ejecutiva y barones del partido. Todas, esta vez, muy alineadas, procedan de cuadros afines a Pedro Sánchez o de responsables más distanciados. Los socialistas estaban sumidos este jueves en una profunda extrañeza. No se alcanzaba a entender la necesidad y el alcance del pacto con EH Bildu —el primero— para derogar de manera "íntegra" la reforma laboral. Un documento hecho público apenas minutos después de la votación de la quinta prórroga del estado de alarma y que fue rectificado a las tres horas, cerca de la medianoche: el PSOE ya solo se comprometía a impulsar una revocación parcial de la legislación del PP de 2012, en los términos pactados en diciembre con su socio de gobierno, Unidas Podemos.

De camino, se cruzó el plante de la vicepresidenta tercera, Nadia Calviño, que no había sido informada previamente del acuerdo con la formación 'abertzale' y que no compartía en absoluto. Ella, dueña de las riendas económicas del Gobierno, obligó al partido a dar marcha atrás. Bildu lo entendió como una "matización terminológica" que no afectaba a la entente, pero Pablo Iglesias reactivó este jueves la tormenta al advertir de que la reforma ha de saltar entera, porque los pactos están para ser cumplidos. Calviño le desautorizó unas horas después: "Con la realidad que tenemos sobre la mesa sería absurdo y contraproducente abrir un debate de esta naturaleza y generar la más mínima inseguridad jurídica".

Calviño para los pies a Iglesias: "Con la realidad que tenemos sobre la mesa sería absurdo y contraproducente abrir el debate de la reforma"


El baile de rectificaciones, de pasos adelante y atrás, dejó entre asombrado, confundido y molesto al PSOE, una sensación de la que en Ferraz eran plenamente conscientes. Solo un barón, sin embargo, verbalizó ese mar de fondo. Emiliano García-Page, presidente de Castilla-La Mancha, se halla "dolido y perplejo" por el acuerdo alcanzado entre su partido y la formación de Arnaldo Otegi, según señalaron en su entorno directo. El líder regional espera que ahora Sánchez devuelva la situación al punto previo a que se conociera la entente con Bildu.

Foto: Un grupo reducido de ministros fuera del ala económica pactó con Bildu la reforma laboral

Compromiso "indeleble"

En otras ocasiones, Page, uno de los barones más alejados de Ferraz, interpretaba una partitura propia, que no era compartida por sus compañeros. Pero no ocurrió así esta vez. La sorpresa, y en algunos casos hasta malestar, recorría las terminales vitales de un partido cuyo control nadie discute a Sánchez. Como nadie dispara a la dirigente que estampó su firma junto a la de los portavoces de EH Bildu y Unidas Podemos, Mertxe Aizpurua y Pablo Echenique: Adriana Lastra. La Moncloa estaba totalmente al corriente de los avances en la negociación con los grupos y autorizó el pacto, pero en el partido no hay dudas de que ella, la vicesecretaria general, además de portavoz, no maniobró por su cuenta. Ella, junto a la vicepresidenta primera, Carmen Calvo, y al secretario de Organización y ministro de Transportes, José Luis Ábalos, forman parte del círculo de máxima confianza del presidente. "Es inconcebible que ella actúe por libre", resume un miembro de la cúpula. "Adriana cuenta con nuestro apoyo", abundan en el núcleo duro de Sánchez en la Moncloa.

El miércoles por la mañana el pacto estaba hecho, y en la tribuna el presidente lo reconoce y da gracias a Aizpurua por la "abstención" de su grupo

En el equipo del líder admitían que Sánchez estaba informado de las conversaciones con los partidos. En la mañana del miércoles, antes de que arrancara el pleno de prórroga del estado de alarma en el Congreso, el pacto con Bildu ya estaba encarrilado y el texto, afianzado. En la tribuna, Aizupurua condicionó la abstención de sus cinco parlamentarios a la derogación "íntegra" de la reforma laboral del PP. El presidente, en su réplica, le agradeció su tono y su "abstención". Daba por sentado que el acuerdo ya estaba listo. Y era así.

Fisuras entre los socios de la coalición a cuenta de la derogación de la reforma laboral

Sin embargo, sus palabras no se salían de los márgenes habituales de su discurso: el compromiso de investidura para acabar con la legislación de 2012 permanece "indeleble". "En el momento en que salgamos de la emergencia sanitaria, retomaremos nuestras prioridades de legislatura", sostuvo. La portavoz 'abertzale' se felicitó, sorprendida de la reacción del jefe del Ejecutivo, y ahí quedó el debate. Nadie reparó en que se había sellado una alianza en directo. La sesión continuó en la Cámara Baja. La votación de la quinta extensión de la alarma no deparó muchas sorpresas: 177 votos a favor, 162 en contra y 11 abstenciones. Solo después de que el Gobierno hubiera salvado, aunque justo, su partida, a las 20:16, EH Bildu dio a conocer el pacto, tal y como habían apalabrado las partes.

Los números, no obstante, indicaban que la aportación de los cinco diputados 'abertzales' eran irrelevantes. La operación descuadró a no pocos dirigentes socialistas. ¿Para qué este movimiento, este "desgaste" innecesario del presidente?

Foto: Sánchez autorizó el pacto con Bildu y Calviño obligó a frenarlo cuando lo conoció

Ni Calviño ni Montero

Fuentes de Ferraz advertían este jueves de que el panorama no era tan feliz horas antes. Había "cierto riesgo" de que la alarma no saliera adelante y había que asegurar "un colchón", garantizar que la prórroga prosperaba en el Congreso. No se sentía seguridad con los diez votos a favor de Ciudadanos —Marcos de Quinto había anunciado su marcha del partido, aunque había comprometido que no rompería la disciplina de su grupo—, había dudas con UPN (dos escaños), BNG (1), Nueva Canarias (1), que finalmente se abstuvieron. ERC (13), con quien se estiró la negociación hasta poco antes del pleno, como había ocurrido hacía dos semanas, se mantuvo en el no. El anunciado rechazo del PP (88) complicaba la negociación. El temor a un batacazo llevó al PSOE a tocar varias teclas, incluida la de Bildu. La más aventurada de todas.

En Ferraz explican que se percibió un riesgo real de perder la alarma, lo que activó la aventurada vía de Bildu. Necesitaba "un colchón" para asegurar el voto

El marcador 177-162-11 no se ajustaba del todo a la composición de la Cámara, porque Lastra se abstuvo por error, como se equivocaron dos parlamentarios de Vox, que apoyaron la prórroga en lugar de votar no. Y un diputado republicano, Joan Josep Nuet, se saltó por segunda vez la directriz de su grupo y optó por la abstención. "Con que siete diputados hubieran pasado del sí al no se hubiera malogrado el estado de alarma y hoy tendríamos la vida de miles de españoles en riesgo. Teníamos que conseguir esos votos y que se mantuviera el estado de alarma. Era nuestra responsabilidad", argumentaba en la SER el secretario general del Grupo Socialista, Rafael Simancas, quien confirmaba que el Ejecutivo estuvo al tanto de todo "por los cauces habituales", a través de la portavoz. Dicho de otro modo, la pirueta era obligada por la precariedad de apoyos, indicativo de que a Sánchez le costó esta quinta prórroga sangre, sudor y lágrimas. Pero de la letra del pacto tenían conocimiento, básicamente, Sánchez y su Gabinete, Calvo y Lastra. Muy pocas personas. Ni Calviño ni la portavoz del Gobierno y titular de Hacienda, María Jesús Montero, lo sabían.

Calviño rechaza la derogación de la reforma laboral por "absurdo y contraproducente"

"Me siento muy incómodo, ¿cómo no? Pero de ahí a montarla hay un trecho. Este pacto no es para estar encantados de la vida. Ahora, también digo que esto hay que entenderlo: aquí hay que decir que hay 88 diputados [los del PP] que se han quitado de en medio", aseguraba a este periódico un presidente autonómico. "Hay una cierta perplejidad", indica otro. "Yo no tengo datos. Es difícil no dar un traspié. Todo tendrá su explicación, pero ha sido algo raro, sí", tercia una tercera baronesa regional. "Hay desconcierto, más bien por la inoportunidad. Si el PP fuera responsable, no habría que negociar apoyos. Estoy seguro de que si estuviéramos nosotros en la oposición, la presión sería brutal", constata con cierta amargura un secretario regional cuyo alineamiento con Sánchez está fuera de duda. En la dirección de Sánchez en el PSOE cunde la misma desazón: "Te aseguro que nadie, y he hablado con mucha gente de la que corta el bacalao, se explica esto". "En todas las guerras se cometen errores. Lo importante es ganar la guerra: sacar a este país de esta terrible crisis sanitaria para empezar a activar nuestra economía", concede sin embargo un dirigente andaluz.

"Me siento muy incómodo", "hay perplejidad", "desconcierto", "ha sido algo raro": distintos cuadros no ocultan y extrañeza por pactar con Bildu

En el partido no se alcanza a entender por qué se puso "en riesgo" el diálogo con los agentes sociales, precisamente uno de los flancos en la lucha contra la pandemia del covid-19 que, hasta ahora, estaba funcionando bien. En un momento en el que el Gobierno recibe críticas continuas por parte de la oposición, incluso de los socios de investidura, la interlocución con empresarios y sindicatos estaba dando buenos resultados. Funcionaba como el contrapunto de la crispación política. Pero las centrales no estaban al tanto de este acuerdo y la patronal encontró el argumento para romper las conversaciones. "Si es que además no es momento de hacer reformas. Tenemos que intentar no crear inseguridad jurídica y que esto no cueste más en empleos. Lo peor de todo ha sido el cambio de criterio", observa con preocupación un barón regional.

Foto: Los empresarios apuntan a Iglesias y temen un tripartito con Bildu en el País Vasco

"No hay otro camino"

Tampoco el PSE, la federación directamente afectada, puesto que se enfrenta a unas elecciones autonómicas en menos de dos meses, el 12 de julio, sabía del acuerdo con Bildu. En la cúpula autonómica, que tiene a Idoia Mendia como secretaria general y candidata, inquieta no tanto el coste del partido en las urnas, sino el "desgaste" de Sánchez y de las siglas, pues Euskadi es un territorio en el que a los partidos estatales les influyen las dinámicas nacionales. "Aquí no hay un gran malestar, pero sí que no se entiende qué ganamos con lo hecho", indican desde la dirección, donde explican que Sánchez y Lastra se sintieron agobiados porque no sabían hasta el final con cuántos votos seguros contaban, y había que tocar todas las puertas.

Lastra no es cuestionada porque en el partido se asume que no da un paso sin que cuente con la conformidad de Sánchez. "Ella es una soldado"

La situación del Gobierno "es un infierno", pero también ha de saber, señalan en el PSE, que "Bildu no es cualquier partido". Por su pasado reciente, por ser la marca heredera de Batasuna, que ni siquiera ha querido condenar los ataques de radicales a Mendia en su propio domicilio personal. Además, el acuerdo abre un frente que la federación quería evitar: el PSE tiene en mente, tras el 12-J, repetir coalición de gobierno con el PNV, y no abrir juego con Elkarrekin Podemos y la izquierda 'abertzale'. "Con Bildu, ni los buenos días", señalaba el presidente de la Federación Española de Municipios y Provincias (FEMP) y alcalde de Vigo, Abel Caballero.

En Ferraz son conscientes de la sensación de estupor que ha generado la última crisis en la coalición. Aunque insisten en que sí se palpó el "riesgo", que habría sido catastrófico, de perder la votación. Pero nadie reparó en la gravedad del documento pactado con Bildu, y de que automáticamente todas las miradas se fijarían en ese adjetivo, el que hablaba de abolición "íntegra" de la reforma laboral, una cuestión, por cierto, que lleva persiguiendo a Sánchez desde su primera campaña electoral, la de 2015. "Todo se hace a tal ritmo, con tál vértigo, y hay tal descoordinación, que nadie lo vio. ¿Por qué nadie para eso? Esa es la pregunta clave", indica un cargo de Ferraz, que apunta a que esta crisis ha evidenciado que cada paso en política, en una legislatura endiablada, en la que la cohabitación con Unidas Podemos no es sencilla y en la que el bipartito sufre de una innegable debilidad parlamentaria, tiene "consecuencias". "Sí, estamos hartos de ERC, pero no hay otro camino", añade.

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Aunque la firmante del acuerdo sea Lastra, en el partido no la apuntan a ella. Ni en el Gobierno. Como recuerdan en Ferraz, "ella es una soldado y jamás da un paso sin que lo sepa el Ejecutivo", y en este caso los avances y los documentos eran consultados con la Moncloa. "Por escrito", inciden. Si hay un rasgo que define a la número dos, convergen todos los dirigentes consultados, es su absoluta lealtad a Sánchez y su discreción. Ella llevó a buen puerto las complejísimas negociaciones de investidura, la confianza del líder en ella está intacta. La alianza con la formación 'abertzale' estaba además pilotada desde la Moncloa. "A Adriana no la responsabilizamos porque ella ha cumplido con su mandato: conseguir votos para sacar adelante la alarma, que es la prioridad", sentencia una baronesa. "En un tema así nadie actuaría sin conocimiento y consentimiento de Pedro", apunta un miembro de la cúpula.

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'Pacta sunt servanda'

La portavoz intentó apagar el incendio en unas declaraciones en 'Al rojo vivo' (La Sexta). No hubo "rectificación", subrayaba, sino una aclaración, porque no se puede "eliminar de un plumazo" una ley ni "dejar en blanco el BOE en materia laboral". "No actuamos con ocultación, al revés. Es un acuerdo que ratifica la agenda de investidura", agregó, advirtiendo de que el papel sellado con Bildu no cambiaba el compromiso firmado con Unidas Podemos en diciembre en el acuerdo de gobierno.

Las dudas se ciernen sobre la siguiente prórroga, la sexta, a la vista de lo que ha costado alumbrar la quinta. "Ahora ya es imposible", alerta un barón

Pero Iglesias levantó la mano. "Voy a ser cristalino. Se va a derogar íntegramente la reforma labdeslealtad habitual" y como un aviso cara al futuro, porque, aplacada la emergencia sanitaria, vendrá una difícil reconstrucción económica y social en la que no está tan claro que los morados aguanten el tipo. La arriesgada entente con los independentistas vascos había acabado abriendo una grieta en el bipartito.

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Con este incendio aún no apagado, la pregunta obvia es qué pasará ahora. Porque Sánchez necesitaría al menos otra prórroga de la alarma. La sexta. Pero ya nada está claro, como observan los dirigentes consultados. "Así ya es imposible", alerta un barón. Los planes del presidente pueden hacerse añicos por una maniobra no calculada y que hizo de una victoria en el pleno un formidable patinazo del que nadie en el PSOE sabe realmente cómo salir.

Posdata. Este 21 de mayo Sánchez cumplía tres años desde su vuelta al PSOE en unas históricas primarias. Pero ayer en la casa socialista había poco que celebrar más allá de confusión y perplejidad.

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